La soledad no deseada como determinante social de la salud: aportaciones del trabajo social en el ámbito hospitalario

23 julio 2026

 

AUTORES

  1. Ana Laura Jiménez Mendizábal. Diplomada en Trabajo Social. Trabajadora Social en Salud Aragón. Aragón, España.
  2. Ruth Santamarta Plaza. Diplomada en Trabajo Social. Trabajadora Social en Salud Aragón. Aragón, España.
  3. Nuria Martínez Artigas. Licenciada en Derecho. Administrativa en Salud Aragón. Aragón, España.
  4. María Nuria Requeno Jarabo. Médica de Familia. Centro de Salud San José Sur. Zaragoza, Aragón. Aragón, España.
  5. Sofia Cerdán Gómez. Diplomada en Trabajo Social. Trabajadora Social en Salud Aragón. Aragón, España.
  6. María Teresa Poyo Pozo. Graduada en Gestión y Administración Pública. Administrativa en Salud Aragón. Aragón, España.

 

RESUMEN

La soledad no deseada se ha consolidado como un problema social y de salud pública por su relación con el deterioro del bienestar, la salud mental, la funcionalidad y la calidad de vida. Este artículo aborda la soledad no deseada desde una perspectiva sociosanitaria, analizando su presencia en el ámbito hospitalario y su consideración como determinante social de la salud.

Se destaca el papel del Trabajo Social Sanitario en la detección de situaciones de vulnerabilidad, la valoración de redes de apoyo, la planificación del alta y la coordinación con recursos comunitarios. La intervención social permite comprender la enfermedad desde una dimensión integral, incorporando los factores familiares, sociales y comunitarios que influyen en los procesos de salud y recuperación.

El abordaje de la soledad no deseada requiere modelos de atención centrados en la persona, donde la dimensión social adquiere un papel fundamental. En este contexto, el Trabajo Social Sanitario contribuye a una atención más humanizada, preventiva y orientada al fortalecimiento de vínculos y participación social.

PALABRAS CLAVE

Soledad no deseada, determinantes sociales de la salud, trabajo social hospitalario, redes de apoyo.

ABSTRACT

Unwanted loneliness has become a social and public health concern due to its relationship with reduced well-being, mental health problems, functional decline, and quality of life. This article addresses unwanted loneliness from a healthcare and social perspective, analysing its presence in hospital settings and its consideration as a social determinant of health.

The role of Healthcare Social Work is highlighted in identifying vulnerability situations, assessing support networks, planning hospital discharge, and coordinating community resources. Social intervention contributes to understanding illness from a comprehensive perspective, incorporating family, social, and community factors that influence health and recovery processes.

Addressing unwanted loneliness requires person-centred care models in which the social dimension plays a fundamental role. In this context, Healthcare Social Work contributes to more humane, preventive, and socially oriented healthcare, strengthening relationships and social participation.

KEYWORDS

Unwanted loneliness, social determinants of health, hospital social work, support networks.

DESARROLLO DEL TEMA

Durante décadas, la soledad ha sido entendida principalmente como una experiencia individual vinculada a circunstancias personales, como la pérdida de vínculos afectivos, el envejecimiento o determinados acontecimientos vitales. Sin embargo, en los últimos años esta realidad ha adquirido una nueva dimensión: la soledad no deseada se reconoce actualmente como un fenómeno social con importantes implicaciones para la salud pública, la calidad de vida y la organización de los sistemas sanitarios.

La diferencia entre estar solo y sentirse solo resulta fundamental. La soledad no deseada no hace referencia únicamente a la ausencia física de personas alrededor, sino a la percepción subjetiva de falta de relaciones significativas, apoyo emocional o pertenencia social. Una persona puede vivir sola y no experimentar soledad, mientras que otra puede estar rodeada de personas y sentirse profundamente desconectada.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha señalado que la soledad y el aislamiento social constituyen determinantes sociales relevantes para la salud, al asociarse con un mayor riesgo de deterioro físico, problemas de salud mental, peor calidad de vida y menor esperanza de vida¹. La creación de la Comisión sobre Conexión Social de la OMS refleja el cambio de paradigma: la conexión humana deja de considerarse un aspecto exclusivamente emocional para convertirse en un elemento esencial del bienestar individual y colectivo.

