Desafíos en la salud mental de las mujeres mayores: una cuestión de género

3 agosto 2025

 

AUTORES

  1. Sonia Pascual Martín. Trabajadora Social. Instituto Aragonés de Servicios Sociales. Aragón. España.
  2. Eva Ibáñez Mily. Licenciada en Odontología. Aragón. España.
  3. Laura Báguena Sancho. Trabajadora Social. Hospital Universitario Miguel Servet. (Zaragoza). España.
  4. María Yébenes Delgado. Trabajadora Social. Hospital Universitario Miguel Servet (Zaragoza). España.
  5. Natividad Aragüés Saz. Trabajadora Social y TCAE. Hospital Universitario Miguel Servet. (Zaragoza). España.
  6. Ana Isabel Navarro Pérez. Auxiliar Administrativa y TCAE.CME San José. (Zaragoza). España.

 

RESUMEN

El envejecimiento de la población es un fenómeno global que plantea importantes retos en el ámbito de la salud pública, entre los que destaca el cuidado de la salud mental de las mujeres mayores. Las mujeres, debido a su mayor esperanza de vida y a factores socioculturales, biológicos y económicos, presentan una mayor prevalencia de trastornos mentales como la depresión y la ansiedad en la vejez. Este artículo analiza los principales desafíos que enfrentan las mujeres mayores en relación con su salud mental, destacando cómo el género actúa como determinante social que amplifica las desigualdades y vulnerabilidades en este grupo poblacional.

Se aborda cómo la soledad, el aislamiento social, la dependencia económica y la exposición a situaciones de violencia a lo largo del ciclo vital contribuyen al deterioro de la salud mental en las mujeres mayores. Además, se examina la limitada respuesta de los sistemas de salud para abordar estas problemáticas desde una perspectiva de género, lo que perpetúa la invisibilidad de sus necesidades y dificulta el acceso a servicios adecuados. Finalmente, se proponen líneas de acción orientadas a la promoción de la equidad de género en la atención de la salud mental en este grupo etario.

PALABRAS CLAVE

Salud mental, mujeres mayores, género, envejecimiento, desigualdades sociales, depresión, ansiedad.

ABSTRACT

The aging of the population is a global phenomenon that poses significant challenges in public health, including the care of the mental health of older women. Women, due to their higher life expectancy and sociocultural, biological, and economic factors, present a higher prevalence of mental disorders such as depression and anxiety in old age. This article analyzes the main challenges faced by older women in relation to their mental health, highlighting how gender acts as a social determinant that amplifies inequalities and vulnerabilities in this population group.

It addresses how loneliness, social isolation, economic dependency, and exposure to violence throughout the life cycle contribute to the deterioration of mental health in older women. In addition, it examines the limited response of health systems to address these issues from a gender perspective, which perpetuates the invisibility of their needs and hinders access to appropriate services. Finally, lines of action aimed at promoting gender equity in mental health care for this age group are proposed.

KEY WORDS

Mental health, older women, gender, aging, social inequalities, depression, anxiety.

INTRODUCCIÓN

El aumento de la esperanza de vida ha dado lugar a un progresivo envejecimiento de la población, especialmente en los países de ingresos medios y altos. Este proceso tiene profundas implicaciones para los sistemas de salud, que deben adaptarse a las necesidades de un grupo creciente de personas mayores. Entre las múltiples dimensiones del bienestar en esta etapa de la vida, la salud mental constituye un componente esencial y, sin embargo, frecuentemente desatendido, especialmente en el caso de las mujeres.

Las mujeres mayores no solo viven más años, sino que a menudo lo hacen en condiciones de mayor vulnerabilidad social, económica y de salud. La perspectiva de género resulta clave para comprender los factores que contribuyen a esta situación, dado que las desigualdades acumuladas a lo largo del ciclo vital se reflejan de manera acentuada en la vejez, condicionando la salud mental y la calidad de vida.

OBJETIVOS

  1. Analizar los principales desafíos de salud mental que enfrentan las mujeres mayores desde una perspectiva de género.
  2. Identificar los determinantes sociales y de género que inciden en el bienestar psicológico de las mujeres en la vejez.
  3. Proponer estrategias de intervención que promuevan la equidad de género en la atención de la salud mental en mujeres mayores.

