AUTORES
- Patricia Escós Andrés. Graduada en Enfermería, Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de Zaragoza. España.
- Andrea Blasco Larios. Graduada en Enfermería, Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de Zaragoza. España.
- Clara Benito Anchelergues. Graduada en Enfermería, Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de Zaragoza. España.
- Beatriz La Nuez Estévez. Graduada en Enfermería, Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de Zaragoza. España.
- Araceli Falcón Hidalgo. Graduada en Enfermería, Facultad de Enfermería, Fisioterapia y Podología en Universidad de Sevilla. España.
- Manuel Medina Hormigo. Graduado en Enfermería, Facultad de Enfermería, Fisioterapia y Podología en Universidad de Sevilla. España.
RESUMEN
Introducción: La fragilidad modifica la capacidad de respuesta de las personas mayores ante situaciones de estrés y suele coexistir con necesidades clínicas, funcionales y psicosociales complejas. En la atención paliativa, estas necesidades afectan también al cuidador informal, cuya carga física y emocional puede condicionar la continuidad de los cuidados.
Objetivo: Analizar la evidencia reciente sobre la relación entre fragilidad, necesidades psicosociales y carga del cuidador en personas mayores con necesidades paliativas, así como las implicaciones para una atención multidimensional.
Metodología: Revisión bibliográfica estructurada de literatura científica publicada entre 2016 y 2026. Se priorizaron revisiones sistemáticas, metaanálisis, estudios observacionales y trabajos sobre valoración geriátrica, fragilidad, cuidados paliativos y carga del cuidador. Las afirmaciones cuantitativas se limitaron a resultados verificables en las publicaciones seleccionadas.
Resultados: La evidencia muestra que las personas mayores frágiles presentan necesidades paliativas heterogéneas que incluyen síntomas físicos, limitaciones funcionales, preocupaciones emocionales y necesidades sociales. La fragilidad del receptor de cuidados se asocia con mayor dificultad física del cuidador. La valoración geriátrica integral puede reducir la carga del cuidador en determinados contextos, mientras que las intervenciones dirigidas conjuntamente al paciente y al cuidador presentan resultados prometedores, aunque no uniformes.
Conclusiones: La atención paliativa de la persona mayor frágil debe incorporar de forma explícita la situación funcional y psicosocial del paciente y la capacidad del cuidador para sostener los cuidados. La evaluación del cuidador es clínicamente relevante, pero no debe interpretarse como un predictor aislado de hospitalización o institucionalización.
PALABRAS CLAVE
Fragilidad, cuidados paliativos, cuidadores, carga del cuidador, evaluación geriátrica.
ABSTRACT
Introduction: Frailty reduces older adults’ ability to respond to stressors and frequently coexists with complex clinical, functional and psychosocial needs. In palliative care, these needs also affect informal caregivers, whose physical and emotional burden may influence the sustainability of care.
Objective: To analyse recent evidence on the relationship between frailty, psychosocial needs and caregiver burden in older adults with palliative care needs, and its implications for multidimensional care.
Methodology: A structured literature review of scientific publications from 2016 to 2026 was conducted. Systematic reviews, meta-analyses, observational studies and papers addressing geriatric assessment, frailty, palliative care and caregiver burden were prioritised. Quantitative statements were restricted to results that could be verified in the selected publications.
Results: Evidence indicates that frail older adults have heterogeneous palliative care needs involving physical symptoms, functional limitations, emotional concerns and social needs. Frailty in care recipients is associated with greater physical difficulty among caregivers. comprehensive geriatric assessment may reduce caregiver burden in some settings, while interventions addressing patients and caregivers together show promising but inconsistent results.
Conclusions: Palliative care for frail older adults should explicitly consider patients’ functional and psychosocial circumstances and caregivers’ capacity to sustain care. Caregiver assessment is clinically relevant but should not be regarded as an isolated predictor of hospitalisation or institutionalisation.
KEY WORDS
Frailty, palliative care, caregivers, caregiver burden, geriatric assessment.
INTRODUCCIÓN
La fragilidad constituye un estado de vulnerabilidad asociado a una disminución de la reserva fisiológica y a una menor capacidad para responder a acontecimientos adversos. En las personas mayores, su presencia puede acompañarse de multimorbilidad, deterioro funcional y necesidades complejas que requieren una aproximación individualizada. La atención paliativa en este grupo no depende únicamente del pronóstico, sino de la identificación de síntomas, necesidades, preferencias y problemas funcionales y psicosociales1.
