Adicciones sin sustancias en la adolescencia. El impacto de las redes sociales y el juego

15 agosto 2026

 

AUTORES

  1. Virginia Eulalia Royo Gonzalvo. Graduada Superior en Administración y Finanzas. Administrativa en Salud Aragón. Zaragoza. España.
  2. Nuria Martínez Artigas. Licenciada en Derecho. Administrativa en Salud Aragón. Zaragoza. España.
  3. Ana Cristina Valiente Llorente. Graduada Superior en Técnico Especialista en informática de Gestión. Auxiliar Administrativa en CS Valdefierro. Zaragoza. España.
  4. María Teresa Poyo Pozo. Graduada en Gestión y Administración Pública. Administrativa en Salud Aragón. Zaragoza. España.

RESUMEN

Las adicciones comportamentales, también conocidas como adicciones sin sustancias, constituyen un problema emergente de salud pública debido al incremento del uso de tecnologías digitales y al acceso precoz a dispositivos electrónicos entre adolescentes y jóvenes. Estas conductas se caracterizan por la pérdida de control sobre actividades que proporcionan gratificación inmediata, como el uso de redes sociales, los videojuegos o el juego online, pudiendo generar alteraciones psicológicas, sociales, académicas y familiares similares a las observadas en las adicciones relacionadas con sustancias1,2,4.

El objetivo de este trabajo es revisar la evidencia científica sobre las principales adicciones comportamentales en la adolescencia, analizando el impacto del uso problemático de las redes sociales y del juego online sobre la salud mental, así como las principales estrategias de prevención e intervención.

La evidencia disponible indica que estas conductas comparten mecanismos neurobiológicos relacionados con el sistema de recompensa cerebral, la impulsividad y la búsqueda de gratificación inmediata. Factores como la disponibilidad permanente de dispositivos digitales, el fenómeno Fear of Missing Out (FOMO), la presión social ejercida por las plataformas digitales, los algoritmos de recomendación y la publicidad de las apuestas favorecen el desarrollo de patrones de uso problemáticos. Entre las principales consecuencias destacan ansiedad, depresión, alteraciones del sueño, disminución del rendimiento académico, aislamiento social, conflictos familiares, sedentarismo y deterioro de la calidad de vida1,3,4.

La prevención requiere una actuación coordinada desde los ámbitos sanitario, educativo, familiar y comunitario. La alfabetización digital, la promoción de hábitos saludables, el establecimiento de límites en el tiempo de pantalla, el fortalecimiento de las competencias emocionales y la detección precoz desde Atención Primaria constituyen medidas fundamentales para reducir el riesgo de estas conductas.

En conclusión, las adicciones comportamentales representan uno de los principales retos actuales para la salud pública. Su abordaje multidisciplinar resulta esencial para promover un uso responsable de la tecnología y proteger la salud mental y el bienestar integral de adolescentes y jóvenes2,7.

PALABRAS CLAVE

Adicciones comportamentales, adolescencia, redes sociales, juego online, salud mental, prevención, bienestar digital, atención primaria.

ABSTRACT

Behavioral addictions, also known as non-substance addictions, have emerged as a significant public health concern due to the widespread use of digital technologies and the early access to electronic devices among adolescents and young people. These disorders are characterized by a loss of control over rewarding behaviors, including social media use, video gaming, and online gambling, leading to psychological, social, academic, and family-related consequences comparable to those associated with substance use disorders.

The aim of this article is to review the current scientific evidence on the main behavioral addictions affecting adolescents, focusing on the impact of problematic social media use and online gambling on mental health, as well as on current prevention and intervention strategies.

Available evidence suggests that these behaviors share neurobiological mechanisms involving the brain reward system, impulsivity, and the pursuit of immediate gratification. Continuous access to digital devices, Fear of Missing Out (FOMO), social pressure, recommendation algorithms, and gambling advertising contribute to the development of problematic behaviors. The most frequent consequences include anxiety, depression, sleep disturbances, poorer academic performance, social isolation, family conflicts, sedentary lifestyles, and reduced quality of life.

