AUTORES
- Cristina Hernández Romano. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Adrián Cubas Esteban. Enfermero del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Ines Gracia Abril. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Mari Mar Marco Martín. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Iratxe Goded Navarrete. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Jennifer Polo Soriano. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
RESUMEN
El descanso nocturno constituye un elemento esencial para la recuperación de los pacientes hospitalizados. Sin embargo, el entorno hospitalario suele presentar numerosos estímulos sonoros que pueden dificultar el sueño, especialmente durante la noche. Entre las principales fuentes de ruido se encuentran las alarmas de los dispositivos clínicos, la actividad asistencial, los elementos de la infraestructura y la convivencia con otros pacientes, generando interrupciones frecuentes que afectan a la calidad del descanso.
La exposición continuada a estos estímulos se asocia con dificultades para conciliar el sueño, despertares repetidos, fragmentación del descanso y una menor sensación de sueño reparador. Además, la alteración del sueño puede repercutir negativamente en el bienestar físico y emocional del paciente, favoreciendo el aumento del dolor, la ansiedad, la fatiga y, en determinados grupos vulnerables, el deterioro cognitivo y el riesgo de delirium.
La mejora de la calidad del sueño de los pacientes hospitalizados requiere estrategias coordinadas a nivel asistencial y organizativo. Entre ellas: agrupación de cuidados, la optimización de las alarmas, la reducción de interrupciones innecesarias y la implantación de medidas orientadas a crear un entorno más tranquilo pueden contribuir a disminuir el impacto del ruido y favorecer una recuperación más adecuada durante la hospitalización.
PALABRAS CLAVE
Sueño, hospitalización, atención de enfermería, trastornos del sueño, calidad de la atención de salud y seguridad del paciente.
ABSTRACT
Nighttime rest is an essential component of recovery in hospitalized patients. However, the hospital environment is often characterized by numerous auditory stimuli that may interfere with sleep, particularly during the night. The main sources of noise include clinical device alarms, healthcare activities, infrastructure-related sounds, and interactions with other patients, all of which can lead to frequent interruptions that negatively affect sleep quality.
Continuous exposure to these stimuli has been associated with difficulties in falling asleep, repeated awakenings, sleep fragmentation, and a reduced perception of restorative sleep. Furthermore, sleep disturbances may negatively impact patients’ physical and emotional well-being, contributing to increased pain, anxiety, fatigue, and, in vulnerable populations, cognitive impairment and a higher risk of delirium.
Improving sleep quality in hospitalized patients requires coordinated strategies at both the clinical and organizational levels. These include clustering nursing care activities, optimizing alarm management, reducing unnecessary nighttime interruptions, and implementing measures aimed at creating a quieter environment. Such interventions may help reduce the impact of noise and promote a more effective recovery during hospitalization.
KEY WORDS
Sleep, hospitalization, nursing care, sleep disorders, quality of health care, patient safety.
INTRODUCCIÓN
La hospitalización supone un cambio importante en la vida de las personas y puede afectar a aspectos esenciales para su recuperación, entre ellos el descanso nocturno. El sueño desempeña un papel fundamental en la recuperación física, el bienestar emocional, la regulación del dolor y el mantenimiento de las funciones cognitivas. Sin embargo, el ingreso hospitalario altera con frecuencia las rutinas habituales del paciente, dificultando la obtención de un descanso reparador1.
El entorno hospitalario no siempre reúne las condiciones más adecuadas para favorecer el sueño. Durante la noche es habitual la presencia de ruidos procedentes de alarmas de monitorización, conversaciones entre profesionales y acompañantes, timbres, carros de transporte, apertura y cierre de puertas, tareas de limpieza o procedimientos asistenciales. Diversos estudios han señalado que estos niveles de ruido pueden superar las recomendaciones establecidas para garantizar un adecuado descanso de los pacientes2.