La valoración geriátrica integral (VGI) ofrece un marco multidimensional e interdisciplinar para integrar información clínica, funcional, psicológica y social, y transformarla en un plan individualizado de atención2. En el ámbito paliativo, la literatura reciente propone una colaboración más estrecha entre geriatría y cuidados paliativos, especialmente ante trayectorias prolongadas e inciertas de enfermedad crónica avanzada3.
El entorno familiar adquiere especial relevancia cuando los cuidados se desarrollan en el domicilio. Una revisión cualitativa de la experiencia de personas mayores y cuidadores en atención paliativa domiciliaria describe la experiencia de cuidar como un proceso complejo y subraya la utilidad de considerar al paciente y al cuidador como una unidad interrelacionada de atención4. La carga del cuidador no depende de un único factor, sino de la dependencia, las demandas asistenciales, el estado de salud del propio cuidador, los recursos disponibles y el apoyo social.
Además, datos recientes muestran una asociación específica entre la fragilidad del receptor y determinadas dimensiones de carga. En una muestra representativa de cuidadores comunitarios, atender a una persona mayor frágil se asoció con más del doble de probabilidades de que el cuidador refiriera dificultad física5. Este resultado no implica que la fragilidad determine por sí sola hospitalizaciones o institucionalización, pero sí refuerza la necesidad de valorar la capacidad real del entorno cuidador.
OBJETIVOS
Objetivo general: Analizar la relación entre fragilidad, vulnerabilidad psicosocial y carga del cuidador en la atención paliativa de las personas mayores.
Objetivos específicos:
- Describir las principales necesidades psicosociales identificadas en personas mayores frágiles.
- Valorar la evidencia sobrecarga del cuidador y VGI.
- Examinar estrategias asistenciales que integren al paciente y al cuidador en la planificación paliativa.
METODOLOGÍA
Se realizó una revisión bibliográfica estructurada de publicaciones científicas comprendidas entre 2016 y 2026, orientada a analizar la relación entre fragilidad, vulnerabilidad psicosocial y carga del cuidador en personas mayores con necesidades paliativas.
La búsqueda se realizó en PubMed, Scopus y Web of Science, utilizando combinaciones de términos DeCS/MeSH “Frailty”, “Frail Elderly “Palliative Care”, “Caregiver Burden” y “Geriatric Assessment” y los operadores booleanos AND y OR.
Se incluyeron revisiones sistemáticas y metaanálisis, estudios observacionales y publicaciones centradas en personas mayores con fragilidad, necesidades paliativas o enfermedades crónicas avanzadas, así como trabajos que evaluaran carga del cuidador o intervenciones dirigidas a la díada paciente-cuidador.
Se excluyeron editoriales, cartas al editor, opiniones de expertos y estudios que no evaluaran variables psicosociales o cuyo texto completo no estuviera disponible en español o inglés.
La selección de la literatura se realizó mediante una revisión del título y resumen, seguida de la valoración del texto completo de los trabajos potencialmente pertinentes. La información relevante se organizó atendiendo a la población, diseño del estudio, contexto asistencial, variables analizadas y principales resultados.
Debido a la heterogeneidad de los diseños, poblaciones y variables estudiadas, los resultados se sintetizaron mediante un análisis narrativo, sin realizar metaanálisis propio.
RESULTADOS
Las personas mayores con fragilidad pueden presentar simultáneamente síntomas físicos, deterioro funcional, necesidades psicológicas, preocupaciones sociales y preferencias asistenciales que no quedan reflejadas adecuadamente mediante una valoración exclusivamente pronóstica. Una revisión sistemática de intervenciones paliativas hospitalarias en adultos frágiles encontró que la identificación de necesidades se basan con frecuencia en herramientas pronósticas, mientras que las intervenciones especializadas tendían a abordar un espectro más amplio de necesidades1.
En un estudio transversal de personas mayores frágiles o vulnerables confinadas en domicilio se identificaron necesidades sintomáticas específicas. Los cuidadores eran principalmente cónyuges e hijas y la carga global, medida mediante Mini-Zarit, fue baja en aquella muestra, lo que ilustra que la presencia de fragilidad no equivale automáticamente a sobrecarga intensa en todos los cuidadores 6.
La carga del cuidador es un constructo multidimensional. Una revisión sistemática reciente sobre cuidadores de personas mayores con enfermedades crónicas identifica factores relacionados tanto con las características del receptor como con las del cuidador y su contexto7. La asociación entre fragilidad y carga ha sido cuantificada recientemente, el resultado de cuidar a una persona mayor frágil se relacionó con mayores probabilidades de dificultad física para el cuidador, incluso tras el ajuste por otras variables5.