Effective prevention requires coordinated action involving healthcare professionals, schools, families, and the community. Digital literacy, healthy lifestyle promotion, screen-time management, emotional skills training, and early detection in primary healthcare are key strategies to reduce the risk of behavioral addictions.

In conclusion, behavioral addictions represent one of the greatest emerging public health challenges among adolescents. A multidisciplinary approach is essential to promote healthy technology use and protect the mental health and overall well-being of young people.

KEY WORDS

Behavioral addictions, adolescence, social media, online gambling, mental health, prevention, digital well-being, primary health care.

DESARROLLO DEL TEMA

La transformación digital experimentada durante las dos últimas décadas ha modificado profundamente la forma en que las personas se comunican, aprenden, trabajan y se relacionan. En la población adolescente, el acceso prácticamente universal a teléfonos inteligentes, redes sociales, plataformas de contenido audiovisual y videojuegos en línea ha generado nuevas oportunidades de aprendizaje, interacción social y ocio. Sin embargo, este escenario también ha favorecido la aparición de conductas de uso problemático que, cuando se mantienen de forma persistente y generan pérdida de control, pueden evolucionar hacia adicciones comportamentales.

Las adicciones sin sustancias constituyen un fenómeno de creciente interés para la salud pública debido a su elevada prevalencia y a su impacto sobre el bienestar psicológico, el rendimiento académico y las relaciones familiares y sociales. Aunque no implican el consumo de sustancias psicoactivas, comparten con las adicciones químicas mecanismos neurobiológicos relacionados con el circuito cerebral de recompensa, la impulsividad, la tolerancia y la dificultad para interrumpir la conducta, lo que puede ocasionar un importante deterioro funcional1,7.

Entre las manifestaciones más frecuentes destacan el uso problemático de las redes sociales, los videojuegos y el juego online. La constante disponibilidad de dispositivos móviles, el diseño persuasivo de las plataformas digitales, la personalización mediante algoritmos y la necesidad de interacción permanente favorecen la búsqueda continua de recompensas inmediatas. A ello se suma el fenómeno Fear of Missing Out (FOMO), caracterizado por el temor a perderse experiencias relevantes compartidas por otras personas, que incrementa la necesidad de conexión y dificulta la desconexión digital.

Diversos organismos internacionales, entre ellos la Organización Mundial de la Salud (OMS), UNICEF y el Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones, han advertido del aumento de estas conductas y de su relación con problemas de ansiedad, depresión, alteraciones del sueño, sedentarismo, aislamiento social y disminución del rendimiento académico. La creciente normalización del juego online y la exposición de menores a contenidos relacionados con apuestas deportivas constituyen, además, un desafío adicional para los sistemas sanitarios y educativos7,9.

El objetivo de este artículo es revisar la evidencia científica disponible sobre las principales adicciones comportamentales en la adolescencia, analizando los factores de riesgo, las consecuencias para la salud y las estrategias de prevención e intervención más eficaces desde una perspectiva multidisciplinar.

1. Adicciones comportamentales: concepto y características:

1.1 Concepto:

Las adicciones comportamentales, también denominadas adicciones sin sustancias, constituyen un grupo de trastornos caracterizados por la pérdida de control sobre determinadas conductas que proporcionan una sensación inmediata de placer, alivio o recompensa, pese a las consecuencias negativas que generan en la vida personal, familiar, académica o social. A diferencia de las adicciones relacionadas con sustancias psicoactivas, el elemento central no es el consumo de una droga, sino la repetición compulsiva de una conducta reforzada por mecanismos neurobiológicos similares4,6.

