AUTORES
- Irene Morales Hernández. FEA de Urgencias. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza.
- Marta García Castelblanque. FEA de Urgencias. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza.
- Alba Barberán Bernardos. Médico de Atención Primaria. CS Monreal del Campo. Teruel.
- Lucía Álvarez Martínez. Médico de Atención Primaria. Consultorio el Herrumblar. Cuenca.
- Rosalía Díaz Royo. Médico de Atención Primaria. CS Rebolería. Sector II. Zaragoza.
- Laura Galino Serrano. Médico de Atención Primaria. CS Bujaraloz. Sector I. Zaragoza.
RESUMEN
La hidatidosis, equinococosis o enfermedad hidatídica, es una zoonosis parasitaria causada por la fase larval de la tenia Echinococcus. Afecta tanto a humanos como a múltiples mamíferos, siendo los perros los principales hospedadores definitivos. El ciclo de vida del parásito involucra dos hospedadores: la tenia adulta reside en el intestino delgado del hospedador definitivo, liberando huevos al medio ambiente a través de las heces. Cuando los hospedadores intermediarios, como ovejas, ganado o humanos, ingieren estos huevos, eclosionan en larvas formando quistes hidatídicos principalmente en el hígado y los pulmones.
Puede permanecer asintomática durante años, lo que dificulta el diagnóstico hasta que los quistes crecen y pueden causar síntomas o romperse. Los síntomas dependen de la ubicación y el tamaño de los quistes. Si son hepáticos, provocan dolor abdominal, hepatomegalia o ictericia obstructiva. Si son pulmonares, causan tos, dolor torácico o hemoptisis. Los quistes rotos pueden ocasionar reacciones anafilácticas potencialmente mortales o infecciones secundarias.
El diagnóstico implica técnicas de imagen como ecografía, tomografía computarizada o resonancia magnética, junto con pruebas serológicas. Las opciones de tratamiento dependen de las características de los quistes y la salud del paciente, e incluyen la extirpación quirúrgica, procedimientos mínimamente invasivos o medicamentos antihelmínticos.
Prevenir la hidatidosis implica educar a las comunidades sobre los factores de riesgo, una adecuada eliminación de residuos para controlar las poblaciones de perros y promover la higiene y seguridad alimentaria. Es fundamental desparasitar regularmente a los perros para romper el ciclo del parásito y reducir la transmisión a humanos y animales de cría.
En conclusión, la hidatidosis representa una importante amenaza para la salud en todo el mundo, afectando tanto a la población humana como animal. El diagnóstico temprano, el tratamiento efectivo y las medidas preventivas son cruciales para controlar su propagación y minimizar su impacto en la salud pública.
PALABRAS CLAVE
Echinococcosis, zoonosis, quiste hidatídico.
ABSTRACT
Hydatidosis, also known as echinococcosis or hydatid disease, is a parasitic zoonosis caused by the larval stage of the Echinococcus tapeworm. It affects both humans and a wide range of mammalian species, with dogs being the primary definitive hosts. The parasite’s lifecycle involves two hosts: the adult tapeworm resides in the small intestine of the definitive host, releasing eggs into the environment through feces. When intermediate hosts, such as sheep, cattle, or humans, ingest these eggs, they hatch into larvae, forming hydatid cysts mainly in the liver and lungs.
Hydatidosis can remain asymptomatic for years, making diagnosis challenging until cysts grow large enough to cause symptoms or rupture. Symptoms depend on the cysts’ location and size, with liver involvement leading to abdominal pain, hepatomegaly, or obstructive jaundice, and lung cysts causing cough, chest pain, or hemoptysis. Ruptured cysts can result in life-threatening anaphylactic reactions or secondary infections.
Diagnosis involves imaging techniques like ultrasound, CT scan, or MRI, along with serological tests. Treatment options depend on cyst characteristics and the patient’s health, including surgical removal, minimally invasive procedures, or anthelmintic drugs.