 

METODOLOGÍA

Este artículo se elaboró mediante una revisión documental de carácter narrativo. Se consultaron bases de datos científicas como PubMed, Scielo, Dialnet y Google Scholar, así como libros especializados y documentos de organismos internacionales (OMS, OPS). La selección de fuentes se centró en publicaciones de los últimos diez años y artículos con enfoque de género y salud mental en personas mayores.

DESARROLLO

1. Determinantes sociales y de género en la salud mental de las mujeres mayores:

La salud mental en la vejez está determinada por un conjunto complejo de factores biológicos, psicológicos y sociales. En el caso de las mujeres mayores, los determinantes sociales y de género desempeñan un papel central en la configuración de su bienestar psíquico. El género, como categoría social construida, determina los roles, expectativas y oportunidades a lo largo del ciclo vital, lo que tiene un impacto acumulativo en la salud mental durante la vejez.

Las mujeres mayores de hoy pertenecen, en su mayoría, a generaciones que crecieron en contextos donde las desigualdades de género eran más marcadas. Esto se traduce en trayectorias laborales más inestables, menor acceso a la educación formal y mayor dedicación a trabajos no remunerados relacionados con los cuidados. Como resultado, muchas enfrentan la vejez con ingresos reducidos y pensiones más bajas, lo que incrementa su vulnerabilidad económica y afecta directamente su salud mental. Las dificultades económicas se asocian a mayores niveles de ansiedad, estrés y sintomatología depresiva, al limitar las posibilidades de llevar una vida activa y socialmente integrada1.

Otro determinante relevante es la experiencia acumulada de discriminación y violencia. Las mujeres mayores han podido estar expuestas, a lo largo de sus vidas, a situaciones de violencia de género, que dejan secuelas psíquicas persistentes. La violencia en la vejez, tanto la histórica como la que ocurre en esta etapa (por ejemplo, violencia patrimonial, negligencia o maltrato institucional), es un factor de riesgo de gran impacto en la salud mental1,5.

El acceso a recursos sanitarios y sociales también está condicionado por factores de género. Las mujeres mayores, especialmente en zonas rurales o en contextos de mayor pobreza, enfrentan barreras para acceder a los servicios de salud mental, incluyendo barreras económicas, geográficas y culturales. Además, los estereotipos edadistas y sexistas refuerzan la idea de que el sufrimiento emocional es parte inevitable del envejecimiento3,7, lo que desincentiva tanto la demanda como la oferta de servicios específicos.

2. Soledad, aislamiento y redes de apoyo:

La soledad no deseada y el aislamiento social constituyen dos de los principales factores que afectan la salud mental de las mujeres mayores. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), las mujeres tienen mayor probabilidad de vivir solas en la vejez debido, entre otros motivos, a su mayor esperanza de vida y a las elevadas tasas de viudez en edades avanzadas. Esta situación incrementa el riesgo de desarrollar depresión, ansiedad y deterioro cognitivo, y se ha asociado incluso con un aumento de la mortalidad2,4.

Es importante distinguir entre la soledad objetiva —vivir sola o tener escasas relaciones sociales— y la soledad subjetiva —el sentimiento de carencia de compañía o de apoyo emocional. Ambas dimensiones afectan el bienestar psicológico, pero la soledad subjetiva parece tener un impacto más directo en la salud mental. Diversos estudios han encontrado que las mujeres mayores que se perciben solas tienen mayor probabilidad de presentar síntomas depresivos y una peor percepción de su salud.

Las redes de apoyo social, tanto formales como informales, son un factor protector fundamental. Sin embargo, estas redes tienden a debilitarse con la edad, ya sea por la pérdida de seres queridos, la reducción de la participación en actividades comunitarias o las barreras físicas y económicas que dificultan el contacto social. La calidad de las relaciones sociales resulta esencial: contar con relaciones significativas, que aporten apoyo emocional y sentido de pertenencia, es un factor que puede mitigar el impacto de la soledad y el aislamiento.

Los programas comunitarios que fomentan el envejecimiento activo, la participación social y el voluntariado se han mostrado eficaces para prevenir el aislamiento y promover la salud mental4. No obstante, estos programas son escasos o no siempre están diseñados con perspectiva de género, por lo que no consideran las necesidades y preferencias específicas de las mujeres mayores.

