AUTORES
- Sara Chocarro Arróniz. Hospital Universitario de Navarra. Navarra, España.
- Amaia Ros Maiz. Hospital Universitario de Navarra. Navarra, España.
- Leyre Lecumberri Alzueta. Hospital Universitario de Navarra. Navarra, España.
RESUMEN
Introducción: Las infecciones del tracto urinario constituyen una de las infecciones más frecuentes en las personas mayores hospitalizadas. Su diagnóstico resulta complejo por la elevada prevalencia de bacteriuria asintomática, la presentación clínica atípica, la fragilidad, la pluripatología y el uso de sondaje vesical.
Objetivo: Analizar los factores de riesgo, las manifestaciones clínicas, los criterios diagnósticos y las intervenciones de enfermería dirigidas a prevenir, detectar y manejar las infecciones urinarias en pacientes mayores hospitalizados.
Metodología: Se realizó una revisión narrativa de literatura científica, guías clínicas y documentos institucionales publicados principalmente entre 2019 y 2026, consultando PubMed/MEDLINE, CINAHL, Cochrane Library, SciELO y páginas oficiales de EAU, IDSA, CDC, ECDC y OMS.
Resultados: La evidencia destaca la necesidad de diferenciar infección sintomática y bacteriuria asintomática, evitar urocultivos sin indicación clínica y reducir el uso innecesario de antibióticos. El sondaje vesical es el principal factor modificable; su indicación restrictiva, inserción aséptica, mantenimiento de un sistema cerrado y retirada precoz disminuyen las infecciones asociadas a catéter. Enfermería desempeña un papel central en la valoración geriátrica, la vigilancia de signos locales y sistémicos, la obtención correcta de muestras, el control de la hidratación, la educación y la comunicación clínica.
Discusión-conclusiones: La prevención y el diagnóstico prudente requieren protocolos multidisciplinares, formación continuada y programas de optimización antimicrobiana. Una actuación enfermera sistemática mejora la seguridad, reduce complicaciones y evita tratamientos perjudiciales.
PALABRAS CLAVE
Infecciones urinarias, anciano, hospitalización, catéteres urinarios, atención de enfermería, bacteriuria.
abstract
Introduction: Urinary tract infections are among the most common infections in hospitalised older adults. Diagnosis is challenging because of the high prevalence of asymptomatic bacteriuria, atypical clinical presentations, frailty, multimorbidity and urinary catheter use.
Objective: To analyse risk factors, clinical manifestations, diagnostic criteria and nursing interventions aimed at preventing, detecting and managing urinary tract infections in hospitalised older adults.
Methodology: A narrative review of scientific literature, clinical guidelines and institutional documents published mainly between 2019 and 2026 was conducted using PubMed/MEDLINE, CINAHL, the Cochrane Library, SciELO and official EAU, IDSA, CDC, ECDC and WHO sources.
Results: Evidence emphasises differentiating symptomatic infection from asymptomatic bacteriuria, avoiding urine cultures without clinical indication and reducing unnecessary antibiotic use. Urinary catheterisation is the main modifiable risk factor; restrictive indications, aseptic insertion, maintenance of a closed drainage system and early removal reduce catheter-associated infection. Nurses have a central role in geriatric assessment, surveillance of local and systemic signs, correct specimen collection, hydration management, education and clinical communication.
Discussion-conclusions: Prevention and prudent diagnosis require multidisciplinary protocols, continuing education and antimicrobial stewardship programmes. Systematic nursing practice improves safety, reduces complications and prevents harmful treatment.
KEY WORDS
Urinary tract infections, aged, hospitalisation, urinary catheters, nursing care, bacteriuria.
INTRODUCCIÓN
Las infecciones del tracto urinario (ITU) comprenden un conjunto de procesos infecciosos que afectan a la uretra, la vejiga, los uréteres, los riñones o, en el varón, estructuras relacionadas como la próstata. En el ámbito hospitalario representan un problema frecuente por su asociación con mayor consumo de antimicrobianos, prolongación de la estancia, incremento de costes, deterioro funcional y riesgo de bacteriemia o sepsis de origen urinario. Las personas mayores constituyen una población especialmente vulnerable debido a los cambios fisiológicos del envejecimiento, la coexistencia de enfermedades crónicas y la elevada exposición a procedimientos invasivos1,2.