Preventing hydatidosis involves educating communities about risk factors, proper waste disposal to control dog populations, and promoting hygiene and food safety. Regular deworming of dogs is essential to break the parasite’s lifecycle and reduce transmission to humans and livestock.
In conclusion, hydatidosis poses a significant health threat worldwide, affecting both human and animal populations. Early diagnosis, effective treatment, and preventive measures are crucial in controlling its spread and minimizing its impact on public health.
KEY WORDS
Echinococcosis, zoonoses, hydatid cyst.
INTRODUCCIÓN
La equinococosis es una enfermedad parasitaria causada por la forma larval de tenias del género Echinococcus, en su etapa metacestodo1.
Las dos formas más importantes de equinococosis que afectan a los humanos son la equinococosis quística (hidatidosis), causada por E. granulosus y la equinococosis alveolar, causada por E. mutilocularis2. Otras especies, menos frecuentes, son E. vogeli y E. oligarthrus, que causan equinococosis poliquísticas. Recientemente se han descubierto dos nuevas especies, el E. shiquicus y E. felidis, si bien su potencial transmisión humana todavía se desconoce3.
Es un problema de salud pública, ya que se estima según la Organización Mundial de la Salud (OMS) que más de 1 millón de personas podrían estar infectadas y supone una pérdida de 871000 años de vida ajustados por discapacidad. Su prevalencia parece estar infraestimada, debido en parte a que en muchos casos cursa de forma asintomática y a que es más frecuente en el medio rural, habiéndose visto en algunos estudios zonas endémicas1.
Sin embargo, esta patología debe ser tenida en cuenta debido a que acarrea una morbimortalidad importante, ya que puede conllevar a síndromes clínicos graves e incluso letales si no se trata2.
El manejo de esta patología es muy variable, ya que es un problema de distribución mundial y de naturaleza rural, a pesar de que se han realizado consensos para elaborar guías de práctica clínica1.
Es necesario acercar información a la población, puesto que la incidencia disminuiría de forma importante si implementamos medidas higiénicas, si se realizan desparasitaciones periódicas de los perros con praziquantel, si se mejorase la higiene en los mataderos y si se realizaran campañas de educación pública2.
PRESENTACIÓN DEL CASO CLÍNICO
Paciente de 32 años, procedente de Albania, que acude a urgencias por dolor abdominal irradiado a espalda y sensación distérmica sin fiebre termometrada de 3 semanas de evolución. Refiere 3-4 deposiciones diarreicas diarias sin productos patológicos, así como náuseas sin vómitos. Además, sensación de disnea de medianos esfuerzos y de predominio nocturno. Niega dolor torácico.
A la exploración, destacaba el regular estado general y dolor a la palpación de hipocondrio derecho, con signo de Murphy positivo, sin signos de irritación peritoneal. El paciente se mantenía hemodinámicamente estable.
Se realiza analítica de sangre, que es normal y radiografía de tórax (Imagen 1), que muestra derrame pleural derecho. Ante el estado del paciente, se decide realización de TC toraco-abdominal (Imagen 2), donde se objetivan quistes multiloculares en hígado y pulmón, muy voluminosos sin signos de complicación, por lo que se decide ingreso en Cirugía General para completar estudio.
Durante el ingreso se realizó técnica ELISA para hidatidosis que fue positiva, serologías para Hepatitis B, C y VIH que resultaron negativas, urocultivo y hemocultivos que fueron negativos y cultivo del líquido ascítico, que fue positivo para Weissella cibaria, Klebsiella pneumoniae y Clostridium perfringens.
Se da de alta a domicilio con Albendazol 400 mg 1 cápsula cada 12 horas previo a la cirugía, programada para 3 semanas después.
Se realiza intervención quirúrgica con hallazgos de grandes quistes hidatídicos que están íntimamente unidos a retroperitoneo y que engloban vasos pélvicos, uréteres, vena cava izquierda, aorta, raíz de mesenterio, páncreas y ambos riñones. Por parte de cirugía general se realiza exéresis y apertura de múltiples quistes, con lavado con suero salino hipertónico. Durante el procedimiento quirúrgico se produce shock anafiláctico tras apertura quística que precisa soporte vasoactivo.
