Tratamiento psicológico del bruxismo: derivación desde la clínica dental y aplicación de terapia cognitivo-conductual

7 agosto 2025

 

 

Nº de DOI: 10.34896/RSI.2025.28.87.001

 

 

AUTORES

  1. Alberto León Pérez. Graduado en Psicología. Universitat Abat Oliva – CEU. Máster en Desarrollo de Recursos Humanos. Blanquerna – Universidad Ramon Llull. Barcelona, España.
  2. Carlos León Pérez. Licenciado en Odontología. Universitat internacional de Catalunya. Máster en Cirugía e Implantología Oral. Universidad Cardenal Herrera – CEU. España.

 

RESUMEN

El bruxismo es un trastorno multifactorial que, además de tener implicaciones odontológicas, suele estar íntimamente relacionado con variables psicológicas como el estrés, la ansiedad o los trastornos del sueño¹. Aunque habitualmente es tratado desde la odontología, su manejo efectivo requiere un enfoque interdisciplinar². Este artículo tiene como objetivo describir el papel del psicólogo clínico en el tratamiento del bruxismo, resaltando la importancia de una correcta derivación desde la consulta dental, así como las intervenciones más eficaces, centradas especialmente en la terapia cognitivo-conductual³. Se analiza cómo informar adecuadamente al paciente, los modelos actuales de colaboración interdisciplinar, y se detallan las técnicas terapéuticas más empleadas.

PALABRAS CLAVE

Bruxismo, clínica dental, aplicación, terapia cognitivo-conductual.

ABSTRACT

Bruxism is a multifactorial disorder that, in addition to having dental implications, is often closely related to psychological variables such as stress, anxiety, and sleep disorders. Although it is usually treated through dentistry, its effective management requires an interdisciplinary approach. This article aims to describe the role of the clinical psychologist in the treatment of bruxism, highlighting the importance of proper referral from the dental office, as well as the most effective interventions, focusing especially on cognitive-behavioral therapy. It analyzes how to properly inform the patient, current models of interdisciplinary collaboration, and details the most commonly used therapeutic techniques.

KEY WORDS

Bruxism, dental clinic, application, cognitive-behavioral therapy.

INTRODUCCIÓN

El bruxismo es una actividad muscular involuntaria, caracterizada por el apretamiento, frotamiento o rechinamiento de los dientes. Se manifiesta tanto durante el sueño como en la vigilia y puede generar consecuencias clínicas como desgaste dentario, dolor orofacial, cefaleas, trastornos temporomandibulares y alteraciones del sueño⁴. La literatura científica señala una implicación significativa de factores psicológicos en su aparición y mantenimiento⁵. Los niveles elevados de estrés, ansiedad, hiperactividad emocional o dificultad para la autorregulación son comunes en pacientes con bruxismo, especialmente en su forma diurna. Desde esta perspectiva, el papel del psicólogo clínico es clave. A pesar de ello, la derivación desde la odontología suele ser escasa, lo cual puede deberse a la falta de protocolos claros, al desconocimiento entre disciplinas o al temor del paciente a ser estigmatizado. Este capítulo propone un modelo de colaboración activa y revisa las intervenciones psicológicas eficaces, con énfasis en la terapia cognitivo-conductual⁶.

Etiología del bruxismo desde la psicología:

El bruxismo ha sido estudiado y documentado desde la antigüedad. Las primeras referencias bibliográficas a dicho fenómeno fechan del 3500 al año 3000 a.C⁷. En la actualidad el origen y etiología del bruxismo sigue teniendo varias escuelas de pensamiento, pero en general los últimos avances han permitido llegar al consenso de que el bruxismo es per se un fenómeno principalmente asociado a una activación del sistema nervioso central durante el sueño, asociado a movimientos involuntarios, aumento del ritmo cardíaco, y aún más importante y revelador: se ha observado la presencia de ondas K-a durante el sueño⁸. La conclusión lógica de dicho descubrimiento nos permite concretar que existe un cambio en el sistema dopaminérgico y de sueño que da lugar al bruxismo: se pasa de un sueño profundo (REM) a un estado de sueño más ligero, donde el cerebro solo controla parcialmente los movimientos. Por lo tanto, algunos autores han llegado a afirmar que el bruxismo se debe, desde un punto de vista fisiológico, a micro-despertares en el sueño⁹.

Existe un alto nivel de comorbilidad entre los trastornos del sueño, tales como el bruxismo, y trastornos psicológicos de magnitud diversa, presentándose normalmente a la vez y con una relación bidireccional (es decir, trabajan como indicadores o bien incluso como factores de agravamiento del cuadro clínico)¹⁰. Algunos de los trastornos que más se asocian con el bruxismo son el insomnio, la ansiedad, el síndrome de las piernas inquietas, apneas del sueño, e incluso enfermedades como el Alzheimer¹¹. Al analizar dichas patologías en psicología, especialmente desde las teorías del origen de la ansiedad desde el marco de la psicología cognitiva¹², la conclusión lógica es aseverar que los problemas emocionales, hablando específicamente en este caso de la ansiedad como constructo mental basado en el miedo, da como resultado efectos biológicos y motores de naturaleza diversa.

Diagnóstico del bruxismo:

Como ya se ha ido introduciendo en el apartado de la etiología del bruxismo, desde la psicología moderna el cuadro diagnóstico raramente vendrá aislado, dado que existe una gran comorbilidad con otros trastornos del sueño. A nivel diagnóstico, en psicología se cuenta con dos referentes a nivel mundial: el DSM-5-TR de la asociación americana de psiquiatría y el CIE-11 de la OMS. En el DSM-5-TR podemos ver que el bruxismo no está codificado como un diagnóstico propio, es decir, no es una entidad nosológica independiente; de ser diagnosticado, entrará dentro de dos posibles trastornos: o bien trastorno somatomorfo (es decir, el manual diagnóstico directamente nos remite a la naturaleza del fenómeno como una somatización) o bien directamente funcionará como biomarcador para diagnosticar un trastorno de ansiedad¹³.

