En colaboración con gobiernos, ciudadanos, organismos internacionales, instituciones académicas, expertos, entidades del sector privado y medios de comunicación diversos, la OMS ha decretado una Década de Envejecimiento Saludable durante la cual se implementen nuevas medidas con las que facilitarles la vida a las personas mayores.
Este proyecto finalizará en 2030 y persigue, entre otros objetivos, reducir la tasa de dependencia en la tercera edad. En España, se calcula que casi un 32 % de los mayores de 64 años necesita ayuda externa para desarrollar las actividades básicas del día a día. Ducharse, comer, vestirse y dormir son algunas de estas actividades que, por la edad, casi una tercera parte de los ancianos españoles ya no pueden efectuar por sí mismos.
Para posponer lo máximo posible esta pérdida de autonomía, se recomienda adaptar el hogar incluso antes de que los mayores comiencen a manifestar los primeros signos de incapacidad.
La instalación de sillas salvaescaleras pequeñas, que ocupan poco espacio, y los sillones «levantapersonas» son dos de las medidas que se pueden tomar bajo el enfoque de la enfermería comunitaria, que aborda la salud del anciano —y, en general, de las personas— teniendo en cuenta el entorno que los rodea.
Suelos que evitan resbalones
A medida que envejecemos, el equilibrio tiende a desaparecer. La mitad de los españoles de 80 años sufre, como mínimo, una caída al año. Aunque el fortalecimiento muscular, que se trabaja con el ejercicio físico, combate esta desestabilización a la hora de caminar, el entorno también puede ayudar.
Así pues, se recomienda evitar suelos lisos y pulidos (resultan más resbaladizos) e instalar en su lugar pavimentos rígidos, con algo de textura, que además sean antideslizantes. Por su durabilidad, baja absorción de agua y facilidad de limpieza, se aconsejan suelos porcelánicos con una clasificación C3, que es la más antideslizante de la normativa europea.
Baños adaptados para personas en sillas de ruedas
Eliminar barreras arquitectónicas en favor de un concepto de espacio abierto, instalar ventanales que aporten más luz natural al interior y abogar por el minimalismo, suprimiendo cualquier elemento del entorno que no sea práctico y pueda suponer un obstáculo para el anciano, son otras medidas a considerar.
Ahora bien, en el caso del baño, aparte de adaptar el inodoro con un elevador e instalar barras de apoyo en la ducha, también se puede reemplazar el lavabo habitual de pie —que se sostiene sobre una columna— con un lavabo suspendido.
Este cambio permite dos cosas:
- Situar el lavabo a mayor altura, para evitar que el anciano tenga que agacharse a la hora de lavarse las manos.
- Al no contar con ningún punto de soporte inferior, por debajo del lavabo queda suficiente espacio como para aproximar la silla de ruedas sin problema. De este modo, una persona mayor que ha perdido la movilidad de sus piernas no necesita ni abandonar la silla ni ponerla de lado para utilizar el lavabo.
Soluciones para viviendas con escaleras
Entre las sugerencias que el Ministerio de Sanidad propone para que las escaleras no amenacen la integridad física de las personas ancianas, está comprobar que los peldaños permanecen en buen estado, que hay barandillas fijas a ambos lados (cuando no hay pared en uno de ellos), que la escalera no está cubierta por alguna alfombra con la que el anciano podría tropezar, etc.
Sin embargo, si bien es verdad que estas sugerencias ayudan a prevenir accidentes domésticos, son algo limitadas en lo concerniente a evitar caídas. El hecho de subir y bajar escaleras a una edad avanzada y con movilidad articular reducida puede provocar caídas como las que, en la Unión Europea, causan casi 40.000 muertes al año.
La medida más efectiva consiste, por tanto, en instalar sillas salvaescaleras o, si el anciano utiliza silla de ruedas, plataformas salvaescaleras. Elevadores Vilber lleva desarrollando este tipo de soluciones desde mediados de los noventa. Son ya más de tres décadas consagradas a mejorar la calidad de vida también de los mayores, diseñando y comercializando mecanismos que, como los salvaescaleras, cumplen con los propósitos de la enfermería comunitaria.
Con una silla salvaescaleras, la persona mayor conserva su autonomía: puede subirlas y bajarlas perfectamente, sentada sobre la silla, con el cinturón de seguridad bien abrochado. Sólo debe apretar un botón para poner la silla en marcha e iniciar así el ascenso o el descenso.
También, automáticamente, la silla salvaescaleras gira en los tramos curvos. De hecho, hay modelos diseñados específicamente para escaleras rectas (STR-L) y escaleras curvas (STC-BS), además de para escaleras estrechas (STR-F) y escaleras de exterior (STC-TWO).