Tras su paso por la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), es intervenido por cirugía torácica, realizándose desbridamiento pleural derecho mediante toracotomía posterolateral.
Tras cumplir 14 días de antibioterapia y retirarse los drenajes pleurales por débitos escasos, con expansión pulmonar completa con mínima cámara basal derecha residual con derrame pleural asociado (Imagen 3), se procede al alta hospitalaria.
Se remitió a anatomía patológica varias piezas de exéresis con diagnóstico inmunohistoquímico de tumoración poliquística multifragmentada de naturaleza hamartomatosa / congénita, constituida por pared intestinal (mucosa, submucosa y muscular propia). Se observaron focos de displasia y no se identificaron signos de infiltración neoplásica.
DISCUSIÓN
La larva o hidátide del Equinococcus se desarrolla en el hospedador intermediario, que suele ser ganado ovino, bovino y porcino, y de forma accidental, el humano. Al desarrollarse, se produce una reacción fibrosa del tejido conectivo, produciéndose el quiste hidatídico4.
El ciclo comienza cuando los hospedadores intermediarios (generalmente animales herbívoros y omnívoros) ingieren huevos del parásito presentes en los alimentos y aguas contaminadas, se infectan y el parásito evoluciona en las vísceras del animal a las fases larvarias. Cuando otro animal (por ejemplo, perros) consume estas vísceras se convierte en hospedador definitivo, albergando las tenias maduras en sus intestinos.
Los humanos actúan como hospedadores intermediarios accidentales, al contaminarse vía feco-oral desde los hospedadores definitivos, pero no transmiten el parásito. Tras la ingestión, E. granulosus penetra por la mucosa del intestino, se introduce en el sistema linfático o hemático y migra a otros órganos, como el hígado y pulmones, aunque otros órganos afectados menos frecuentemente son los huesos, los riñones, el bazo, los músculos, el sistema nervioso central y los ojos. Una vez allí, unos días después el quiste comienza a desarrollarse, rellenándose de líquido y desarrollando múltiples capas hasta configurarse el quiste hidatídico2.
El quiste está formado por una capa interior germinativa, que produce el líquido hidatídico y los quistes secundarios, que brotan de esta capa. Externamente a ésta, se encuentra una membrana de grosor variable, acelular y laminada, alrededor de la cual se forma una reacción de tejido fibroso y parénquima, conocida como periquiste3.
La variedad de localizaciones de los quistes se debe a que la hidatidosis sigue diseminación hematógena. Sin embargo, la localización extrahepática y extrapulmonar supone aproximadamente solo un 10 % de todas las hidatidosis. Puede aparecer de forma primaria fuera del hígado, concomitante a una hidatidosis hepática o pulmonar o secundaria por diseminación peritoneal tras la rotura de un quiste hepático intraabdominal, lo que suele ser más frecuente. La localización fuera del hígado y de los pulmones más común es la esplénica (0.5-8%)5.
Aunque la infección por E. granulosus es la más común, se han descrito otras especies, que guardan algunas diferencias con ésta.
En el caso de la infección por E. multilocularis, que provoca equinococosis alveolar, la rápida proliferación exógena de las larvas hace que se asemeje a las neoplasias malignas tanto en imagen como en comportamiento. Además, en este caso, los zorros son los animales que parecen tener más importancia en el mecanismo de transmisión de la equinococosis por ser los hospedadores definitivos. La infección por este patógeno suele ser más severa, puesto que destruye tejidos y se extiende por las estructuras adyacentes, pudiendo metastatizar a diferentes localizaciones y afecta en mayor proporción a pacientes inmunodeprimidos, progresando más rápido y haciendo más difícil su diagnóstico. Las lesiones consisten en quistes de varios tamaños, irregulares y numerosos, que mezclan tanto líquido como sólido en su interior y ocasionalmente aparecen zonas centrales de necrosis o calcificaciones. Los quistes se componen de una capa fina laminada con una capa germinativa mínima o incluso ausente.
