Impacto de la valoración geriátrica integral en personas mayores con necesidades paliativas: revisión sistemática

22 septiembre 2026

 

AUTORES

  1. Clara Benito Anchelergues. Graduada en Enfermería, Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de Zaragoza. España.
  2. Beatriz La Nuez Estévez. Graduada en Enfermería, Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de Zaragoza. España.
  3. Araceli Falcón Hidalgo. Graduada en Enfermería, Facultad de Enfermería, Fisioterapia y Podología en Universidad de Sevilla. España.
  4. Manuel Medina Hormigo. Graduado en Enfermería, Facultad de Enfermería, Fisioterapia y Podología en Universidad de Sevilla. España.
  5. Patricia Escós Andrés. Graduada en Enfermería, Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de Zaragoza. España.
  6. Andrea Blasco Larios. Graduada en Enfermería, Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de Zaragoza. España.

RESUMEN

Introducción: La coexistencia de fragilidad, multimorbilidad, deterioro funcional y polifarmacia hace que la atención paliativa de las personas mayores no pueda organizarse únicamente alrededor del diagnóstico o del pronóstico vital. La valoración geriátrica integral (VGI) ofrece un marco multidimensional para reconocer problemas clínicos, funcionales, cognitivos, emocionales, nutricionales y sociales y convertirlos en un plan coordinado de cuidados.

Objetivo: Analizar la evidencia publicada sobre la utilidad de la VGI en personas mayores con necesidades paliativas y explorar su aportación como herramienta para individualizar decisiones, priorizar objetivos y coordinar intervenciones.

Metodología: Revisión sistemática de la literatura orientada por PRISMA 2020. Se consideraron publicaciones localizadas en PubMed, Scopus y Web of Science mediante términos relacionados con “Geriatric Assessment”, “Palliative Care”, “Quality of Life”, “Frailty” y “Polypharmacy”. Se priorizaron revisiones sistemáticas, metaanálisis, ensayos y estudios clínicos en población mayor.

Resultados: La evidencia general sobre VGI es consistente para algunos resultados geriátricos, especialmente en el ámbito hospitalario, pero su efecto no es uniforme entre escenarios. En cuidados paliativos, la evidencia directa es más limitada. Los estudios disponibles apoyan su utilidad para estructurar necesidades, orientar la revisión terapéutica y facilitar decisiones centradas en la persona; sin embargo, no demuestran de forma consistente reducciones de mortalidad, estancia hospitalaria o mejoras globales de calidad de vida. En cáncer avanzado, los resultados experimentales son heterogéneos.

Conclusiones: La principal aportación de la VGI en el contexto paliativo parece residir menos en producir un efecto clínico aislado que en funcionar como una arquitectura de decisión: identifica vulnerabilidades, ordena prioridades y vincula los hallazgos con intervenciones individualizadas.

PALABRAS CLAVE

Valoración geriátrica, cuidados paliativos, anciano, calidad de vida, fragilidad.

ABSTRACT

Introduction: The coexistence of frailty, multimorbidity, functional decline and polypharmacy means that palliative care for older adults cannot be organised solely around diagnosis or life expectancy. Comprehensive geriatric assessment (CGA) provides a multidimensional framework to identify clinical, functional, cognitive, emotional, nutritional and social problems and translate them into a coordinated care plan.

Objective: To analyse evidence published between 2016 and 2026 on the usefulness of CGA in older adults with palliative care needs and to explore its contribution as a tool for individualising decisions, prioritising goals and coordinating interventions.

Methods: Systematic literature review guided by PRISMA 2020. Publications identified in PubMed, Scopus and Web of Science were considered using terms related to “Geriatric Assessment”, “Palliative Care”, “Aged”, “Quality of Life”, “Frailty” and “Polypharmacy”. Systematic reviews, meta-analyses, trials and clinical studies involving older adults were prioritised. A narrative synthesis was undertaken because of heterogeneity in settings, interventions and outcomes.

Results: General evidence on CGA is consistent for selected geriatric outcomes, particularly in hospital settings, but effects vary across settings. Direct evidence in palliative care is more limited. Available studies support its usefulness for structuring needs, guiding medication review and facilitating person-centred decisions; however, they do not consistently demonstrate reductions in mortality or length of stay, or overall improvements in quality of life. Experimental findings in advanced cancer are heterogeneous.

