Prevención de las lesiones por presión: actualización de los cuidados de enfermería

22 agosto 2026

 

AUTORES

  1. Óscar Romeo Gracia. Enfermero Hospital San Jorge, Huesca. Aragón, España.
  2. Alejandro Blecua Udina. Enfermero Hospital San Jorge, Huesca. Aragón, España.
  3. Carmen Jaime Giménez. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
  4. Esther Rodríguez Terradillos. Fisioterapeuta del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
  5. Martín Blecua Udina. Fisioterapeuta Hospital de Barbastro. Aragón, España.
  6. Minerva Sabás Saludas. Terapeuta Ocupacional del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.

RESUMEN

Las lesiones o úlceras por presión constituyen un importante problema de salud pública debido a su elevada prevalencia, al impacto negativo que generan sobre la calidad de vida de los pacientes y al incremento de la morbimortalidad y de los costes sanitarios asociados. La mayoría de estas lesiones son evitables mediante la aplicación de estrategias preventivas basadas en la evidencia, lo que convierte su prevención en un indicador fundamental de la calidad de los cuidados enfermeros.

La aparición de las lesiones por presión está relacionada con múltiples factores, entre los que destacan la inmovilidad, la edad avanzada, la malnutrición, la humedad, la disminución de la sensibilidad y la presencia de enfermedades crónicas. La identificación precoz de los pacientes con mayor riesgo mediante escalas de valoración, junto con la implantación de medidas preventivas individualizadas, resulta esencial para reducir la incidencia de estas lesiones.

La enfermería desempeña un papel protagonista en la prevención de las lesiones por presión, siendo responsable de la valoración inicial y periódica del riesgo, la vigilancia del estado cutáneo, la realización de cambios posturales, la utilización de superficies especiales para el manejo de la presión, la promoción de una adecuada nutrición y la educación sanitaria dirigida al paciente y a sus cuidadores.

El presente trabajo monográfico tiene como objetivo revisar los principales factores de riesgo asociados al desarrollo de las lesiones por presión, analizar las herramientas disponibles para su valoración y describir las intervenciones enfermeras basadas en la evidencia orientadas a prevenir su aparición y mejorar la seguridad y la calidad de los cuidados.

PALABRAS CLAVE

Úlceras por presión, enfermería, prevención, seguridad del paciente, valoración del riesgo.

ABSTRACT

Pressure ulcers represent a major public health problem due to their high prevalence, their negative impact on patients’ quality of life, and the increased morbidity, mortality and healthcare costs associated with their development. Most pressure ulcers are preventable through the implementation of evidence-based preventive strategies, making their prevention a key indicator of the quality of nursing care.

The development of pressure ulcers is associated with multiple risk factors, including immobility, advanced age, malnutrition, moisture, impaired sensation and chronic diseases. Early identification of patients at risk using validated assessment scales, together with the implementation of individualized preventive measures, is essential to reduce the incidence of these injuries.

Nurses play a central role in pressure ulcer prevention by performing initial and ongoing risk assessments, monitoring skin integrity, implementing repositioning schedules, using pressure-relieving support surfaces, promoting adequate nutritional status and providing health education to patients and caregivers.

The aim of this monographic paper is to review the main risk factors associated with pressure ulcer development, analyze the available risk assessment tools and describe evidence-based nursing interventions aimed at preventing these injuries and improving patient safety and quality of care.

KEY WORDS

Pressure ulcer, nursing, prevention, patient safety, risk assessment.

DESARROLLO DEL TEMA

Las úlceras por presión (UPP), denominadas actualmente lesiones por presión por diversos organismos científicos internacionales representan uno de los eventos adversos más frecuentes relacionados con la atención sanitaria y constituyen un importante indicador de la calidad de los cuidados enfermeros1. Su aparición se asocia a un incremento de la morbimortalidad, una disminución de la calidad de vida de los pacientes y un aumento considerable de la estancia hospitalaria y de los costes sanitarios.

Estas lesiones se producen como consecuencia de una presión intensa o mantenida, o de la combinación de presión y fuerzas de cizalla, sobre la piel y los tejidos subyacentes, generalmente sobre prominencias óseas o en zonas sometidas al contacto con dispositivos sanitarios. Aunque pueden afectar a cualquier persona, presentan una mayor incidencia en pacientes con movilidad reducida, edad avanzada, enfermedades crónicas, alteraciones neurológicas o situaciones de dependencia funcional.