El metaanálisis de Chen y colaboradores que incluyó 28 ensayos aleatorizados demostró que las intervenciones basadas en VGI se asociaron con una reducción de la carga del cuidador frente a la atención habitual, además de presentar una pequeña mejoría global de la calidad de vida de las personas mayores. Aunque, no se observó ningún efecto significativo sobre la duración de la estancia hospitalaria8. Estos datos apoyan la integración del entorno cuidador dentro de una valoración multidimensional, sin atribuir a una escala concreta un efecto terapéutico que por sí misma no posee.
Las intervenciones consideran conjuntamente las necesidades de la persona atendida y del cuidador. Una revisión sistemática publicada en 2025 incluyó ocho estudios y observó resultados favorables en diferentes variables de pacientes y cuidadores, incluida la carga del cuidador, aunque no todos los estudios mostraron efectos uniformemente positivos9.
Por ello, estas estrategias pueden considerarse prometedoras, pero su eficacia depende del tipo de intervención, población y contexto. De forma complementaria, una revisión y metasíntesis de 25 estudios sobre atención paliativa domiciliaria en personas mayores identificó temas relacionados con pérdida de movilidad, experiencia ambivalente del cuidado, fragmentación del sistema sanitario y necesidades esenciales de las familias. Los autores destacan el valor de un enfoque diádico para comprender la atención domiciliaria4.
Herramientas como Zarit pueden contribuir a cuantificar la carga percibida del cuidador, mientras que los instrumentos de valoración geriátrica y psicosocial permiten explorar dominios complementarios. Sin embargo, administrar una escala no constituye por sí mismo una intervención capaz de reducir crisis asistenciales, reingresos o institucionalización. La utilidad clínica surge cuando el resultado de la valoración conduce a un plan de apoyo, seguimiento, intervención social o adaptación de los cuidados.
DISCUSIÓN
Los hallazgos muestran que la fragilidad y la vulnerabilidad psicosocial deben abordarse como dimensiones relacionadas, pero no intercambiables. La fragilidad puede aumentar las demandas de cuidado, mientras que la carga experimentada depende también de los recursos personales, familiares y sociales disponibles5,7.
La VGI ofrece una estructura adecuada para evitar una atención fragmentada. La evidencia disponible sugiere que puede producir beneficios sobre calidad de vida y carga del cuidador, aunque estos efectos no se reproducen necesariamente en todos los resultados asistenciales8.
Considerar al cuidador como parte de la unidad asistencial resulta especialmente pertinente en la atención domiciliaria. Las experiencias sintetizadas en la literatura muestran que las necesidades de paciente y cuidador están estrechamente conectadas y que la fragmentación de los servicios puede aumentar las dificultades de ambos4. Las intervenciones diádicas ofrecen una vía de actuación coherente con esta perspectiva, aunque la evidencia todavía no permite recomendar un programa único para todos los pacientes9.
La versión inicial del manuscrito atribuía a determinadas escalas efectos directos sobre reingresos, institucionalización y adherencia terapéutica. Esa interpretación se ha eliminado: Zarit, OARS, Yesavage u otras herramientas pueden ser útiles para detectar problemas en dominios concretos, pero la mejora de resultados depende de las intervenciones que se desencadenan a partir de la valoración.
Entre las limitaciones de esta revisión destacan la heterogeneidad de las poblaciones incluidas, la coexistencia de estudios de fragilidad general y de cuidados paliativos, y la limitada evidencia específica en pacientes geriátricos no oncológicos en situación paliativa.
CONCLUSIONES
- La fragilidad en la persona mayor se acompaña con frecuencia de necesidades clínicas, funcionales y psicosociales que justifican una valoración multidimensional en el contexto paliativo.
- La situación del cuidador informal debe evaluarse de forma explícita, ya que la evidencia muestra una asociación entre fragilidad del receptor y determinadas dimensiones de carga del cuidador, pero no permite considerar la sobrecarga como causa única o predictor directo de reingreso e institucionalización.
- La VGI puede contribuir a reducir la carga del cuidador en determinados contextos y proporciona un marco para integrar necesidades clínicas, funcionales, psicológicas y sociales.
- Las intervenciones dirigidas conjuntamente al paciente y cuidador constituyen una estrategia prometedora para la atención paliativa, aunque los resultados disponibles son heterogéneos.
- Las escalas de valoración deben emplearse como herramientas para detectar necesidades y orientar intervenciones individualizadas, evitando atribuirles por sí solas efectos terapéuticos o preventivos.
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