El envejecimiento modifica la respuesta inmunitaria, reduce la capacidad de concentración renal y favorece alteraciones del vaciamiento vesical. En las mujeres, la disminución estrogénica posmenopáusica altera la microbiota genitourinaria; en los hombres, la hiperplasia prostática puede producir obstrucción y residuo posmiccional. A estos elementos se añaden diabetes mellitus, enfermedad renal crónica, deterioro neurológico, inmovilidad, incontinencia, estreñimiento, deshidratación y dependencia para el autocuidado. La fragilidad y la pluripatología no solo aumentan el riesgo de infección, sino que dificultan reconocer los síntomas y tolerar sus consecuencias3,4.
La hospitalización añade factores de riesgo específicos: instrumentación urinaria, exposición a microorganismos resistentes, tratamientos antibióticos previos, cambios en la movilidad y en los hábitos de eliminación, procedimientos diagnósticos, cirugía y uso de dispositivos. El catéter urinario permanente destaca como el factor modificable más relevante. Los microorganismos pueden acceder por vía extraluminal durante la inserción o ascender por la luz del sistema, y la formación de biopelícula facilita la persistencia bacteriana y reduce la eficacia de los antimicrobianos. Los CDC señalan que una gran proporción de las ITU hospitalarias se relaciona con el catéter urinario, por lo que su prevención es una prioridad de seguridad5,6.
Uno de los principales retos clínicos es diferenciar la ITU sintomática de la bacteriuria asintomática. Esta última se define por la presencia significativa de bacterias en la orina sin signos ni síntomas atribuibles al tracto urinario. Su prevalencia aumenta con la edad, la dependencia funcional y el sondaje. La piuria también es frecuente y, por sí sola, no confirma infección. Las guías recomiendan no realizar cribado ni tratamiento de bacteriuria asintomática en personas mayores, salvo situaciones concretas como el embarazo o determinados procedimientos urológicos invasivos. El tratamiento innecesario no aporta beneficio y aumenta reacciones adversas, infección por Clostridioides difficile y resistencia antimicrobiana7,8.
En pacientes mayores, la atribución automática de delirium, caídas, debilidad o cambios conductuales a una ITU constituye una fuente importante de sobrediagnóstico. Aunque una infección sistémica puede precipitar delirium, la presencia de bacteriuria en una persona confusa no demuestra causalidad. Cuando no existen síntomas urinarios locales ni signos sistémicos como fiebre, inestabilidad hemodinámica o deterioro compatible con sepsis, deben buscarse otras causas, corregir factores precipitantes y mantener observación clínica. Esta aproximación evita retrasar diagnósticos alternativos como deshidratación, efectos farmacológicos, dolor, retención urinaria, hipoxia o alteraciones metabólicas7,9.
La presentación clínica puede incluir disuria, polaquiuria, urgencia miccional, dolor suprapúbico, hematuria o dolor lumbar. En infecciones sistémicas pueden aparecer fiebre o hipotermia, escalofríos, taquicardia, hipotensión, deterioro del estado general y alteraciones del nivel de conciencia. Sin embargo, la respuesta febril puede ser atenuada y la comunicación de síntomas estar limitada por demencia, afasia o delirium. Por ello, la valoración debe integrar la situación basal, el inicio temporal de los cambios, la exploración física, los signos vitales, la diuresis y los resultados microbiológicos, evitando interpretar de forma aislada una tira reactiva o un urocultivo1,10.
La enfermería ocupa una posición estratégica porque mantiene contacto continuado con el paciente, conoce su estado basal y participa en la indicación práctica, inserción, mantenimiento y retirada de dispositivos urinarios. Además, obtiene muestras, monitoriza la respuesta al tratamiento, identifica deterioro clínico, promueve hidratación y movilidad, previene lesiones cutáneas asociadas a la incontinencia y educa a pacientes, familias y profesionales. La calidad de estas actuaciones condiciona tanto la prevención como la fiabilidad diagnóstica5,11.
