AUTORES
- Susana Serrano Gaspar. Enfermera Sistema Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Ylenia Caballero Casanova. Enfermera del Sistema Aragonés de Salud. Aragón, España.
- María Paz Arroyo Clemente. Enfermera del Sistema Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Irene Arner Dobón. Enfermera Sistema Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Jorge Bárcena Ferruz. Técnico de Laboratorio Clínico y Biomédico Sistema Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Mario Soro Arroyo. Técnico en imagen para Diagnóstico y Medicina Nuclear en Sistema Aragonés de Salud. Aragón, España.
RESUMEN
Las grietas del pezón constituyen uno de los motivos de consulta más frecuentes durante las primeras semanas posparto y una de las causas evitables de abandono precoz de la lactancia materna. Aunque tradicionalmente se han interpretado como una consecuencia inevitable de amamantar, la evidencia disponible sitúa su origen casi siempre en un problema mecánico: un agarre superficial, una posición inadecuada del recién nacido o una alteración anatómica de la cavidad oral del lactante. El dolor asociado condiciona la frecuencia y la duración de las tomas, favorece el uso de suplementos y desencadena una cadena de complicaciones que puede terminar en mastitis o en destete no deseado.
Este trabajo monográfico revisa el abordaje enfermero de las grietas del pezón desde una perspectiva integral: fisiopatología, factores de riesgo, valoración clínica de la toma, medidas terapéuticas y estrategias preventivas. Se analiza críticamente la utilidad real de las intervenciones más extendidas —lanolina purificada, aplicación de leche materna, apósitos de hidrogel, pezoneras— frente a la corrección de la técnica, que sigue siendo la única intervención con capacidad resolutiva demostrada. Se subraya también el papel de la matrona y de la enfermera de atención primaria en la detección precoz, en el acompañamiento emocional de la madre y en la derivación oportuna ante sospecha de anquiloglosia, infección o dermatosis del pezón. La conclusión principal es que el tratamiento tópico sin evaluación de la toma perpetúa la lesión, mientras que una intervención estructurada y precoz permite recuperar una lactancia sin dolor en la mayoría de los casos.
PALABRAS CLAVE
Lactancia materna, enfermedades de la mama, pezones, atención de enfermería, dolor, destete.
ABSTRACT
Nipple fissures are among the most frequent reasons for consultation during the first postpartum weeks and one of the preventable causes of early breastfeeding cessation. Although they have traditionally been regarded as an unavoidable consequence of breastfeeding, available evidence attributes their origin almost always to a mechanical problem: a shallow latch, inadequate positioning of the newborn or an anatomical alteration of the infant’s oral cavity. The associated pain affects the frequency and duration of feeds, encourages supplementation and triggers a chain of complications that may end in mastitis or unwanted weaning.
This monographic work reviews the nursing approach to nipple fissures from a comprehensive perspective: pathophysiology, risk factors, clinical assessment of the feed, therapeutic measures and preventive strategies. The actual usefulness of the most widespread interventions —purified lanolin, expressed breast milk application, hydrogel dressings, nipple shields— is critically analysed against the correction of technique, which remains the only intervention with demonstrated resolutive capacity. The role of the midwife and the primary care nurse in early detection, emotional support and timely referral for suspected ankyloglossia, infection or nipple dermatoses is also emphasised. The main conclusion is that topical treatment without assessment of the feed perpetuates the lesion, whereas a structured and early intervention allows pain-free breastfeeding to be restored in most cases.
KEY WORDS
Breast feeding, breast diseases, nipples, nursing care, pain, weaning.
INTRODUCCIÓN
La Organización Mundial de la Salud recomienda la lactancia materna exclusiva durante los seis primeros meses de vida y su mantenimiento, junto con alimentación complementaria, hasta los dos años o más1. Las cifras de inicio de la lactancia en España son elevadas, superiores al 70-80 % en el momento del alta hospitalaria, pero descienden de forma marcada en las primeras seis semanas2,3. Ese descenso no es homogéneo en el tiempo: se concentra en el periodo en el que la díada todavía está aprendiendo a amamantar y en el que las dificultades técnicas se manifiestan con mayor intensidad. Entre esas dificultades, el dolor y el traumatismo del pezón ocupan un lugar destacado.
