Atención psicológica en un caso de pérdida gestacional

9 septiembre 2024

AUTORES

  1. Gemma Cordero Giménez. Facultativa Especialista en Psicología Clínica. Centro de Rehabilitación Psicosocial Nª Sra. del Pilar, Zaragoza.

 

RESUMEN

Hablar de la pérdida gestacional también implica hablar de expectativas truncadas, emociones no esperadas y futuros no vividos entre otros muchos aspectos psicológicos de alto impacto en las vidas de los padres que lo sufren. Cuando se tiene que atravesar este duro trance, es importante poder realizarlo con unos profesionales sensibles al dolor de estas familias de cara a minimizar futuros duelos complicados u otras afectaciones psicológicas posteriores. Entendemos el duelo como un proceso en el que idealmente la persona tendrá que ir elaborando, integrando y aceptando la pérdida de su ser querido, aunque no siempre los resultados son los deseables dadas las variables personales previas del doliente, así como otros factores externos que pueden influir significativamente en el proceso de recuperación.

En este trabajo expondremos el caso clínico de una mujer que vivió una pérdida gestacional a los cinco meses de embarazo con todo lo que ello conllevó y el proceso terapéutico realizado que le facilitó una mejor toma de contacto con sus emociones y con el propio proceso de duelo.

PALABRAS CLAVE

Pérdida gestacional, duelo, embarazo, integrar, emociones, profesionales sensibles, recuperación.

ABSTRACT

Talking about pregnancy loss also implies talking about truncated expectations, unexpected emotions and unlived futures, among many other psychological aspects with a high impact on the lives of parents who suffer from it. When you have to go through this difficult ordeal, it is important to be able to do it with professionals who are sensitive to the pain of these families in order to minimize future complicated grief or other subsequent psychological effects. We understand grief as a process in which ideally the person will have to elaborate, integrate and accept the loss of their loved one, although the results are not always desirable given the previous personal variables of the mourner, as well as other external factors that may significantly influence the recovery process.

In this work we will present the clinical case of a woman who experienced a gestational loss at five months of pregnancy with everything that this entailed and the therapeutic process carried out that facilitated better contact with her emotions and with the grieving process itself.

KEY WORDS

Gestational loss, grief, pregnancy, integration, emotions, sensitive professionals, recovery.

INTRODUCCIÓN

El duelo gestacional es el que sucede cuando la mujer pierde ese embarazo, pudiéndose dar en cualquier momento del mismo o en el momento del parto. Este evento no normativo sigue siendo tabú en nuestra sociedad a pesar de que las estadísticas nos hablan que entre 10% y el 15% de los embarazos que son confirmados terminan lamentablemente en una pérdida gestacional; siendo además que sobre el 80% de las pérdidas suceden durante el primer trimestre de la gestación. A pesar de estas cifras y, suponiendo que es por la relación con la muerte, la pérdida gestacional sigue siendo un tema tabú en nuestra sociedad lo cual puede conducir a que las personas que lo viven no puedan encontrar un entorno contenedor para su dolor y a que ese propio entorno no sepa o no pueda sostener las emociones que rodean el mundo de la muerte1-6.

En un primer momento, los padres pueden quedar en un estado de shock en el que sus emociones quedan estancadas, disociadas, debido a lo traumático de la situación; posteriormente, y siguiendo a la Dr. Kübler-Ross, podríamos hablar de fases del duelo en las que encontraríamos: la negación, la ira, la negociación, la depresión y la aceptación. Estas fases no serían lineales ni todas las personas en duelo tienen que pasar por ellas, aunque suele apreciarse una transición a través de las mismas en los dolientes. Sería un error minimizar el dolor de una madre que ha sufrido una pérdida gestacional a los pocos meses de embarazo frente a otra que ha perdido a su bebé al dar a luz puesto que en ambas situaciones existen unas expectativas, unas ilusiones futuras que ya no se vivirán y que quedan dilapidadas de manera fulminante por la trágica noticia1-6.