3. Respuesta de los sistemas de salud y propuestas de intervención con perspectiva de género:

El abordaje de la salud mental de las mujeres mayores exige una respuesta integral por parte de los sistemas de salud y de los servicios sociales, con un enfoque interseccional que contemple la interacción entre género, edad, clase social, etnicidad y otras dimensiones de la desigualdad. Sin embargo, en la práctica, los servicios suelen carecer de recursos específicos para este grupo poblacional, y el personal sanitario y social no siempre recibe formación adecuada para el abordaje de la salud mental desde una perspectiva de género.

La falta de políticas públicas que integren el género y el envejecimiento en el diseño de los servicios de salud mental contribuye a perpetuar las desigualdades. Por ejemplo, los programas de prevención y promoción de la salud mental rara vez consideran las diferencias en los factores de riesgo y en las formas de expresión del malestar emocional entre mujeres y hombres mayores. Esto genera una atención homogénea que no responde de manera adecuada a las necesidades diferenciadas de las mujeres.

Entre las propuestas de intervención destacan el desarrollo de servicios comunitarios accesibles y sensibles al género, la creación de espacios de encuentro y apoyo mutuo para mujeres mayores, y la incorporación de la perspectiva de género en la formación del personal sanitario y en los protocolos de atención. Asimismo, se plantea la necesidad de promover políticas de protección social que reduzcan la pobreza y la exclusión social en la vejez, y de garantizar el acceso equitativo a los recursos para la atención de la salud mental.

La inclusión activa de las propias mujeres mayores en el diseño y evaluación de las políticas y programas resulta clave para asegurar que las intervenciones respondan a sus necesidades y aspiraciones. Esto implica un cambio de paradigma que reconozca a las mujeres mayores como sujetos de derechos, no solo como receptoras pasivas de cuidados5.

CONCLUSIONES

La salud mental de las mujeres mayores constituye un desafío prioritario en el ámbito de los servicios sociales y sanitarios, dado que se encuentra fuertemente condicionada por los determinantes sociales y de género. Las desigualdades acumuladas a lo largo del ciclo vital —relacionadas con la pobreza, la dependencia económica, la dedicación al trabajo de cuidados no remunerado y la exposición a la violencia de género— impactan de manera significativa en el bienestar psicológico de las mujeres en la vejez1,6.

El aislamiento social, la soledad no deseada y la invisibilización de los problemas de salud mental en las mujeres mayores son elementos que agravan esta situación. Los sistemas de salud, en su mayoría, carecen de programas específicos que integren la perspectiva de género y edad en la atención a la salud mental de este grupo poblacional, lo que perpetúa las desigualdades y limita el acceso a servicios adecuados.

Es necesario avanzar hacia un modelo de atención integral que contemple las particularidades de las mujeres mayores y que promueva la equidad de género en la planificación, ejecución y evaluación de las políticas y programas de salud mental. Esto implica fortalecer los recursos comunitarios, garantizar la accesibilidad de los servicios, formar al personal en enfoques interseccionales y, sobre todo, incluir la voz y experiencia de las propias mujeres mayores en el diseño de las intervenciones.

 

BIBLIOGRAFÍA

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  2. Organización Mundial de la Salud. Salud mental de las personas mayores [Internet]. Ginebra: OMS; 2017 [citado 2025 jun 19]. Disponible en: https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/mental-health-of-older-adults
  3. World Health Organization. Global report on ageism [Internet]. Geneva: WHO; 2021 [citado 2025 jun 19]. Disponible en: https://www.who.int/publications/i/item/9789240016866
  4. Courtin E, Knapp M. Social isolation, loneliness and health in old age: a scoping review. Health Soc Care Community. 2017;25(3):799-812. doi:10.1111/hsc.12311.
  5. Freixas A, Luque B, Reina A. Critical feminist gerontology: in the back room of research. Journal of Women & Ageing. 2012;24(1):44–58. Disponible en: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/22256877/
  6. Ortega Gaspar M, López Narbona AM, Juárez M. El bienestar subjetivo de los mayores en España: una revisión teórica del estado del arte. Rev Euro Latinoam Anal Soc Polit. 2020;2(2):105–14. Disponible en: https://www.researchgate.net/publication/347439746_El_bienestar_subjetivo_de_los_mayores_en_Espana_Una_revision_teorica_del_estado_del_arte
  7. Ayalon L, Tesch-Römer C. Contemporary perspectives on ageism [Internet]. Cham: Springer Nature; 2018 [cited 2025 Jun 20]. https://link.springer.com/book/10.1007/978-3-319-73820-8

 

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