En la actualidad, la evidencia científica ha demostrado que determinadas actividades, como el uso problemático de internet y las redes sociales, los videojuegos, el juego de azar, las compras compulsivas o el uso excesivo del teléfono móvil, pueden activar los circuitos cerebrales implicados en la recompensa, especialmente aquellos mediados por la dopamina. Este proceso favorece la aparición de conductas repetitivas que resultan difíciles de controlar y que pueden evolucionar hacia una dependencia psicológica.

La Organización Mundial de la Salud reconoció oficialmente el trastorno por videojuegos (Gaming Disorder) en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11), lo que ha supuesto un importante avance en el reconocimiento de las adicciones comportamentales como un problema de salud pública. Aunque otras conductas, como el uso problemático de redes sociales, todavía continúan siendo objeto de investigación, existe un amplio consenso acerca de su repercusión sobre la salud mental y el funcionamiento diario de adolescentes y jóvenes8,9.

1.2 Características principales:

Las adicciones comportamentales presentan características comunes con las adicciones relacionadas con sustancias. Entre ellas destaca la pérdida progresiva del control sobre la conducta, que provoca un aumento del tiempo dedicado a la actividad y una dificultad creciente para interrumpirla, incluso cuando la persona es consciente de las consecuencias negativas.

Otro rasgo característico es el desarrollo de tolerancia, entendido como la necesidad de incrementar la frecuencia o intensidad de la conducta para obtener el mismo nivel de satisfacción. Paralelamente, la interrupción de la actividad puede desencadenar irritabilidad, ansiedad, inquietud o frustración, síntomas comparables al síndrome de abstinencia observado en otros trastornos adictivos.

Con el tiempo, estas conductas repercuten sobre múltiples dimensiones de la vida cotidiana. El deterioro del rendimiento académico, la disminución de las relaciones sociales presenciales, los conflictos familiares y la aparición de problemas emocionales representan algunas de las consecuencias más frecuentes. Todo ello convierte a las adicciones comportamentales en un importante desafío para los sistemas sanitario y educativo, especialmente cuando afectan a población adolescente1,7.

2. Redes sociales: oportunidades y riesgos para la salud mental:

2.1 El crecimiento del uso de las redes sociales:

Las redes sociales se han consolidado como uno de los principales espacios de comunicación, aprendizaje y ocio entre adolescentes y jóvenes. Plataformas como Instagram, TikTok, Snapchat o X permiten mantener relaciones sociales, compartir experiencias, acceder a información y generar contenidos de manera inmediata. Estas herramientas ofrecen importantes beneficios cuando se utilizan de forma equilibrada, favoreciendo la participación social, la creatividad y el acceso al conocimiento.

Sin embargo, el diseño de estas plataformas persigue maximizar el tiempo de permanencia del usuario mediante sistemas de recomendación personalizados, reproducción continua de contenidos y notificaciones constantes. Este modelo favorece una exposición prolongada que puede dificultar el autocontrol, especialmente durante la adolescencia, etapa caracterizada por una mayor impulsividad y sensibilidad a la recompensa inmediata1,2.

Diversos estudios recientes indican que un porcentaje creciente de adolescentes presenta patrones de uso intensivo de redes sociales que interfieren en sus actividades académicas, familiares y sociales. Aunque el uso frecuente no implica necesariamente una adicción, la pérdida de control, la interferencia funcional y el malestar asociado constituyen señales de alarma que requieren valoración.

2.2 Factores que favorecen el uso problemático:

El desarrollo de una relación problemática con las redes sociales depende de múltiples factores individuales, familiares y ambientales. Entre ellos destacan la búsqueda de aceptación social, la baja autoestima, la impulsividad, las dificultades para la regulación emocional y la necesidad constante de validación mediante reacciones, comentarios o seguidores1,7.

A estos factores personales se suman características propias de las plataformas digitales. Los algoritmos de recomendación muestran contenidos adaptados a los intereses del usuario, aumentando el tiempo de exposición y reforzando la conducta mediante recompensas variables, un mecanismo ampliamente estudiado en psicología del aprendizaje. Las notificaciones, los sistemas de «me gusta» y la actualización permanente de contenidos generan expectativas constantes de recompensa que favorecen la repetición del comportamiento.