En muchas ocasiones vemos como los duelos por pérdidas gestacionales son descalificados por parte de los entornos próximos y suelen estar alimentados además por expresiones que intentar rebajar el malestar, aunque conllevan todo lo contrario en la psique del que las recibe, como: “sois jóvenes, podéis tener más hijos…”, “bueno….estabas de poquito…..”, “pronto pasará…”, etc. Para el doliente, sentir una inmensa tristeza y no ser validada por el entorno puede generar un empeoramiento de su clínica afectiva, un estancamiento de los sentimientos y emociones derivados del duelo (como la tristeza, la culpa, la desesperanza, etc.) o problemas relacionales con la pareja, pudiendo derivar, además, en un posible duelo complicado1-6.

Las mujeres que ven interrumpido su embarazo de forma inesperada, así como también sus parejas, es importante que puedan solicitar ayuda a nivel profesional para poder canalizar todo el torrente de emociones que se puede desatar tras la pérdida; esta ayuda puede tomar varias formas las cuales pueden ser complementarias y entre ellas podemos encontrar un proceso psicoterapéutico individual o en pareja, un grupo de apoyo entre iguales, mantener el contacto con familiares y/o amigos que comprendan y apoyen en estos momentos, etc. También puede ser interesante que la familia pueda realizar algún ritual que permita recordar al bebé no nacido mediante una caja de recuerdos con objetos relacionados con el bebé lo que también facilitará el dar paso a las emociones que emerjan en ese momento1-6.

PRESENTACIÓN DEL CASO CLÍNICO

El caso que aquí se presenta es el de una mujer a la que llamaremos Natalia, de 32 años, casada y con una hija de 5 años. Es una mujer con estudios superiores. Tras un par de años intentando quedarse embarazada, finalmente consigue su objetivo de forma natural. Aunque el embarazo transcurría aparentemente sin complicaciones, casi llegando al 5º mes de gestación Natalia tiene que ser ingresada por unos problemas fetales descubiertos al realizar una ecografía. Después de unos días de ingreso, el personal médico les confirma sus peores sospechas anunciándoles que los problemas observados en la bebé durante la ecografía eran con una alta probabilidad incompatibles con la vida y que tenían que decidir si seguían adelante con el embarazo (con el elevado riesgo que eso conllevaba) o programar un aborto.

Unos pocos días después, y todavía con el shock emocional tras haber recibido una noticia de tal magnitud, los padres acordaron programar un aborto (lo que en lenguaje del aborto sería un aborto tardío debido a que ya estaba entre el 4º y el 5º mes de gestación) y empezar un duelo por la vida de una hija que no podría ser vivida.

Inició sesiones de Psicoterapia tres semanas después del trágico desenlace. En la primera visita se observa que es una mujer con una buena capacidad de insight. Al realizar la línea de vida, comenta que sus padres se divorciaron siendo ella preadolescente y que su padre falleció pocos años después; su madre rehízo la vida con otra pareja el cual también falleció cuando ella tenía poco más de 20 años. Explica que, en ambas situaciones, no se sintió arropada y validada como para poder realizar el duelo de ambas muertes de manera saludable por lo que, ahora que vuelve a vivir una situación de pérdida, se le activan los sentimientos pasados. Nos encontramos también con la dificultad que, dado que Natalia no había llegado aún a los 5 meses de gestación, el bebé fallecido no pudo ser inscrito en el libro de familia lo cual, a nivel institucional podría propiciar junto a otros factores externos la posibilidad de vivir un duelo desautorizado o no reconocido.

En Natalia aparecen emociones como la culpabilidad relacionada pensamientos distorsionados como no haberse dado cuenta antes de posibles fallos en el embarazo, pensar que realizó alguna conducta que perjudicó a la bebé, etc.