Se estima que una elevada proporción de las lesiones por presión son potencialmente evitables mediante la aplicación sistemática de medidas preventivas basadas en la evidencia científica2. En este sentido, la identificación precoz de los pacientes con riesgo, la valoración periódica del estado cutáneo y la implantación de cuidados individualizados constituyen estrategias fundamentales para disminuir su incidencia y mejorar la seguridad del paciente.

La enfermería desempeña un papel esencial en la prevención de las lesiones por presión, al asumir la responsabilidad de la valoración integral del paciente, la planificación de los cuidados, la aplicación de intervenciones preventivas y la educación sanitaria dirigida tanto al paciente como a sus cuidadores. La utilización de escalas de valoración del riesgo, junto con la implementación de protocolos asistenciales y el trabajo multidisciplinar, contribuye a optimizar la calidad de los cuidados y reducir la aparición de estas lesiones.

El presente trabajo monográfico tiene como objetivo revisar los principales factores implicados en el desarrollo de las lesiones por presión, analizar las herramientas disponibles para la valoración del riesgo y describir las intervenciones enfermeras basadas en la evidencia orientadas a su prevención, poniendo de manifiesto la importancia del papel de la enfermería en la mejora de la seguridad del paciente y de la calidad asistencial.

CONCEPTO Y CLASIFICACIÓN DE LAS LESIONES POR PRESIÓN:

Las lesiones por presión son áreas de daño localizado que afectan a la piel y/o a los tejidos blandos subyacentes como consecuencia de una presión intensa o prolongada, o de la combinación de presión y fuerzas de cizalla. Habitualmente aparecen sobre prominencias óseas, como el sacro, los talones, los trocánteres, los maléolos o los codos, aunque también pueden desarrollarse en zonas sometidas al contacto continuo con dispositivos sanitarios, como sondas, mascarillas de ventilación, férulas o sistemas de inmovilización.

El desarrollo de estas lesiones está condicionado por la duración y magnitud de la presión ejercida sobre los tejidos, lo que provoca una disminución del flujo sanguíneo local, hipoxia, isquemia y, finalmente, necrosis tisular. Factores como la fricción, la humedad, la inmovilidad y el estado nutricional del paciente favorecen la aparición y progresión de estas lesiones.

La clasificación internacional propuesta por el National Pressure Injury Advisory Panel (NPIAP), el European Pressure Ulcer Advisory Panel (EPUAP) y la Pan Pacific Pressure Injury Alliance (PPPIA) establece diferentes categorías en función de la profundidad y gravedad de la lesión1:

  • Estadio I: Eritema no blanqueable sobre piel íntegra, generalmente localizado sobre una prominencia ósea. Constituye el primer signo de daño tisular y su identificación precoz permite instaurar medidas preventivas antes de que la lesión progrese.
  • Estadio II: Pérdida parcial del grosor de la piel con exposición de la dermis. Puede presentarse como una úlcera superficial de lecho rosado o rojo, o como una ampolla íntegra o rota con contenido seroso.
  • Estadio III: Pérdida total del grosor de la piel con afectación del tejido subcutáneo. Puede observarse tejido adiposo visible y presencia de esfacelos, aunque no existe exposición de músculo, tendón o hueso.
  • Estadio IV: Pérdida total del grosor de la piel y de los tejidos, con exposición o afectación de estructuras profundas como fascia, músculo, tendón, cartílago o hueso. Estas lesiones presentan un elevado riesgo de infección y suelen requerir tratamientos complejos.

Además de estos estadios, la clasificación contempla otras situaciones clínicas, como las lesiones por presión no clasificables, en las que la base de la lesión está cubierta por esfacelos o escaras que impiden determinar su profundidad real, y la lesión por presión de tejido profundo, caracterizada por una decoloración persistente de color rojo oscuro, púrpura o marrón, generalmente acompañada de una ampolla con sangre como consecuencia del daño en los tejidos profundos.

La correcta clasificación de las lesiones por presión resulta fundamental para establecer un plan de cuidados adecuado, seleccionar las intervenciones terapéuticas más apropiadas y realizar un seguimiento evolutivo que permita valorar la eficacia de las medidas preventivas y del tratamiento instaurado. Asimismo, facilita la comunicación entre los profesionales sanitarios y favorece la homogeneidad en el registro y evaluación de estas lesiones en la práctica clínica.