Conclusions: The main contribution of CGA in palliative care may lie less in producing a single clinical effect than in acting as a decision architecture: identifying vulnerabilities, ordering priorities and linking findings to individualised interventions.

KEY WORDS

Geriatric assessment, palliative care, aged, quality of life, frailty.

INTRODUCCIÓN

La valoración geriátrica integral (VGI) se define como un proceso multidimensional y habitualmente interdisciplinar dirigido a identificar las necesidades médicas, funcionales, psicológicas y sociales de la persona mayor y a traducirlas en un plan coordinado de tratamiento y seguimiento1. Su interés no reside únicamente en acumular escalas o diagnósticos, sino en integrar información que, valorada de forma aislada, puede ofrecer una imagen incompleta de la vulnerabilidad del paciente.

Esta característica adquiere especial relevancia cuando existen necesidades paliativas. En la persona mayor con enfermedad avanzada pueden coexistir multimorbilidad, fragilidad, deterioro cognitivo, dependencia, síntomas persistentes, polifarmacia y sobrecarga del entorno cuidador. La prioridad asistencial puede cambiar con rapidez y no siempre coincide con la prolongación de la supervivencia. Por ello, la atención requiere incorporar funcionalidad, preferencias, carga terapéutica y contexto social junto con la situación clínica2,3.

La evidencia sobre VGI, sin embargo, no debe interpretarse como un bloque homogéneo. La revisión Cochrane de Ellis et al. mostró beneficios de los modelos hospitalarios de VGI sobre la probabilidad de permanecer vivo y en el domicilio y sobre la institucionalización4. Una revisión paraguas posterior confirmó que la solidez de los beneficios varía según el resultado y el escenario, siendo mayor en determinados contextos hospitalarios que en otros ámbitos asistenciales5.

Esta diferencia es esencial al trasladar la VGI a cuidados paliativos. La guía italiana de 2024 sobre VGI, elaborada a partir de una amplia revisión de la evidencia, señaló la escasez de estudios que permitieran establecer recomendaciones específicas de eficacia en redes y servicios paliativos6. Por tanto, resulta metodológicamente más prudente diferenciar entre tres niveles de evidencia: beneficios demostrados de la VGI en geriatría general, resultados obtenidos en oncogeriatría y datos específicamente relacionados con necesidades paliativas.

Desde esta perspectiva, la pregunta relevante no es únicamente si la VGI “funciona”, sino qué función cumple en un paciente mayor con objetivos paliativos. Una hipótesis clínicamente útil es entenderla como una arquitectura de decisión: un proceso que permite detectar vulnerabilidades, establecer prioridades y conectar cada problema identificado con una intervención proporcionada.

OBJETIVOS

Objetivo general: Analizar la evidencia científica sobre la utilidad de la VGI en personas mayores con necesidades paliativas.

Objetivos específicos:

  1. Examinar los resultados de la VGI sobre calidad de vida, funcionalidad y utilización de recursos.
  2. Analizar su aportación a la adecuación terapéutica y a la revisión de la polifarmacia.
  3. Diferenciar la evidencia procedente de geriatría general, oncogeriatría y contextos específicamente paliativos.
  4. Explorar el valor de la VGI como instrumento de priorización clínica y planificación individualizada.
  5. Identificar las principales limitaciones y lagunas de conocimiento.

METODOLOGÍA

Se realizó una revisión sistemática de literatura científica orientada por las recomendaciones de PRISMA 20207. La búsqueda bibliográfica del manuscrito se circunscribió al periodo 2016-2026 y se planteó sobre

las bases de datos de PubMed, Scopus y Web of Science.

La estrategia conceptual combinó términos DeCS/MeSH y sus equivalentes en inglés relacionados con “Geriatric Assessment”, “Palliative Care”, “Frailty”, “Quality of Life” y “Polypharmacy”, utilizando operadores booleanos AND y OR. Se consideraron revisiones sistemáticas, metaanálisis, ensayos y estudios clínicos en población mayor, con especial interés por trabajos que evaluaran VGI, intervenciones derivadas de la valoración o resultados relevantes para la atención paliativa.

Se excluyen publicaciones anteriores a 2016, trabajos centrados exclusivamente en población no geriátrica y estudios cuya intervención no incorporará una valoración multidimensional o no aportará resultados relacionados con los objetivos de la revisión.

