AUTORES
- Sheila Fernández Navarro. F.E.A Psicología Clínica Hospital Obispo Polanco. Teruel, España.
- Paula García Jordán. Graduada en Enfermería, Enfermera del Hospital Obispo Polanco. Teruel, España.
- Marina Guarch Oncins. F.E.A Psicología Clínica Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Nilsa Carmen Viejo Lezcano. Graduada en Trabajo Social, Trabajadora Social SALUD Aragón. España.
- David Navarrete Mainar. Enfermero Especialista en Salud Mental, Enfermero del Hospital Obispo Polanco. Teruel, España.
- Raquel Brinquis Seco. Psicóloga Interna Residente Hospital Obispo Polanco. Teruel, España.
RESUMEN
El Trastorno del Espectro Autista (TEA) afecta a millones de personas en el mundo y se caracteriza, a grandes rasgos, por alteraciones en la comunicación social, patrones de comportamiento restringidos y dificultades en la interacción social. Aunque la literatura recoge que las personas con dicho diagnóstico presentan un desarrollo sexual similar al de la población normotípica, históricamente sus intereses y deseos afectivo-sexuales han sido invisibilizados, limitando así su expresión y el desarrollo de habilidades para establecer relaciones íntimas saludables y satisfactorias.
Diversas características propias del TEA, como la dificultad para comprender la comunicación no verbal, las normas sociales, o para iniciar y mantener relaciones con iguales, dificultan su acceso a una sexualidad normativa. Además, estas limitaciones pueden facilitar que lleven a cabo conductas sexuales inadecuadas (no necesariamente malintencionadas), como el exhibicionismo o el acoso, derivadas del desconocimiento, aislamiento y falta de una educación adecuada. A pesar de ello, la evidencia indica que las personas con TEA tienen mayor riesgo de ser víctimas de violencia sexual, especialmente las mujeres, mientras que no hay datos que demuestren una mayor propensión (respecto a la población general) del colectivo a cometer delitos sexuales.
Las fallas en la educación afectivo-sexual facilitan y mantienen estas dificultades a lo largo del desarrollo evolutivo de las personas con TEA, por tanto, la identificación, reducción y prevención de dichos problemas debe centrarse en una educación sexual adaptada desde la infancia, involucrando a familias, profesionales sanitarios y a docentes. Es fundamental establecer modelos de educación afectivo-sexual adaptados a las necesidades individuales de cada persona con TEA, así como a su contexto cultural, social y familiar.
PALABRAS CLAVE
Trastorno del espectro autista, trastorno del neurodesarrollo, abuso sexual infantil, delitos sexuales, educación sexual.
ABSTRACT
Autism Spectrum Disorder (ASD) affects millions of people worldwide and is broadly characterized by impairments in social communication, restricted behavior patterns, and difficulties in social interaction. Although the literature reports that people with this disorder have similar sexual development to the normotypical population, historically their affective-sexual interests and desires have been invisible, thus limiting their expression and the development of skills to establish healthy and satisfying intimate relationships.
Various characteristics of ASD, such as difficulty understanding nonverbal communication, social norms, or initiating and maintaining relationships with peers, hinder their access to normative sexuality. In addition, these limitations can lead to inappropriate sexual behaviors (not necessarily malicious), such as exhibitionism or harassment, stemming from ignorance, isolation, and lack of adequate education. Despite this, evidence indicates that people with ASD are at greater risk of being victims of sexual violence, especially women, while there is no data to show that this group is more likely to commit sexual crimes.
Failures in affective-sexual education facilitate and maintain these difficulties throughout the developmental evolution of people with ASD, therefore, the reduction and prevention of these problems should focus on adapted sex education from childhood, involving families, healthcare professionals, and teachers. It is essential to establish models of affective-sexual education adapted to the individual needs of each person with ASD, as well as to their cultural, social, and family context.
KEY WORDS
Autism spectrum disorder, neurodevelopmental disorders, child abuse sexual, sex offenses, sex education.
