Más allá de la enfermedad: un espacio al sufrimiento humano desde las unidades de psicosomática

1 mayo 2026

 

AUTORES

  1. Marina Guarch Oncins. F.E.A. Psicología Clínica, Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
  2. Marta Berbegal Bolsas. Psicóloga Interna Residente, Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
  3. Sandra Arilla Andrés. F.E.A. Psiquiatría, Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
  4. Rosa Domínguez Grimbergen. Psicóloga Interna Residente, Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
  5. Raquel Brinquis Seco. Psicóloga Interna Residente, Hospital Obispo Polanco. Teruel, España.
  6. Lucas Santiago Piñeiro. F.E.A. Psicología Clínica, Hospital Nuestra Señora de Gracia. Zaragoza, España.

 

RESUMEN

La medicina psicosomática propone un modelo integrador para comprender la enfermedad más allá de una perspectiva exclusivamente biomédica, incorporando la interacción entre factores biológicos, psicológicos y sociales. En este marco, el sufrimiento de la persona no puede reducirse al dolor físico ni a la presencia de síntomas orgánicos, sino que se vincula con la amenaza que la enfermedad supone para la identidad, los proyectos vitales, las relaciones y el sentido de la existencia.

El presente artículo revisa la conceptualización del sufrimiento en el contexto de la enfermedad y analiza cómo la aparición abrupta de un diagnóstico puede generar una crisis en el mundo cotidiano del sujeto, provocando pérdidas progresivas que afectan a las distintas áreas de su vida. A su vez, se refleja el papel de los profesionales de la salud mental en las unidades de Psicosomática y Psiquiatría de Enlace, subrayando la importancia de una atención que combine competencias clínicas con actitudes relacionales como la empatía, la presencia y el respeto a la dignidad del paciente.

Se concluye que la atención psicosomática implica desplazar el foco desde la curación exclusiva de la enfermedad hacia el cuidado integral de la persona y el acompañamiento de su sufrimiento.

PALABRAS CLAVE

Medicina psicosomática, sufrimiento, identidad, enfermedad, salud mental, psicología clínica.

ABSTRACT

Psychosomatic medicine proposes an integrative model for understanding illness beyond a purely biomedical perspective, incorporating the interaction between biological, psychological, and social factors. Within this framework, a person’s suffering cannot be reduced to physical pain or the presence of organic symptoms, but is linked to the threat that illness poses to identity, life projects, relationships, and the meaning of existence.

This article reviews the conceptualization of suffering in the context of illness and analyzes how the abrupt onset of a diagnosis can generate a crisis in the individual’s daily life, causing progressive losses that affect different areas of their life. It also reflects on the role of mental health professionals in Psychosomatic and Liaison Psychiatry units, emphasizing the importance of care that combines clinical skills with relational attitudes such as empathy, presence, and respect for the patient’s dignity.

It is concluded that psychosomatic care involves shifting the focus from the exclusive cure of disease to the holistic care of the person and accompaniment of their suffering.

KEY WORDS

Psychosomatic medicine, suffering, identity, illness, mental health, clinical psychology.

INTRODUCCIÓN

La medicina contemporánea ha experimentado un proceso de transformación progresiva, desde modelos reduccionistas centrados exclusivamente en la enfermedad hacia perspectivas más integradoras que consideran a la persona en su totalidad. En este contexto, la medicina psicosomática ha adquirido un papel relevante al proponer un enfoque integrador que considera la interacción entre dimensiones biológicas, psicológicas y sociales en la salud y la enfermedad1.

Este enfoque no se limita al tratamiento de síntomas físicos o a estudiar la influencia de variables psicológicas sobre procesos fisiológicos, sino que plantea una comprensión más amplia del paciente como persona situada en una historia vital, un entramado relacional y un sistema de significados2. Es decir, la enfermedad no afecta únicamente al cuerpo, sino también a la identidad, las relaciones, los proyectos de vida y al sentido que la persona atribuye a su existencia.

Desde esta perspectiva, el trabajo de los/as Psicólogos/as Clínicos/as dentro de las unidades hospitalarias de Psicosomática y Psiquiatría de Enlace no consiste únicamente en intervenir sobre síntomas clínicos o cuando existe psicopatología subyacente, sino también en acompañar y normalizar el sufrimiento humano y los miedos intolerables que emergen en estos contextos3.

En la práctica clínica, esta realidad se hace especialmente evidente en pacientes con enfermedades abruptas, crónicas, graves y/o potencialmente mortales, en quienes el malestar no se limita a los síntomas físicos, sino que incluye un conjunto de preocupaciones existenciales relacionadas con la pérdida, la incertidumbre y la finitud.