El manuscrito de partida documentaba 112 registros inicialmente identificados. Tras el cribado por el título, resumen y evaluación del texto completo, 12 estudios cumplieron estrictamente la totalidad de los criterios elegibles para el análisis cualitativo.

RESULTADOS

La evidencia revisada muestra que la VGI debe interpretarse como un proceso que combina valoración y actuación. Su efectividad depende de que los problemas detectados generen decisiones clínicas, coordinación y seguimiento; una evaluación multidimensional sin intervenciones posteriores no equivale a

un programa completo de VGI1,5.

En cuanto a su aplicación y los resultados geriátricos generales, los datos demuestran que la implementación sistemática de programas basados en VGI reduce significativamente la duración de las estancias hospitalarias y la tasa de reingreso no planificado. Asimismo, la evaluación multidimensional incrementa de forma estadísticamente significativa la probabilidad de que el paciente anciano permanezca atendido en su propio hogar4. La revisión paraguas de Veronese et al., que reunió 31 revisiones sistemáticas, mostró beneficios con diferente grado de certeza según el resultado y el escenario; entre los hallazgos con evidencia más sólida se encontraban reducciones de ingreso en residencia en determinados contextos hospitalarios y beneficios sobre otros desenlaces geriátricos5.

Estos datos respaldan a la VGI como estrategia geriátrica, pero no justifican la atribución automática de los mismos efectos a una población paliativa. La situación basal, los objetivos terapéuticos y el horizonte temporal son distintos y pueden modificar tanto la intervención como los resultados considerados relevantes2,3.

Chen et al. analizaron 28 ensayos clínicos aleatorizados y encontraron una mejoría pequeña de la calidad de vida y una reducción de la carga del cuidador asociadas a intervenciones de VGI, sin una reducción significativa de la duración de la estancia hospitalaria8. Este resultado es especialmente relevante porque desplaza el foco desde indicadores exclusivamente hospitalarios hacia desenlaces centrados en la persona y su entorno. En cuidados paliativos, donde el objetivo clínico puede ser mantener confort, la máxima autonomía posible y la coherencia con las preferencias, la ausencia de reducción de estancia no implica necesariamente ausencia de utilidad. No obstante, tampoco permite asumir que la VGI mejora por sí sola la calidad de vida en todos los escenarios8,9.

Por otro lado, el ensayo PROGNOSIS-RCT estudió a personas de 70 años o más con cáncer avanzado que iniciaban tratamiento oncológico paliativo. La incorporación de intervenciones guiadas por VGI no produjo diferencias estadísticamente significativas en rendimiento físico ni en calidad de vida frente a la atención habitual, aunque se describieron señales exploratorias de posible beneficio en determinados perfiles de fragilidad9. Por tanto, la evidencia oncológica apoya la capacidad de la VGI para detectar necesidades y modificar decisiones, pero no permite presentar una mejora universal de calidad de vida o función física como resultado establecido9,10.

En cuanto a la calidad de la atención paliativa basada en la VGI, un subanálisis del estudio age-FIT evaluó si la VGI ambulatoria modificaba la causa de muerte o la calidad de los cuidados paliativos en personas mayores con elevada utilización sanitaria. La intervención se relacionó con diferencias en la frecuencia de derivación a equipos especializados, pero no demostró una mejora global de la calidad de los cuidados paliativos ni cambios en las causas de muerte11. Este hallazgo aporta un matiz importante: la VGI puede modificar el itinerario asistencial sin que ello se traduzca necesariamente en todos los resultados finales. Su valor puede situarse, por tanto, en la identificación y activación de necesidades, mientras que el beneficio clínico posterior depende de la disponibilidad, intensidad y calidad de las intervenciones derivadas6,11.

La revisión farmacológica constituye un componente especialmente relevante de la VGI en personas mayores con multimorbilidad. Un estudio de 2022 en pacientes geriátricos hospitalizados con polifarmacia incorporó al farmacéutico clínico dentro de la VGI y detectó numerosos problemas de medicación que no habían sido identificados mediante la validación electrónica rutinaria; la mayoría de las recomendaciones fueron consideradas clínicamente relevantes por el geriatra12. Estos resultados no demuestran que la VGI reduzca de forma general la polifarmacia en cuidados paliativos, pero sí respaldan que una revisión estructurada y multidisciplinar puede revelar tratamientos potencialmente inapropiados, problemas de adherencia y necesidades de supervisión. En un contexto paliativo, esta información puede utilizarse para valorar carga terapéutica, tiempo hasta el beneficio, riesgo de efectos adversos y coherencia de cada tratamiento con los objetivos de la persona2,12.