La prevalencia comunicada de grietas o lesiones del pezón durante el primer mes posparto oscila entre el 30 % y el 60 % según la definición empleada y el momento de la valoración3,4. Esta variabilidad refleja un problema conceptual de fondo: no existe un consenso universal sobre qué se considera grieta, qué se considera dolor fisiológico de los primeros días y dónde está la frontera entre ambos. En la práctica clínica, el término engloba desde la simple erosión superficial hasta la fisura profunda con sangrado, pasando por la lesión en la unión de la base del pezón con la areola.
La relevancia del problema no reside únicamente en la lesión cutánea. El dolor intenso durante la toma es uno de los predictores más consistentes de abandono precoz de la lactancia4,5, y su impacto trasciende lo físico: se asocia a mayor puntuación en escalas de sintomatología depresiva posparto, a sensación de fracaso materno y a un deterioro de la confianza en la propia capacidad para alimentar al hijo5,6. La enfermera y la matrona son, en la mayoría de los sistemas sanitarios, los profesionales que primero detectan el problema y quienes disponen del contacto y la continuidad asistencial necesarios para resolverlo. De ahí el interés de sistematizar su abordaje.
OBJETIVO
Describir y analizar, a partir de la evidencia científica disponible, el abordaje enfermero de las grietas del pezón durante la lactancia materna, con especial atención a la valoración de la técnica de amamantamiento, a las medidas terapéuticas de eficacia contrastada y a las estrategias de prevención aplicables en el ámbito hospitalario y de atención primaria.
METODOLOGÍA
Se llevó a cabo una revisión narrativa de la literatura mediante consulta en las bases de datos PubMed/MEDLINE, CINAHL, Cochrane Library, Cuiden y Scielo. Se emplearon los descriptores DeCS/MeSH breast feeding, nipples, nipple pain, cracked nipple y nursing care, combinados con los operadores booleanos AND y OR. Se incluyeron revisiones sistemáticas, ensayos clínicos, guías de práctica clínica y protocolos de sociedades científicas publicados preferentemente en los últimos quince años, en español e inglés. Se consultaron además los protocolos de la Academy of Breastfeeding Medicine y las recomendaciones del Comité de Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría. Se excluyeron los trabajos centrados exclusivamente en población prematura hospitalizada en unidades de cuidados intensivos neonatales, por presentar condicionantes específicos que exceden el objetivo de este trabajo.
DESARROLLO
Fisiopatología: por qué aparece la grieta:
Durante una toma correcta, el pezón se sitúa en la zona posterior de la cavidad oral del lactante, próximo a la unión del paladar duro con el paladar blando, y queda protegido de la fricción. La lengua se acopla bajo la areola y realiza un movimiento peristáltico que, junto con la presión intraoral negativa, produce la transferencia de leche7. En estas condiciones el pezón no sufre traumatismo y sale de la boca alargado, pero con forma redondeada y color normal.
Cuando el agarre es superficial, el pezón queda comprimido entre la lengua y el paladar duro o entre las encías. La fricción repetida sobre el epitelio y la isquemia por compresión producen primero eritema y edema, después erosión y finalmente solución de continuidad de la epidermis7,8. El signo clínico más orientativo es la morfología del pezón al final de la toma: si sale aplanado, en forma de cuña, de pico de loro o con una línea blanquecina de compresión, existe un problema mecánico, con independencia de que la madre refiera o no dolor en ese momento8.
Este punto tiene una implicación práctica que se suele pasar por alto: la lesión es la consecuencia visible de un proceso que se repite ocho o doce veces al día. Cualquier tratamiento aplicado sobre la piel sin modificar la causa se enfrenta a un traumatismo que se renueva cada poca hora. Es la razón por la que muchas madres relatan haber probado varias cremas sin mejoría alguna.
