Prevención de la desnutrición en personas mayores: papel de enfermería en la valoración y educación nutricional

22 septiembre 2026

 

AUTORES

  1. Enara Ramallo Lamikiz. Enfermera y Dietista-Nutricionista. Aragón, España.
  2. Iris Royo Villar. Enfermera y Dietista-Nutricionista. Aragón, España.

RESUMEN

La desnutrición constituye un problema frecuente en las personas mayores y se relaciona con un mayor riesgo de pérdida de masa muscular, deterioro funcional, complicaciones clínicas y disminución de la calidad de vida. Su origen es multifactorial e incluye factores fisiológicos, clínicos, funcionales y sociales, por lo que la detección precoz y la intervención individualizada son fundamentales.

El objetivo de esta revisión es analizar los principales factores de riesgo de desnutrición en las personas mayores y las intervenciones enfermeras dirigidas a su prevención, detección y seguimiento. Se realizó una revisión narrativa mediante la búsqueda bibliográfica en PubMed, Scielo, CINAHL, Elsevier y Google Académico, complementada con guías clínicas y documentos de sociedades científicas publicados principalmente entre 2020 y 2026.

La evidencia actual destaca la importancia del cribado nutricional sistemático, la valoración individualizada y la aplicación de medidas como la adaptación y enriquecimiento de la alimentación, una adecuada hidratación y, cuando sea necesario, el uso de suplementos nutricionales. Enfermería desempeña un papel esencial mediante la educación sanitaria, la vigilancia de la ingesta y del estado nutricional y la coordinación con el equipo multidisciplinar.

PALABRAS CLAVE

Personas mayores, estado nutricional, enfermería, educación sanitaria, nutrición, prevención.

ABSTRACT

Malnutrition is a common problem among older adults and is associated with an increased risk of muscle mass loss, functional decline, clinical complications, and a reduced quality of life. Its causes are multifactorial and include physiological, clinical, functional, and social factors; therefore, early detection and individualized intervention are essential.

The objective of this review is to analyze the main risk factors for malnutrition in older adults and nursing interventions aimed at its prevention, detection, and monitoring. A narrative review was conducted through a literature search in PubMed, Scielo, CINAHL, Elsevier, and Google Scholar, supplemented by clinical guidelines and documents from scientific societies published primarily between 2020 and 2026.

Current evidence highlights the importance of systematic nutritional screening, individualized assessment, and the implementation of measures such as dietary adaptation and enrichment, adequate hydration, and, when necessary, the use of nutritional supplements. Nursing plays an essential role through health education, monitoring of food intake and nutritional status, and coordination with the multidisciplinary team.

KEY WORDS

Older adults, nutritional status, nursing, health education, nutrition, prevention.

INTRODUCCIÓN

La desnutrición constituye un problema frecuente en las personas mayores y se caracteriza por un aporte insuficiente de energía y nutrientes necesario para mantener un adecuado estado de salud. Su aparición puede estar relacionada con cambios fisiológicos propios del envejecimiento, enfermedades crónicas, dificultades para la alimentación y factores sociales. Además, se asocia con pérdida de masa muscular, deterioro funcional, mayor riesgo de infecciones, complicaciones clínicas y aumento de la mortalidad1,2.

El riesgo de desnutrición aumenta con la edad y puede verse agravado por factores como la disminución del apetito, problemas de masticación y deglución, alteraciones cognitivas, aislamiento social o polimedicación. La detección precoz mediante herramientas de cribado nutricional permite identificar a las personas en riesgo y establecer intervenciones individualizadas antes de que aparezcan complicaciones2,3.

En este contexto, enfermería desempeña un papel fundamental en la prevención y abordaje de la desnutrición mediante la valoración nutricional, la identificación de factores de riesgo, la educación sanitaria y el seguimiento de la ingesta y evolución del paciente. El objetivo de esta revisión es analizar los principales factores asociados a la desnutrición en las personas mayores y las intervenciones enfermeras dirigidas a su prevención, detección precoz y tratamiento3,4.

MATERIAL Y MÉTODO

Se realizó una revisión narrativa de la evidencia científica sobre la desnutrición en personas mayores y el papel de enfermería en su prevención y seguimiento. Se realizó una búsqueda bibliográfica en PubMed, Scielo, Elsevier y Google Académico, complementada con guías clínicas y documentos de sociedades científicas. Se seleccionaron publicaciones recientes, principalmente entre 2020 y 2026, relacionadas con los factores de riesgo, valoración nutricional, prevención, intervención y cuidados enfermeros en personas mayores.