FACTORES DE RIESGO ASOCIADOS AL DESARROLLO DE LAS LESIONES POR PRESIÓN:

El desarrollo de las lesiones por presión es un proceso multifactorial en el que intervienen factores relacionados con el paciente, el entorno asistencial y la propia atención sanitaria. La identificación precoz de estos factores resulta fundamental para establecer medidas preventivas individualizadas y reducir la incidencia de estas lesiones, especialmente en pacientes hospitalizados, institucionalizados o con limitación de la movilidad.

Los factores de riesgo pueden clasificarse en intrínsecos y extrínsecos. Entre los factores intrínsecos destacan la edad avanzada, la inmovilidad, la disminución del nivel de conciencia, las alteraciones de la sensibilidad, la malnutrición, la deshidratación, la incontinencia urinaria y fecal, la presencia de enfermedades crónicas, como la diabetes mellitus o la enfermedad vascular periférica, y la disminución de la perfusión tisular. Estas condiciones favorecen la fragilidad cutánea y reducen la capacidad de los tejidos para tolerar la presión mantenida.

La inmovilidad constituye uno de los principales factores predisponentes, ya que impide que el paciente realice cambios posturales de forma espontánea, prolongando la presión sobre determinadas zonas anatómicas3. Asimismo, la pérdida de sensibilidad dificulta la percepción del dolor o la incomodidad ocasionados por la presión continuada, retrasando la adopción de medidas para aliviarla.

En cuanto a los factores extrínsecos, la presión mantenida es el principal mecanismo responsable de la aparición de estas lesiones. Sin embargo, la fricción y las fuerzas de cizalla también desempeñan un papel relevante al provocar daño mecánico sobre la piel y comprometer la microcirculación. La humedad excesiva, derivada de la incontinencia, la sudoración o el exudado de heridas, contribuye igualmente al deterioro de la barrera cutánea, aumentando la susceptibilidad al desarrollo de lesiones.

Existen además factores relacionados con la organización de los cuidados, como la insuficiente dotación de personal, la ausencia de protocolos estandarizados, la falta de formación específica y la escasa utilización de escalas de valoración del riesgo. Estas circunstancias pueden dificultar la identificación temprana de los pacientes vulnerables y retrasar la aplicación de medidas preventivas eficaces.

Diversos estudios han demostrado que la coexistencia de varios factores de riesgo incrementa significativamente la probabilidad de desarrollar lesiones por presión. Por este motivo, la valoración integral del paciente debe realizarse desde el momento del ingreso y mantenerse de forma periódica durante toda la estancia asistencial, permitiendo adaptar los cuidados a la evolución clínica y a las necesidades individuales de cada persona4.

El reconocimiento de los factores de riesgo constituye el primer paso para diseñar un plan de cuidados preventivo eficaz. En este contexto, la utilización de escalas validadas de valoración del riesgo facilita la toma de decisiones clínicas y contribuye a optimizar las intervenciones enfermeras dirigidas a prevenir la aparición de lesiones por presión.

VALORACIÓN DEL RIESGO: ESCALAS UTILIZADAS EN LA PRÁCTICA CLÍNICA:

La valoración sistemática del riesgo constituye una de las principales estrategias para prevenir la aparición de lesiones por presión. La identificación precoz de los pacientes susceptibles de desarrollar estas lesiones permite planificar intervenciones preventivas individualizadas y optimizar la utilización de los recursos asistenciales. Por ello, las principales guías de práctica clínica recomiendan que la valoración del riesgo se realice en el momento del ingreso y se repita de forma periódica, especialmente cuando se produzcan cambios en el estado clínico del paciente.

La valoración del riesgo debe formar parte de una evaluación integral que incluya el estado general del paciente, su nivel de movilidad, la integridad de la piel, el estado nutricional, la presencia de enfermedades asociadas y otros factores que puedan favorecer la aparición de lesiones por presión. Aunque el juicio clínico del profesional resulta imprescindible, el empleo de escalas validadas permite objetivar el riesgo y facilita la toma de decisiones durante la planificación de los cuidados.