En la infección por E. vogeli, los hospedadores definitivos son los perros, mientras que los intermedios son roedores. Éste produce enfermedad poliquística, con grandes quistes con múltiples vesículas separadas por septos, que pueden extenderse por las proximidades. Ésta parece una enfermedad emergente, con un número creciente de casos. La enfermedad suele ser más severa que la causada por E. granulosus pero menos que la equinococosis alveolar.
Por su parte, en la infección por E. oligarthrus los hospedadores definitivos son felinos salvajes como el puma o el jaguar y los intermediarios son roedores o conejos. También se produce una enfermedad hidatídica poliquística, que puede estar localizada en los músculos y en otras localizaciones extrahepáticas, como el ojo o el corazón3.
La enfermedad está distribuida mundialmente, a excepción de la Antártida, aunque hay regiones con mayor número de casos con zonas de Argentina, Perú, África Oriental, Asia Central y China, donde la prevalencia puede alcanzar el 5-10 %. En regiones endémicas, la incidencia asciende hasta más de 50 por cada 100000 personas-año2.
Parece que se está incrementando el número de casos, lo cual puede ser debido en parte al desarrollo de tecnologías que permiten su diagnóstico y los planes de vigilancia que se están desarrollando3.
En cuanto a las manifestaciones clínicas, el paciente puede permanecer asintomático durante meses o años, y se manifiesta en el momento que alcanza un tamaño suficiente para producir compresión del órgano afectado o complicación del quiste en forma de infección o ruptura.
Suele ser un quiste único, y puede degenerarse, calcificarse o romperse. También podría infectarse, en cuyo caso hablaríamos de abscesificación del quiste4.
Aunque la sintomatología en ocasiones se superpone, dividiremos la de la equinococosis quística, causada por E. granulosus, de la equinococosis alveolar, causada por E. multilocularis.
En la primera, la fase inicial suele ser asintomática. Se han descrito hasta periodos de 50 años antes de que los síntomas empiecen a aparecer. No obstante, el inicio de la clínica suele relacionarse con la localización y el tamaño del quiste, puesto que pueden aparecer síntomas debidos al efecto masa, como la obstrucción al flujo hemático o linfático, a la ruptura del quiste o a la infección bacteriana secundaria.
Los quistes suelen crecer entre 1 y 5 cm de diámetro por año, si bien esto es muy variable. El hígado se afecta en aproximadamente dos tercios de los pacientes, mientras que los pulmones se ven afectados en el 25 % y otros órganos involucrados con menor frecuencia son el cerebro, el músculo, los riñones, el hueso, el corazón y el páncreas. En el 85-90 % de los casos, solo se afecta un órgano, mientras que en más del 70 % de ellos, solo se presenta un único quiste.
El crecimiento del quiste en el hígado puede producir cólicos biliares, ictericia obstructiva, colangitis o pancreatitis. Potencialmente podría producirse anafilaxia o fallo multiorgánico como consecuencia de la ruptura del quiste en la cavidad peritoneal. Por efecto masa, se podría producir colestasis, hipertensión portal, obstrucción venosa o síndrome de Budd-Chiari. Cuando se producen quistes pulmonares, la sintomatología que puede producirse es tos, dolor torácico, disnea o hemoptisis, así como náuseas, malestar general o vómitos. La complicación más importante cuando afecta a la pleura es el neumotórax o el empiema. En otros órganos puede producirse rotura cardiaca, taponamiento pericárdico, convulsiones por afectación del sistema nervioso central, hematuria, dolor en el flanco, glomerulonefritis o síndrome nefrótico por afectación renal o fracturas patológicas, por afectación ósea.