INTRODUCCIÓN
En 2019, el Global Burden of Disease (GBD) estimó que 28 millones de personas presentaban diagnóstico de Trastorno del Espectro Autista (TEA) en todo el mundo. Este cuadro diagnóstico supone una alteración en el neurodesarrollo de los individuos cuyas afectaciones son ampliamente heterogéneas, y de ahí su concepción como “espectro”. Durante el desarrollo evolutivo de las personas con TEA, las ayudas y soportes externos que pueden requerir serán igualmente variables, sin embargo, históricamente el desarrollo de su sexualidad ha sido un aspecto ampliamente olvidado, suponiendo esto la nula educación y orientación afectivo-sexual por parte de especialistas y cuidadores. En cambio, tanto las investigaciones realizadas como la práctica clínica con estos individuos nos indican que, a menudo, el desarrollo afectivo-sexual de las personas con TEA se encuentra dentro de los estándares normales para la población no clínica (normotípica), esto significa que la mayoría de las personas con TEA tienen las mismas necesidades afectivas y sexuales que las personas de la misma edad y sin este diagnóstico1.
Para los seres humanos, el desarrollo de la sexualidad requiere de múltiples habilidades cognitivas y, además, de oportunidades de socialización con iguales y de experimentación para el aprendizaje de las conductas consideradas socialmente adecuadas en este tipo de interacciones de mayor intimidad. Sin embargo, las personas con TEA pueden ver muy condicionado su desarrollo afectivo-sexual puesto que es frecuente que mantengan un escaso círculo social con iguales, así como numerosas dificultades en la comunicación y en el establecimiento de relaciones, limitando así las oportunidades de aprendizaje de estas dinámicas, pero también para la expresión y satisfacción de sus necesidades sexuales.
Por otro lado, se ha recogido que los menores de edad (sin diferenciación de población clínica o no clínica) cometen entre una cuarta y una tercera parte de todos los delitos sexuales2, y que los delitos más cometidos entre los menores diagnosticados con TEA son delitos de índole sexual3. Sin embargo, es importante esclarecer que las personas con TEA no son más propensas a cometer delitos, ni delitos sexuales, que la población general. También es importante tener presente que las personas con TEA tienen diez veces más probabilidades que la población general de ser víctimas de violencia sexual y de robo, mientras que no tienen un riesgo significativamente mayor de delinquir3,4.
OBJETIVOS
- Descripción detallada de las características asociadas a los Trastornos del Espectro Autista que puedan estar relacionadas con las dificultades en el desarrollo afectivo sexual de esta población.
- Descripción de las variables contextuales y socio-familiares que pueden considerarse factores de riesgo o facilitadores de que las personas con Trastornos del Espectro Autista se vean involucradas en situaciones de violencia sexual, como víctimas y como agresoras.
- Comunicación y educación como medidas de prevención durante el desarrollo evolutivo de personas con Trastornos del Espectro Autista, para tratar de reducir los riesgos futuros.
METODOLOGÍA
Para la realización del presente artículo se ha procedido a realizar una revisión sistemática de las publicaciones científicas realizadas sobre los Trastornos del Neurodesarrollo, acotando la búsqueda a aquellas relacionados con los Trastornos del Espectro Autista y a aquellas que abordasen la relación existente entre dichos trastornos y los delitos de índole sexual. Para ello se emplearon las palabras clave “Trastorno del Espectro Autista”, “Trastorno del Neurodesarrollo”, “abuso sexual”, “delitos sexuales” y “educación sexual” en las bases de datos Elsevier, Francis&Taylor, Dialnet, MDPI y Springer Nature Link, también se ha accedido a algunos libros relacionados con este diagnóstico psiquiátrico. La fuente consultada más antigua tiene su año de publicación en 2006, mientras que la más reciente es del año 2024.
Los criterios de inclusión entre toda la bibliografía encontrada fueron: (1) que centrarse la investigación en personas con TEA, tratando de limitarlo a población sin comorbilidades. (2) explorarse características psicopatológicas de las personas con TEA que pudiesen tener relación con ser víctima o agresor en conductas de delitos sexuales. (3) recogiese información sobre la comunicación y educación afectivo-sexual en casos de TEA.
Se excluyó bibliografía que abordase otros trastornos mentales comórbidos, así como las publicaciones centradas en las repercusiones legales de los delitos.
De la información obtenida se realizaron categorías por temática para comparar y agrupar la información relevante, agrupando la información en tres temas: Sintomatología en las personas con TEA, datos relacionados con su posible relación en delitos sexuales (ya fuese como víctimas o como perpetradores), factores de prevención que pueden limitar los riesgos en el ámbito afectivo-sexual de las personas con TEA.