La alteración del sueño durante la hospitalización no debe considerarse únicamente un problema de confort. La fragmentación del descanso se ha relacionado con un aumento de la percepción del dolor, mayores niveles de ansiedad y fatiga, así como con alteraciones de la atención y la orientación. Además, en pacientes especialmente vulnerables, como las personas mayores o los pacientes críticos, la privación de sueño puede contribuir al desarrollo de delirium y otras complicaciones clínicas1,2.
Desde la perspectiva de los cuidados enfermeros, el ruido nocturno constituye un factor potencialmente modificable. Muchas de sus fuentes pueden prevenirse o reducirse mediante intervenciones sencillas relacionadas con la organización de los cuidados, el control ambiental y el uso adecuado de los recursos asistenciales. Por ello, conocer el impacto del ruido nocturno sobre el descanso del paciente resulta fundamental para promover entornos hospitalarios más seguros, humanizados y orientados a la recuperación3.
OBJETIVOS
General:
Analizar el impacto del ruido nocturno hospitalario sobre la calidad del descanso y la evolución clínica de los pacientes ingresados.
Específicos:
- Identificar las principales fuentes de ruido nocturno en el entorno hospitalario.
- Describir las consecuencias clínicas asociadas a la alteración del descanso durante la hospitalización.
- Identificar intervenciones enfermeras y medidas organizativas orientadas a reducir el ruido nocturno y mejorar la calidad del sueño de los pacientes.
METODOLOGÍA
Se realizó una revisión bibliográfica sistemática con el objetivo de analizar la evidencia científica disponible sobre el impacto del ruido nocturno hospitalario en el descanso y la evolución clínica de los pacientes ingresados.
La búsqueda bibliográfica se llevó a cabo entre los meses de agosto y septiembre de 2026 en las bases de datos PubMed, Scopus, Web of Science, SciELO y Dialnet. Para la estrategia de búsqueda se utilizaron palabras clave presentes en los Descriptores en Ciencias de la Salud (DeCS): Sueño, hospitalización, atención de enfermería, ambiente de instituciones de salud, calidad de la atención de salud y seguridad del paciente, combinados mediante los operadores booleanos AND y OR.
La pregunta de investigación se formuló siguiendo el modelo PICO: ¿Cuál es el impacto de la exposición al ruido nocturno hospitalario, en comparación con entornos con menor nivel de ruido o con medidas de control ambiental, sobre la calidad del sueño, el descanso y la evolución clínica de los pacientes hospitalizados?
- P (Población): Pacientes adultos hospitalizados.
- I (Intervención/Exposición): Exposición al ruido nocturno en el entorno hospitalario.
- C (Comparación): Entornos con niveles reducidos de ruido o aplicación de medidas de control ambiental.
- O (Resultados): Calidad del sueño, descanso nocturno, bienestar y evolución clínica del paciente.
Se incluyeron artículos publicados en español o inglés durante los últimos cinco años, con acceso a texto completo y relacionados con la influencia del entorno hospitalario sobre el descanso y la calidad del sueño de los pacientes ingresados. Se excluyeron estudios realizados exclusivamente en población pediátrica, artículos de opinión, cartas al editor, resúmenes de congresos y publicaciones que no guardaban relación directa con el objetivo de estudio.
RESULTADOS
El entorno acústico nocturno hospitalario.
El hospital mantiene actividad asistencial durante las 24 horas, lo que genera numerosos estímulos sonoros durante la noche. Aunque algunos son necesarios para la atención del paciente, otros pueden evitarse o reducirse, contribuyendo a un entorno poco favorable para el descanso1,3.
Las principales fuentes de ruido nocturno identificadas en el entorno hospitalario incluyen los dispositivos clínicos, como monitores, bombas de infusión, respiradores y timbres; la actividad profesional, derivada de conversaciones, teléfonos o apertura de material; y elementos de la infraestructura, como puertas, cajones, persianas y carros de transporte. También pueden afectar al descanso los sonidos procedentes de otros pacientes, como ronquidos, episodios de tos, televisores encendidos o conversaciones telefónicas. A ello se suman determinadas actividades asistenciales realizadas durante la noche, como la monitorización de constantes vitales, la administración de tratamientos, la obtención de muestras para análisis o los cambios posturales programados2,4.