DESARROLLO

Desnutrición en la persona mayor: concepto e impacto sanitario:

La desnutrición es una alteración del estado nutricional que se produce cuando la ingesta de energía y nutrientes no cubre las necesidades del organismo. En las personas mayores es especialmente frecuente debido a los cambios propios del envejecimiento y a la presencia de enfermedades agudas o crónicas. Su prevalencia aumenta en situaciones de mayor vulnerabilidad, especialmente entre personas hospitalizadas o con necesidad de cuidados1.

Se relaciona con importantes consecuencias para la salud, como pérdida de masa y fuerza muscular, deterioro funcional, mayor riesgo de infecciones, retraso en la recuperación y aumento de la estancia hospitalaria y de la mortalidad. Además, contribuye al desarrollo de fragilidad y sarcopenia, pudiendo afectar significativamente a la autonomía y calidad de vida de las personas mayores5.

Por ello, la prevención y detección precoz constituyen una prioridad en la atención a las personas mayores. La valoración periódica del estado nutricional permite identificar situaciones de riesgo e iniciar intervenciones individualizadas antes de que aparezcan complicaciones. Las recomendaciones actuales apoyan un abordaje integral que combine medidas nutricionales, hidratación adecuada, educación y seguimiento por parte del equipo multidisciplinar1.

Factores de riesgo:

La desnutrición en las personas mayores tiene un origen multifactorial. Entre los factores fisiológicos destacan la disminución del apetito, los cambios en la percepción del sabor y el olfato, las alteraciones de la dentición y la dificultad para masticar o tragar. Además, la disminución de la movilidad y la dependencia para realizar actividades como comprar, preparar o consumir alimentos pueden favorecer una ingesta insuficiente2,6.

Las enfermedades crónicas, la multimorbilidad, el deterioro cognitivo, la demencia, la depresión y la fragilidad también aumentan el riesgo de desnutrición. A ello se pueden añadir determinados tratamientos farmacológicos y los periodos de hospitalización, que pueden alterar el apetito, la ingesta o la capacidad funcional de la persona mayor1,2.

Por último, los factores sociales y económicos tienen una importante influencia. Vivir solo, el aislamiento social, las dificultades económicas, la dependencia para adquirir o preparar alimentos y la falta de apoyo familiar pueden dificultar el acceso a una alimentación adecuada. La identificación de estos factores permite establecer medidas preventivas individualizadas y realizar una intervención precoz2,7.

Valoración y detección precoz:

La detección precoz de la desnutrición comienza con un cribado nutricional sistemático. En las personas mayores pueden emplearse herramientas como el Mini Nutritional Assessment (MNA) o su versión abreviada (MNA-SF), que permiten identificar a quienes presentan riesgo nutricional y necesitan una valoración más completa. Las recomendaciones ESPEN aconsejan realizar este cribado de forma rutinaria en las personas mayores para facilitar una intervención temprana1.

Cuando el cribado identifica riesgo, debe realizarse una valoración integral que incluya pérdida de peso involuntaria, disminución de la ingesta, índice de masa corporal y masa muscular, además de considerar la presencia de enfermedad o inflamación. Los criterios GLIM permiten establecer el diagnóstico de desnutrición combinando criterios fenotípicos y etiológicos, facilitando una valoración estandarizada8.

Intervenciones nutricionales:

  • Alimentación equilibrada y adaptación de la dieta:

La intervención inicial debe centrarse en adaptar la alimentación a las necesidades y preferencias de la persona mayor. Se recomienda ofrecer alimentos de elevada densidad nutricional, enriquecer las preparaciones cuando sea necesario y adaptar la textura en caso de problemas de masticación o deglución. Estas medidas deben individualizarse y tener en cuenta las preferencias, capacidad funcional y situación clínica del paciente1.

  • Hidratación:

Las personas mayores presentan un mayor riesgo de deshidratación debido a cambios fisiológicos, enfermedades y disminución de la ingesta de líquidos. Por ello, se debe favorecer una ingesta adecuada mediante la oferta frecuente de bebidas y adaptando su presentación a las necesidades y preferencias de cada persona1.

  • Suplementación nutricional:

Los suplementos nutricionales orales pueden utilizarse cuando las modificaciones de la dieta y el enriquecimiento de los alimentos no permiten alcanzar los objetivos nutricionales. Su indicación debe individualizarse y realizarse dentro de un plan de cuidados que incluya seguimiento de la ingesta y evolución nutricional. La evidencia disponible muestra beneficios sobre la ingesta energética y proteica, aunque los resultados sobre otros desenlaces clínicos son variables1,9.