Especial relevancia adquiere el fenómeno denominado Fear of Missing Out (FOMO), definido como el temor persistente a perder experiencias relevantes que otras personas están compartiendo. Este fenómeno se ha relacionado con un incremento de la ansiedad, una mayor dependencia del teléfono móvil y una disminución de la capacidad para desconectar del entorno digital1,7.

2.3 Impacto sobre la salud mental:

La evidencia científica publicada durante los últimos años muestra una asociación consistente entre el uso problemático de redes sociales y diversos problemas de salud mental en adolescentes. Entre ellos destacan el aumento de síntomas de ansiedad y depresión, las alteraciones del sueño, la disminución de la autoestima y las dificultades para la regulación emocional.

La comparación constante con imágenes idealizadas, la exposición a estándares de belleza poco realistas y la necesidad de obtener aprobación social pueden generar sentimientos de insuficiencia e insatisfacción corporal. Asimismo, el uso nocturno de dispositivos electrónicos se asocia con una menor duración y calidad del sueño, circunstancia que repercute negativamente sobre el rendimiento escolar, la memoria y la capacidad de concentración2,6.

Desde el punto de vista social, el uso excesivo de redes puede reducir el tiempo dedicado a actividades presenciales, favoreciendo el aislamiento, el sedentarismo y el deterioro de las habilidades de comunicación interpersonal. Aunque las plataformas digitales facilitan la conexión entre personas, un uso inadecuado puede producir el efecto contrario y comprometer el bienestar emocional de los adolescentes.

3. El juego online y las apuestas: una amenaza creciente para la población adolescente:

3.1 El auge del juego online:

Durante la última década, el juego de azar ha experimentado una profunda transformación gracias al desarrollo de las tecnologías digitales. La proliferación de plataformas de apuestas deportivas, casinos virtuales y aplicaciones móviles ha incrementado notablemente la accesibilidad a estas actividades, eliminando las barreras geográficas y temporales que tradicionalmente limitaban su práctica. Aunque la legislación española prohíbe la participación de menores en los juegos de azar, diversos estudios muestran que una parte de la población adolescente ha tenido contacto con apuestas online antes de alcanzar la mayoría de edad, favorecida por la facilidad de acceso a internet y la exposición continua a contenidos relacionados con el juego1,4,6.

El juego online presenta características especialmente favorecedoras del comportamiento adictivo, como la disponibilidad permanente, la rapidez entre apuesta y recompensa, la posibilidad de jugar de forma anónima y la utilización de estímulos visuales y sonoros diseñados para mantener la atención del usuario. Estas características potencian la liberación de dopamina en los circuitos cerebrales de recompensa, reforzando la repetición de la conducta y aumentando el riesgo de desarrollar una dependencia.

Además, el auge de las apuestas deportivas, impulsado por campañas publicitarias y la presencia de patrocinios en eventos deportivos, ha contribuido a normalizar esta actividad entre la población joven. Aunque la regulación ha limitado parte de esta publicidad, la difusión de contenidos relacionados con el juego a través de redes sociales y plataformas digitales continúa representando un importante desafío para la salud pública.

3.2 Factores de riesgo:

El desarrollo de conductas de juego problemático responde a la interacción de factores biológicos, psicológicos, familiares y sociales. Entre los factores individuales destacan la impulsividad, la búsqueda de sensaciones, la baja tolerancia a la frustración y las dificultades para la regulación emocional, características especialmente frecuentes durante la adolescencia debido al proceso de maduración cerebral1,2.

El entorno social también desempeña un papel determinante. La influencia del grupo de iguales, la percepción del juego como una actividad de ocio normalizada y la exposición continuada a publicidad favorecen una menor percepción del riesgo. Del mismo modo, la disponibilidad permanente de plataformas digitales facilita el acceso inmediato al juego, incrementando las oportunidades para desarrollar hábitos perjudiciales.