La evidencia señala que el impacto del ruido no depende únicamente de su intensidad. Algunos estímulos sonoros, especialmente aquellos que aparecen de forma repentina o repetida, como las alarmas de los equipos o el desplazamiento de carros por los pasillos, tienen una mayor capacidad para interrumpir el sueño y provocar despertares nocturnos. En conjunto, el ruido nocturno hospitalario suele ser el resultado de múltiples estímulos breves y repetidos que favorecen la fragmentación del descanso5.
Efectos del ruido nocturno sobre el sueño:
La exposición al ruido durante la noche se asocia con una peor calidad del sueño en los pacientes hospitalizados. Entre las alteraciones más frecuentes se encuentran la dificultad para conciliar el sueño, los despertares repetidos, la disminución de la continuidad del descanso y una menor sensación de sueño reparador al despertar. Como consecuencia, muchos pacientes refieren somnolencia, cansancio y fatiga durante el día1,5.
Estos efectos se explican porque el cerebro interpreta los estímulos acústicos inesperados como posibles señales de alerta. Aunque el paciente no llegue a despertarse por completo, los ruidos pueden provocar microdespertares y favorecer el paso de fases profundas a fases más superficiales del sueño, dificultando un descanso adecuado2,4,6.
Alteración del ritmo sueño-vigilia durante el ingreso:
El ruido nocturno no actúa de forma aislada. Durante la hospitalización suele coexistir con otros factores que alteran el descanso, como la iluminación artificial, el dolor, la ansiedad, los procedimientos asistenciales, la inmovilidad, determinados tratamientos farmacológicos y los cambios en las rutinas habituales. La combinación de estos elementos contribuye a la alteración del ritmo sueño-vigilia y puede agravar la percepción de falta de descanso1,5,6.
Consecuencias clínicas del descanso insuficiente:
Dolor y malestar:
La alteración del sueño puede incrementar la sensibilidad al dolor y empeorar la percepción del malestar físico. A su vez, el dolor dificulta el descanso nocturno, generando un círculo de retroalimentación que favorece el insomnio y afecta negativamente al bienestar del paciente1,3.
Ansiedad e insatisfacción durante el ingreso:
La falta de sueño también puede repercutir en el estado emocional del paciente, aumentando la ansiedad, la irritabilidad y la sensación de vulnerabilidad. Además, las interrupciones nocturnas y el ruido ambiental pueden influir negativamente en la percepción de la calidad asistencial y en el grado de satisfacción con la atención recibida3,4.
Fatiga y recuperación funcional:
El descanso insuficiente favorece la aparición de somnolencia y fatiga durante el día, lo que puede limitar la participación del paciente en actividades fundamentales para su recuperación, como la movilización precoz, la rehabilitación, la alimentación o la educación sanitaria3,5,6.
Alteración cognitiva y riesgo de delirium:
La privación de sueño adquiere especial relevancia en personas mayores, pacientes críticos y pacientes con deterioro cognitivo previo. Aunque el ruido nocturno no suele constituir la única causa de delirium, se considera un factor ambiental modificable que puede contribuir a su aparición o perpetuación junto a otros factores, como la infección, el dolor, la hipoxia, la deshidratación, la polifarmacia, la inmovilización o la privación sensorial1,5.
En conjunto, la evidencia indica que el impacto del ruido nocturno va más allá del confort del paciente, pudiendo interferir en su recuperación física, emocional y cognitiva durante la hospitalización3,4,5,6.
Intervenciones para reducir el ruido y favorecer el descanso:
Intervenciones de enfermería:
Enfermería desempeña un papel fundamental en la promoción del descanso durante la hospitalización. Entre las estrategias más eficaces destacan la agrupación de cuidados cuando la situación clínica lo permite, la reducción de interrupciones nocturnas evitables y la valoración previa de necesidades que puedan alterar el sueño, como el dolor, la disnea, la ansiedad, la incomodidad postural o la necesidad de eliminación.
