AUTORES
- Alberto Roche Gotor. Fisioterapeuta. Huesca. España.
- Laia León Rodrigo. Fisioterapeuta en Salud Pélvica. Huesca. España.
- Sara Pérez Puyuelo. Fisioterapeuta. Huesca. España.
- Paula López Bergua. Fisioterapeuta. Huesca. España.
- Ana Belén Arranz Álvarez. Fisioterapeuta-Osteopatía. Zaragoza. España.
RESUMEN
Las lesiones en los músculos isquiotibiales son comunes en deportes que requieren correr a gran velocidad, hacer aceleraciones y realizar movimientos que exigen mucho a la musculatura de la parte posterior del muslo. Aparte de causar pérdida de tiempo en el entrenamiento y la competición, tienen un riesgo significativo de recaída, en particular durante las primeras semanas después del regreso al deporte. La meta de este artículo monográfico es examinar la información científica existente acerca de la readaptación, rehabilitación y vuelta al deporte después de una ruptura muscular en los isquiotibiales, prestando particular atención al ejercicio terapéutico, el sprint y la progresión del correr, así como a los métodos utilizados para evaluar si el deportista está preparado. Los datos existentes apoyan un proceso personalizado y gradual que se basa en la restauración de la capacidad funcional y muscular, así como en una exposición paulatina a los requerimientos concretos del deporte. El entrenamiento de fuerza, que incluye ejercicios para fortalecer los músculos a longitudes altas, es un elemento importante en la recuperación. Además, la carrera y el sprint deben implementarse de manera gradual hasta que se cumplan los requerimientos necesarios para la competencia. El retorno no debería definirse solamente por el tiempo pasado desde la lesión, sino a través de una evaluación multidimensional que tome en cuenta los síntomas, la fuerza, las habilidades funcionales, la tolerancia a carreras de alta velocidad y la preparación para las exigencias específicas del deporte. La readaptación debe concebirse como un proceso ininterrumpido entre la rehabilitación clínica y el retorno completo a la competición.
PALABRAS CLAVE
Lesiones deportivas, músculos isquiotibiales, rehabilitación, fisioterapia, retorno al deporte.
ABSTRACT
Hamstring injuries are common in sports that involve running at high speeds, accelerating, and performing movements that place heavy demands on the muscles at the back of the thigh. In addition to causing downtime from training and competition, they carry a significant risk of recurrence, particularly during the first few weeks after returning to sports. The goal of this review article is to examine the existing scientific evidence regarding rehabilitation, recovery, and return to sport following a hamstring muscle tear, with a particular focus on therapeutic exercise, sprinting, and running progression, as well as the methods used to assess an athlete’s readiness. The existing data support a personalized and gradual process based on the restoration of functional and muscular capacity, as well as on gradual exposure to the specific demands of the sport. Strength training, which includes exercises to strengthen muscles at full range of motion, is an important part of recovery. In addition, running and sprinting should be introduced gradually until the necessary requirements for competition are met. The return to play should not be determined solely by the time elapsed since the injury, but rather through a multidimensional assessment that takes into account symptoms, strength, functional abilities, tolerance for high-speed running, and readiness for the specific demands of the sport. Rehab should be viewed as a continuous process bridging clinical rehabilitation and a full return to competition.
KEY WORDS
Athletic injuries, hamstring muscles, rehabilitation, physical therapy specialty, return to sport.
INTRODUCCIÓN
Las lesiones de la musculatura isquiotibial son un problema habitual en el deporte y son una causa relevante de pérdida de tiempo dedicado a entrenar y competir¹. Su incidencia es particularmente importante en deportes que comprenden carrera a gran velocidad, aceleraciones, variaciones de ritmo, saltos, impactos o movimientos que implican la extensión de la rodilla y la flexión de la cadera².
El bíceps femoral, el semitendinoso y el semimembranoso constituyen la mayor parte de la musculatura isquiotibial³. Estos músculos colaboran en la flexión de la rodilla y la extensión de la cadera, y ayudan a controlar la pelvis y el miembro inferior durante actividades como correr⁴. Los isquiotibiales tienen que generar grandes niveles de fuerza durante la carrera a alta velocidad, mientras sufren alteraciones significativas en su longitud⁵. Esta mezcla de elongación y fuerza hace que el sprint sea una de las circunstancias más demandantes para esta musculatura⁵. Las lesiones también pueden ocurrir durante movimientos que estiran el músculo hasta posiciones de longitud alta⁶.