En el caso del CIE-11, en cambio, el bruxismo está identificado claramente en el manual, pero con matices: dicho manual separa en su versión de 2022 entre bruxismo diario y nocturno, clasificándose dentro de categorías muy distintas. El bruxismo diario está dentro de la categoría trastornos dentofaciales parafuncionales, mientras que el bruxismo nocturno entra en la categoría trastorno de movimiento relacionados con el sueño¹⁴.

Cómo informar al paciente en la consulta dental:

Una herramienta eficaz es el uso de metáforas clínicas, como: «Así como el cuerpo somatiza con úlceras o tensión muscular, también puede hacerlo con la mandíbula» o «El bruxismo es como un grifo de tensión que gotea por la noche». Además, es muy recomendable entregar material informativo breve sobre el papel del estrés y las emociones en el bruxismo, como trípticos o fichas educativas, que ayuden a naturalizar el proceso de derivación al psicólogo⁷.

Derivación del paciente al psicólogo:

El modelo colaborativo ideal es el de interconsulta integrada, donde odontólogo y psicólogo comparten información clínica relevante —siempre con el consentimiento del paciente— y diseñan un plan conjunto que aborde tanto el componente físico como el emocional del bruxismo⁸.

Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) aplicada al bruxismo:

La terapia cognitivo-conductual (TCC) es una de las intervenciones psicológicas más respaldadas por la evidencia científica para el tratamiento del estrés, la ansiedad y los trastornos del sueño, todos ellos factores estrechamente relacionados con el bruxismo⁹. Su objetivo principal es identificar y modificar los pensamientos, emociones y conductas disfuncionales que contribuyen a la tensión mandibular y a la actividad parafuncional repetitiva¹⁰. El proceso comienza con una evaluación psicológica completa, que incluye la recogida de la historia clínica, la aplicación de instrumentos psicométricos como el cuestionario DASS-21²⁰, la exploración del estilo de afrontamiento emocional del paciente y, cuando es necesario, un registro conductual detallado de los episodios de bruxismo diurno¹¹.

Las técnicas empleadas suelen incluir relajación muscular progresiva de Jacobson²¹, respiración diafragmática, entrenamiento en mindfulness, técnicas de inversión del hábito²², reestructuración cognitiva y entrenamiento en habilidades de afrontamiento, asertividad y manejo del tiempo. En los casos donde el bruxismo ocurre durante el sueño, se trabaja también la higiene del sueño, mejorando los hábitos nocturnos mediante la eliminación de pantallas antes de dormir, la reducción de cafeína o estimulantes, y la optimización de las condiciones ambientales de descanso²³.

PRESENTACIÓN DE CASOS CLÍNICOS

CASO 1: Paciente varón de 38 años, informático, presentaba dolor mandibular y desgaste dental leve. Se aplicaron técnicas de control del hábito, relajación diaria guiada y trabajo sobre creencias de autoexigencia. A las seis semanas, se observó una reducción significativa del apretamiento y mejora del bienestar general²⁴.

CASO 2: Paciente mujer de 52 años, recientemente viuda, con cefaleas matutinas y fractura dental. Se abordó el componente emocional mediante psicoeducación, mindfulness nocturno y acompañamiento psicológico centrado en el duelo. El resultado fue una progresiva mejora en el sueño y en el dolor orofacial²⁵.

Evidencia científica sobre TCC y bruxismo:

Diversos estudios han demostrado que la TCC es eficaz para reducir la frecuencia e intensidad del bruxismo, especialmente en su forma diurna. Las técnicas de relajación y el control del hábito son efectivas a corto plazo, mientras que la reestructuración cognitiva y el acompañamiento emocional aportan beneficios sostenidos a largo plazo¹⁷. Un metaanálisis realizado por Manfredini et al. en 2018 confirmó que las intervenciones psicológicas mejoran los síntomas del bruxismo incluso cuando se mantiene el uso de férulas oclusales¹⁸. Además, el TCC puede mejorar también los niveles de ansiedad, estrés o malestar emocional, desactivando los factores de mantenimiento o cronicidad del trastorno¹µ.

 

CONCLUSIÓN

El tratamiento del bruxismo exige una mirada integradora que trascienda el enfoque puramente odontológico. Si bien las férulas oclusales han demostrado su utilidad en la protección dentaria y mitigación de algunos síntomas⁴, la evidencia clínica y científica pone de relieve que muchos de los factores que desencadenan y perpetúan el bruxismo están directamente relacionados con el estado psicológico del paciente1-3. Estrés, ansiedad, alteraciones del sueño, conflictos interpersonales no resueltos y estilos de afrontamiento disfuncionales están implicados especialmente en el bruxismo diurnoµ¶. En este contexto, la TCC ha demostrado ser una herramienta eficaz para reducir los síntomas físicos, mejorar la autorregulación emocional y potenciar la calidad de vida6,7,9,10.

Para que este abordaje sea efectivo, se requiere colaboración activa entre odontólogos y psicólogos, basada en la confianza mutua, la formación continua y la comunicación fluida⁸. El bruxismo representa una oportunidad para aplicar un enfoque verdaderamente interdisciplinar, tratando al paciente de forma integral, desde una perspectiva biopsicosocial y humanista¹⁹.

 

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