La prevención requiere una cultura institucional que cuestione diariamente la necesidad del catéter, facilita alternativas y mida el cumplimiento de los cuidados. Entre las medidas fundamentales se encuentran restringir el sondaje a indicaciones justificadas, utilizar técnica aséptica y material estéril, asegurar el sistema cerrado, mantener la bolsa por debajo de la vejiga sin contacto con el suelo, evitar acodamientos, realizar higiene habitual del meato y retirar el dispositivo tan pronto como deje de ser imprescindible. Los recordatorios, órdenes de retirada dirigidas por enfermería y auditorías con retroalimentación reducen días de exposición y episodios de infección5,12.
El manejo terapéutico debe basarse en la gravedad, el foco, la función renal, alergias, interacciones, antibioterapia previa y epidemiología local. La toma de urocultivo antes de iniciar antibióticos es útil cuando existe sospecha de infección complicada o sistémica, siempre que no retrase el tratamiento urgente. Tras disponer del antibiograma, debe ajustarse el espectro y la duración. La optimización antimicrobiana resulta especialmente relevante en geriatría por la mayor susceptibilidad a toxicidad, interacciones y alteraciones de la microbiota1,13.
En consecuencia, abordar las ITU en pacientes mayores hospitalizados exige combinar prevención de dispositivos, razonamiento diagnóstico, valoración geriátrica y uso prudente de antimicrobianos. Este artículo revisa la evidencia y organiza las principales intervenciones enfermeras para facilitar una práctica segura, coherente y centrada en la persona.
OBJETIVOS
Con el fin de orientar la revisión y delimitar su alcance, se plantearon los siguientes objetivos:
Objetivo general:
Revisar la evidencia científica relacionada con la prevención, el diagnóstico y los cuidados de enfermería dirigidos a las infecciones del tracto urinario en personas mayores hospitalizadas.
Objetivos específicos:
• Reconocer los factores personales y asistenciales que incrementan el riesgo de infección urinaria en pacientes mayores.
• Diferenciar los criterios que permiten distinguir una infección urinaria sintomática de la bacteriuria asintomática.
• Describir las medidas recomendadas para la indicación, inserción, mantenimiento y retirada segura del catéter urinario.
• Contextualizar el papel de la enfermería en la vigilancia clínica, la obtención de muestras, la prevención de complicaciones y la educación sanitaria.
• Destacar la importancia de la optimización del tratamiento antimicrobiano, la coordinación multidisciplinar y la evaluación de indicadores de calidad.
Además de describir el conocimiento disponible, se pretende traducirlo a decisiones observables en la práctica: cuándo sospechar infección, cuándo evitar una muestra, cómo cuidar un catéter, qué hallazgos comunicar con urgencia y qué indicadores pueden utilizarse para evaluar resultados. Este enfoque facilita que los objetivos no queden limitados a una revisión teórica, sino que orienten protocolos, sesiones clínicas y proyectos de mejora.
Como resultado secundario, se busca reforzar una atención centrada en la persona mayor, preservando movilidad, continencia, intimidad y autonomía siempre que sea posible. La prevención de la ITU se entiende, así como parte de un cuidado geriátrico integral y no exclusivamente como una medida microbiológica.
METODOLOGÍA
Se realizó una revisión narrativa dirigida a sintetizar la evidencia aplicable a la prevención, detección, diagnóstico y cuidados de enfermería de las infecciones del tracto urinario en pacientes de 65 años o más hospitalizados en unidades médicas, quirúrgicas y de cuidados intermedios. Este diseño permitió integrar guías de práctica clínica, revisiones, estudios observacionales, documentos de vigilancia y recomendaciones institucionales con una orientación asistencial.
La búsqueda bibliográfica se realizó en PubMed/MEDLINE, CINAHL, Cochrane Library y SciELO. De forma complementaria se consultaron documentos oficiales de la European Association of Urology, Infectious Diseases Society of America, Centers for Disease Control and Prevention, European Centre for Disease Prevention and Control y Organización Mundial de la Salud1,5,7,13,14.
Se utilizaron descriptores DeCS/MeSH y términos libres relacionados con infecciones urinarias, personas mayores, hospitalización, bacteriuria asintomática, catéter urinario, infección asociada a catéter, cuidados de enfermería, prevención de infecciones y optimización antimicrobiana. La búsqueda se limitó a publicaciones en español o inglés, priorizando documentos publicados entre 2016 y 2026; se conservaron trabajos anteriores cuando constituían referencias clínicas fundamentales o aportaban definiciones todavía vigentes.
