AUTORES
- Rosa Iliarte Llop. Especialista en Enfermería Pediátrica. Graduada en Enfermería. Universidad de Zaragoza. Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza (España).
- Nazaret Vico Moya. Graduada en Enfermería. Universidad de Salamanca. Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza (España).
- Yaiza Pilar Gracia García. Graduada en Enfermería. Universidad de Zaragoza. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza (España).
- Nuria Pilar Lázaro Compaired. Graduada en Enfermería. Universidad de Zaragoza. Atención Continuada C.S. Broto, Huesca (España).
RESUMEN
La ictericia neonatal es una manifestación clínica muy frecuente en los recién nacidos, causada por hiperbilirrubinemia, generalmente secundaria a la inmadurez hepática y el aumento de producción de bilirrubina. Suele ser fisiológica, pero puede volverse patológica si aparece precozmente, se asocia a otros síntomas o alcanza niveles elevados, pudiendo provocar complicaciones graves como encefalopatía bilirrubínica o kernícterus. La fototerapia es el tratamiento de elección para la hiperbilirrubinemia no conjugada, ya que transforma la bilirrubina indirecta en compuestos hidrosolubles que se eliminan por vía fecal y urinaria. Su eficacia depende del tipo de luz, la intensidad, la distancia y la correcta aplicación técnica.
El abordaje integral requiere determinar previamente la causa de la hiperbilirrubinemia, monitorizar constantes vitales y mantener un control térmico y de hidratación adecuados. Los cuidados de enfermería incluyen la protección ocular, la higiene, la alternancia postural, el fomento de la lactancia materna y el acompañamiento emocional a la familia. Además, es esencial vigilar posibles efectos adversos y registrar detalladamente la evolución clínica. En conjunto, una actuación individualizada y planificada permite reducir complicaciones y mejorar la calidad del cuidado del recién nacido con ictericia.
PALABRAS CLAVE
Ictericia neonatal, hiperbilirrubinemia, fototerapia, cuidados de enfermería.
ABSTRACT
Neonatal jaundice is a very common clinical finding in newborns, caused by hyperbilirubinemia, generally secondary to hepatic immaturity and increased bilirubin production. It is usually physiological, but it can become pathological if it appears early, is associated with other symptoms, or reaches high levels, potentially leading to severe complications such as bilirubin encephalopathy or kernicterus. Phototherapy is the treatment of choice for unconjugated hyperbilirubinemia, as it transforms indirect bilirubin into water-soluble compounds that are eliminated through feces and urine. Its effectiveness depends on the type of light, intensity, distance, and correct technical application.
A comprehensive approach requires first determining the underlying cause of hyperbilirubinemia, monitoring vital signs, and maintaining adequate thermal and hydration control. Nursing care includes eye protection, hygiene, regular position changes, encouraging breastfeeding, and providing emotional support to the family. Additionally, it is essential to monitor for possible adverse effects and keep a detailed record of the clinical evolution. Altogether, individualized and well-planned care helps reduce complications and improves the quality of care for newborns with jaundice.
KEY WORDS
Neonatal jaundice, hyperbilirubinemia, phototherapy; nursing care.
DESARROLLO DEL TEMA
La ictericia neonatal (IN) es un signo clínico caracterizado por la coloración amarillenta de la piel, mucosas y fluidos corporales, provocada por una hiperbilirrubinemia, generalmente, como consecuencia de la inmadurez hepática y mayor producción de bilirrubina en los recién nacidos. Clínicamente, se hace visible cuando la bilirrubina sérica supera los 5 mg/dL. Este aumento puede deberse tanto a la fracción indirecta (no conjugada) como a la fracción directa (conjugada) de la bilirrubina. La ictericia describe la acumulación de bilirrubina en los tejidos, mientras que la hiperbilirrubinemia es la elevación de bilirrubina en sangre por encima de los valores normales. Suele detectarse primero en la cara y avanzar de forma cefalocaudal hacia el tronco y extremidades, lo que ayuda a estimar su intensidad1,2.
La ictericia fisiológica es muy frecuente: aparece en aproximadamente el 25-50% de los recién nacidos a término y hasta en el 80% de los prematuros2. Se manifiesta entre el segundo y séptimo día de vida, es leve (niveles de bilirrubina <12,9 mg/dL en lactancia artificial o <15 mg/dL en lactancia materna) y con predominio de bilirrubina indirecta1,2.
Se considera ictericia patológica (afecta a cerca del 6% de los RN) cuando aparece en las primeras 24 horas de vida, se acompaña de otros síntomas, los niveles de bilirrubina aumentan más de 5 mg/dL por día, superan los valores propios de la ictericia fisiológica, la fracción directa es mayor de 2 mg/dL o si persiste más de una semana en RN a término (excepto en lactancia materna, donde puede durar hasta tres semanas o más) o más de dos semanas en prematuros1,2.