Educación sanitaria y papel de enfermería:

La enfermería desempeña un papel fundamental en la prevención de la desnutrición mediante la educación nutricional y el seguimiento individualizado. Entre sus intervenciones se incluyen orientar sobre una alimentación equilibrada, favorecer una adecuada hidratación, identificar dificultades para comer y adaptar las recomendaciones a las preferencias y capacidades de cada persona. La educación y el asesoramiento nutricional pueden integrarse en los cuidados habituales de enfermería, especialmente en personas con riesgo nutricional 5.

Además, enfermería participa en la vigilancia de la ingesta, el peso y la evolución del estado nutricional, detectando precozmente cambios que puedan requerir una intervención. La coordinación con médicos, dietistas-nutricionistas y otros profesionales permite establecer un plan individualizado y multidisciplinar. La formación continuada del personal de enfermería también puede mejorar los conocimientos y las prácticas relacionadas con el cuidado nutricional de las personas mayores5.

Seguimiento y prevención de complicaciones:

El seguimiento periódico permite valorar la evolución del estado nutricional, controlar el peso y la ingesta y detectar precozmente posibles complicaciones. La intervención debe adaptarse a las necesidades y preferencias de cada persona y realizarse de forma coordinada entre los diferentes profesionales sanitarios. La vigilancia continuada por parte de enfermería facilita la identificación de nuevos factores de riesgo y la modificación del plan de cuidados cuando sea necesario, contribuyendo a mantener el estado nutricional, la funcionalidad y la calidad de vida5,10.

Aplicación NANDA-NOC-NIC:

La utilización de las taxonomías NANDA-I, NOC y NIC permite estructurar los cuidados de las personas mayores con riesgo o presencia de desnutrición, facilitando la identificación de necesidades, la planificación de objetivos y la evaluación de los resultados. Los diagnósticos deben seleccionarse de acuerdo con la valoración individual del paciente y no aplicarse de forma sistemática a todas las personas mayores 11, 12, 13:

  • Riesgo de ingesta nutricional inadecuada. Puede plantearse en personas mayores con factores como pérdida de apetito, dificultad para masticar o deglutir, dependencia para la alimentación o presencia de enfermedades crónicas. Entre los resultados NOC pueden emplearse 1004 – Estado nutricional y 1014 – Apetito, mientras que las intervenciones NIC incluyen 1100 – Manejo de la nutrición, 1160 – Monitorización nutricional y 5246 – Asesoramiento nutricional. Estas intervenciones permiten controlar la ingesta, peso y evolución nutricional, adaptar la alimentación y establecer objetivos individualizados.
  • 00163 – Disposición para mejorar la nutrición. Cuando la persona manifiesta interés y capacidad para mejorar sus hábitos alimentarios. Como resultados pueden plantearse 1004 – Estado nutricional y 1622 – Conducta de cumplimiento: dieta prescrita, mientras que entre las intervenciones destacan 5246 – Asesoramiento nutricional, 5614 – Enseñanza: dieta prescrita y 5510 – Educación para la salud. Su objetivo es favorecer la adquisición de hábitos saludables y la participación activa de la persona en su autocuidado.
  • En aquellos pacientes que ya presentan una alteración nutricional, la planificación deberá adaptarse a los diagnósticos NANDA-I vigentes en la edición utilizada, evitando emplear automáticamente el antiguo 00002 – Desequilibrio nutricional: ingesta inferior a las necesidades, ya que su situación dentro de NANDA-I ha cambiado entre ediciones.

CONCLUSIONES

La desnutrición en las personas mayores constituye un problema de salud de origen multifactorial que puede afectar significativamente a la funcionalidad, la autonomía y la calidad de vida. La identificación de factores de riesgo y el cribado nutricional sistemático permiten detectar precozmente a las personas vulnerables y establecer medidas preventivas antes de que aparezcan complicaciones.

Las intervenciones deben ser individualizadas y adaptarse a las necesidades, preferencias y situación clínica de cada persona. La modificación y enriquecimiento de la alimentación, la promoción de una adecuada hidratación y el empleo de suplementos nutricionales cuando estén indicados constituyen estrategias fundamentales para mantener o mejorar el estado nutricional.

Enfermería desempeña un papel fundamental en todo el proceso mediante la valoración nutricional, la educación sanitaria, el seguimiento de la ingesta y la detección precoz de cambios en el estado nutricional. La aplicación de intervenciones basadas en la evidencia y el trabajo coordinado con el equipo multidisciplinar permiten mejorar la atención nutricional y contribuir al mantenimiento de la funcionalidad y la calidad de vida de las personas mayores.

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13. Butcher, Howard K.; Wagner CM. Clasificación de intervenciones de enfermería (NIC). 8.a ed. Elsevier Health Sciences; 2024.

 

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