Criterios de inclusión:
Se incluyeron estudios y documentos centrados en personas mayores hospitalizadas o con resultados claramente transferibles a este ámbito; publicaciones sobre factores de riesgo, manifestaciones clínicas, bacteriuria asintomática, recogida e interpretación de urocultivos, infección urinaria asociada a catéter, prevención, vigilancia enfermera y uso prudente de antimicrobianos; guías clínicas, revisiones sistemáticas o narrativas, estudios observacionales, ensayos e informes de organismos sanitarios; y textos con información suficiente para valorar su aplicabilidad clínica.
Criterios de exclusión:
Se excluyeron estudios pediátricos, investigaciones centradas exclusivamente en embarazo, trabajos sobre infección urinaria comunitaria sin relación relevante con la hospitalización, publicaciones dedicadas únicamente a técnicas quirúrgicas o anomalías urológicas específicas y documentos sin acceso a información metodológica o clínica suficiente. También se descartaron duplicados y textos cuyo contenido no respondía a los objetivos del artículo.
La selección se realizó mediante lectura de títulos, revisión de resúmenes y análisis del texto completo. La información relevante se organizó en una matriz de extracción que recogía autoría, año, tipo de documento, población, ámbito, intervención o exposición, resultados principales y repercusiones para enfermería. La calidad y autoridad de las fuentes se valoraron según el diseño, la claridad metodológica, la actualidad, la coherencia de los resultados y la procedencia institucional.
La síntesis se estructuró en seis áreas: magnitud y factores de riesgo; valoración clínica y diagnóstico; prevención de la infección asociada a catéter; cuidados enfermeros sin dispositivo y vigilancia; tratamiento y optimización antimicrobiana; e implementación, educación e indicadores de calidad. Las recomendaciones farmacológicas se presentaron como principios generales, dado que la selección del antimicrobiano depende de la gravedad, la función renal, las alergias, los antecedentes microbiológicos y los patrones locales de resistencia1,13,15.
Para favorecer la aplicabilidad geriátrica se consideraron la fragilidad, el deterioro cognitivo, la polifarmacia, la movilidad, la continencia, la capacidad de comunicación y los objetivos individuales de cuidado. Al tratarse de una revisión de fuentes publicadas, no se incluyeron pacientes ni se accedió a historias clínicas, por lo que no fue necesario solicitar consentimiento informado.
RESULTADOS
La revisión permitió agrupar los hallazgos en seis áreas relacionadas entre sí. En todas ellas, la evidencia subraya que la prevención del sondaje innecesario, la interpretación clínica del urocultivo y la vigilancia continuada de enfermería son elementos inseparables para reducir complicaciones y tratamientos injustificados.
1. Magnitud, vulnerabilidad y factores de riesgo:
Las infecciones urinarias se encuentran entre las infecciones asociadas a la asistencia sanitaria más frecuentes. Los datos europeos muestran una relación relevante entre infección adquirida durante la hospitalización y exposición al catéter urinario, aunque la magnitud varía según el tipo de unidad y la complejidad de los pacientes14. En las personas mayores, una ITU puede desencadenar deterioro renal, descompensación de enfermedades crónicas, delirium, caídas, pérdida funcional, bacteriemia, sepsis y prolongación de la estancia. Los factores intrínsecos incluyen edad avanzada, sexo femenino, atrofia urogenital, hiperplasia prostática, residuo posmiccional, incontinencia, vejiga neurógena, litiasis, alteraciones estructurales, diabetes, enfermedad renal, inmunosupresión y antecedentes de ITU. La fragilidad, el deterioro cognitivo y la dependencia dificultan la hidratación, la movilidad, la higiene y la comunicación de síntomas. Entre los factores extrínsecos destacan el catéter urinario, la instrumentación, los antibióticos recientes, las hospitalizaciones repetidas, la estancia prolongada y la exposición a microorganismos multirresistentes3,4,16. En la Tabla 1 se recogen estos factores de riesgo. Escherichia coli continúa siendo el microorganismo más habitual, pero en el medio hospitalario aumentan Klebsiella pneumoniae, Proteus mirabilis, Enterococcus spp., Pseudomonas aeruginosa y Candida spp., especialmente en pacientes con dispositivos o antibioterapia previa. La biopelícula favorece colonización persistente e infecciones polimicrobianas14,15,17. En este grupo, la valoración funcional es especialmente importante: una infección puede manifestarse como pérdida de autonomía o empeoramiento de la movilidad, pero estos cambios no son específicos y deben interpretarse junto con síntomas, constantes y diagnósticos alternativos. La prevención debe comenzar desde el ingreso, identificando antecedentes de retención, incontinencia, sondajes previos y colonización por microorganismos resistentes.
