AUTORES
- Alicia Bautista Benito. Enfermera Especialista en Salud Mental. Aragón, España.
- Alejandro Sainz Méndez. Enfermero. Aragón, España.
- Laura Zalduendo Ferrer. Enfermera. Aragón, España.
- Leyre Valiente Molero. Enfermera Especialista en Salud Mental. Aragón, España.
- Cristina Susin Blasco. Enfermera Especialista en Salud Mental. Aragón, España.
- María Ángeles Gálvez Mateo. Enfermera Especialista en Salud Mental. Aragón, España.
RESUMEN
Introducción: La digitalización ha transformado las relaciones sociales en la vejez. La “soledad digital” alude a la soledad asociada a exclusión digital, escasas habilidades tecnológicas o falta de conexión social significativa mediante estas herramientas.
Objetivo: Sintetizar la evidencia sobre la relación entre soledad digital y salud mental en adultos mayores.
Metodología: Revisión sistemática con síntesis narrativa según PRISMA 2020, basada en estudios indexados en PubMed sobre soledad, aislamiento social, exclusión digital y salud mental en personas mayores.
Resultados: La exclusión digital se asocia con más síntomas depresivos y peor bienestar psicológico. El uso de internet, redes sociales y videollamadas puede reducir la soledad y mejorar la calidad de vida, aunque los resultados dependen de la alfabetización digital, el tipo de uso, el apoyo social previo y el contexto residencial. Las intervenciones tecnológicas muestran beneficios más claros sobre depresión, ansiedad y soledad que sobre aislamiento social objetivo.
Conclusión: La soledad digital depende no solo del acceso, sino también de habilidades, motivación y calidad de la interacción. La inclusión digital puede proteger la salud mental, aunque no toda tecnología genera beneficios.
PALABRAS CLAVE
Anciano, soledad, aislamiento social, salud mental, brecha digital.
ABSTRACT
Introduction: Digital loneliness in older adults refers to loneliness linked to digital exclusion, limited skills, or lack of meaningful online connection.
Objective: To synthesise evidence on its relationship with mental health.
Methods: Systematic review with narrative synthesis following PRISMA 2020, based on PubMed-indexed studies.
Results: Digital exclusion is associated with depressive symptoms and poorer wellbeing, while internet use and technology-based interventions may reduce loneliness and improve quality of life, depending on literacy, type of use, and social context.
Conclusion: Digital inclusion may protect mental health, but benefits depend on meaningful and supported use.
KEYWORDS
Aged, loneliness, social isolation, mental health, digital divide.
INTRODUCCIÓN
La soledad y el aislamiento social en la vejez constituyen un problema relevante de salud pública, y la aceleración de la digitalización ha añadido una nueva dimensión a esta vulnerabilidad. En la literatura reciente, lo que aquí se denomina “soledad digital” no suele aparecer como un descriptor formal, sino como una experiencia relacionada con exclusión digital, barreras de acceso, escasas competencias tecnológicas o interacciones digitales insuficientes para generar vínculo social significativo. La revisión de Ge et al. describe la exclusión digital como un fenómeno multidimensional, con componentes de recursos, habilidades y motivación, mientras que Seifert et al. plantean que muchas personas mayores sufren una “doble carga” de exclusión social y digital1,2.
La evidencia agregada muestra además que el campo ha crecido con rapidez, pero de forma desigual. Un mapa de evidencia sobre intervenciones digitales para reducir soledad o aislamiento en personas mayores identificó 200 artículos, aunque la mayoría de las revisiones sistemáticas incluidas eran de baja calidad metodológica y la investigación se concentraba en países de ingresos altos. En paralelo, las revisiones sobre redes sociales, internet y tecnologías de la información y la comunicación muestran resultados prometedores, pero heterogéneos y difíciles de comparar por la diversidad de dispositivos, contextos y medidas utilizadas3-6.
