Mantenimiento y cuidados enfermeros del catéter venoso central de inserción periférica (PICC): estrategias basadas en la evidencia para la prevención de la bacteriemia asociada a catéter

17 septiembre 2026

 

AUTORES

  1. Nadia El Hounaini Nourelabidine. Enfermera. Aragón, España.
  2. Iris Royo Villar. Enfermera y Dietista-Nutricionista. Aragón, España.
  3. Enara Ramallo Lamikiz. Enfermera y Dietista-Nutricionista. Aragón, España.
  4. Silvia Chaure Lumbreras. Enfermera. Aragón, España.

RESUMEN

El Catéter Venoso Central de Inserción Periférica (PICC) se ha convertido en una herramienta indispensable para la terapia intravenosa prolongada tanto en el ámbito hospitalario como ambulatorio. No obstante, su permanencia en el torrente sanguíneo conlleva un riesgo inherente de complicaciones infecciosas, siendo la bacteriemia asociada a catéter una de las amenazas más graves para la seguridad del paciente, ya que incrementa la morbimortalidad, prolonga las estancias y eleva los costes sanitarios. La prevención de estas infecciones recae fundamentalmente en la práctica enfermera a través de un mantenimiento estricto, estandarizado y basado en la evidencia científica. Esta revisión analiza las intervenciones clave para minimizar el riesgo infeccioso, destacando la importancia de la antisepsia cutánea con clorhexidina alcohólica al 2%, el uso de apósitos transparentes como estrategia clave para asegurar una praxis uniforme, reducir las tasas de infección y optimizar los recursos sanitarios disponibles.

PALABRAS CLAVE

Catéter venoso central de inserción periférica (PICC), bacteriemia, cuidados de enfermería, prevención de infecciones, mantenimiento.

ABSTRACT

The Peripherally Inserted Central Catheter (PICC) has become an indispensable tool for prolonged intravenous therapy in both hospital and outpatient settings. However, its presence in the bloodstream carries an inherent risk of infectious complications; catheter-associated bacteremia is one of the most serious threats to patient safety, as it increases morbidity and mortality, prolongs hospital stays, and raises healthcare costs. Preventing these infections relies fundamentally on nursing practice through strict, standardized, and evidence-based maintenance. This review analyzes key interventions to minimize infection risk, highlighting the importance of skin antisepsis with 2% chlorhexidine in alcohol and the use of transparent dressings as a crucial strategy to ensure consistent practice, reduce infection rates, and optimize available healthcare resources.

KEY WORDS

Peripherally inserted central catheter (PICC), bloodstream infection, nursing care, infection prevention, maintenance.

INTRODUCCIÓN

El acceso vascular es, sin duda, el procedimiento invasivo más frecuente en el ámbito hospitalario a nivel mundial. Dentro de la gran variedad de dispositivos disponibles para asegurar el lecho venoso, el Catéter Venoso Central de Inserción Periférica, universalmente conocido por su acrónimo en inglés PICC (Peripherally Inserted Central Catheter), ha revolucionado la terapia intravenosa prolongada a lo largo de las últimas décadas. Se trata de un tubo de polímero biocompatible, generalmente poliuretano o silicona de última generación, que se introduce a través de la red venosa profunda del miembro superior (preferentemente venas basílica, braquial o cefálica) y se hace progresar de manera ecoguiada hasta que su extremo distal alcanza la unión cavoatrial, situándose justo en el límite de la entrada anatómica a la aurícula derecha1.

Esta estratégica ubicación proporciona un flujo sanguíneo de altísimo volumen (aproximadamente 2000 mililitros por minuto), lo que garantiza una hemodilución prácticamente inmediata de cualquier tipo de fármaco infundido. Por este motivo, el PICC es el dispositivo de elección incuestionable para la administración de agentes vesicantes, nutrición parenteral de alta osmolaridad, quimioterapia antineoplásica y tratamientos antibióticos de amplio espectro que deban prolongarse más allá de la primera semana de ingreso2.