A nivel analítico, puede observarse leucopenia o trombocitopenia, eosinofilia o alteraciones en las enzimas hepáticas, todo ello inespecífico, por lo que el diagnóstico debe realizarse con la imagen y serologías.
La equinococosis alveolar, por su parte, suele ser sintomática, si bien la clínica es inespecífica. Ésta puede producir malestar, pérdida de peso, dolor en hipocondrio derecho, hepatomegalia, ictericia, colangitis o hipertensión portal. Si se dejase sin tratar, el 90 % de los pacientes morirían en unos 10 años tras el inicio de los síntomas6.
El diagnóstico se realiza por imagen, aunque se debe sustentar sobre los antecedentes epidemiológicos (lugar de residencia, que generalmente suelen ser zonas rurales, contacto con perros, antecedentes familiares…). Las técnicas más usadas para el diagnóstico por imagen son la ecografía (técnica de elección), el eco-doppler, la tomografía computarizada (TC) y la resonancia magnética (RM)4.
La ecografía tiene una sensibilidad del 90-95 % y permite clasificar los tipos de quiste en activo, transicional o inactivo en función de su actividad biológica, lo que puede guiar a la hora de la elección del tratamiento, como se verá más adelante. La TC tiene aún mayor sensibilidad, en torno a un 95-100 % y es superior a la ecografía para detectar los quistes extrahepáticos. Por su parte, la RM es similar a la TC6.
El diagnóstico inmunológico se realiza mediante la detección de anticuerpos de clase IgG o IgE contra el antígeno hidatídico en el suero del paciente mediante el test de ELISA. El inmunodiagnóstico permite realizar diagnóstico diferencial con lesiones tumorales4. La sensibilidad de la técnica ELISA se encuentra entre el 60 y el 90 %, mientras que la especificidad se encuentra en torno al 90 %6.
Para el diagnóstico definitivo se realiza punción aspirativa con aguja fina (PAAF) guiada por ecografía o TAC del quiste. Esta técnica no está exenta de riesgos4, por lo que se reserva para aquellos casos en los que los resultados serológicos o por imagen son no concluyentes. En caso de realizarse, se debería tratar con albendazol o praziquantel para minimizar los riesgos.
El diagnóstico diferencial de los quistes hidatídicos se debería realizar con el quiste simple, el hemangioma, el carcinoma hepatocelular, los abscesos y la tuberculosis6.
En cuanto al tratamiento de la hidatidosis, existen varias opciones terapéuticas y su elección dependerá de las características del quiste o de los quites, del soporte sanitario y de los recursos disponibles, así como del paciente y sus limitaciones. Las diferentes opciones son la actitud expectante, el drenaje percutáneo de los quistes mediante la técnica de punción, aspiración, inyección y reaspiración (PAIR), los fármacos antiinfecciosos y la intervención quirúrgica.
Teniendo en cuenta lo dicho, en general, la elección del tratamiento se guía en base a la clasificación de la OMS (Tabla 1).
Los quistes únicos en estadios CE1 y CE3a que miden menos de 5 cm podrían tratarse con albendazol solo. Como alternativa, se podría realizar PAIR. Aunque la duración del tratamiento farmacológico no está establecida, se recomienda mantenerlo al menos 1-3 meses, dependiendo de los factores clínicos.
En los quistes en estadio CE1 y CE3a mayores de 5 cm se debería realizar PAIR junto con albendazol.
En los quistes CE2 y CE3b se requiere cirugía o una técnica de cateterización modificada (por ejemplo, terapia percutánea no PAIR) junto con albendazol. La terapia con albendazol perioperatoria reduce el riesgo de recurrencia y facilita la exéresis del quiste al ablandarlo. Se recomienda iniciar el tratamiento al menos 4 días antes de la cirugía y continuar al menos un mes después en caso del albendazol y de 3 meses en caso del mebendazol.
En los quistes CE4 y CE5, al ser inactivos, el manejo sería conservador mediante observación.