Además, resulta recomendable informar al paciente sobre aquellos cuidados que deban realizarse durante la noche y favorecer medidas no farmacológicas destinadas a mejorar el descanso, como el uso de antifaces, tapones auditivos o música relajante cuando sean seguros y adecuados. También es importante mantener un tono de voz moderado y utilizar iluminación focal o tenue para minimizar las molestias durante los periodos de sueño4,6.
Gestión de alarmas
La optimización de las alarmas constituye una de las medidas más relevantes para disminuir el ruido ambiental. Entre las acciones recomendadas se incluyen revisar la necesidad de monitorización continua, individualizar los parámetros de alarma según la situación clínica del paciente y verificar periódicamente sensores, electrodos y conexiones para reducir falsas alarmas5.
Se aconseja ajustar el volumen al nivel mínimo seguro y responder de forma precoz a las alarmas clínicamente relevantes. No obstante, la reducción del ruido no implica silenciar alarmas sin una valoración adecuada, sino minimizar aquellas evitables manteniendo las que contribuyen a la seguridad del paciente3,5.
Medidas organizativas:
A nivel institucional, diversas medidas pueden contribuir a crear un entorno más favorable para el descanso. Entre ellas destacan la implantación de periodos de descanso protegido, la revisión de los horarios de toma de constantes, administración de medicación, extracciones y otros procedimientos nocturnos, así como la reducción del tránsito innecesario en pasillos y áreas de hospitalización2.
El mantenimiento adecuado de puertas, carros y equipos puede disminuir los ruidos mecánicos, mientras que la creación de normas compartidas orientadas a favorecer un entorno nocturno tranquilo contribuye a mejorar la cultura del descanso. La inclusión sistemática del descanso nocturno en la valoración diaria del paciente permite, además, identificar problemas de forma precoz y aplicar intervenciones individualizadas3,4.
Barreras para la implementación:
A pesar de los beneficios asociados a la reducción del ruido nocturno, la aplicación de estas medidas puede verse limitada por diferentes factores. Entre ellos destacan la necesidad de vigilancia continua en determinados pacientes, la escasez de personal, las rutinas asistenciales establecidas, las habitaciones compartidas y las dificultades para coordinar los cuidados entre distintos profesionales.
Asimismo, la falta de formación específica en gestión de alarmas y el mantenimiento insuficiente de algunos equipos pueden favorecer la persistencia de fuentes de ruido evitables. Por ello, la reducción del ruido nocturno no debe depender únicamente de actuaciones individuales, sino integrarse en las estrategias organizativas de calidad y seguridad del paciente5,6.
DISCUSIÓN
La evidencia revisada indica que el ruido nocturno hospitalario afecta de forma significativa a la calidad del sueño de los pacientes ingresados. Aunque parte de este ruido está asociado a necesidades asistenciales, una proporción importante procede de factores ambientales y organizativos potencialmente modificables.
Los resultados analizados sugieren que las intervenciones orientadas a reducir las interrupciones nocturnas, optimizar la gestión de alarmas y adaptar la organización de los cuidados pueden contribuir a mejorar el descanso del paciente. Sin embargo, su aplicación sigue condicionada por las características y necesidades de cada unidad asistencial.
CONCLUSIONES
- El ruido nocturno hospitalario procede de múltiples fuentes, entre las que destacan los dispositivos clínicos, la actividad asistencial, la infraestructura de las unidades y la convivencia con otros pacientes.
- La exposición a estos estímulos sonoros se asocia con una peor calidad del sueño, favoreciendo despertares frecuentes, fragmentación del descanso y una menor sensación de sueño reparador.
- Las intervenciones enfermeras orientadas a reducir las interrupciones nocturnas, junto con medidas organizativas y una adecuada gestión de alarmas, pueden contribuir a crear un entorno más favorable para el descanso y la recuperación del paciente hospitalizado
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