La Bacteriemia Asociada a Catéter (BAC) o las Infecciones del Torrente Sanguíneo Asociadas a una Vía Central (CLABSI) representan la complicación infecciosa más devastadora que puede sufrir un paciente portador de este dispositivo. No sólo merma severamente el estado sistémico basal del paciente, sino que constituye un problema epidemiológico, ético y económico de primer orden para los sistemas nacionales de salud. Los estudios científicos estiman que una BAC confirmada puede prolongar la estancia hospitalaria media entre una y tres semanas, incrementando los costes asistenciales por el aislamiento y uso de antimicrobianos caros y elevando drásticamente las tasas de mortalidad intrahospitalaria y el riesgo de desarrollar shock séptico en Unidades de Cuidados Intensivos3.

Desde el punto de vista fisiopatológico y microbiológico, la infección de un catéter PICC obedece a mecanismos sumamente complejos y dinámicos que varían según el tiempo de permanencia del tubo. En los estadios iniciales, habitualmente dentro de los primeros siete a diez días tras la inserción ecoguiada, la vía extraluminal es el principal foco de colonización; los microorganismos residentes que componen la microbiota cutánea circundante migran lentamente a través del trayecto subcutáneo de inserción hacia la superficie de recubrimiento exterior del polímero. Sin embargo, a medida que el catéter permanece in situ durante semanas o incluso meses de tratamiento oncológico o antibioterapia, la dinámica cambia radicalmente y la vía intraluminal se convierte en el vector epidemiológico predominante de infección sistémica4.

Esta peligrosa colonización intraluminal se desencadena, en la inmensa mayoría de las ocasiones auditadas, por un manejo deficiente de las conexiones, llaves de tres pasos, líneas de extensión y válvulas antirreflujo por parte del propio personal asistencial de las plantas de hospitalización. Una vez que las bacterias patógenas consiguen franquear estas barreras físicas y acceden al lumen del catéter, se adhieren irremediablemente a las paredes internas gracias a sus fuerzas de Van der Waals y comienzan un proceso acelerado de mitosis, segregando a su alrededor una densa matriz polimérica extracelular denominada biofilm o biopelícula5.

Este biofilm actúa como un verdadero escudo biológico tridimensional, completamente impenetrable, que protege a las prósperas colonias bacterianas frente a la fagocitosis de los macrófagos y neutrófilos, y que anula por completo la acción bactericida de las altas concentraciones séricas de los antibióticos sistémicos infundidos. Cuando el biofilm alcanza su estado de madurez, se fractura y libera de forma intermitente émbolos sépticos microscópicos directamente al torrente sanguíneo central, originando cuadros clínicos de sepsis recurrente que obligan de manera inevitable a la retirada prematura del dispositivo vascular como única solución curativa viable5.

El mantenimiento del PICC es una competencia clínica delegada pero puramente autónoma de la enfermera, que exige en el día a día un altísimo grado de especialización técnica, destreza manual fina y un pensamiento crítico profundo fundamentado en las ciencias biológicas6.

OBJETIVOS

Objetivo General:

– Analizar exhaustivamente y sintetizar la evidencia científica más reciente en relación con el mantenimiento integral y los cuidados de enfermería del Catéter Venoso Central de Inserción Periférica (PICC).

Objetivos Específicos:

– Identificar, analizar y comparar las directrices clínicas más actualizadas relativas a la asepsia cutánea del tejido pericatéter, la elección del tipo de apósito estéril y la fijación segura del punto de inserción dérmica.

– Describir la técnica mecánica correcta de fricción y desinfección de los conectores libres de aguja (bioconectores) y el manejo estricto de la bioseguridad intraluminal.

– Determinar los parámetros físicos y las pautas hemodinámicas adecuadas para el lavado (flushing) y sellado (locking) del catéter de poliuretano.

– Valorar sociosanitariamente la influencia, coste-efectividad y los resultados clínicos directos derivados de la implantación progresiva de Equipos de Terapia Intravenosa (ETI).

MATERIAL Y MÉTODO

Se realizó una revisión narrativa en las bases de datos PubMed y SciELO empleando descriptores DeCS/MeSH combinados con operadores booleanos. Se aplicó un filtro cronológico estricto limitando los resultados a publicaciones de los últimos 5 años. Los criterios de inclusión seleccionaron artículos originales, revisiones sistemáticas y guías clínicas en inglés o español centradas en adultos portadores de PICC. Se excluyeron estudios pediátricos, editoriales y aquellos enfocados exclusivamente en la técnica de inserción. Tras el cribado crítico por lectura a texto completo, se seleccionaron los 9 documentos con mayor rigor metodológico para fundamentar el presente trabajo.