RESULTADOS
Características del Trastorno del Espectro Autista y sus repercusiones en la esfera afectivo-sexual:
El DSM 5 clasifica el Trastorno del Espectro Autista (TEA) dentro de los Trastornos del Desarrollo Neurológico especificando dos grandes agrupaciones de síntomas en el TEA: (1) Deficiencias persistentes en la comunicación social y en la interacción social en diversos contextos, (2) Patrones restrictivos y repetitivos de comportamiento, intereses o actividades. En ambas categorías de síntomas, realiza varias especificaciones y ejemplos, así como especificadores de gravedad en base a la repercusión en la funcionalidad de los sujetos. Si profundizamos en el texto del DSM 5 encontramos descripciones más extensas de posibles déficits en la población con este diagnóstico5:
- En la reciprocidad socioemocional, con un lenguaje unilateral y con carencias en la reciprocidad social.
- En la comprensión de elementos complejos de la comunicación.
- En la comprensión y uso de la comunicación no verbal (contacto ocular, expresiones faciales acordes, gesticulación, orientación corporal, prosodia… etc.).
- En la comprensión de los vínculos relacionales.
- En excesiva inflexibilidad en las rutinas o actividades.
- En estereotipias o patrones de comportamiento verbal o no verbal ritualizados.
- En intereses muy restringidos y anormales en su intensidad.
Ocasionalmente, este mismo manual menciona que los adultos con este diagnóstico que logran vivir de manera independiente y funcional, en general, pueden ser socialmente ingenuos y vulnerables.
Cabe destacar que el DSM 5 no menciona las posibles repercusiones en el desarrollo afectivo-sexual de las personas con TEA. Mientras que algunos estudios indican que la mayoría de las personas con TEA tienen las mismas necesidades afectivas y sexuales que las personas de su misma edad sin TEA, sin embargo, algunas de las características y dificultades propias de dicha patología les dificulta el adecuado y satisfactorio desarrollo de este ámbito de su vida1.
La sexualidad es una parte natural de la vida, que abarca conocimientos, creencias, actitudes, valores y comportamientos sexuales de las personas, en ello se involucran factores de personalidad, identidad y la activación de distintos roles (personales y culturales)6; la sexualidad involucra, inherentemente, factores sociales y, por lo tanto, elementos imprescindibles de la comunicación humana. Por todo ello, la sexualidad tiene un papel fundamental en el desarrollo social e identitario de las personas, así como en su bienestar emocional.
De la revisión de la bibliografía consultada, destacan las siguientes características diagnósticas y contextuales que podrían estar dificultando el acceso de las personas con TEA a contactos afectivos y sexuales adecuados y satisfactorios a lo largo de su ciclo evolutivo1,7:
- Dificultades en la comprensión de la metacomunicación propia y ajena, es decir, sobre la comunicación más indirecta (prosodia, expresiones lingüísticas, uso de la ironía, uso de bromas, gesticulación, expresividad facial…etc.).
- Reducción o limitación de las interacciones sociales con iguales, por lo que mantienen pocos o nulos vínculos estrechos con semejantes.
- Posibles dificultades para comprender los conceptos de “amistad”, “compromiso”, “relación amorosa” y otros conceptos relacionales complejos.
- Dificultades en la comprensión de normas sociales y culturales asociadas a las relaciones interpersonales.
- Dificultades en la expresión y comprensión de emociones propias y ajenas, pudiendo parecer poco afectuosos o distantes o, incluso, mostrar emociones desacordes a la situación. Pero también puede percibirse como inmadurez emocional o ingenuidad.
- El procesamiento sensorial, ya sea por hiposensibilidad como por hipersensibilidad, puede condicionar el deseo de contacto físico, así como el tipo de contacto que se demande.
- Los intereses sexuales atípicos, restringidos o repetitivos pueden interferir en los acercamientos interpersonales.
