Mal agudo de montaña: prevención, reconocimiento y actuación inicial. Artículo monográfico

12 septiembre 2026

 

AUTORES

  1. Natalia Vega Doñate Torán. Enfermera en el CRP San Juan de Dios, Teruel. España.
  2. Alba Jarque Fuertes. Enfermera en el Hospital Obispo Polanco, Teruel. España.
  3. Candela Abril Rubio. Enfermera en el Centro de Salud de Calamocha. Teruel. España.
  4. Sara Lázaro Mora. Enfermera en el Hospital Obispo Polanco, Teruel. España.
  5. Benjamín Civera Domingo. Enfermero en el Hospital Obispo Polanco, Teruel. España.

RESUMEN

El mal agudo de montaña aparece, en ocasiones, cuando una persona asciende rápidamente a una altitud elevada sin tiempo para aclimatarse. Los principales síntomas son dolor de cabeza, cansancio, mareo, náuseas, pérdida de apetito y alteraciones del sueño.

El objetivo de este artículo monográfico es describir su prevención, reconocimiento y actuación inicial, siendo la medida de prevención más eficaz la de aumentar gradualmente la altitud. Otra medida recomendada es la acetazolamida en personas con riesgo cuando no es posible realizar un ascenso lento, pero siempre con valoración médica. Además, si aparecen síntomas se debe detener el ascenso y no continuar hasta la mejoría. Cabe destacar que el empeoramiento, la confusión, la alteración de la marcha o la dificultad para respirar en reposo son signos de edema cerebral o pulmonar y se debe descender de inmediato.

Para ello, enfermería puede realizar educación previa, valorar síntomas y coordinar el descenso y la evacuación.

PALABRAS CLAVE

Mal de altura, montañismo, aclimatación, prevención, primeros auxilios, cuidados de enfermería.

ABSTRACT

Acute mountain sickness may occur when a person ascends rapidly to high altitude without sufficient acclimatization. Common symptoms include headache, fatigue, dizziness, nausea, loss of appetite and sleep disturbance. This article describes prevention, recognition and initial management. Gradual increase in sleeping altitude is the most effective preventive measure. Acetazolamide may be indicated for at-risk individuals when slow ascent is not possible, but it requires medical assessment. If symptoms develop, ascent should stop until improvement. Worsening symptoms, confusion, gait disturbance or breathlessness at rest suggest cerebral or pulmonary oedema and require immediate descent. Nurses can provide pre-travel education, assess symptoms and coordinate descent and evacuation.

KEY WORDS

Altitude sickness, mountaineering, acclimatization, prevention, first aid, nursing care.

DESARROLLO DEL TEMA

El mal agudo de montaña es un conjunto de síntomas que puede aparecer al ascender a una altitud elevada sin tiempo suficiente para aclimatarse. Generalmente se relaciona con estancias por encima de 2.500 metros, aunque la altitud exacta y la respuesta varían entre personas, pudiendo afectar a deportistas entrenados ya que no depende únicamente de la condición física1,2.

Al aumentar la altitud disminuye la presión atmosférica y la cantidad de oxígeno disponible. El organismo responde aumentando la ventilación y realizando cambios que necesitan tiempo. Cuando el ascenso es demasiado rápido, algunas personas presentan dolor de cabeza, cansancio, mareo, náuseas, falta de apetito y alteraciones del sueño1-3.

El diagnóstico de mal agudo de montaña requiere que los síntomas aparezcan después de ganar altitud y que exista dolor de cabeza o un cuadro compatible según los criterios utilizados, comenzando entre varias horas y el primer día después de la llegada. Una mala noche de sueño o el cansancio aislado no son suficientes para establecer el diagnóstico1,2,4.

El principal factor de riesgo es la velocidad de ascenso. También influyen la altitud alcanzada, la altitud a la que se duerme y los antecedentes personales. Haber presentado mal de altura previamente aumenta el riesgo, pero haber tolerado una ascensión no garantiza que siempre ocurra lo mismo1,3.

En cuanto a las medidas preventivas, la más importante es ascender de manera gradual. Una vez superados los 3.000 metros, las guías recomiendan limitar el aumento de la altitud de descanso y añadir días de aclimatación cuando se realizan ascensos importantes1. Las recomendaciones deben adaptarse al itinerario y a los antecedentes.