El deportista generalmente experimenta dolor en la parte trasera del muslo, así como también disminución de la fuerza y restricciones funcionales⁵. La gravedad y el tiempo de recuperación dependen del lugar, la magnitud de la lesión, las estructuras afectadas y los rasgos personales². El peligro de recurrencia es uno de los problemas más importantes. Una revisión sistemática reveló una gran diversidad en los criterios empleados para decidir el regreso al deporte y la falta de un criterio universalmente validado⁷. Por lo tanto, la recuperación debe verse como un avance desde la lesión hasta que se recuperen las habilidades requeridas para encarar las exigencias deportivas¹.
OBJETIVO
El propósito de este artículo es examinar el proceso de readaptación y regreso al deporte después de que se ha producido una ruptura muscular en los isquiotibiales, analizando las estrategias terapéuticas más relevantes y los criterios utilizados para evaluar la preparación del atleta1-7.
METODOLOGÍA
Se llevó a cabo un análisis narrativo de la bibliografía científica que trata sobre las lesiones en los isquiotibiales, así como su recuperación, readaptación y regreso al deporte. La indagación se realizó sobre todo en las bases de datos de Web of Science, Scopus, PEDro y PubMed.
Se emplearon expresiones vinculadas a «hamstring injury», «hamstring strain», «hamstring rehabilitation», «return to sport», «return to play», «sports rehabilitation», «eccentric exercise» y «sprinting». Se hizo énfasis en revisiones sistemáticas, ensayos clínicos, investigaciones observacionales y documentos de consenso.
Se tomaron en cuenta estudios hechos en deportistas y publicaciones enfocadas en las lesiones musculares agudas de los isquiotibiales. Se omitieron los estudios que se enfocaban únicamente en lesiones tendinosas proximales que necesitarán cirugía. Los datos se estructuraron en relación con la rehabilitación, los factores de recuperación, las características de la lesión, el ejercicio terapéutico, la readaptación y el regreso a la práctica deportiva.
DESARROLLO
1. Anatomía y función:
La parte trasera del muslo es donde se ubica la musculatura isquiotibial, que está compuesta por el semimembranoso, el bíceps femoral y el semitendinoso. La cabeza larga del bíceps femoral, el semitendinoso y el semimembranoso contribuyen a la flexión de la rodilla y a la extensión de la cadera. En cambio, la cabeza corta del bíceps femoral colabora sobre todo en la flexión de la rodilla. Los isquiotibiales experimentan durante el sprint grandes exigencias mecánicas, sobre todo en la etapa final de la oscilación. Para que el músculo genera fuerza, es necesario que esté elongado; esto ayuda a entender por qué las lesiones son tan frecuentes en los deportes de velocidad⁵,⁶.
2. Mecanismos de lesión:
Los daños pueden ocurrir a través de mecanismos que están asociados con carreras a gran velocidad o con movimientos que causan una elongación significativa de los músculos⁴⁻⁶. El pronóstico puede estar influenciado por la ubicación y las propiedades estructurales. En la valoración inicial, se debe tener en cuenta el rango de movimiento, la localización del dolor, su intensidad, la fuerza, el mecanismo de lesión y si ha habido lesiones previas, así como si hay dolor durante la contracción y si tiene capacidad para caminar. La resonancia magnética puede proporcionar datos estructurales, pero sus descubrimientos no se deben emplear de manera independiente para determinar el retorno⁷.
3. Factores relacionados con la recurrencia:
Tener una lesión anterior es uno de los principales factores de riesgo para que se produzca otra nueva lesión⁷. Además, una recuperación incompleta de la fuerza, una falta de exposición a esfuerzos veloces, déficits en la capacidad excéntrica y un regreso demasiado pronto a las exigencias deportivas pueden ser factores contribuyentes³⁻⁸. El deportista puede no presentar síntomas en actividades de baja intensidad, pero no haber recuperado la capacidad que se requiere para aguantar un sprint máximo. Por esta razón, la rehabilitación debe avanzar de tareas menos exigentes a actividades que simulen las condiciones de competencia⁹.
4. Fase inicial de rehabilitación:
En la primera etapa, el objetivo es controlar los síntomas y empezar a recuperar gradualmente la capacidad de carga. El propósito del tratamiento no es el reposo absoluto por un periodo largo. Cuando la situación clínica lo posibilita, se debe comenzar una carga que aumente progresivamente y se ajuste a la tolerancia de cada individuo⁹. Los ejercicios de baja intensidad tienen la capacidad de mantener la activación muscular y permitir que el cuerpo recupere su habilidad para generar fuerza. La progresión debe hacerse con consideración a la respuesta durante y después del ejercicio. La rehabilitación individualizada y el avance según la capacidad y los síntomas son recomendados por el consenso internacional⁹.