Cuando las cifras alcanzan niveles elevados, esta bilirrubina no conjugada es capaz de atravesar la barrera hematoencefálica, depositándose en estructuras cerebrales, lo que puede derivar en encefalopatía bilirrubínica aguda y, si no se actúa, en kernícterus, que deja secuelas neurológicas irreversibles3.
A nivel mundial, la hiperbilirrubinemia neonatal es una condición común y la causa más frecuente de hospitalización durante las dos primeras semanas de vida. También es la principal razón de reingreso durante el periodo neonatal, que comprende los primeros 27-28 días después del nacimiento. Junto con las dificultades respiratorias, se encuentra entre las diez principales causas de morbilidad en las unidades de cuidados intensivos neonatales4.
Dada su alta frecuencia en la primera semana de vida y su potencial para causar daño cerebral, la ictericia neonatal sigue siendo un problema importante de salud pública. Por ello, es fundamental evaluarla desde el nacimiento y asegurarse de que no se dé el alta hospitalaria antes de las 72 horas sin una adecuada valoración, con el fin de evitar posibles complicaciones futuras4.
El abordaje de la ictericia neonatal debe individualizarse según la causa fisiopatológica subyacente, la magnitud de la hiperbilirrubinemia, la edad gestacional del recién nacido, el sexo y el número de horas de vida al inicio del cuadro clínico5.
Actualmente, el tratamiento de elección para la hiperbilirrubinemia no conjugada en recién nacidos es la fototerapia, que transforma la bilirrubina indirecta en formas más solubles, permitiendo su eliminación por vía fecal y urinaria sin necesidad de conjugación hepática previa Este procedimiento ha demostrado reducir significativamente la necesidad de recurrir a exanguinotransfusión3,4,5.
El mecanismo de acción de la fototerapia se basa en exponer la piel del neonato a luz específica, que degrada la bilirrubina presente en los capilares superficiales y el espacio intersticial. Así, se forman isómeros hidrosolubles que pueden eliminarse directamente, minimizando su toxicidad3,4,5.
Antes de iniciar el tratamiento, es esencial determinar la etiología de la hiperbilirrubinemia neonatal. Esto implica revisar la historia clínica y antecedentes maternos y neonatales, así como la exposición a ciertos fármacos (por ejemplo, salicilatos o sulfamidas) o la administración de nutrición parenteral con lípidos. También se valoran datos analíticos relevantes como el tipo de sangre, el resultado del test de Coombs, el hematocrito y la concentración de hemoglobina3,5.
En cuanto al tipo de luz, la radiación más eficaz se obtiene con lámparas fluorescentes azules especiales o sistemas de luz LED que emiten en el rango de 460–490 nm, lo que se considera fototerapia intensiva. La fototerapia convencional aplica luz con un espectro de 400–520 nm y un pico máximo en torno a 450 ± 20 nm, con una intensidad mínima de 8 μW/cm²/nm. En cambio, la fototerapia intensiva emplea una mayor potencia lumínica (≥30 μW/cm²/nm) dentro del mismo rango espectral3,5.
Si la fototerapia convencional no logra disminuir de forma adecuada los niveles de bilirrubina, se opta por técnicas más agresivas como la fototerapia intensiva o múltiple. Esto puede realizarse utilizando lámparas que generan una irradiación superior o añadiendo unidades adicionales: por ejemplo, combinando dos lámparas para realizar fototerapia doble o tres para la triple. En el caso de la fototerapia simple, se utiliza una única unidad de lámpara3,5.
Cuidados de enfermería para fototerapia neonatal:
Antes de comenzar con la fototerapia al paciente:
- Verificación de la identidad del neonato mediante confirmación directa con los padres.
- Información exhaustiva y apoyo emocional a la familia, resolviendo dudas sobre el procedimiento terapéutico.
- Aplicación de medidas de asepsia estrictas antes de cualquier manipulación: higiene de manos o uso de soluciones hidroalcohólicas3,5,6.
- Preparación del paciente: desnudarlo dejando solo el pañal, del menor tamaño posible (retirarlo si se indica fototerapia intensiva por niveles de bilirrubina sérica total muy altos), cubrir heridas y retirar restos de cremas o sustancias oleosas que puedan disminuir la eficacia lumínica3,5,6,7,8.
Preparación y colocación del equipo de fototerapia:
- Comprobación del número de horas de funcionamiento de los tubos fluorescentes (≤1000 h) o de la manta de fibra óptica (≤800 h).
- Verificar que la unidad está correctamente fijada al soporte, conectada a la red y con todos los interruptores funcionales.
- Limpieza del equipo antes y después de su uso con toallitas desechables sin alcohol, evitando la entrada de líquidos. Ajustar inclinación, altura y posición del banco de luz para optimizar la irradiación, ya sea en cuna o incubadora3,5,7,9,10.
- Situar la lámpara perpendicular al neonato, centrada sobre el tronco; distancia recomendada: 20–30 cm (máx. 30 cm)3,5,7.
- Con el fin de evitar la pérdida de calor y aumentar la eficacia de la luz se rodea la unidad de fototerapia y la incubadora/cuna con 2 cobertores blancos. Evitar tapar las rejillas de ventilación3,5,11.