Es importante tener presente que, como se decía al inicio del presente artículo, las características de las personas con TEA pueden ser enormemente heterogéneas entre los sujetos, pero también en un mismo sujeto en diferentes momentos de su desarrollo evolutivo y en diferentes entornos. Esto implica que cada persona tendrá unas dificultades diferentes, que repercutirán en mayor o menor medida en las distintas áreas de su desarrollo personal y social. Pero, para tratar de simplificarlo y, a su vez tratar de abarcar la enorme complejidad y extensión que pueden llegar a suponer estas dificultades, quizá podamos resumirlo en que las habilidades sociales y comunicativas pueden verse alteradas con distintos niveles de gravedad. Debemos entender que ambas capacidades van de la mano, no se pueden entender las relaciones sociales sin algún tipo de habilidad comunicativa compartida con el otro y, más allá de esto, no se puede dar el desarrollo de una sexualidad adecuada socialmente y satisfactoria sin que estén presentes, en alguna medida, las habilidades sociales y de comunicación interpersonal.
Así pues, nos encontramos con una población cuyas necesidades y deseos sexuales se encuentran, en general, dentro de la normalidad, mientras que sus habilidades para desarrollarlas se ven truncadas tanto por sus propias limitaciones, como por otras cuestiones externas. Entre las causas externas encontramos que los familiares tienden a infravalorar la presencia de inquietudes y deseos sexuales en sujetos con TEA por lo que, a menudo, estas personas se encuentran con entornos sociales, familiares, sanitarios y educativos donde esta área de su desarrollo queda invisibilizada1. Debemos ser conscientes de las personas con TEA tienen derecho a que el su desarrollo afectivo-sexual sea guiado, supervisado y alentado de la misma manera que se hace con el desarrollo de otras áreas de sus vidas.
Conductas de índole sexual cuando existen dificultades propias del TEA:
Los datos nos dicen que aproximadamente el 20-35% de todos los delitos sexuales conocidos son perpetuados por individuos menores de 18 años, es decir, menores de la edad legal en España8. En esta misma publicación, se indica que la mayoría de estos delitos están dirigidos hacia personas de menor edad, y en muchos casos, siendo estos del mismo núcleo familiar o cercano. Ryan et al.8 definen al menor ofensor sexual como “un joven que ha cometido un acto sexual que viola las normas legales o sociales, y que causa daño a otra persona, con frecuencia sin comprender completamente la naturaleza o consecuencias de dicho acto.” Sin embargo, una visión más completa e individualizada tendrá que tener presentes variables como el contexto, la edad de víctima y perpetuador, la intencionalidad y el nivel de comprensión de ambos menores, factores que serán esenciales para diferenciar entre conductas exploratorias o posibles conductas abusivas.
Dentro del tema que aquí presentamos, el primer punto a tener siempre presente es que las personas con TEA tienen más probabilidades de ser víctimas que de ser agresoras en cualquier contexto interpersonal y, en concreto, las mujeres con TEA tienen tres ves más probabilidades de ser víctimas de agresiones sexuales que las mujeres sin este diagnóstico1,3,9. En añadido, es posible que los datos no representen la totalidad de los casos en los que las personas con TEA sufren este tipo de agresiones, puesto que muchas de las víctimas pueden no comunicar lo ocurrido o no comprender que fueron víctimas, complicando con ello la detección y el abordaje de dichas situaciones4. Esta misma circunstancia, es decir, haber sido víctima de acoso o agresiones sexuales en el pasado, está relacionada con un riesgo mayor de posterior realización de conductas inadecuadas en esta área1.
Debemos ser cautos y no establecer vínculos causales entre las personas con TEA y la delincuencia, puesto que no hay datos que sustenten esto, y será importante tener en cuenta los abundantes sesgos metodológicos que aparecen en los estudios que limitan en gran medida la posibilidad de establecer conclusiones claras sobre ello. La mayoría de los estudios revisados no respaldan la idea de que las personas con TEA cometan delitos con mayor frecuencia que la población general 10, es más, existe una prevalencia baja de comportamientos delictivos entre los sujetos con TEA. Ahora bien, si nos fijamos en qué tipo de delitos son más frecuentes (entre los escasos delitos cometidos por esta población), la bibliografía revisada concuerda en que los delitos más frecuentes son (sin establecer un orden de frecuencia)1,3,4,7,10,11:
- Masturbación en público o en lugares inapropiados.
- Conductas exhibicionistas.
- Invasión del espacio personal.
- Conductas de acoso o acecho.
- Observación o toques inadecuados sin intención sexual delictiva.
- Comentarios sexuales explícitos sin establecer un filtro social.
- Imitación de conductas observadas previamente pero realizadas en un contexto inadecuado.