En un primer momento se recoge y valida el malestar y se trabaja para crear un vínculo con Natalia y así permitir que pueda ir abriéndose emocionalmente en un entorno seguro. Tal y como planteó Worden con las tareas de resolución del duelo, se inicia el trabajo psicológico con la aceptación de la realidad de la pérdida para que la persona pueda empezar a vivir sin la persona fallecida. Trabajamos ese futuro no vivido con su hija y las expectativas que había puesto en el embarazo y en la bebé. En una segunda fase, elaboramos las emociones y el dolor de la pérdida, abrazando el dolor y realizando un trabajo psicocorporal de las emociones con un procesamiento de las mismas “down-up”. Se observa, siguiendo el planteamiento de Worden de las tareas del duelo, como pasados varios meses, Natalia es capaz de adaptarse a un medio en el que el fallecido está ausente siendo ella misma la que plantea crear una cajita con algunas de las pertenencias de su hija para generar sus propios recuerdos. Finalmente, se explora la cuarta de las tareas durante la que se recoloca emocionalmente al fallecido, siguiendo las tareas de Worden para poder seguir viviendo.

También se aborda la posición que guardan cada uno de sus hijos de cara a evitar que la hija viva pueda sustituir simbólicamente a la hija no nacida. Tras varios meses desde el inicio de las sesiones con Psicología, Natalia fue capaz de ir elaborando de forma satisfactoria el duelo y consiguió, junto a su marido e hija, enterrar las cenizas de su hija creando un ritual para ese momento en el que los tres fueron partícipes pudiendo despedirse de su hija y hermana respectivamente.

El aniversario del año tras lo sucedido, Natalia expresó haberlo vivido con mayor serenidad siendo capaz de contactar con sus emociones y con la expresión corporal de las mismas permitiéndose sentirlas y dándoles un espacio destinado fundamentalmente a escucharse y a seguir sanando emocionalmente.

 

CONCLUSIONES

Cuando tenemos que abordar casos como los relacionados con el duelo perinatal, los profesionales nos encontramos que el entorno puede ser un hándicap a la hora de facilitar la expresión emocional; por este motivo, creemos que es fundamental que no seamos nosotros los que también obturemos ese proceso de sanación emocional en estas circunstancias y permitamos que las personas con las que trabajamos se sientan libres y seguras para expresar las emociones evitando así que los duelos puedan ser desautorizados.

Es importante tener en cuenta que en relación a las tareas que cada doliente tiene que afrontar, no podemos dar nada por sentado ni fijar nuestros objetivos de forma estanca sino que tenemos que ser permeables permitiendo tanto la expresión emocional del otro como la flexibilidad en el propio proceso de duelo que tiene que atravesar la persona con la que trabajamos, ya que como han planteado muchos autores de este ámbito, no hay nada exacto en la elaboración de un duelo por lo que habrá que individualizar la atención que se le ofrece a cada persona en concreto.

 

BIBLIOGRAFÍA

  1. Claramunt M.A., Jové R., Santos, E. La cuna vacía. El doloroso proceso de perder un embarazo. 5ª ed. Madrid: La esfera de los libros; 2018.
  2. Neimeyer R.A. Aprender de la pérdida. Una guía para afrontar el duelo. 2ª ed. Barcelona: Espasa Libros; 2015
  3. Payàs A. El mensaje de las lágrimas. Cómo vivir la pérdida de un ser querido. 5ª ed. Barcelona: Paidós Divulgación; 2017
  4. Payàs A. Las tareas del duelo. Psicoterapia de duelo desde un modelo integrativo-relacional. 5ª ed. Barcelona: Paidós; 2015
  5. Worden J.W. El tratamiento del duelo. Asesoramiento psicológico y terapia. 2ª ed. Barcelona: Paidós; 2015
  6. Zurita J., Chías M. El duelo terapéutico. La curación a través del duelo. Madrid: Editorial Niño Libre; 2014.

 

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