En los últimos años ha surgido una preocupación creciente por la incorporación de mecanismos similares al juego de azar en algunos videojuegos, como las denominadas loot boxes o cajas botín. Estos sistemas ofrecen recompensas aleatorias mediante pagos económicos y comparten características psicológicas con las apuestas tradicionales, motivo por el que numerosos investigadores los consideran un posible factor de riesgo para el desarrollo posterior de conductas de juego problemático1,7.

3.3 Consecuencias para la salud:

Las consecuencias del juego online trascienden el ámbito económico y afectan de forma significativa al bienestar físico, psicológico y social de los adolescentes. Las pérdidas económicas, aunque habitualmente limitadas en esta etapa vital, pueden generar conflictos familiares, ocultación de conductas y endeudamiento.

Desde el punto de vista emocional, el juego problemático se asocia con un incremento de síntomas de ansiedad, depresión, estrés y sentimientos de culpa, especialmente cuando aparecen pérdidas repetidas o incapacidad para controlar la conducta. En los casos más graves pueden observarse aislamiento social, deterioro de las relaciones familiares y disminución del rendimiento académico7,9.

Diversos estudios han demostrado que las personas con trastorno por juego presentan con mayor frecuencia otras conductas adictivas y problemas de salud mental, lo que pone de manifiesto la necesidad de un abordaje integral desde los ámbitos sanitario, educativo y social.

4. Adolescencia: una etapa especialmente vulnerable:

La adolescencia constituye un periodo de profundos cambios físicos, emocionales y sociales que condicionan la forma en que los jóvenes perciben el riesgo y toman decisiones. Durante esta etapa, las áreas cerebrales relacionadas con la búsqueda de recompensa y la impulsividad alcanzan un elevado nivel de actividad, mientras que las regiones encargadas del autocontrol y la planificación continúan en desarrollo. Esta diferencia madurativa explica, en parte, la mayor susceptibilidad de los adolescentes para desarrollar comportamientos impulsivos y potencialmente adictivos.4,6

La necesidad de pertenencia al grupo, la construcción de la identidad personal y la búsqueda de reconocimiento social favorecen una mayor dependencia de la interacción digital. Las redes sociales ofrecen respuestas inmediatas mediante «me gusta», comentarios y visualizaciones, reforzando la necesidad de conexión permanente y aumentando la probabilidad de uso excesivo.

Especial relevancia adquiere el fenómeno conocido como Fear of Missing Out (FOMO), definido como el miedo persistente a perderse experiencias relevantes compartidas por otras personas. Este fenómeno se ha relacionado con un aumento de la ansiedad, una revisión compulsiva del teléfono móvil y una menor satisfacción vital, convirtiéndose en uno de los principales factores asociados al uso problemático de redes sociales5,6.

Asimismo, la exposición continuada a contenidos personalizados mediante algoritmos de recomendación favorece la permanencia prolongada en las plataformas digitales, dificultando la desconexión y contribuyendo a la aparición de hábitos de uso poco saludables.

5. Consecuencias para la salud y el bienestar:

Las adicciones comportamentales producen un impacto considerable sobre la salud física, psicológica y social de adolescentes y jóvenes. Aunque inicialmente estas conductas pueden percibirse como actividades recreativas, la pérdida progresiva del control puede generar un deterioro significativo de la calidad de vida1,7.

En el ámbito psicológico, la evidencia científica relaciona el uso problemático de redes sociales y el juego online con un aumento de síntomas de ansiedad, depresión, irritabilidad, estrés y baja autoestima. También se han descrito dificultades en la regulación emocional, mayor vulnerabilidad frente al ciberacoso y un incremento del riesgo de aislamiento social.