5. Recuperación de la fuerza muscular:
Uno de los objetivos fundamentales es la recuperación de la fuerza. Se pueden emplear primero contracciones isométricas y ejercicios de baja carga, y después aumentar la resistencia a través de ejercicios concéntricos y excéntricos³. Recuperar fuerza en posiciones musculares cortas no debe ser el único propósito final. La musculatura tiene que ser capaz de generar fuerza en posiciones más largas, como las que se presentan durante la carrera rápida⁵⁻⁶. Un protocolo que se basa en ejercicios de elongación demostró menos tiempo hasta la vuelta a la práctica completa en futbolistas profesionales en comparación con un protocolo estándar⁴. Los velocistas y saltadores de élite también mostraron resultados positivos con un protocolo basado en ejercicios de elongación⁴. Estos hallazgos respaldan la relevancia de incorporar gradualmente cargas a longitudes musculares altas, siempre respetando la tolerancia de cada persona.
6. Ejercicio terapéutico y entrenamiento excéntrico:
La progresión puede contener ejercicios a velocidades más altas, trabajo unilateral, ejercicios isotónicos de bajo peso, isométricos, concéntricos y excéntricos, así como ejercicios con longitudes musculares más largas³⁻⁴. El entrenamiento excéntrico posibilita el fortalecimiento de los músculos a medida que estos se extienden. El ejercicio nórdico de isquiotibiales ha demostrado ser eficaz en los programas de prevención¹¹⁻¹³. Se halló en un metaanálisis que al añadir programas preventivos a futbolistas, la aparición de lesiones disminuyó¹¹⁻¹³. No obstante, no debe verse como una intervención independiente, sino como parte de un programa que contemple carrera, fuerza, gestión de cargas y sprint¹⁶.
7. Progresión de la carrera:
La carrera tiene que ser incorporada de manera gradual, iniciando con velocidades bajas y subiendo la intensidad poco a poco. Una progresión orientativa sería carrera suave, carrera moderada, carrera rápida, aceleraciones, desaceleraciones, cambios de ritmo, sprint submáximo y sprint de alta velocidad⁹. La progresión se tiene que personalizar. La carrera no debe ser vista solamente como una prueba al final, sino más bien como un elemento activo de la rehabilitación. La relevancia del sprint y de la carrera, así como la necesidad de avanzar en función de las habilidades del atleta y las exigencias del deporte, son resaltadas por el consenso internacional⁹.
8. Readaptación deportiva:
L La readaptación es el proceso que hay entre la recuperación de la función y la participación total en el deporte. En esta etapa, las exigencias técnicas y físicas específicas se van replicando de manera gradual⁹⁻¹⁶. Un futbolista puede incluir carreras, aceleraciones, desaceleraciones, giros, golpes, saltos y confrontaciones individuales o colectivas. Las exposiciones progresivas a las velocidades máximas, salidas y aceleraciones serán más significativas en un velocista⁴⁻⁶. No hay un solo programa de readaptación. La situación del atleta y las exigencias reales del deporte deben definir la etapa final¹⁶.
9. Criterios para progresar:
La transición entre etapas debe llevarse a cabo cuando el atleta muestra una tolerancia apropiada a la carga. Se pueden tener en cuenta la reducción del dolor, la falta de deterioro después, el retorno al rango de movimiento, fuerza, aptitud para llevar a cabo ejercicios concretos, tolerancia a cargas excéntricas y habilidad para correr, acelerar y desacelerar³⁻⁹. Hickey et al. encontraron una notable diversidad en los criterios que se aplican para avanzar en la rehabilitación y decidir el regreso a la actividad deportiva³.
10. Criterios para el retorno al deporte:
Una revisión sistemática acerca de retorno al deporte determinó que criterios comunes eran la recuperación de fuerza y flexibilidad, el permiso del equipo médico, pruebas funcionales y la falta de dolor¹. No obstante, no hay un único criterio que esté validado de manera suficiente¹⁻²⁻⁷. Es necesario incluir la falta de síntomas, la recuperación de fuerza, la tolerancia a carreras cortas y largas, la capacidad funcional y la preparación mental en una evaluación multidimensional⁹. Aunque no definió valores universales para cada variable, el consenso internacional llegó a un acuerdo sobre la relevancia de emplear criterios vinculados al dolor y al sprint⁹. La preparación psicológica también puede tener un impacto en el regreso¹⁶.
11. Retorno al entrenamiento y retorno a la competición:
Es fundamental distinguir entre la vuelta al entrenamiento y el regreso a la competición¹⁶. Un atleta puede soportar ciertas tareas de entrenamiento y aún no estar listo para enfrentar las exigencias integrales de un partido o torneo¹⁶. Una posible secuencia de entrenamiento es la siguiente: entrenamiento individual, integración parcial, entrenamiento integral, exposición a exigencias máximas y, por último, competencia¹⁶. En esta etapa, hay que supervisar cómo reacciona el deportista a la carga acumulada¹⁶.