2. Valoración clínica, bacteriuria y diagnóstico:
Los síntomas localizados con mayor valor orientador son disuria de inicio reciente, urgencia o frecuencia miccional nuevas, dolor suprapúbico y hematuria. El dolor lumbar, la puñopercusión renal positiva, la fiebre, los escalofríos, la hipotensión o el deterioro sistémico sugieren afectación alta o infección sistémica. En portadores de catéter pueden faltar los síntomas miccionales; deben valorarse fiebre sin otro foco, dolor suprapúbico o lumbar, hematuria aguda y signos de sepsis. La orina turbia o maloliente, por sí sola, no confirma infección1,18. El delirium y las caídas requieren una evaluación integral. Cuando existe bacteriuria sin síntomas genitourinarios ni signos sistémicos, se recomienda investigar otras causas y mantener observación clínica en lugar de iniciar antibióticos automáticamente7,9. La bacteriuria asintomática es frecuente en mayores y en portadores de catéter; su cribado y tratamiento rutinarios no aportan beneficio y aumentan acontecimientos adversos y resistencia7,8. La Tabla 3 recoge las diferencias orientativas entre bacteriuria asintomática e ITU. La piuria tampoco distingue colonización de infección. El diagnóstico debe integrar cambio respecto al estado basal, síntomas, exploración y pruebas complementarias. La tira reactiva tiene utilidad limitada y un urocultivo positivo solo adquiere significado dentro del contexto clínico. En sospecha de infección sistémica pueden ser necesarios hemograma, función renal, reactantes, lactato y hemocultivos; la imagen se reserva para obstrucción, litiasis, absceso, complicación o mala evolución1,10. La calidad de la muestra es decisiva: chorro medio tras higiene en pacientes continentes y obtención aséptica desde el puerto de muestreo en portadores de catéter, nunca desde la bolsa5,19. En pacientes con deterioro cognitivo, la entrevista debe complementarse con información de familiares o cuidadores y con registros previos que permitan establecer el estado basal. La reevaluación seriada resulta más segura que una decisión basada en un único dato. Debe registrarse qué síntomas motivaron el cultivo, cuándo comenzaron y si existían antibióticos previos, porque estos elementos condicionan la interpretación microbiológica.
3. Prevención de la infección asociada a catéter:
La medida preventiva más eficaz es evitar la inserción cuando no existe una indicación clínica válida. Son indicaciones aceptadas la retención urinaria aguda u obstrucción, la medición exacta de diuresis en pacientes críticos, determinados procedimientos quirúrgicos, situaciones concretas de inmovilización, protección seleccionada de heridas sacras graves y confort al final de la vida. No debe utilizarse por conveniencia, incontinencia aislada ni sustitución de cuidados básicos5,6. Antes del sondaje deben considerarse micción programada, ayuda para acceder al baño, cuña u orinal, dispositivos externos, medición ecográfica de residuo y cateterismo intermitente. La inserción debe realizarla personal formado mediante higiene de manos, técnica aséptica, material estéril, lubricación suficiente y el menor calibre eficaz. Es necesario documentar indicación, fecha, tipo, calibre, responsable y dificultades5,20. Durante el mantenimiento se conserva el circuito cerrado, la bolsa por debajo de la vejiga y sin contacto con el suelo, el tubo sin acodamientos y el flujo libre. Deben evitarse desconexiones, irrigaciones rutinarias y antisépticos repetidos del meato; la higiene diaria con agua y jabón suele ser suficiente5,6. La necesidad del dispositivo debe revisarse en cada turno y en la ronda clínica. Los recordatorios, las órdenes de suspensión y los protocolos de retirada liderados por enfermería reducen la duración del sondaje y las infecciones asociadas12,20,21. Cada día adicional facilita colonización y biopelícula, aun cuando muchos episodios permanezcan asintomáticos17. Tras la retirada, se recomienda vigilar la primera micción, el volumen eliminado, el dolor, la distensión suprapúbica y el residuo posmiccional cuando esté indicado. Esta vigilancia evita que el temor a la retención mantenga dispositivos innecesarios. Los protocolos deben contemplar también qué hacer ante obstrucción, desconexión accidental o contaminación del sistema para reducir manipulaciones improvisadas. La Tabla 2 resume este paquete de cuidados de enfermería para la prevención de la ITU asociada a catéter.