- Visualización y posesión de pornografía infantil.
Estas conductas en personas con TEA pueden estar relacionadas con una escasa comprensión de la sexualidad, así como por las dificultades comunicativas y sociales propias del cuadro diagnóstico que dificultan: la expresión adecuada de sentimientos y deseos sexuales y la comprensión de las señales de rechazo que otros pueden emitir ante dichas conductas. En añadido, la falta de comprensión sobre cómo iniciar y mantener relaciones románticas y sexuales normalizadas, puede conducirlos a conductas socialmente inadecuadas hacía otros6.
Por otro lado, más allá de las limitaciones personales de cada sujeto (aunque relacionado con estas), encontramos que, a menudo, las personas con TEA tienen un escaso círculo social de sujetos de su misma edad durante todo su desarrollo evolutivo. Hay que tener en cuenta que muchos de los conocimientos que los adolescentes (momento vital de mayor auge de la sexualidad en el ser humano) adquieren sobre sexualidad, se adquieren mediante observación, comunicación, imitación y práctica de y con sus iguales, así como a través del acceso a internet ya las redes sociales12. Las personas que durante esta etapa de su ciclo evolutivo se encuentran más aisladas y tienen menos oportunidades para explorar en la interacción con relaciones íntimas, es probable que “arrastren” esta falta de habilidad en interacciones futuras6.
No debemos olvidar lo que se comentaba al principio de este trabajo, las personas con TEA tienen, en general, los mismos intereses y deseos sexuales que el resto de la población general, sin embargo todo lo ya mencionado limita el acceso a oportunidades de exploración y desarrollo en estas áreas. Estos deseos no satisfechos pueden desembocar en conductas inapropiadas (exhibicionismo, masturbación en lugares públicos, acercamientos inadecuados…), no siendo estas más que una expresión inadecuada de un deseo que no es visibilizado ni educado en su entorno familiar ni educativo6,7. Debido a la falta de conocimiento o normalización por parte del entorno más próximo, a las dificultades propias del diagnóstico y a la falta de oportunidades en este tipo de interacciones, el comportamiento sexual de las personas con TEA es, a menudo, señalado como problemático o patológico6.
Como ya se mencionaba anteriormente, estas conductas pueden no ser intencionadamente maliciosas, es decir, no tener la intención de dañar o agredir al otro7,8,10. Sino que, las dificultades de comprensión de las situaciones sociales e interpersonales complejas, así como la dificultad para identificar y comprender las emociones propias y ajenas, limita la correcta inhibición de deseos y conductas afectivos y sexuales que, por si mismos, son naturales, más aún durante la adolescencia y la adultez temprana. No debemos olvidar que, además, existe también el riesgo inverso, es decir, que por estas mismas dificultades se conviertan en víctimas de violencia sexual por parte de otros7.
Prevención desde la educación afectiva y sexual:
Algunos estudios recogen que al preguntar a los progenitores/cuidadores de las personas con TEA por la presencia de intereses sexuales en estos, los registros tienen a infravalorar la presencia de dichos deseos, mientras que los registros auto-cumplimentados por las propias personas con el diagnóstico nos indican unos intereses similares al resto de la población general1. Los adultos jóvenes con TEA a menudo son infantilizados o considerados asexuales, limitando la educación sexual recibida a cuestiones de higiene íntima y a cambios físicos1,13,14. Además, los datos reflejan que el nivel de satisfacción sexual de estas personas es menor que en la población general, incluso entre aquellas que sí mantienen ciertos contactos sexuales1. Torralbas-Ortega et al. (13) reportan que los jóvenes adultos indican una educación afectivo-sexual deficiente, falta de comunicación con los profesionales sobre el tema y un sistema de apoyos inadecuado, a su vez, los padres no se sienten capacitados para proporcionar la educación sexual adecuada.
Con todo lo expuesto a lo largo de este trabajo, parece claro que el ámbito de la educación sexual y afectiva en las personas con TEA es un área a desarrollar, y probablemente dicho desarrollo tenga que realizarse en diversos ámbitos (sanitario, educativo y familiar), de la misma manera que se hace en otras áreas de su vida13. Y si bien es cierto que los apoyos y la atención a un desarrollo lo más completo posible en otras habilidades es frecuente y variado (habilidades de comunicación y habilidades sociales, identificación y expresión emocional, flexibilidad cognitiva y reducción de conductas restrictivas, etc.), es habitual que el ámbito afectivo-sexual sea aún un tema por abordar14.