En España, la magnitud del fenómeno confirma la necesidad de abordarlo desde una perspectiva interdisciplinar. El Barómetro de la Soledad No Deseada 2024 señala que aproximadamente una de cada cinco personas manifiestan sufrir soledad no deseada, afectando al 20% de la población. Además, el 67,7% de las personas que se encuentran en esta situación indican llevar más de dos años experimentándola, lo que evidencia el carácter persistente y cronificado del problema².

La soledad no deseada y su relación con la salud:

La evidencia científica ha demostrado que la soledad mantenida en el tiempo tiene consecuencias relevantes sobre la salud física y emocional. Las personas que presentan una situación de aislamiento o desconexión social pueden mostrar mayor riesgo de desarrollar sintomatología depresiva, ansiedad, deterioro cognitivo, peor adherencia a tratamientos y/o mayor utilización de recursos sanitarios. La literatura científica ha identificado además la soledad y el aislamiento social como factores asociados a un incremento del riesgo de mortalidad, con efectos comparables a otros factores de riesgo ampliamente reconocidos³.

Desde una perspectiva sociosanitaria, la soledad no puede analizarse como un fenómeno aislado del contexto vital de la persona. Con frecuencia aparece asociada a otros factores de vulnerabilidad: enfermedad crónica, discapacidad, dificultades económicas, pérdida de autonomía, desempleo, migración, cambios familiares o ausencia de redes comunitarias. Precisamente por ello, diferentes organismos han señalado la necesidad de que los sistemas sanitarios incorporen estrategias de identificación y abordaje del aislamiento social y la soledad dentro de una atención integral centrada en la persona⁴.

El hospital constituye un espacio privilegiado para observar estas situaciones. La enfermedad puede actuar como un elemento que evidencia o intensifica la fragilidad social previa. Una persona que ingresa por una patología médica puede presentar, además, dificultades para afrontar el alta debido a la inexistencia de apoyos familiares, ausencia de cuidadores o falta de recursos comunitarios. En estos casos, la recuperación clínica no siempre implica una recuperación social.

Tradicionalmente se ha asociado la soledad principalmente con las personas mayores. Sin embargo, los datos actuales muestran que afecta a todas las etapas vitales. El Barómetro de Soledad No Deseada en España identifica una especial incidencia entre la población joven, donde la prevalencia alcanza cifras superiores a la media nacional. Este cambio obliga a superar una visión reduccionista que vincula la soledad únicamente al envejecimiento y comprenderla como un fenómeno transversal.

Aportaciones del Trabajo Social en el ámbito sanitario ante la soledad no deseada:

El Trabajo Social aporta una mirada específica al abordaje de la soledad porque sitúa a la persona dentro de su contexto social, familiar y comunitario. Frente a modelos centrados exclusivamente en la enfermedad, la intervención social incorpora la comprensión de aquellos factores que condicionan la salud y la recuperación.

La existencia de redes de apoyo significativas para el paciente constituye un elemento protector para la salud. Los estudios clásicos sobre epidemiología social han evidenciado que la participación comunitaria, los vínculos sociales y el apoyo interpersonal influyen de manera relevante en el bienestar físico y emocional de las personas, actuando como factores protectores frente a diferentes procesos de enfermedad⁵.

El trabajador social sanitario tiene un papel clave en la identificación de situaciones de vulnerabilidad social durante la atención hospitalaria. La entrevista social, la valoración sociofamiliar y el análisis de la red de apoyo permiten detectar necesidades que pueden pasar desapercibidas en la valoración puramente clínica.

Una de las principales aportaciones de esta disciplina consiste en transformar la pregunta “¿qué enfermedad tiene esta persona?” en una cuestión más amplia: “¿qué necesita esta persona para poder recuperarse en su contexto habitual?”. Esta perspectiva resulta especialmente relevante cuando la soledad condiciona la autonomía, la adherencia terapéutica o la posibilidad de mantener cuidados adecuados tras el alta.