Por tanto, el objetivo de este trabajo es realizar un recorrido (bajo el marco de la medicina psicosomática) sobre aspectos relacionados con la naturaleza del sufrimiento en el contexto de la enfermedad. Desde ahí, se analiza el significado de la enfermedad, el dolor, el sufrimiento, la pérdida, la identidad y la muerte; cuestiones fundamentales que rigen la intervención psicológica en estos contextos.

Marco conceptual:

La medicina psicosomática puede definirse como un campo interdisciplinario dedicado al estudio de la interacción entre factores biológicos, psicológicos y sociales que afectan a aspectos relacionados con la salud y la enfermedad1,2.

Este enfoque proporciona un marco conceptual1 que permite:

  1. Estudiar el papel de los factores psicosociales en la vulnerabilidad individual, el curso y el pronóstico de las enfermedades.
  2. Incorporar la evaluación psicológica y social dentro de la práctica médica.
  3. Integrar intervenciones psicológicas y psiquiátricas en la prevención, tratamiento y rehabilitación de enfermedades médicas.
  4. Favorecer modelos de atención sanitaria multidisciplinar.

 

Diversos autores3,4,5 defienden que un enfoque exclusivamente centrado en la enfermedad puede conducir inadvertidamente a tratamientos insuficientes, excesivos o inapropiados. Tinetti y Fried6 señalaron que el objetivo del tratamiento debería orientarse hacia el logro de metas individuales significativas para el paciente, identificando tanto los factores biológicos como los contextuales que influyen en su bienestar.

La intervención desde la Unidad de Psicosomática y Psiquiatría de Enlace se centra, por tanto, en la totalidad de la persona. Emergen en las conversaciones durante los días o meses de ingreso temas recurrentes como el dolor, los síntomas físicos, el pronóstico y los miedos… Pero igual de importante, el paciente comienza a hablar sobre aspectos olvidados de su vida cotidiana: Relaciones, recuerdos, anécdotas, proyectos, creencias, intereses, ideales, opiniones, en definitiva, un mundo más amplio. Por tanto, el malestar no proviene únicamente de la enfermedad, sino del impacto que esta tiene sobre el conjunto de la vida de la persona.

Es precisamente en este punto donde la medicina psicosomática encuentra su espacio: En la comprensión y el acompañamiento del sufrimiento que surge en un contexto de crisis y desestabilización vital.

La diferencia entre el sufrimiento y el dolor:

En el ámbito sanitario es frecuente asociar el sufrimiento al dolor físico. Aunque ambos fenómenos pueden coexistir, no son equivalentes.

El dolor constituye una experiencia sensorial asociada a un daño real o potencial. El sufrimiento, en cambio, se refiere a una experiencia subjetiva más amplia3,4. Una persona puede experimentar dolor sin sufrir intensamente, como ocurre en situaciones en las que el dolor tiene un significado claro o un final previsible. En cambio, el sufrimiento suele aparecer cuando el dolor o la enfermedad amenazan dimensiones fundamentales de la vida de la persona7,8.

Robert Spaemann definía el sufrimiento como la experiencia que aparece cuando una persona se enfrenta a una situación frente a la cual percibe que no puede actuar de forma eficaz9. Viktor Frankl introdujo otra dimensión relevante al señalar que la pérdida de bienestar físico no genera necesariamente sufrimiento, lo determinante es la pérdida de sentido10. Defiende que cuando una experiencia dolorosa puede integrarse dentro de un marco de significado, su impacto subjetivo puede modificarse.

Uno de los aportes más influyentes en este campo proviene de Eric Cassel, pionero en definir el sufrimiento como una angustia severa provocada por una amenaza o pérdida de la integridad de la persona4.

Enfermedad, pérdida e identidad:

El diagnóstico de una enfermedad grave suele provocar una ruptura en el mundo cotidiano de la persona11. Aquello que antes se daba por supuesto, como la salud, la continuidad del cuerpo, la posibilidad de desarrollar proyectos, la estabilidad de las relaciones y la previsibilidad del futuro; se tambalea y deja de ser evidente.

En condiciones normales, la vida cotidiana funciona como un trasfondo invisible que permite orientarnos hacia el futuro con relativa confianza. Sin embargo, la enfermedad puede desestabilizar profundamente este marco, generando una sensación de incertidumbre y pérdida.

El psicólogo Robert Shuman, diagnosticado de esclerosis múltiple, describió cómo la experiencia de enfermedad puede generar una cadena de pérdidas progresivas. Estas pérdidas pueden ser físicas, emocionales, cognitivas y/o sociales, y pueden limitar la capacidad de la persona para llevar a cabo actividades significativas, desempeñar roles o mantener proyectos vitales12.