DISCUSIÓN

Los resultados permiten proponer una interpretación de la VGI que evita dos extremos: considerarla una intervención capaz de mejorar cualquier resultado geriátrico o reducirla a una simple batería de escalas. La evidencia sugiere que su utilidad depende del contexto y, sobre todo, de la conexión entre valoración, decisión e intervención1,5.

El metaanálisis de Chen et al. aporta una dimensión relevante al mostrar una pequeña mejoría de calidad

de vida y una reducción de carga del cuidador, pero sin reducción significativa de estancia8. Esto refuerza la conveniencia de utilizar resultados que representen aquello que importa al paciente y a su entorno, y no únicamente indicadores de utilización sanitaria3,8.

La evidencia en cáncer avanzado obliga a mantener una interpretación prudente. El PROGNOSIS-RCT no mostró mejoras significativas en calidad de vida ni rendimiento físico con una estrategia guiada por VGI9.

Del mismo modo, la evidencia agregada más reciente en oncogeriatría describe la heterogeneidad entre intervenciones y resultados10. La VGI puede, por tanto, mejorar la información disponible para decidir sin garantizar por sí misma un beneficio clínico uniforme.

Esta distinción permite introducir un enfoque innovador para la práctica: la VGI como arquitectura de decisión paliativa2,3. Bajo este concepto, su valor se organiza en tres pasos. Primero, amplía la detección de problemas más allá de la enfermedad principal1,2. Segundo, jerarquiza esos problemas según reversibilidad, impacto funcional, sufrimiento, preferencias y carga terapéutica2,3. Tercero, vincula las prioridades con acciones concretas: control sintomático, revisión farmacológica, soporte nutricional, adaptación funcional, planificación anticipada o coordinación con recursos paliativos6,12.

Este modelo también ofrece una aportación específica para enfermería. La valoración continuada sitúa a enfermería en una posición relevante para identificar cambios funcionales, síntomas, dificultades de adherencia, necesidades del cuidador y modificaciones en los objetivos del paciente2,3. Sin embargo, esta aplicación debe entenderse como una consecuencia razonada del carácter multidimensional de la VGI y no como un efecto causal demostrado por todos los estudios incluidos.

La principal limitación de esta revisión es la heterogeneidad de la evidencia y la escasez de ensayos específicamente diseñados para personas mayores con necesidades paliativas. Además, parte de la evidencia procede de geriatría general u oncogeriatría, por lo que la transferibilidad a otros escenarios

paliativos debe realizarse con cautela4,6,10.

CONCLUSIONES

  1. La VGI es un proceso multidimensional útil para identificar y ordenar las necesidades clínicas, funcionales, cognitivas, emocionales y sociales de las personas mayores.
  2. La evidencia más sólida sobre resultados de la VGI procede de geriatría general y de determinados contextos hospitalarios; estos beneficios no deben extrapolarse automáticamente a cuidados paliativos.
  3. En población geriátrica general, las intervenciones basadas en VGI pueden producir pequeñas mejoras en calidad de vida y reducir la carga del cuidador, aunque no muestran un efecto uniforme sobre la estancia hospitalaria.
  4. En cáncer avanzado tratado con intención paliativa, la evidencia experimental disponible no demuestra de forma consistente mejoras en calidad de vida o rendimiento físico mediante intervenciones guiadas por VGI.
  5. La revisión farmacológica integrada en una valoración multidisciplinar puede detectar problemas de medicación clínicamente relevantes, aunque la evidencia específica en población paliativa sigue siendo insuficiente.
  6. La aportación diferencial de la VGI en cuidados paliativos puede conceptualizarse como una arquitectura de decisión: detectar vulnerabilidades, jerarquizar prioridades y vincularlas con intervenciones proporcionadas y coherentes con los objetivos de la persona.
  7. Se necesitan estudios prospectivos específicamente diseñados para población geriátrica paliativa y centrados en resultados relevantes para pacientes y cuidadores.

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