La intervención del Trabajo Social en el ámbito sanitario no se limita a la gestión de recursos. Aunque la coordinación con servicios sociales y recursos comunitarios resulta fundamental, el objetivo último es fortalecer las capacidades de la persona, reconstruyendo vínculos o favoreciendo sus redes de apoyo.

En este sentido, el trabajador social actúa como profesional de enlace entre el sistema sanitario y la comunidad. La coordinación sociosanitaria permite evitar que determinadas situaciones de fragilidad queden invisibilizadas una vez finalizada la atención hospitalaria.

La planificación del alta constituye uno de los momentos donde esta intervención adquiere mayor relevancia. Un alta segura no debería entenderse únicamente como la ausencia de riesgo médico inmediato, sino como la existencia de condiciones sociales que permitan a la persona continuar su proceso de recuperación. La soledad no deseada puede convertirse en un factor de riesgo ante posibles reingresos, si no se aborda desde una perspectiva preventiva.

Hacia un modelo de atención centrado en la persona y la comunidad:

La creciente preocupación por la soledad no deseada plantea la necesidad de avanzar hacia modelos sanitarios más humanizados y comunitarios. La salud no puede reducirse a la dimensión biológica; las relaciones sociales, el sentimiento de pertenencia y la existencia de apoyos significativos forman parte del bienestar integral del paciente.

El abordaje de la soledad requiere estrategias multidimensionales:

  • Detección precoz.
  • Intervención centrada en la persona.
  • Fortalecimiento comunitario.
  • Coordinación entre sistemas.

 

No se trata únicamente de “acompañar” a las personas que se sienten solas, sino de generar o activar nodos de la red social del paciente que aseguren un seguimiento de su proceso de recuperación en su contexto habitual.

Desde el Trabajo Social del sector sanitario, esta perspectiva supone reivindicar el valor de la dimensión social de la salud. La intervención social no debe considerarse complementaria o secundaria, sino una parte esencial de la atención integral, especialmente en una sociedad marcada por el envejecimiento poblacional, la transformación de los modelos familiares tradicionales y nuevas formas de vulnerabilidad psicosocial.

CONCLUSIÓN

La soledad no deseada se ha convertido en uno de los grandes retos sociosanitarios contemporáneos. Su impacto supera la experiencia individual y alcanza dimensiones relacionadas con la salud pública, la equidad clínica y la organización de los recursos asistenciales.

El ámbito hospitalario representa una oportunidad para detectar y abordar esta realidad, ya que la enfermedad suele revelar necesidades sociales previamente existentes o agravarlas. En este escenario, el Trabajo Social Sanitario desempeña una función esencial al incorporar la perspectiva social en la atención a la salud, identificar factores de vulnerabilidad y favorecer la conexión entre la persona, su entorno y los recursos comunitarios.

Abordar la soledad no deseada implica reconocer que cuidar no consiste únicamente en tratar enfermedades, sino también en preservar vínculos, autonomía y participación social. La salud de una persona no puede comprenderse completamente sin atender a la red humana que la sostiene.

BIBLIOGRAFÍA

  1. World Health Organization. Social connection. Geneva: World Health Organization; 2024. Disponible en: https://www.who.int/health-topics/social-connection
  2. Observatorio Estatal de la Soledad No Deseada (SoledadES), Fundación ONCE, Fundación AXA. Barómetro de la Soledad No Deseada en España 2024. Madrid: Fundación ONCE; 2024.
  3. Holt-Lunstad J, Smith TB, Baker M, Harris T, Stephenson D. Loneliness and social isolation as risk factors for mortality: a meta-analytic review. Perspect Psychol Sci. 2015;10(2):227-237. doi:10.1177/1745691614568352.
  4. National Academies of Sciences, Engineering, and Medicine. Social Isolation and Loneliness in Older Adults: Opportunities for the Health Care System. Washington, DC: The National Academies Press; 2020. doi:10.17226/25663
  5. Berkman LF, Glass T. Social integration, social networks, social support, and health. En: Berkman LF, Kawachi I, editors. Social Epidemiology. New York: Oxford University Press; 2000. p.137-173.

 

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