Centrándonos en las diferentes terapias, el albendazol tiene un buen perfil farmacocinético y parece que se debería usar durante menos tiempo, por lo que se prefiere frente al mebendazol o el praziquantel. La dosis utilizada es de 10-15 mg/kg por día dividida en dos dosis (habitualmente en adultos se utiliza 400 mg cada 12 horas), que se deben ingerir junto con otros alimentos para mejorar su absorción. Generalmente, el albendazol es bien tolerado y los efectos adversos son raros, pudiendo producir hepatotoxicidad (1-5 %), citopenia (< 1 %) y alopecia (< 1 %). Se debe monitorizar mediante hemograma y perfil hepático cada dos semanas en los primeros tres meses y después mensualmente. En caso de que se produzca una elevación de las enzimas hepáticas mayor de 5 veces el límite superior de la normalidad, se debería retirar y una alternativa razonable a utilizar sería el praziquantel. Además, se debe evitar durante el embarazo7.
La PAIR, especialmente usada en quistes hepáticos, consiste en puncionar el quiste guiado por ecografía, aspirar el contenido, instilar agentes escolicidas en la cavidad y reaspirar de nuevo 10 minutos después. Según la OMS, previo a este procedimiento se debería realizar profilaxis con benzimidazoles durante 4-7 días y posteriormente tratamiento con albendazol durante un mes o con mebendazol durante 3 meses4. Como ventaja, es menos invasiva que la cirugía y supone un método tanto diagnóstico como terapéutico, con una tasa de cura superior al 95 % y se realiza guiada por ecografía o TC. La técnica PAIR no se debería usar en quistes con material sólido interno, quistes superficiales con riesgo de ruptura, quistes con comunicación biliar, o quistes inactivos o calcificados.
Las técnicas de cateterización modificadas eliminan completamente el endoquiste y las vesículas hijas de la cavidad quística utilizando catéteres de gran diámetro y máquinas de aspiración7.
La cirugía es el tratamiento de elección en los quistes complicados (rotura, fístulas biliares, compresión de estructuras, infección secundaria o hemorragia), y la técnica y la vía de abordaje dependerá de la localización del quiste, así como de su tamaño, el estado del quiste y la experiencia del equipo4. El tratamiento farmacológico adyuvante a la cirugía es necesario para minimizar el riesgo de equinococosis secundaria. Se realiza con albendazol iniciándose una semana antes de la cirugía y continuándola al menos 4 semanas tras ella. Cuando no es posible la exéresis limpia del quiste, se debería inyectar en el mismo un agente protocolicida como el suero hipertónico al 20 % durante al menos 15 minutos. Si se produce vertido del contenido del quiste en la cavidad peritoneal, ésta también se debería irrigar con la misma solución. Las probabilidades de morbilidad, mortalidad y recurrencia derivados de la cirugía varían ampliamente y las potenciales complicaciones son la infección, el absceso, la fístula biliar, la colangitis esclerosante y la anafilaxia. También se ha usado la laparoscopia para disminuir los riesgos de la cirugía, si bien ésta está contraindicada en los quistes profundos intraparenquimatosos, los quistes posteriores situados cerca de la vena cava y la presencia de más de tres quistes con paredes calcificadas.
Los quistes hidatídicos pueden recurrirse años después del tratamiento. El seguimiento se realiza generalmente mediante técnicas de imagen como ecografía, TC o RM cada 3-6 meses hasta que se estabiliza, en cuyo caso se realiza anualmente. En la ecografía, se considerará el tratamiento efectivo cuando se compruebe la desaparición completa del quiste, la reducción en tamaño, el aumento de proporción del componente sólido del quiste o el adelgazamiento de la pared del quiste. En caso de aparición de nuevos quistes, aumento del tamaño de los conocidos o del componente líquido podremos encontrarnos ante una recurrencia. Las técnicas serológicas también se pueden utilizar para el seguimiento, puesto que se negativizan tras 1 o 2 años después de la cirugía, aunque los anticuerpos pueden permanecer elevados muchos años después. La detección de IgG mediante ELISA supone la medida más sensible para la respuesta al tratamiento, mientras que la detección de IgE es la menos sensible.