Factores de riesgo y causas subyacentes:
El agarre inadecuado es la causa predominante, pero no la única. Conviene explorar sistemáticamente otros factores8,9:
— Anquiloglosia. La restricción del frenillo lingual limita la elevación y la extensión de la lengua e impide un acoplamiento profundo. Su prevalencia se estima entre el 4 % y el 11 % de los recién nacidos, aunque solo una parte presenta repercusión funcional. La valoración debe basarse en la función (movilidad lingual y eficacia de la succión) y no únicamente en el aspecto anatómico.
— Retracción o disfunción mandibular, retrognatia y alteraciones del tono orofacial, que modifican el patrón de succión.
— Ingurgitación mamaria. La areola tensa y edematosa impide que el lactante abarque suficiente tejido, lo que fuerza un agarre superficial y lesiona el pezón. Es un ejemplo claro de cómo una complicación genera otra.
— Uso precoz de tetinas y chupetes, que puede inducir un patrón de succión diferente, especialmente en los primeros días de aprendizaje.
— Extracción con sacaleches mal ajustado: embudo de tamaño inadecuado o vacío excesivo producen lesiones de aspecto característico, con eritema circunferencial en la base del pezón.
— Factores dermatológicos y microbiológicos: dermatitis irritativa o de contacto por discos absorbentes, eccema del pezón, sobreinfección bacteriana por Staphylococcus aureus o candidiasis. Suelen actuar como perpetuadores de una lesión ya iniciada mecánicamente, más que como causa primaria.
— Vasoespasmo del pezón (fenómeno de Raynaud), que produce dolor intenso, punzante y bifásico tras la toma, con cambios de coloración. Se confunde con frecuencia con candidiasis y responde a la protección térmica.
Valoración enfermera: observar una toma completa:
Ninguna intervención posterior tiene sentido sin este paso. La observación directa de una toma completa, desde el inicio hasta la liberación espontánea del pecho, es la herramienta diagnóstica fundamental9,10. Existen instrumentos estructurados que facilitan el registro y la comunicación entre profesionales, como la ficha de observación de la toma de la OMS/UNICEF, la escala LATCH o la escala Bristol de valoración de la lactancia10. Su valor añadido es que obligan a mirar aspectos que la prisa asistencial tiende a omitir.
Los elementos que deben valorarse de forma sistemática son la postura de la madre y su comodidad, la alineación del cuerpo del lactante (cabeza, hombros y caderas en un mismo eje, sin rotación cervical), la proximidad del cuerpo del niño al de la madre, la apertura bucal amplia con labios evertidos, la asimetría del agarre —más areola visible por encima del labio superior que por debajo—, el patrón de succión-deglución audible y, muy especialmente, el aspecto del pezón al finalizar.
A esto debe añadirse una anamnesis dirigida: momento de aparición del dolor y su relación con la toma, características e intensidad del dolor, evolución del peso del recién nacido, número de tomas y de micciones y deposiciones, uso de tetinas, sacaleches o productos tópicos, y estado emocional de la madre. La exploración de ambas mamas debe describir localización, profundidad, presencia de exudado, costra o signos inflamatorios.
Intervenciones terapéuticas:
1. Corrección de la técnica. Es la intervención de elección y la única con capacidad de resolver la causa. Consiste en reposicionar a la díada favoreciendo la postura biológica o de crianza natural, en la que la madre se recuesta y el lactante se coloca en decúbito prono sobre ella, permitiendo que los reflejos de búsqueda y agarre se expresen sin restricción. También son útiles la técnica de agarre asimétrico y la posición de caballito o de rugby en mamas voluminosas o en casos de dolor localizado en un cuadrante concreto.
2. Manejo del dolor. Recomendar que la toma se inicie por el pecho menos afectado, cuando el lactante succiona con más avidez, reduce el traumatismo sobre la mama lesionada. El uso de analgesia oral compatible con la lactancia, como paracetamol o ibuprofeno, es apropiado y con frecuencia se infrautiliza por temor infundado11. Debe explicitarse a la madre que su compatibilidad está bien documentada.