Entre las herramientas más utilizadas destaca la escala de Braden5, considerada una de las más empleadas en el ámbito hospitalario. Esta escala evalúa seis dimensiones: percepción sensorial, exposición de la piel a la humedad, actividad física, movilidad, estado nutricional y fricción o cizalla. La puntuación obtenida permite clasificar a los pacientes según su nivel de riesgo y establecer las medidas preventivas más adecuadas en función de sus necesidades.

Otra herramienta ampliamente utilizada es la escala de Norton6, que valora cinco parámetros: estado físico general, estado mental, actividad, movilidad e incontinencia. Aunque presenta una estructura más sencilla, continúa siendo una opción válida en numerosos centros sanitarios para la identificación inicial de pacientes con riesgo de desarrollar lesiones por presión.

Asimismo, la escala de Waterlow incorpora un mayor número de variables clínicas, entre ellas la edad, el índice de masa corporal, la continencia, la movilidad, el estado nutricional, determinadas patologías y otros factores especiales que pueden incrementar la vulnerabilidad del paciente. Esta herramienta ofrece una valoración más exhaustiva, aunque requiere un mayor tiempo de aplicación.

La utilización de estas escalas no debe sustituir al juicio clínico del profesional de enfermería, sino complementarlo. Existen situaciones clínicas en las que el estado del paciente puede modificarse rápidamente, haciendo necesaria una reevaluación continua del riesgo y la adaptación inmediata del plan de cuidados. Por ello, la combinación de herramientas estandarizadas con una valoración clínica individualizada constituye la estrategia más eficaz para prevenir la aparición de lesiones por presión.

En definitiva, la valoración precoz y continuada del riesgo permite identificar a los pacientes más vulnerables, priorizar las intervenciones preventivas y contribuir a una atención más segura y de mayor calidad. Su correcta aplicación representa una de las competencias fundamentales de la enfermería y constituye el punto de partida para la implantación de medidas preventivas eficaces.

CUIDADOS E INTERVENCIONES DE ENFERMERÍA PARA LA PREVENCIÓN DE LAS LESIONES POR PRESIÓN:

La prevención de las lesiones por presión constituye una de las principales responsabilidades de los profesionales de enfermería, quienes desempeñan un papel fundamental en la valoración del riesgo, la planificación de los cuidados, la aplicación de medidas preventivas y el seguimiento continuo de los pacientes. La implantación de intervenciones basadas en la evidencia permite disminuir de forma significativa la incidencia de estas lesiones y mejorar la calidad de la atención sanitaria.

La primera actuación consiste en realizar una valoración integral del paciente desde el momento del ingreso, identificando los factores de riesgo y estableciendo un plan de cuidados individualizado. Esta valoración debe actualizarse periódicamente, especialmente cuando se produzcan cambios en la situación clínica, en el nivel de movilidad o en el estado general del paciente.

Una de las medidas preventivas más eficaces es la realización de cambios posturales programados2. El reposicionamiento periódico del paciente permite redistribuir la presión ejercida sobre las prominencias óseas, favoreciendo la perfusión tisular y reduciendo el riesgo de isquemia. La frecuencia de los cambios posturales debe adaptarse a las características clínicas de cada paciente, teniendo en cuenta su nivel de movilidad, el estado de la piel y la utilización de superficies especiales para el manejo de la presión1.

La utilización de colchones, colchonetas, cojines y otros dispositivos destinados a redistribuir la presión constituye otra intervención de gran importancia. Estos sistemas disminuyen la carga ejercida sobre las zonas de mayor riesgo y complementan, pero no sustituyen, la necesidad de realizar movilizaciones y cambios posturales de forma regular.

El cuidado de la piel representa otro pilar fundamental de la prevención. La inspección sistemática de las zonas de riesgo permite detectar de manera precoz alteraciones cutáneas compatibles con el inicio de una lesión por presión. Asimismo, es recomendable mantener la piel limpia, seca e hidratada, evitando la exposición prolongada a la humedad causada por la incontinencia, la sudoración o el exudado de heridas. La utilización de productos barrera puede contribuir a proteger la piel frente a la acción irritante de la humedad y disminuir el riesgo de deterioro cutáneo.

El estado nutricional influye directamente en la integridad de los tejidos y en la capacidad de reparación celular. La valoración nutricional precoz, junto con una adecuada ingesta de energía, proteínas, vitaminas y minerales, constituye una medida esencial para prevenir la aparición de lesiones por presión. En aquellos pacientes con riesgo de desnutrición, la colaboración con otros profesionales sanitarios, como médicos y dietistas-nutricionistas, resulta imprescindible para establecer un soporte nutricional adecuado.