4. Cuidados enfermeros, vigilancia y continuidad asistencial:
Los cuidados no relacionados con dispositivos tienen una función preventiva relevante. La hidratación debe adaptarse a la función renal y cardiaca, la capacidad deglutoria y los objetivos terapéuticos. Enfermería registra ingesta y diuresis, ofrece líquidos de forma fraccionada, reconoce deshidratación y favorece movilidad, acceso al baño, vaciamiento vesical y control del estreñimiento. En pacientes con incontinencia se priorizan cambios programados, higiene suave y protección cutánea. La vigilancia incluye temperatura, frecuencia cardiaca y respiratoria, presión arterial, saturación, dolor, nivel de conciencia y diuresis, prestando atención a tendencias y cambios respecto al estado basal. Oliguria, hipotensión, taquipnea, escalofríos o deterioro neurológico requieren comunicación y escalada rápida. Ante sospecha de urosepsis, enfermería participa en la obtención de cultivos indicados, canalización venosa, administración del tratamiento prescrito y monitorización de la respuesta, sin retrasar las medidas urgentes por esperar resultados10,22. La educación al paciente y la familia debe explicar los riesgos del catéter, los signos de alarma y por qué un cultivo positivo no siempre requiere antibiótico. En los pases de turno y traslados deben constar la indicación y fecha del dispositivo, síntomas, cultivos pendientes, microorganismos resistentes y plan de retirada. La información se adapta al estado cognitivo, idioma y alfabetización sanitaria. La comunicación estructurada es particularmente útil cuando aparecen cambios sutiles. Informar del estado basal, evolución temporal, constantes, balance y presencia o ausencia de síntomas urinarios facilita decisiones clínicas más precisas. La continuidad al alta debe incluir indicaciones sobre finalización del tratamiento, manejo de dispositivos si persisten y motivos concretos de consulta.
5. Tratamiento y optimización antimicrobiana:
La elección empírica depende de la gravedad, el foco, la función renal, las alergias, la exposición antimicrobiana previa, los cultivos anteriores y las resistencias locales. En personas mayores deben revisarse dosis, intervalo, interacciones y riesgo de toxicidad. Tras disponer del antibiograma, se recomienda dirigir el tratamiento al microorganismo con el espectro más estrecho y utilizar la duración eficaz mínima. La evidencia disponible muestra que, en determinados pacientes afebriles con infección urinaria, pautas más cortas pueden alcanzar resultados comparables a tratamientos prolongados, aunque la duración debe individualizarse según sexo, localización, complicaciones y evolución23. Enfermería comprueba la administración puntual, vigila reacciones alérgicas, alteraciones gastrointestinales o neurológicas, función renal y respuesta clínica, y comunica ausencia de mejoría. Los programas de optimización antimicrobiana incorporan criterios para solicitar cultivos, revisión a las 48-72 horas, desescalada y suspensión cuando no se confirma infección13,15. La enfermería puede identificar muestras solicitadas sin síntomas, mejorar la documentación y reforzar la educación sobre bacteriuria asintomática8,24. La respuesta no debe evaluarse sólo por la desaparición de la fiebre, sino también por estabilidad hemodinámica, recuperación funcional, diuresis, tolerancia oral y evolución del delirium. La persistencia o empeoramiento obliga a revisar adherencia, sensibilidad, obstrucción, absceso u otro foco. Evitar prolongaciones automáticas reduce exposición innecesaria sin sustituir la valoración individual.