3. Cuidado tópico de la lesión. La revisión Cochrane sobre tratamientos para el dolor y el traumatismo del pezón concluyó que no existe evidencia suficiente para recomendar un tratamiento tópico sobre otro, y que la aplicación de nada en absoluto obtuvo resultados comparables a los de la lanolina y otros productos12. Este hallazgo, lejos de ser irrelevante, orienta la práctica: el esfuerzo profesional debe dirigirse a la técnica y no a la elección del producto. Aun así, la aplicación de unas gotas de leche materna al final de la toma y la lanolina purificada anhidra en cura húmeda son opciones seguras, económicas y que no requieren retirada antes de la siguiente toma. Los apósitos de hidrogel pueden aliviar el dolor pero se han asociado a un mayor riesgo de infección si no se manejan con higiene estricta12.
4. Pezoneras. Su uso debe ser una medida temporal, indicada y supervisada, nunca una solución de primera línea. Pueden facilitar el mantenimiento de la lactancia en situaciones concretas, pero se asocian a menor transferencia de leche si el tamaño o la colocación no son correctos, por lo que exigen seguimiento del peso y plan de retirada.
5. Extracción temporal. Si el dolor imposibilita la toma directa, la extracción manual o mecánica mantiene la producción y permite la cicatrización, ofreciendo la leche con vaso, cuchara o jeringa. Es una medida de rescate, no un objetivo.
6. Tratamiento de la infección. Ante una grieta que no cicatriza pese a un agarre corregido, con exudado, costra melicérica o eritema perilesional, debe valorarse la sobreinfección bacteriana y consultar con el facultativo la indicación de antibioterapia tópica u oral compatible con la lactancia.
Prevención y educación para la salud:
La prevención comienza antes del parto. La información prenatal sobre fisiología de la lactancia, la práctica del contacto piel con piel inmediato y la realización de la primera toma en la primera hora de vida se asocian a mejores tasas de lactancia y a menor incidencia de problemas técnicos13,14. La aplicación de los Diez Pasos de la Iniciativa para la Humanización de la Asistencia al Nacimiento y la Lactancia (IHAN) constituye el marco de referencia14.
En el posparto inmediato, la enfermera debe garantizar que ninguna madre sea dada de alta sin haber sido observada durante al menos una toma completa. La educación debe incluir el reconocimiento de los signos de agarre correcto, la importancia de la lactancia a demanda, la retirada correcta del pecho introduciendo un dedo en la comisura para romper el vacío, la higiene sencilla con agua sin jabones antisépticos y el mantenimiento del pezón seco entre tomas. Conviene desmontar de forma explícita algunas creencias muy extendidas y contraproducentes: que el dolor es normal, que hay que limitar la duración de las tomas para endurecer el pezón o que conviene lavar el pecho antes de cada toma.
Por último, el acompañamiento emocional no es un complemento accesorio. Muchas madres con grietas llegan a la consulta con un sentimiento de culpa consolidado y con la idea de que su cuerpo no funciona correctamente. Nombrar el problema como un asunto de técnica corregible, y no como un fracaso personal, forma parte del tratamiento.
CONCLUSIONES
Las grietas del pezón son, en la gran mayoría de los casos, la manifestación de un problema mecánico corregible y no una consecuencia inevitable de amamantar. Su abordaje debe partir de la observación directa de una toma completa, ya que ninguna medida tópica resuelve una lesión cuya causa se repite en cada alimentación.
La evidencia disponible no respalda la superioridad de ningún tratamiento tópico concreto, lo que refuerza la idea de que el recurso profesional más valioso es el tiempo dedicado a valorar y corregir la técnica de amamantamiento, junto con la búsqueda activa de causas subyacentes como la anquiloglosia, la ingurgitación o el vasoespasmo.
La enfermera y la matrona ocupan una posición privilegiada para la detección precoz y la resolución del problema, tanto en el hospital como en atención primaria. La formación específica y actualizada de estos profesionales, la continuidad asistencial en las primeras semanas y el apoyo emocional a la madre constituyen las intervenciones con mayor capacidad para evitar el abandono no deseado de la lactancia materna.
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