Las repercusiones académicas incluyen disminución del rendimiento escolar, dificultades de concentración, absentismo y menor motivación hacia el aprendizaje. El tiempo excesivo dedicado a actividades digitales suele desplazar otras ocupaciones esenciales para el desarrollo, como el estudio, la actividad física o las relaciones familiares.

Desde el punto de vista físico, el sedentarismo, las alteraciones del sueño, la fatiga visual, el dolor cervical y lumbar y la reducción de la actividad física constituyen algunas de las consecuencias más frecuentes. La utilización de dispositivos electrónicos durante las horas previas al descanso nocturno altera la secreción de melatonina y repercute negativamente sobre la calidad del sueño, favoreciendo la aparición de somnolencia diurna y disminución del rendimiento cognitivo1,4,8.

En conjunto, estas consecuencias evidencian la necesidad de abordar las adicciones comportamentales como un problema de salud pública que requiere estrategias preventivas y de intervención coordinadas.

6. Estrategias de prevención e intervención:

La prevención constituye la medida más eficaz para reducir la aparición y el impacto de las adicciones comportamentales durante la adolescencia. Debido a su origen multifactorial, las intervenciones deben desarrollarse desde un enfoque integral que combine actuaciones en los ámbitos familiar, educativo, sanitario y comunitario.6,7

La alfabetización digital representa uno de los pilares fundamentales de la prevención. No basta con enseñar el manejo de las tecnologías; resulta imprescindible promover un uso crítico, responsable y seguro de los entornos digitales. Los adolescentes deben adquirir competencias que les permitan reconocer los riesgos asociados al uso excesivo de redes sociales, identificar estrategias de manipulación empleadas por las plataformas digitales y desarrollar habilidades para gestionar de forma saludable el tiempo de conexión.

Las familias desempeñan un papel esencial como principal agente preventivo. La supervisión del uso de dispositivos electrónicos, el establecimiento de normas consensuadas, la promoción de espacios libres de pantallas y el ejemplo ofrecido por los propios adultos contribuyen a reducir el riesgo de desarrollar conductas problemáticas. La comunicación abierta y el acompañamiento emocional facilitan además la detección precoz de cambios en el comportamiento que puedan indicar un uso inadecuado de la tecnología1,2,4.

El ámbito educativo constituye otro escenario prioritario para la prevención. La incorporación de programas de educación para la salud, bienestar digital y competencias emocionales en los centros escolares ha demostrado mejorar la capacidad de los adolescentes para identificar conductas de riesgo y adoptar hábitos digitales más saludables. Del mismo modo, la promoción de actividades deportivas, culturales y de participación social favorece el desarrollo de alternativas de ocio que disminuyen la dependencia del entorno virtual.

Desde el ámbito sanitario, la Atención Primaria desempeña un papel estratégico en la identificación precoz de adolescentes con patrones de uso problemático. La inclusión de preguntas sobre tiempo de pantalla, hábitos digitales, calidad del sueño, rendimiento académico y bienestar emocional durante las consultas habituales permite detectar situaciones de riesgo antes de que aparezca un deterioro significativo. Cuando resulta necesario, la derivación a los servicios de salud mental debe realizarse de forma precoz y coordinada5,6.

7. Papel de los profesionales sanitarios:

El incremento de las adicciones comportamentales exige una participación activa de los profesionales sanitarios en todas las fases del proceso asistencial, desde la promoción de la salud hasta la intervención especializada.

Los profesionales de Atención Primaria, Pediatría, Enfermería y Salud Mental constituyen, en muchos casos, el primer punto de contacto con adolescentes y familias. Su labor no debe limitarse a la atención de las consecuencias clínicas, sino que debe incluir actividades de educación para la salud orientadas a fomentar un uso responsable de las tecnologías digitales1,4,9.