Además, es conveniente evitar un esfuerzo excesivo durante las primeras horas, mantener una hidratación normal y no consumir grandes cantidades de alcohol o sedantes. Sin embargo, beber agua en exceso no previene el mal de altura y puede producir alteraciones del sodio1,3,4.

Por otra parte, la acetazolamida favorece la aclimatación al estimular la ventilación, por lo que puede ser útil para prevenir el mal agudo de montaña en personas con factores de riesgo moderado o alto, especialmente cuando no es posible ascender progresivamente1,5. Los metaanálisis confirman su eficacia preventiva y muestran que las dosis bajas pueden ser suficientes en muchos adultos6. Asimismo, las recomendaciones para ascensos rápidos insisten en individualizar la pauta según la altitud, la velocidad de ascenso y la situación clínica7. Tiene especial relevancia que se trata de un medicamento que debe ser prescrito por un profesional y no debe emplearse como sustituto de un itinerario seguro. Sus efectos adversos más frecuentes incluyen hormigueo, aumento de la orina y alteración del sabor de bebidas con gas. Antes de utilizarla deben revisarse antecedentes, alergias, embarazo, función renal y otros tratamientos. También se ha observado que la dexametasona puede prevenir o tratar algunos cuadros, pero no favorece la aclimatación y se reserva para situaciones concretas1,4-7.

Las intervenciones no farmacológicas diferentes al ascenso gradual han mostrado evidencia limitada o incierta. Productos herbales, suplementos y sistemas de preaclimatación no sustituyen una planificación adecuada8.

En caso de que aparezcan síntomas leves, la persona debe detener el ascenso y descansar en la misma altitud. Además, puede utilizarse analgesia y tratamiento de las náuseas según indicación, pero no se debe continuar subiendo mientras existan síntomas. Si no mejora o empeora, el descenso es el tratamiento más eficaz1-3.

Otra opción son las cámaras hiperbáricas portátiles, que pueden simular un descenso cuando la evacuación inmediata no es posible, pero constituyen una medida temporal y no deben retrasar el descenso real, además de necesitar personal entrenado1,3.

El mal agudo de montaña puede evolucionar hacia edema cerebral de gran altitud, siendo los signos de alarma la dificultad para caminar en línea recta, confusión, somnolencia intensa, comportamiento extraño, pérdida de conciencia o empeoramiento importante del dolor de cabeza. Ante estos síntomas se debe descender de inmediato, administrar oxígeno si está disponible y solicitar ayuda1-4.

Por otra parte, el edema pulmonar de gran altitud se manifiesta mediante falta de aire desproporcionada, disminución del rendimiento, tos, opresión torácica, respiración rápida y dificultad para respirar en reposo. Puede aparecer sin síntomas previos de mal agudo de montaña y también requiere descenso urgente, oxígeno y evacuación1-4.

Enfermería puede realizar educación previa, identificar personas de riesgo, explicar los síntomas y revisar el botiquín. Adicionalmente, durante una actividad puede valorar nivel de conciencia, coordinación, frecuencia respiratoria, saturación si se dispone de pulsioxímetro y evolución. En cuanto a la saturación, una cifra aislada no confirma ni descarta el diagnóstico y debe interpretarse junto con la clínica1,2,4.

Resulta importante señalar que antes de viajar a gran altitud se deben planificar rutas de descenso, comunicación, refugios y medios de evacuación1,4,7.

CONCLUSIONES

El mal agudo de montaña puede aparecer en cualquier persona que asciende con rapidez y la condición física no evita el riesgo1-3. Para prevenirlo, lo más eficaz es una ganancia gradual de la altitud de descanso, aunque existen otras medidas que pueden utilizarse en determinados casos como la acetazolamida4-7.

Si aparecen síntomas se debe detener el ascenso y se debe tener en cuenta que el empeoramiento, la alteración de la marcha, la confusión o la dificultad respiratoria en reposo obligan a descender de inmediato y solicitar ayuda de forma urgente1-4.

BIBLIOGRAFÍA

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