La movilización precoz y el fomento de la actividad física, siempre que la situación clínica del paciente lo permita, contribuyen igualmente a disminuir la presión mantenida sobre determinadas zonas anatómicas y favorecen el mantenimiento de la funcionalidad. Cuando el paciente presenta limitaciones para la movilidad, la enfermería debe promover ejercicios pasivos o asistidos que ayuden a preservar la movilidad articular y mejorar la circulación.

La educación sanitaria constituye otra intervención esencial7. Informar al paciente y a sus cuidadores sobre los factores de riesgo, las medidas preventivas, la importancia de los cambios posturales y el cuidado adecuado de la piel favorece su participación activa en la prevención y facilita la continuidad de los cuidados tras el alta hospitalaria.

Por último, la prevención de las lesiones por presión requiere un abordaje multidisciplinar basado en la coordinación entre los diferentes profesionales sanitarios. La colaboración entre enfermería, medicina, fisioterapia, nutrición y otros especialistas permite ofrecer una atención integral centrada en las necesidades del paciente, optimizando la eficacia de las intervenciones preventivas.

En conjunto, la aplicación sistemática de estas medidas, respaldadas por la mejor evidencia científica disponible, convierte a la enfermería en el principal referente en la prevención de las lesiones por presión y contribuye de manera decisiva a mejorar la seguridad del paciente, la calidad asistencial y los resultados en salud.

RETOS ACTUALES Y PERSPECTIVAS FUTURAS:

La prevención de las lesiones por presión continúa representando un importante desafío para los sistemas sanitarios, a pesar de los avances alcanzados en el conocimiento de sus factores de riesgo y en el desarrollo de estrategias preventivas basadas en la evidencia. El progresivo envejecimiento de la población, el incremento de las enfermedades crónicas, la mayor supervivencia de pacientes con elevada dependencia y el aumento de la complejidad asistencial hacen prever que la incidencia de estas lesiones seguirá constituyendo un problema relevante en los próximos años.

Uno de los principales retos consiste en garantizar la aplicación homogénea de las recomendaciones incluidas en las guías de práctica clínica. Aunque existen protocolos y herramientas de valoración ampliamente validados, su implementación puede verse limitada por factores como la elevada carga asistencial, la disponibilidad de recursos materiales, la variabilidad en la práctica clínica y las diferencias en la formación de los profesionales sanitarios.

La incorporación de nuevas tecnologías ofrece importantes oportunidades8 para mejorar la prevención de las lesiones por presión. El desarrollo de superficies inteligentes para el manejo de la presión, sistemas electrónicos de monitorización, sensores capaces de detectar periodos prolongados de presión y herramientas de apoyo a la toma de decisiones clínicas pueden contribuir a identificar de forma precoz a los pacientes con mayor riesgo y facilitar la implantación de medidas preventivas más eficaces.

Asimismo, la transformación digital de los sistemas sanitarios favorece la integración de escalas de valoración del riesgo en la historia clínica electrónica, permitiendo automatizar parte del proceso de evaluación y generar alertas que ayuden a los profesionales a adoptar intervenciones preventivas de forma temprana. Estas herramientas, combinadas con una adecuada formación y supervisión, pueden mejorar la seguridad del paciente y optimizar la calidad de los cuidados.

Otro aspecto de gran relevancia es el impulso de la investigación en el ámbito de la prevención de las lesiones por presión. El desarrollo de nuevos materiales, apósitos preventivos, dispositivos de alivio de presión y estrategias organizativas permitirá seguir mejorando la eficacia de las intervenciones enfermeras y adaptar los cuidados a las necesidades de una población cada vez más envejecida y con mayor complejidad clínica.

Finalmente, resulta imprescindible continuar promoviendo una cultura de seguridad y de mejora continua en las instituciones sanitarias. La formación permanente de los profesionales, el trabajo multidisciplinar, la evaluación periódica de los resultados y el compromiso de las organizaciones con la prevención de eventos adversos constituyen elementos esenciales para disminuir la incidencia de las lesiones por presión y ofrecer una atención sanitaria de mayor calidad.