El desarrollo extenso de una educación afectivo-sexual podría facilitar (en paralelo con el desarrollo del resto de habilidades ya mencionadas) el manejo de los intereses, deseos y conductas sexuales de los menores de edad con TEA4,6, a través de:
- El establecimiento de una línea de comunicación abierta y clara, donde expresar su curiosidad, dudas o necesidades (en entornos seguros).
- Esta expresión abierta de sus inquietudes permitirá un acceso a la información más progresivo y adecuado a la edad y al contexto sociocultural de la persona.
- A su vez, la comunicación abierta con figuras de referencia permitirá establecer normas y límites claros sobre qué conductas son o no adecuadas y en qué contextos lo son.
- El establecimiento de conocimientos básicos y expectativas adecuadas sobre las relaciones afectivo-sexuales puede ayudar al manejo de la incertidumbre, el estrés y los miedos asociados.
- A su vez, el disponer de conocimientos adecuados sobre las dinámicas sexuales puede prevenir el inicio de conductas inadecuadas o ritualistas durante los acercamientos sexuales.
- Todo este proceso educativo facilitará la comprensión de conceptos complejos pero imprescindibles como: “consentimiento”, “relación romántica”, “fidelidad”, “confianza”, “privacidad”, etc.14.
- El disponer de estas vías de comunicación abiertas facilitará la identificación y verbalización de posibles situaciones de violencia sexual en las que se puedan ver involucrados.
Las familias deberán tener un papel central en este proyecto educativo, en apoyar la toma de decisiones de los jóvenes y en ayudarlos en identificar y solucionar las dificultades que se vayan presentando durante su adolescencia y adultez13,14.
Por otro lado, será importante tener en cuenta que parecen existir diferencias entre géneros dentro del mismo diagnóstico de TEA. El TEA es un diagnóstico con mayor proporción en varones que en mujeres, una de las razones que se ha argumentado para este sesgo de género se basa en la idea de que las mujeres podrían tener mayores habilidades sociales y una menor tendencia a conductas disruptivas que sus iguales varones13. Los datos parecen indicar que las mujeres con TEA establecen mayor número de relaciones sexuales que los hombres con TEA pero, a su vez, mantienen mayores cogniciones negativas y mayor número de experiencias negativas en este ámbito que ellos1. Estas diferencias pueden suponer que el abordaje educativo también tenga que adaptarse, explorando y teniendo en cuenta la posible existencia de experiencias sexuales previas, así como los roles que los sujetos pueden estar teniendo en dichas experiencias.
Por último, debemos tener presente, aunque no es el objeto concreto de este trabajo, que una mayor gravedad en el diagnóstico de TEA, así como una mayor comorbilidad asociada, se relacionará con un mayor riesgo de adaptación funcional general, incluyendo también la esfera afectivo y sexual1.
Por todo ello, los programas educativos que se instauren deberán tener en cuenta el contexto socio-cultural de las personas receptoras y de sus familias, pero también las diferentes características del sujeto puesto que, como decíamos al inicio del presente trabajo, las diferencias individuales dentro del TEA son de enorme envergadura.
DISCUSIÓN-CONCLUSIONES
El desarrollo afectivo y sexual de las personas con TEA ha sido tradicionalmente desatendido, a pesar de que sus necesidades en esta área suelen ser similares a las de la población general. Las características propias del TEA, como las dificultades en la comunicación social, la comprensión de normas sociales, la identificación y comprensión de las emociones y la rigidez cognitiva, pueden interferir significativamente en su capacidad para establecer y mantener relaciones afectivas y sexuales sanas. Por otro lado, la falta de oportunidades de socialización con iguales limita en gran medida el proceso de aprendizaje por modelado que sería propio y natural en cualquier adolescente y adulto joven.
Estas limitaciones, sumadas a entornos familiares, sanitarios y educativos que frecuentemente invisibilizan o infantilizan sus deseos sexuales, aumentan la vulnerabilidad de esta población, tanto en términos de desarrollar comportamientos sexualmente inapropiados como de convertirse en víctimas de violencia sexual. Es fundamental subrayar que las personas con TEA no presentan una mayor propensión a delinquir, y que los casos en los que participan como agresores suelen estar ligados a la falta de comprensión de normas sociales y no a una intencionalidad maliciosa.