En la equinococosis alveolar el tratamiento es la cirugía asociada a albendazol postoperatorio al menos 2 años. Se debería realizar seguimiento al menos 10 años tras el tratamiento7.
En cuanto al tratamiento de la hidatidosis extrahepática y extrapulmonar, no existen guías debido a la baja incidencia, por lo que se aplican las usadas para la hidatidosis hepática5.
La hidatidosis es un problema a nivel mundial con especial prevalencia en entornos rurales. Es una enfermedad evitable mediante medidas higiénicas como el lavado frecuente de manos, especialmente antes de ingerir alimentos y después de estar en contacto con perros, el lavado de frutas y verduras previo a su consumo o el beber agua potable4.
Otras medidas de control que se están estudiando son los test antigénicos o la administración de praziquantel a los perros infectados para reducir el número de casos en humanos. Además, se están llevando a cabo programas de control en algunos países como Argentina, Chile, Portugal o China.
También se ha desarrollado una vacuna para E. granulosus que se administraría a las ovejas por medio de dos dosis separadas de un mes y posteriormente una dosis de recuerdo anual, que han mostrado utilidad en la prevención de la equinococosis quística en algunas áreas3. Esta vacuna está autorizada y comercializada en la actualidad en Argentina para las ovejas y en China de forma generalizada2.
CONCLUSIONES
La hidatidosis es una enfermedad infradiagnosticada pero que afecta a un número importante de pacientes alrededor del mundo y cuyo impacto está infradetectado. Además, parece haber un aumento de casos en determinadas regiones, con prevalencia en aquellas menos urbanizadas.
A pesar de que en muchos casos el paciente se mantiene asintomático durante varios años, finalmente puede producir síntomas derivados del efecto masa en estructuras vecinas y de las complicaciones que supone la ruptura del quiste, pudiendo producir anafilaxia y eventualmente, la muerte.
El diagnóstico generalmente se realiza mediante pruebas de imagen como la ecografía o la TC y por medio de serologías, con especial mención a la técnica ELISA.
Como se ha descrito, el tratamiento es muy amplío y varía en función de múltiples factores como el tipo de quiste según la OMS, el perfil del paciente o la experiencia del equipo.
Es un problema de salud mundial que es prevenible mediante medidas higiénicas preventivas, por lo que se hace de suma importancia darlo a conocer para poder llevar a cabo una educación sanitaria que permita lograr, mediante estas actividades preventivas, disminuir su incidencia.
BIBLIOGRAFÍA
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ANEXOS
Imagen 1. Radiografía de tórax de paciente en Urgencias.
Imagen 2. TC del paciente en Urgencias.
Imagen 3. Radiografía de tórax tras la intervención de Cirugía Torácica.
Tabla 1. Tratamiento según la clasificación de la OMS. Elaboración propia basada en Moro PL, Reddy DN. Echinococcosis: Treatment. En: UpToDate, Weller PF, ed. UpToDate, Waltham, MA.
| Estadio | Descripción | Estado | Tamaño | Tratamiento de elección |
| CE1 | Unilocular, anecoico | Activo | < 5 cm | Albendazol solo |
| > 5 cm | Albendazol + PAIR | |||
| CE2 | Multivesicular, multiseptada | Activo | Cualquiera | Albendazol + cateterización modificada o cirugía |
| CE3a | Desprendimiento de la membrana | Transicional | < 5 cm | Albendazol solo |
| > 5 cm | Albendazol + PAIR | |||
| CE3b | Vesículas hijas, matriz sólida. | Transicional | Cualquiera | Albendazol + cateterización modificada o cirugía |
| CE4 | Contenido heterogéneo, no vesículas hijas | Inactivo | Cualquiera | Observación |
| CE5 | Sólido y pared calcificada | Inactivo | Cualquiera | Observación |