A partir de este escenario, esta revisión se plantea siguiendo PRISMA 2020 con el fin de sintetizar la relación entre soledad digital y salud mental en adultos mayores, prestando atención tanto a la asociación entre exclusión digital y malestar psicológico como a la posible utilidad de intervenciones tecnológicas para mitigar depresión, ansiedad, soledad o deterioro del bienestar.
OBJETIVO
Sintetizar la evidencia disponible sobre la relación entre soledad digital en adultos mayores y salud mental, incluyendo el papel de la exclusión digital, el uso de internet y redes sociales, y las intervenciones tecnológicas orientadas a reducir soledad, aislamiento o síntomas afectivos.
METODOLOGÍA
Se plantea una revisión sistemática con síntesis narrativa conforme a la declaración PRISMA 2020. La pregunta de revisión se formuló en torno a adultos mayores expuestos a exclusión digital o usuarios de tecnologías digitales, y a desenlaces de salud mental como soledad, aislamiento social, depresión, ansiedad, bienestar psicológico y calidad de vida.
La estrategia de búsqueda puede reproducirse en PubMed, Scopus, PsycINFO, CINAHL o Embase mediante términos DeCS/MeSH y texto libre como Aged, Loneliness, Social Isolation, Mental Health, Digital Divide, Internet, Social Media, Videoconferencing y Information and Communication Technology. Se priorizó evidencia en PubMed, incluyendo revisiones sistemáticas, metaanálisis, estudios longitudinales y ensayos publicados principalmente entre 2011 y 2026. Se excluyeron editoriales, comentarios sin datos empíricos y estudios centrados exclusivamente en población no mayor o sin desenlaces de salud mental. Debido a la heterogeneidad conceptual y metodológica de la evidencia, la síntesis se realizó de forma narrativa.
RESULTADOS
Un primer hallazgo sólido es que la exclusión digital se asocia de forma consistente con peor salud mental, sobre todo con síntomas depresivos. El estudio multicohorte de Wang et al., basado en cinco cohortes de envejecimiento de 24 países, halló que las personas mayores digitalmente excluidas presentan mayor riesgo de síntomas depresivos, especialmente cuando cuentan con menos apoyo familiar o viven en hogares con menor nivel económico. En la misma dirección, un metaanálisis reciente de Byeon estimó que la exposición a aislamiento social o exclusión digital se asocia con un 60% más de probabilidad de síntomas depresivos en adultos mayores, además de relacionarse con peor función física6,7.
Los estudios observacionales sobre uso de internet sugieren un posible efecto protector, aunque no uniforme. Cotten et al., en un análisis longitudinal con adultos mayores jubilados en Estados Unidos, observaron que el uso de internet se asociaba con una reducción aproximada de un tercio en la probabilidad de un estado depresivo, con indicios de mediación por menor aislamiento y soledad. Durante la pandemia, Wallinheimo y Evans también encontraron que un uso más frecuente de internet se asociaba con mejor calidad de vida y menores puntuaciones de depresión en adultos de mediana y mayor edad. Estos hallazgos son compatibles con la hipótesis de que la conexión digital puede amortiguar parte del malestar psicológico en la vejez, aunque no permiten inferir causalidad plena8-10.
La evidencia sobre redes sociales presenta una imagen más matizada. En un estudio poblacional en Taiwán, Ho et al. observaron que los usuarios de redes sociales mostraban mayor bienestar subjetivo y menores niveles de depresión, ansiedad y soledad que los no usuarios, sin embargo, un mayor tiempo de uso se asoció a peores resultados psicosociales. Esta ambivalencia también aparece en la revisión sistemática de Lei et al., donde las asociaciones transversales con resultados positivos eran frecuentes, pero los estudios longitudinales e intervenciones ofrecían resultados mixtos e inconclusos. De forma similar, la revisión de Wiwatkunupakarn et al. halló evidencia limitada de que el uso de redes sociales se relacione con menor depresión o soledad, y no encontró asociación significativa con menor aislamiento social objetivo 4,11,12.