12. Tiempo frente a criterios funcionales:
El tiempo transcurrido puede ser considerado como referencia, aunque no debería ser el único estándar¹⁶. La recuperación varía entre individuos y está supeditada a la gravedad, la ubicación, las características del deportista y las exigencias deportivas¹⁶. La literatura muestra que no hay acuerdo sobre una definición única de retorno al deporte¹⁻²⁻⁷.
13. Dolor durante la rehabilitación:
La rehabilitación no tiene que llevarse a cabo con el criterio absoluto de ausencia de dolor en todas sus etapas¹⁰. Un ensayo clínico comparó una rehabilitación sin dolor con otra que permitía trabajar hasta un umbral determinado de dolor; en cuanto al tiempo hasta la autorización del regreso, no se hallaron diferencias relevantes¹⁰. Estos resultados no significan que el dolor se ignore. El dolor debe ser analizado de acuerdo con la etapa de rehabilitación y la actividad, empleando criterios particularmente rigurosos para las acciones de sprint⁹.
14. Prevención de recaídas:
La prevención tiene que iniciar durante la rehabilitación y continuar luego de regresar¹¹⁻¹³. Entre las tácticas sobresalen el entrenamiento de fuerza, los ejercicios excéntricos, el trabajo con longitudes musculares altas, la exposición progresiva al sprint, la administración de cargas y la monitorización de síntomas¹¹⁻¹³. Los programas que incorporan el ejercicio nórdico han probado disminuir la frecuencia de lesiones isquiotibiales en jugadores de fútbol¹¹⁻¹³. Sin embargo, hay que entender la prevención como un programa completo y constante¹⁶.
DISCUSIÓN
Dado que los factores deportivos, físicos, estructurales y biomecánicos se interrelacionan entre sí, las lesiones de isquiotibiales son muy complejas⁵,⁶,⁸⁻¹⁶. Una de las conclusiones más importantes que se han encontrado en la literatura es que no existe un único criterio para determinar cuándo regresar al deporte¹⁻³,⁷⁻⁹.
El ejercicio terapéutico es uno de los fundamentos de la rehabilitación. Los estudios de Askling et al. demostraron que protocolos con ejercicios de elongación eran capaces de disminuir el tiempo de retorno en ciertos grupos de deportistas⁴. No obstante, la interpretación de estos resultados depende del tipo de población y las especificidades de la lesión⁴⁻¹⁶.
El propósito no debe ser solo obtener un retorno veloz, sino también lograr una capacidad adecuada para enfrentar las exigencias del deporte con menos riesgo de recaída⁷⁻⁹,¹³⁻¹⁶. Es particularmente relevante el avance de carrera y sprint, ya que la habilidad para llevar a cabo ejercicios de fuerza en el gimnasio no asegura poder afrontar las exigencias mecánicas del sprint⁵,⁶.⁹⁻¹⁵.
La función del dolor durante la rehabilitación también ha sido matizada por las pruebas recientes. Se aconseja de manera unánime a nivel mundial que se individualicen los umbrales y se avance de acuerdo con los síntomas y la capacidad⁹,¹⁰. Por lo tanto, la readaptación debe concebirse como un avance constante en el que las exigencias se incrementan de manera progresiva hasta llegar a los requerimientos de la competencia⁹⁻¹⁶.
CONCLUSIONES
Los desgarros musculares de los isquiotibiales son una lesión común y tienen un alto riesgo de reincidencia. La rehabilitación tiene que hacerse de forma gradual y personalizada, considerando las particularidades de la lesión, las habilidades del atleta y los requerimientos específicos del deporte.
El ejercicio terapéutico es una herramienta clave. Es necesario que la rehabilitación de la fuerza incluya, de forma gradual, ejercicios que posibiliten al músculo generar fuerza en posiciones más largas. La carrera debe avanzar desde velocidades lentas hasta esfuerzos de velocidad alta y sprint.
La readaptación debe replicar de manera gradual las exigencias concretas del deporte, posibilitando la transición desde actividades individuales a contextos que se asemejen cada vez más al entrenamiento y a la competencia.
No hay un criterio único que haya sido validado de manera universal para establecer el retorno. La determinación debe fundamentarse en una evaluación que contemple diversos aspectos, entre los que se encuentran la fuerza, los síntomas, la movilidad, las demandas específicas, el sprint y el desempeño funcional.
El tiempo transcurrido desde la lesión puede ser un factor de referencia, pero no debe ser el único criterio. Se debe concebir el regreso al deporte como un proceso gradual que sigue criterios, y no como una fecha fijada únicamente por el tiempo que ha pasado.
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