La detección precoz de señales de alarma —como alteraciones del sueño, aislamiento social, descenso del rendimiento académico, irritabilidad o pérdida de interés por actividades previamente gratificantes— permite intervenir antes de que la conducta adictiva se consolide. Asimismo, la valoración integral del adolescente debe contemplar posibles trastornos asociados, como ansiedad, depresión, trastorno por déficit de atención e hiperactividad o consumo de sustancias, debido a la frecuente coexistencia de estas condiciones.

La coordinación entre Atención Primaria, Salud Mental, centros educativos, servicios sociales y familias resulta imprescindible para garantizar un abordaje multidisciplinar y centrado en las necesidades del adolescente. Esta colaboración facilita el diseño de intervenciones individualizadas y mejora la continuidad asistencial2,5,10.

8. Perspectivas de futuro:

La rápida evolución tecnológica plantea nuevos retos para la salud pública. El desarrollo de la inteligencia artificial, los entornos inversivos, la realidad virtual y el denominado metaverso ampliará las posibilidades de interacción digital, pero también puede incrementar la exposición de adolescentes y jóvenes a mecanismos de recompensa cada vez más sofisticados.

En este contexto, será necesario fortalecer la investigación sobre los efectos de estas tecnologías en la salud mental, así como desarrollar políticas públicas orientadas a proteger a la población infantil y adolescente. Entre las prioridades destacan la regulación de la publicidad de apuestas dirigida a menores, la mejora de los sistemas de verificación de edad, la transparencia de los algoritmos utilizados por las plataformas digitales y la promoción de entornos digitales seguros.

Del mismo modo, la incorporación de programas de bienestar digital en los sistemas educativos y sanitarios constituye una estrategia prometedora para favorecer un uso equilibrado de las tecnologías y prevenir futuras formas de adicción comportamental1,2,3.

CONCLUSIÓN

Las adicciones comportamentales representan uno de los principales desafíos emergentes para la salud pública en la era digital. El uso problemático de las redes sociales, los videojuegos y el juego online afecta de manera especial a adolescentes y jóvenes debido a la interacción entre factores neurobiológicos, psicológicos, familiares y sociales propios de esta etapa del desarrollo.

Aunque las tecnologías digitales ofrecen importantes beneficios educativos, sociales y comunicativos, su utilización excesiva o inadecuada puede generar consecuencias relevantes sobre la salud mental, el rendimiento académico, las relaciones interpersonales y la calidad de vida. La evidencia científica disponible pone de manifiesto la necesidad de abordar estas conductas desde una perspectiva preventiva, evitando la estigmatización y promoviendo un uso responsable de los recursos digitales1,4,6.

La detección precoz, la educación en competencias digitales, el fortalecimiento de las habilidades emocionales y la implicación activa de familias, centros educativos y profesionales sanitarios constituyen los pilares fundamentales para reducir el impacto de estas adicciones. La Atención Primaria desempeña un papel especialmente relevante al permitir identificar de forma temprana patrones de uso problemático y coordinar las actuaciones necesarias con otros niveles asistenciales.

En un contexto de constante innovación tecnológica, la prevención deberá adaptarse a los nuevos escenarios digitales mediante estrategias basadas en la evidencia científica, la investigación y la colaboración interdisciplinar. Solo a través de un compromiso conjunto entre administraciones públicas, profesionales, educadores, familias y sociedad será posible promover un entorno digital más saludable y proteger el bienestar integral de las nuevas generaciones1,2,5.

BIBLIOGRAFÍA

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  2. Ministerio de Sanidad. Plan Nacional sobre Drogas. Informe 2024 sobre adicciones comportamentales. Madrid: Gobierno de España.
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  6. American Academy of Pediatrics. Children, Adolescents, and Digital Media. Pediatrics.
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  8. Montag C, Elhai JD. Digital phenotyping and problematic smartphone use. Addictive Behaviors.
  9. Kuss DJ, Pontes HM. Internet addiction and problematic internet use: A systematic review. Clinical Psychology Review.
  10. UNESCO. Guidance on Digital Citizenship Education. Paris: UNESCO.

 

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