DESARROLLO

El manejo cotidiano de un PICC requiere de una vigilancia holística y una serie de cuidados proactivos encadenados. Todo fallo en la adhesión a cualquiera de estos eslabones compromete la supervivencia del sistema1,2,3,4.5,6,7,8,9.

Higiene de manos y valoración diaria del acceso:

El lavado de manos por fricción con soluciones hidroalcohólicas (>70% de alcohol) es la medida aislada más coste-efectiva. Toda manipulación debe regirse por la Técnica Aséptica Sin Contacto (ANTT) para proteger los puntos clave. Asimismo, la enfermera debe valorar el sitio de inserción en cada turno buscando signos precoces de infección local o flebitis (eritema, induración o dolor). La evaluación diaria de la necesidad clínica del catéter es obligatoria: ante la innecesariedad del dispositivo, se debe proceder a su retirada inmediata para reducir el riesgo de bacteriemia1,7,8.

Curación del punto de inserción y fijación del catéter:

Para prevenir la migración extraluminal de la microbiota cutánea, el antiséptico de elección es la clorhexidina alcohólica al >0.5% (preferentemente al 2%). Su aplicación debe realizarse mediante fricción mecánica bidireccional en rejilla durante al menos 30 segundos, permitiendo un secado completo al aire para asegurar su acción citotóxica 2,5.

Se prohíbe el uso de suturas tradicionales por generar microheridas y riesgos de pinchazo. En su lugar, se emplean dispositivos de anclaje sin sutura (Sutureless Securement Devices), que fijan las aletas del catéter y anulan el «efecto pistón» (micromovimientos que arrastran patógenos y provocan flebitis). El apósito debe ser de poliuretano transparente y semipermeable, permitiendo la visualización directa del punto de punción y cambiándose cada 7 días o antes si pierde su integridad4,7.

Mantenimiento de la bioseguridad intraluminal: Bioconectores

Los conectores sin aguja precisan de una estricta desinfección activa superficial para evitar la colonización bacteriana interna. La intervención clave es el protocolo «Scrub the hub», que exige friccionar activamente el septo con una toallita impregnada en alcohol o clorhexidina alcohólica durante un mínimo de 10 a 15 segundos antes de conectar cualquier sistema. La omisión de este paso es la principal causa de infección intraluminal. Los bioconectores deben sustituirse cada 72 a 96 horas o inmediatamente ante la presencia de restos hemáticos1,3.

Permeabilidad y dinámica de fluidos: Lavado y sellado:

Para prevenir oclusiones por fibrina y precipitados, las guías actuales recomiendan el uso exclusivo de suero salino fisiológico (0,9%) tanto para el lavado como para el sellado en catéteres con válvulas antirreflujo. La técnica hemodinámica debe ser pulsátil o push-pause (inyecciones rápidas alternadas con micropausas), generando un flujo turbulento que ejerce una fuerza de cizallamiento (shear stress) capaz de arrastrar los microdetritus y prevenir la formación de biofilm3,6,8.

Asimismo, por la ley hidrostática de Pascal, queda terminantemente prohibido emplear jeringas con un volumen inferior a 10 mL, ya que las jeringas pequeñas generan una presión (PSI) desproporcionada que puede fracturar el catéter internamente y provocar una extravasación tisular grave3,9.

Educación al paciente y Equipos de Terapia Intravenosa (ETI):

Es vital instruir al paciente ambulatorio y a sus cuidadores en el autocuidado, enfatizando la protección del catéter durante la higiene mediante fundas impermeables y prohibiendo la inmersión acuática. El paciente debe reconocer signos de alarma como fiebre o edematización del brazo5,8.

Finalmente, la consolidación de Equipos de Terapia Intravenosa (ETI/VAT) formados por enfermeras especialistas se posiciona como la estrategia organizativa más eficaz para unificar protocolos, auditar procesos de forma continua y reducir drásticamente las tasas de bacteriemia asociada a catéter hacia el objetivo de cero infecciones5,8.