Cuando estas limitaciones afectan a dimensiones centrales de la vida el impacto puede llegar a amenazar la propia identidad11. En estas situaciones, la persona puede experimentar una sensación de pérdida de sí mismo.

Este proceso suele acompañarse de un intenso malestar psicológico que, en muchos casos, constituye el motivo de derivación a las unidades de Psicosomática o salud mental. Es importante subrayar que este malestar no necesariamente implica psicopatología, sino que puede representar una respuesta humana esperable ante una situación vital profundamente disruptiva12.

Dimensiones de la persona y amenaza a la integridad:

Cassel propuso comprender al ser humano como una realidad compleja compuesta por múltiples dimensiones interrelacionadas4. Entre ellas se encuentran: La personalidad y el carácter, la historia personal, las relaciones familiares, el contexto cultural, los roles sociales, las relaciones interpersonales, la vida privada, los proyectos de futuro, la dimensión espiritual o trascendente.

La enfermedad puede afectar a una o varias de estas dimensiones. Sin embargo, la pérdida en alguna de estas áreas no implica necesariamente la destrucción de la persona, ya que el ser humano posee una notable capacidad para reconstruir significados y reorganizar su identidad.

Este proceso de reconstrucción puede implicar redefinir prioridades, modificar proyectos vitales o encontrar nuevas formas de expresión personal; y constituye uno de los principales objetivos de la intervención psicológica en las unidades de Psicosomática3,12.

La presencia de la muerte en la experiencia de enfermedad:

La enfermedad grave confronta al ser humano con una realidad que muchas sociedades tienden a evitar: la finitud.

El filósofo Martin Heidegger señalaba que la posibilidad de no existir constituye una de las principales fuentes de ansiedad en la condición humana13. Sin embargo, en muchas culturas contemporáneas la muerte permanece relegada al ámbito de lo impensable.

Cuando aparece una enfermedad potencialmente mortal, estas barreras simbólicas se debilitan. Los pacientes pueden experimentar lo que se denomina crisis de conocimiento3,12, un proceso en el que la persona toma progresivamente conciencia de su vulnerabilidad y de la posibilidad real de morir.

En este contexto, emerge el imperativo clínico de reconocer la muerte como parte natural de la vida14, con el propósito de favorecer un final de vida para la persona sentido con serenidad y dignidad15,16.

La intervención psicológica en las Unidades de Psicosomática:

Cuando los mundos de pacientes, familias y profesionales sanitarios se encuentran, el resultado puede ser cooperación, conflicto o indiferencia. La tarea de los profesionales de salud mental consiste en favorecer la primera de estas posibilidades14,16.

Para ello, es necesario atender al paciente más allá de lo evidente. Esto implica no solo competencia clínica, sino también una actitud ética y humana caracterizada por la empatía, la presencia, la honestidad y el respeto15.

Desde la Psicología Clínica, algunas prácticas fundamentales3,12,14,15,16 incluyen:

  • Crear un entorno seguro y de confianza.
  • Acompañar en el sufrimiento humano asociado a la enfermedad y a la pérdida
  • Escuchar activamente las interpretaciones que el paciente hace de su sufrimiento.
  • Intervenir con el paciente en la reconstrucción de su identidad y la búsqueda de un significado.
  • Abordar aspectos identitarios, relacionales y sociales que emergen en situaciones de crisis vital.
  • Facilitar la expresión del malestar emocional sentido.
  • Normalizar y abordar reacciones afectivas, cognitivas y conductuales derivadas del proceso.
  • Identificar recursos personales del paciente que le permitan afrontar la situación.
  • Respetar su dignidad y su autonomía.
  • Favorecer la comunicación entre los distintos profesionales implicados en su atención.
  • Ofrecer continuidad en la relación asistencial.
  • Reconocer las dimensiones existenciales de la experiencia de enfermedad.

 

CONCLUSIONES

La experiencia de enfermedad no puede comprenderse únicamente desde una perspectiva biomédica, ya que no afecta solamente al cuerpo, sino al conjunto de la vida de la persona. Las transformaciones que origina el proceso de enfermedad en la identidad, las relaciones y el sentido de la vida son consideradas y recogidas desde la medicina psicosomática.

En este contexto, los/as Psicólogos/as Clínicos/as que trabajan en las Unidades de Psicosomática hospitalarias buscan acompañar en el proceso de adaptación del sujeto, facilitando el afrontamiento y rescatando los recursos propios de la persona. El objetivo último será la búsqueda de significado y el sentido de coherencia dentro del marco identitario de la persona, para favorecer la integración de la experiencia.

Aun cuando la curación de la enfermedad no es posible, sigue siendo posible aliviar el sufrimiento, preservar la dignidad y acompañar al paciente en el proceso de vivir y, eventualmente, de morir, de la forma más humana posible.

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