Cuidado de los ojos:
- Colocación cuidadosa de gafas opacas, asegurando que los párpados estén cerrados y sin ejercer presión excesiva sobre la cara.
- Revisión frecuente para evitar desplazamiento, presión excesiva o que tapen las fosas nasales (riesgo de apnea obstructiva).
- Retirada de las gafas cada 3 horas (en fototerapia simple) coincidiendo con la alimentación, para facilitar el parpadeo y limpiar los ojos con suero fisiológico.
- En fototerapia intensiva, puede ampliarse el intervalo de revisión a cada 6 horas según estado clínico3,5,8.
Monitorización de constantes vitales y control térmico:
- Instalación de pulsioxímetro para monitorizar saturación de oxígeno de forma continua3,5,7.
- Registro de temperatura basal previa y cada 3 horas durante el tratamiento; valorar ajuste de la distancia lámpara-paciente si se detecta hipertermia (>37 º C superficie cutánea) o hipotermia (<36 º C).
- Rango térmico neutro recomendado: 36,5 º C axilar, 37,5 º C rectal, 36–36,5 º C cutánea.
- Control de humedad relativa en incubadora para minimizar pérdidas hídricas.
- Ajuste de temperatura de la incubadora (bajar 1–1,5 º C si es necesario) y control de la humedad para evitar sobrecalentamiento y pérdidas insensibles de agua3,5,9.
Vigilancia de hidratación e integridad cutánea:
- Pesaje diario del neonato; monitorización del balance hídrico (diuresis, número y características de pañales, consistencia de heces).
- Valoración de turgencia, mucosas, coloración y signos clínicos de deshidratación3,5,7.
- Evitar aplicar cremas o lociones durante el tratamiento; valorar crema barrera solo en casos de irritación perianal moderada8.
- Cambios de pañal y cuidados oculares con la lámpara apagada, para reducir la exposición innecesaria.
- Alternancia sistemática entre decúbito supino y prono cada 3 horas, coincidiendo con la alimentación, para exponer diferentes áreas cutáneas y reducir el riesgo de ulceras.
- Vigilar la correcta colocación en la cuna o incubadora para evitar pliegues o presión prolongada3,5.
Nutrición y soporte de lactancia:
- Fomento activo de lactancia materna: garantizar entre 8–12 tomas diarias; si es necesario, despertar suavemente al neonato5,12.
- No suspender lactancia durante fototerapia: en modalidad simple, apagar la lámpara durante la toma (20–30 min); en modalidad intensiva, mantener luz continua si la situación clínica lo requiere3,5,7.
Facilitación del vínculo afectivo:
- Permitir y fomentar la presencia continua de los padres junto al neonato durante todo el tratamiento. Explicar de manera clara y adaptada en qué consiste la fototerapia, qué cuidados se realizan y por qué son importantes.
- Favorecer el contacto piel con piel y la participación en cuidados básicos (cambio de pañal, colocación de gafas).
- Proporcionar gafas oscuras a los padres si permanecen junto al neonato cuando la lámpara sigue encendida5.
Obtención de muestras sanguíneas:
- Interrumpir temporalmente la fototerapia antes de extraer sangre para determinar bilirrubina, para evitar falsos descensos por degradación fotoquímica.
- Aplicar medidas analgésicas no farmacológicas: preferencia por succión nutritiva; si no es posible, succión no nutritiva o sacarosa oral.
- Coordinar las extracciones con las tomas de alimentación para reducir el estrés5,14.
Detección y registro de efectos adversos:
- Observación constante de posibles complicaciones: hipertermia, hipotermia, diarrea, erupciones maculares, síndrome del niño bronceado, signos de deshidratación o alteración del vínculo familiar.
- Registro detallado en historia clínica y notificación inmediata al equipo médico si se detectan incidencias relevantes3,6.
CONCLUSIONES
La ictericia neonatal es un problema muy frecuente, especialmente en los primeros días de vida, y aunque suele ser fisiológica, puede llegar a causar complicaciones graves como encefalopatía bilirrubínica o kernícterus si no se detecta y trata a tiempo. La fototerapia es el tratamiento más utilizado y eficaz para reducir los niveles de bilirrubina no conjugada, ya que transforma esta sustancia en compuestos solubles que el organismo puede eliminar fácilmente. Su éxito depende tanto de aspectos técnicos (tipo de luz, intensidad, distancia) como del correcto cumplimiento de los cuidados de enfermería.
El papel de enfermería es fundamental: incluye preparar adecuadamente al neonato y el equipo, proteger los ojos, monitorizar signos vitales y temperatura, controlar la hidratación y el estado de la piel, fomentar la lactancia materna, mantener el vínculo afectivo con los padres y vigilar posibles efectos adversos del tratamiento.
En resumen, una valoración individualizada, un manejo cuidadoso y unos cuidados de enfermería bien planificados permiten prevenir complicaciones y garantizar la seguridad y el bienestar del recién nacido.
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