En cuanto a intervenciones concretas, las videollamadas constituyen una de las estrategias más estudiadas. Tsai et al. encontraron que un programa de videoconferencia mediante smartphone en residencias mejoró de forma significativa la soledad y varios dominios de calidad de vida, aunque no redujo los síntomas depresivos entre grupos. En un estudio previo de la misma línea, una intervención de videoconferencia con familiares mantenida al menos tres meses produjo efectos a largo plazo en la reducción de depresión y soledad durante un año en residentes de centros geriátricos. Sin embargo, la revisión rápida Cochrane de Noone et al. concluyó que la evidencia sobre videollamadas para reducir soledad o depresión en mayores seguía siendo muy incierta. En conjunto, esto sugiere resultados prometedores, pero aún no definitivos13-15.
Cuando se amplía la mirada a otras intervenciones tecnológicas, la evidencia tiende a ser más favorable para síntomas afectivos que para aislamiento social objetivo. La revisión de Sen et al. subraya que la tecnología puede favorecer el bienestar social si se adapta a necesidades cognitivas, visuales y auditivas, y si se acompaña de formación y aumento de autoeficacia digital. Más recientemente, el metaanálisis de Bermúdez Endrino et al. concluyó que las intervenciones tecnológicas reducen depresión y ansiedad en personas mayores socialmente aisladas, pero muestran un efecto limitado sobre aislamiento social como desenlace objetivo. Del mismo modo, un metaanálisis de ensayos aleatorizados encontró que los robots sociales en centros de larga estancia reducen depresión y soledad con tamaños del efecto grandes, especialmente en intervenciones grupales y más prolongadas16-18.
Los resultados, no obstante, no son lineales. El estudio de Svec et al. mostró que las redes sociales pueden amortiguar el malestar emocional en adultos mayores objetivamente aislados, pero agravar el afecto negativo cuando la persona se siente subjetivamente sola. Este hallazgo es especialmente importante porque sugiere que el beneficio de la conexión digital depende no solo del acceso o de la frecuencia de uso, sino del tipo de necesidad relacional que intenta cubrir y de la calidad subjetiva de esa experiencia 11,19.
DISCUSIÓN
La revisión sugiere que la soledad digital en adultos mayores debe entenderse como un fenómeno relacional y no meramente tecnológico. No basta con disponer de dispositivos o conexión: la exclusión digital también incluye falta de habilidades, miedo o desmotivación para el uso, barreras funcionales y ausencia de experiencias digitales que realmente incrementen el sentimiento de pertenencia o apoyo. Desde esta perspectiva, la brecha digital puede convertirse en un determinante social de malestar psicológico en la vejez1,2,5,19.
En términos de salud mental, el desenlace más consistentemente asociado a la exclusión digital es la depresión. La relación con soledad y aislamiento existe, pero es más heterogénea y depende de cómo se mida cada constructo. Parte de esta variabilidad se explica porque soledad y aislamiento no son equivalentes: una persona puede estar objetivamente aislada y beneficiarse de medios digitales, mientras otra puede mantener actividad online intensa y seguir sintiéndose profundamente sola4,8,12,19.
La evidencia disponible también indica que las intervenciones más prometedoras son aquellas que combinan tecnología con apoyo humano, entrenamiento y adaptación al contexto. Las videoconferencias con familiares, las estrategias comunitarias de alfabetización digital y algunos dispositivos sociales, como los robots, muestran beneficios sobre soledad o síntomas afectivos, pero estos efectos todavía requieren validación en estudios más robustos y a largo plazo. Además, la calidad metodológica global sigue siendo desigual y gran parte de la evidencia procede de países de ingresos altos3,13-18.
CONCLUSIONES
En conclusión, la inclusión digital puede actuar como un factor protector de salud mental en adultos mayores, especialmente frente a depresión y malestar psicológico, pero no toda interacción digital reduce la soledad. La “soledad digital” parece emerger cuando coinciden vulnerabilidad relacional y exclusión o insuficiencia de los recursos digitales disponibles. Por ello, las respuestas más útiles no serían solo tecnológicas, sino también educativas, comunitarias y centradas en la calidad del vínculo social que la tecnología es capaz de facilitar.
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