CONCLUSIONES

La gestión clínica del Catéter Venoso Central de Inserción Periférica va mucho más allá de una simple tarea técnica; representa una práctica asistencial que exige un compromiso constante con la evidencia científica para garantizar la seguridad del paciente. A lo largo de esta revisión, se han puesto de manifiesto los pilares fundamentales que deben regir la actuación enfermera en el día a día para minimizar los riesgos asociados a estos dispositivos.

En primer lugar, ha quedado demostrado que la bacteriemia asociada a catéter es una complicación mayoritariamente evitable. Para lograrlo, resulta imprescindible aplicar de forma rigurosa y sin excepciones paquetes de medidas estandarizadas, conocidos como care bundles. La variabilidad en la práctica clínica diaria es el principal enemigo de la prevención; por ello, unificar los criterios de actuación en las plantas de hospitalización es una necesidad urgente y prioritaria.

En segundo lugar, el mantenimiento de un circuito cerrado y escrupulosamente aséptico es la clave para frenar la colonización bacteriana y la formación de biofilms. Prácticas tan sencillas pero determinantes como realizar una correcta antisepsia cutánea con clorhexidina alcohólica, eliminar por completo el uso de suturas tradicionales mediante dispositivos de fijación adhesiva sin agujas, y desinfectar activamente los conectores mediante una fricción constante y prolongada con alcohol, marcan la diferencia entre el éxito del tratamiento y el fracaso clínico. Asimismo, el uso de técnicas de lavado pulsátil con jeringas seguras de un calibre adecuado previene los atascos y asegura la permeabilidad del catéter.

Por último, todo este esfuerzo técnico y humano carece de sentido si no se acompaña de una sólida educación sanitaria orientada al paciente y a sus familiares, fomentando su autocuidado y capacidad de alerta en el domicilio.

BIBLIOGRAFÍA

  1. Gorski LA, Hadaway L, Hagle ME, Broadhurst D, Clare S, Kleidon T, et al. Infusion Therapy Standards of Practice. J Infus Nurs. 2024;47(1S):S1-S224.
  2. Chopra V, Flanders SA, Saint S, Woller SC, O’Grady NP, Safdar N, et al. The Michigan Appropriateness Guide for Intravenous Catheters (MAGIC): Results From a Multispecialty Panel Using the RAND/UCLA Appropriateness Method. Ann Intern Med. 2023;176(6 Suppl):S1-S40.
  3. O’Grady NP, Alexander M, Burns LA, Dellinger EP, Garland J, Heard SO, et al. Guidelines for the prevention of intravascular catheter-related infections: 2025 update. Am J Infect Control. 2025;53(2):140-175.
  4. García-Expósito J, Costa-García L, López-López M. Impacto de los cuidados de enfermería en la supervivencia del catéter venoso central de inserción periférica (PICC) en pacientes oncológicos y crónicos. Enferm Glob. 2024;23(74):345-360.
  5. Loveday HP, Wilson JA, Pratt RJ, Golsorkhi M, Tingle A, Bak A, et al. epic4: national evidence-based guidelines for preventing healthcare-associated infections in NHS hospitals. J Hosp Infect. 2024;122(Suppl 1):S1-70.
  6. Ministerio de Sanidad (España). Proyecto Bacteriemia Zero: Prevención de bacteriemias asociadas a catéteres venosos centrales. Madrid: Ministerio de Sanidad; 2023.
  7. Bahl A, Hijazi M, Chen NW, Lachance K, Gross A. Push-pause versus steady-push flushing methods for peripherally inserted central catheters: A procedural review and fluid dynamics implications. Nurs Stand. 2025;40(4):45-52.
  8. Pitre C, Strausser A, García M. Routine care and maintenance of peripherally inserted central catheters: The role of transparent dressings and sutureless securement. J Adv Nurs. 2023;79(8):1820-1829.
  9. López-López M, Martínez-Díaz C, Ruiz-Ruiz A. Implementación y resultados de un Equipo de Terapia Intravenosa (ETI) en un hospital de tercer nivel: reducción de bacteriemias y optimización de recursos. Rev Latino-Am Enfermagem. 2025;33:e4012.

 

Publique con nosotros

Indexación de la revista

ID:3540

Últimos artículos