6. Implementación, coordinación e indicadores de calidad:
La prevención efectiva requiere coordinación entre enfermería, medicina, farmacia, microbiología, geriatría, urología y equipos de prevención de infecciones. Las intervenciones aisladas son menos consistentes que los programas que integran indicación restrictiva, técnica estandarizada, revisión diaria, retirada precoz, criterios diagnósticos y formación continuada12,20,21. Los servicios deberían medir utilización y días de catéter, porcentaje de indicaciones documentadas, cumplimiento de inserción y mantenimiento, revisiones diarias, infecciones asociadas por 1.000 días de dispositivo, solicitudes de urocultivo y consumo de antimicrobianos. Las auditorías con retroalimentación rápida permiten detectar oportunidades de mejora. Es esencial diferenciar bacteriuria de infección para evitar indicadores sobredimensionados. Enfermería puede liderar listas de verificación, formación, vigilancia y proyectos de mejora, porque interviene en los principales puntos vulnerables del proceso: decisión práctica de sondaje, mantenimiento, recogida de muestras, detección del deterioro, administración terapéutica, educación y continuidad de cuidados. Las Tablas 1-3 sintetizan los factores de riesgo, el paquete preventivo y las diferencias orientativas entre bacteriuria asintomática e ITU sintomática. Los indicadores deben acompañarse de análisis cualitativo de los casos, ya que una tasa aislada no explica si el problema se originó en la indicación, la técnica, el mantenimiento, la recogida de muestras o la prescripción. Compartir resultados con los equipos y acordar acciones concretas favorece una cultura de mejora sostenida y hace visible la contribución enfermera.
DISCUSIÓN
Los hallazgos confirman que las infecciones urinarias en pacientes mayores hospitalizados no deben diagnosticarse únicamente a partir de una tira reactiva o un urocultivo positivo. La elevada prevalencia de bacteriuria asintomática y piuria convierte el contexto clínico en el elemento decisivo. Este problema es especialmente relevante ante delirium, caídas o deterioro funcional, situaciones en las que la atribución automática a una ITU puede ocultar otras causas y favorecer antibioterapia innecesaria7-9. La vigilancia enfermera permite comparar el estado actual con el basal y reconocer la aparición de signos urinarios o sistémicos que justifican reevaluación.
El catéter urinario constituye el principal factor modificable. La evidencia respalda una estrategia combinada: indicación restrictiva, inserción aséptica, circuito cerrado, flujo sin obstrucción y retirada precoz5,6,12,20. Los estudios de implementación muestran que los programas estructurados pueden reducir la exposición al dispositivo tanto en hospitales como en centros con población mayor dependiente20,21. Su efectividad depende de que la revisión diaria sea una responsabilidad compartida y de que enfermería disponga de criterios para promover o ejecutar la retirada sin demoras evitables.
La prevención también depende de cuidados básicos frecuentemente infravalorados. Facilitar movilidad, continencia, hidratación segura, acceso al baño y control del estreñimiento disminuye la necesidad de sondaje y conserva autonomía. Estas medidas requieren recursos organizativos; por ello, evitar catéteres no debe plantearse como una recomendación aislada, sino acompañarse de alternativas reales y dotación suficiente.
La obtención de muestras es otro punto crítico. Un cultivo contaminado o recogido desde la bolsa puede iniciar una cadena de errores diagnósticos. Vincular la solicitud a criterios clínicos y documentar el método de recogida mejora la fiabilidad19,24. Del mismo modo, la revisión antimicrobiana a las 48-72 horas permite ajustar espectro y duración, aspecto especialmente importante en mayores por la función renal variable, la polifarmacia y la mayor susceptibilidad a efectos adversos13,15,23. La aportación enfermera incluye observaciones continuas sobre respuesta y toxicidad, además de educación al paciente y la familia.
La integración de prevención del dispositivo y optimización diagnóstica constituye una conclusión práctica relevante. Reducir catéteres disminuye el riesgo de infección y también la probabilidad de cultivos positivos que pueden interpretarse erróneamente. A su vez, mejorar los criterios de solicitud evita convertir la colonización en un diagnóstico. Los programas de calidad deberían evaluar ambos componentes conjuntamente mediante indicadores clínicos, de proceso y de uso antimicrobiano.
CONCLUSIONES
Esta revisión presenta las limitaciones propias de un diseño narrativo y de la heterogeneidad de las fuentes incluidas. Parte de la evidencia procede de unidades de cuidados intensivos o centros de larga estancia, por lo que su transferencia a plantas convencionales requiere juicio clínico. Además, las definiciones utilizadas para vigilancia epidemiológica no siempre coinciden con los criterios empleados en la asistencia individual.