En este contexto, la enfermería continuará desempeñando un papel protagonista, liderando la implantación de prácticas preventivas basadas en la evidencia y contribuyendo de forma decisiva a mejorar la seguridad del paciente, la excelencia de los cuidados y los resultados en salud1 2.

CONCLUSIONES

Las lesiones por presión continúan siendo uno de los principales eventos adversos relacionados con la atención sanitaria y representan un importante indicador de la calidad de los cuidados enfermeros. Su aparición se asocia a un incremento de la morbimortalidad, un deterioro de la calidad de vida de los pacientes y un aumento de los costes asistenciales, lo que convierte su prevención en una prioridad para los sistemas sanitarios.

El desarrollo de estas lesiones responde a la interacción de múltiples factores de riesgo, tanto intrínsecos como extrínsecos, siendo la inmovilidad, la edad avanzada, la malnutrición, la humedad y las enfermedades crónicas algunos de los más relevantes. La identificación precoz de los pacientes con mayor riesgo mediante una valoración integral y el empleo de escalas validadas constituye el punto de partida para establecer planes de cuidados individualizados y eficaces.

La enfermería desempeña un papel esencial en la prevención de las lesiones por presión, al asumir la valoración continua del paciente, la vigilancia del estado de la piel, la realización de cambios posturales, la utilización de superficies especiales para el manejo de la presión, la promoción de un adecuado estado nutricional y la educación sanitaria dirigida al paciente y a sus cuidadores. La aplicación sistemática de estas intervenciones, respaldadas por la evidencia científica, permite reducir significativamente la incidencia de estas lesiones y mejorar los resultados en salud.

Asimismo, la incorporación de nuevas tecnologías, el fortalecimiento de la formación continuada, la implantación de protocolos basados en la evidencia y el trabajo coordinado entre los distintos profesionales sanitarios representan elementos clave para optimizar la prevención de las lesiones por presión y garantizar una atención más segura y de mayor calidad.

En conclusión, la prevención de las lesiones por presión requiere un abordaje integral, multidisciplinar y centrado en el paciente, en el que la enfermería ocupa una posición estratégica. El compromiso con la mejora continua de los cuidados y la aplicación de prácticas preventivas basadas en la evidencia constituyen herramientas fundamentales para disminuir la incidencia de estas lesiones y avanzar hacia una asistencia sanitaria de excelencia.

BIBLIOGRAFÍA

  1. European Pressure Ulcer Advisory Panel, National Pressure Injury Advisory Panel, Pan Pacific Pressure Injury Alliance. Prevention and Treatment of Pressure Ulcers/Injuries: Clinical Practice Guideline. Haesler E, editor. Prague: EPUAP/NPIAP/PPPIA; 2019.
  2. Grupo Nacional para el Estudio y Asesoramiento en Úlceras por Presión y Heridas Crónicas (GNEAUPP). Prevención y tratamiento de las lesiones por presión: Guía de práctica clínica [Internet]. Logroño: GNEAUPP; 2022 [citado 18 jul 2026]. Disponible en: https://gneaupp.info
  3. Coleman S, Nixon J, Keen J, Wilson L, McGinnis E, Dealey C, et al. A new pressure ulcer conceptual framework. J Adv Nurs. 2014;70(10):2222-2234.
  4. National Institute for Health and Care Excellence. Pressure ulcers: prevention and management (CG179) [Internet]. London: NICE; 2014 [actualizado periódicamente; citado 18 jul 2026]. Disponible en: https://www.nice.org.uk/guidance/cg179
  5. Bergstrom N, Braden BJ, Laguzza A, Holman V. The Braden Scale for predicting pressure sore risk. Nurs Res. 1987;36(4):205-210.
  6. Norton D, McLaren R, Exton-Smith AN. An Investigation of Geriatric Nursing Problems in Hospital. 2nd ed. Edinburgh: Churchill Livingstone; 1962.
  7. Registered Nurses’ Association of Ontario. Assessment and Management of Pressure Injuries for the Interprofessional Team [Internet]. Toronto: RNAO; 2016. [citado 18 jul 2026]. Disponible en: https://rnao.ca/
  8. World Health Organization. Global Patient Safety Action Plan 2021–2030: Towards eliminating avoidable harm in health care [Internet]. Geneva: World Health Organization; 2021 [citado 18 jul 2026]. Disponible en: https://www.who.int/publications/i/item/9789240032705

 

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