Existe una clara necesidad de implementar programas de educación afectivo-sexual adaptados a las características cognitivas, comunicativas y sensoriales de cada individuo con TEA. Programas que deben promover la adquisición de habilidades sociales, la comprensión del consentimiento, la comprensión de los límites personales, la intimidad y el respeto, y que deben estar integrados en los entornos familiar, educativo y sanitario.
La familia, especialmente los cuidadores principales, juegan un papel crucial en este proceso educativo, por lo que estos programas deberán incluir educación y espacios de apoyo para los cuidadores. Además, deberán considerarse las diferencias de género y los factores socioculturales individualizadamente para garantizar una intervención integral, efectiva y respetuosa con la diversidad propia del espectro autista.
Por otro lado, aunque es algo que queda fuera de los límites del presente trabajo, los estudios y programas relacionados con la esfera afectivo-sexual en el TEA deberán recoger y visibilizar la heterogeneidad también presente en esta población en cuestiones de orientación sexual e identidad de género, asegurando que dicha población tenga acceso a la misma información y derechos que la población no clínica.
BIBLIOGRAFÍA
- Hervas A. y Pont C. Desarrollo afectivo-sexual en las personas con Trastorno del Espectro Autista, MEDICINA (Buenos Aires). 2020; 80 (Supl. II): 7-11.
- Erooga M. y Masson H. Children and Young people who sexually abuse others [Internet]. 2ª ed. Taylor & Francis Limited; 2006.
- Margari A, De Agazio G, Marzulli L, Piarulli FM, Mandarelli G, Catanesi, et al. Autism spectrum disorder (ASD) and sexual offending: A systematic review. Neuroscience & Biobehavioral Reviews. 2024; 162 (105687).
- Sevlever M, Roth MR y Gillis JM. Sexual abuse and offending in autism spectrum disorders. Sexuality and Disability. 2013; 31: 189-200.
- Asociación Americara de Psiquiatría. Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos mentales. 5ª ed. 2013.
- Manzone LA, Cuesta JL, Muñoz I y Santamaría RM. Sexualidad y afectividad en personas con TEA: Perspectivas de familiares y profesionales. Revista de Ciencias Sociales. 2022; XXVIII (3): 376-389.
- Hénault I. Asperger`s syndrome and sexuality: From adolescence through adulthood. 1ª ed. Londres: Jessica Kingsley Publishers; 2006.
- Ryan G, Leversee TF y Lane S. Juvenile sexual offending: Causes, consequences and correction. 3ª ed. New Jersey: John Wiley & Sons; 2011.
- Schnitzer G, Terry R y Joscelyne T. Adolescent sex offenders with autism spectrum conditions: Currently used treatment approaches and their impact. The Jouernal of Forensic Psychiatry & Psychology. 2019; 31 (1): 17-40.
- Rutten AX, Vermeiren RRJM y Van Nieuwenhuizen Ch. Autism in adult and juvenile delinquents: a literatura review. Child and adolescent psychiatry and mental health. 2017; 11: 1-12.
- Maggio MG, Calatozzo P, Cerasa A, Pioggia G, Quartarone A y Calabrò RS. Sex and sexuality in autism spectrum disorders: A scoping review on a neglected butfundamental issue. Brain sciences. 2022; 12 (11): 1427.
- Ottoni ACV y Maia ACB. Considerações sobre a sexualidade e educação sexual de pessoas com transtorno do espectro autista. Revista Ibero-Americana de Estudos em Educação. 2019; 14: 1265-1283.
- Torralbas-Ortega J, Roca J, Coelho-Martinho R, Orozko Z, Sanromà-Ortiz M y Valls-Ibáñez V. Affectivity, sexuality, and autism spectrum disorder: qualitative analysis of the experiencies of autistic Young adults and their families. BMC psychiatry. 2023; 23 (1), 858.
- André TG, Valdez-Montero C, Márquez-Vega MA, Ahumada-Cortez JG y Gámez-Medina ME. Communication o sexuality between parents and adolescents with autism spectrum disroder: a systematic review. Sexuality and disability. 2020; 38 (2), 217-229.