La atención segura de las infecciones urinarias en pacientes mayores hospitalizados se apoya en tres principios: evitar la exposición innecesaria al catéter, diagnosticar a partir de criterios clínicos y utilizar antimicrobianos de forma prudente. La bacteriuria asintomática no debe tratarse de rutina y los síntomas inespecíficos exigen una evaluación integral. Enfermería desempeña un papel esencial al identificar riesgos, favorecer alternativas al sondaje, mantener los dispositivos, obtener muestras fiables, detectar deterioro, vigilar la respuesta terapéutica, educar y coordinar la continuidad asistencial. La aplicación de protocolos multidisciplinares, formación continuada e indicadores de calidad puede reducir infecciones, complicaciones y tratamientos injustificados sin perder una atención centrada en la persona mayor.
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ANEXOS
Las tablas siguientes sintetizan los principales hallazgos y facilitan su aplicación clínica.
Tabla 1. Factores de riesgo de infección urinaria en pacientes mayores hospitalizados:
| Categoría | Factores principales | Implicación enfermera |
| Cambios asociados a la edad | Atrofia urogenital, hiperplasia prostática, residuo posmiccional, menor respuesta inmunitaria. | Valorar patrón habitual, síntomas nuevos, retención y capacidad de vaciamiento. |
| Comorbilidad | Diabetes, enfermedad renal, deterioro neurológico, inmunosupresión, litiasis. | Individualizar hidratación, vigilancia y ajuste de intervenciones. |
| Fragilidad y dependencia | Inmovilidad, deterioro cognitivo, incontinencia, deshidratación, estreñimiento. | Facilitar baño, movilidad, ingesta y cuidado de la piel. |
| Exposición hospitalaria | Antibióticos previos, estancia prolongada, procedimientos y microorganismos resistentes. | Revisar antecedentes microbiológicos y aplicar precauciones. |
| Dispositivos | Catéter permanente, instrumentación y desconexiones del sistema. | Evitar inserción, mantener sistema cerrado y retirar precozmente. |
Fuente: elaboración propia a partir de las referencias 1, 4, 5 y 6.
Tabla 2. Paquete de cuidados de enfermería para prevenir ITU asociada a catéter:
| Momento | Intervención | Criterio de calidad |
| Antes de insertar | Confirmar indicación y valorar alternativas. | Indicación documentada y ausencia de opción menos invasiva. |
| Inserción | Higiene de manos, técnica aséptica, material estéril y calibre mínimo. | Lista de verificación completa y profesional competente. |
| Mantenimiento | Sistema cerrado, bolsa por debajo de vejiga, flujo sin acodamientos e higiene habitual. | Revisión en cada turno y ausencia de desconexiones evitables. |
| Muestreo | Obtener desde puerto desinfectado; nunca desde la bolsa. | Método, hora y síntomas registrados. |
| Reevaluación | Cuestionar necesidad diariamente y retirar cuando cese indicación. | Días de catéter mínimos y plan tras retirada. |
| Educación | Explicar cuidados, riesgos y signos de alarma. | Comprensión comprobada en paciente o cuidador. |
Fuente: elaboración propia a partir de las referencias 5, 6, 12 y 20.
Tabla 3. Diferencias orientativas entre bacteriuria asintomática e ITU sintomática:
| Elemento | Bacteriuria asintomática | ITU sintomática |
| Síntomas urinarios | Ausentes. | Disuria, urgencia, frecuencia nueva, dolor suprapúbico o lumbar. |
| Signos sistémicos | Ausentes o explicados por otra causa. | Fiebre/hipotermia,escalofríos, hipotensión o deterioro sistémico. |
| Urocultivo | Positivo, pero sin clínica atribuible. | Puede ser positivo y apoya el diagnóstico clínico. |
| Piuria | Puede estar presente. | Puede estar presente; no es diagnóstica por sí sola. |
| Conducta habitual | No tratar ni cribar de rutina. | Valorar gravedad, obtener cultivos indicados y tratar según guías. |
| Delirium aislado | Buscar otras causas y observar. | Considerar ITU solo si coexisten datos urinarios o sistémicos. |
Fuente: elaboración propia a partir de las referencias 1 y 7.