AUTORES
- Ana Isabel Herreras Cardiel. Médico Residente de Medicina Física y Rehabilitación. Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.
- Lydia Díaz Mesa. Médico Residente de Medicina Física y Rehabilitación. Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.
- Adriana Fernández Gonzalo. Médico Especialista Radiodiagnóstico. Hospital General Universitario Gregorio Marañón, Madrid, España.
- María Pilar Solsona Anadón. Médico Especialista Medicina Física y Rehabilitación. Hospital de Alcañiz, Teruel, España.
RESUMEN
Las quemaduras graves que afectan a las extremidades inferiores suponen un importante reto terapéutico debido al riesgo de complicaciones locales, la necesidad de múltiples intervenciones quirúrgicas y la elevada probabilidad de secuelas funcionales. La rehabilitación precoz es fundamental para prevenir rigidez articular, pérdida de fuerza muscular y alteraciones de la marcha; sin embargo, su inicio puede verse limitado por la necesidad de garantizar la viabilidad de los injertos cutáneos.
Se presenta el caso de un varón de 50 años, previamente independiente, que sufrió quemaduras de tercer grado en la extremidad inferior derecha con exposición tendinosa y ósea, así como quemaduras de segundo grado en la extremidad inferior izquierda y muslo izquierdo, tras un accidente en el medio rural. El paciente precisó tres intervenciones quirúrgicas para la cobertura de las zonas afectadas mediante injertos cutáneos. Durante las fases iniciales del proceso rehabilitador se utilizó un sistema de monitorización de la oxigenación tisular mediante espectroscopia cercana al infrarrojo (INVOS), con el objetivo de evaluar la perfusión de los tejidos injertados durante la movilización progresiva.
La monitorización permitió iniciar y avanzar de forma segura en la rehabilitación, incluyendo cambios posturales, sedestación y deambulación, evitando comprometer la viabilidad de los injertos. Tras la retirada del dispositivo, el paciente continuó con rehabilitación convencional, logrando una evolución funcional favorable.
PALABRAS CLAVE
Quemaduras, injertos cutáneos, rehabilitación precoz, espectroscopia cercana al infrarrojo, monitorización tisular.
ABSTRACT
Severe burns affecting the lower limbs represent a major therapeutic challenge due to local complications, multiple surgical procedures, and a high risk of functional sequelae. Early rehabilitation is essential to prevent joint stiffness, muscle weakness, and gait impairment; however, its initiation may be limited by concerns regarding graft viability.
We report the case of a 50-year-old previously independent male who sustained third-degree burns to the right lower limb with tendon and bone exposure, and second-degree burns to the left lower limb and thigh. The patient underwent three surgical procedures for wound coverage using skin grafts. During the early rehabilitation phase, tissue oxygenation was monitored using near-infrared spectroscopy (INVOS) to assess graft perfusion during progressive mobilization.
This monitoring enabled safe progression of rehabilitation, including posture changes, sitting, and ambulation, without compromising graft viability. After device removal, the patient continued conventional rehabilitation with favorable functional outcomes.
KEY WORDS
Burns, skin grafts, early rehabilitation, near-infrared spectroscopy, tissue oxygenation monitoring.
INTRODUCCIÓN
Las quemaduras graves continúan siendo una causa relevante de morbimortalidad y discapacidad funcional, especialmente cuando afectan a las extremidades inferiores. La profundidad de las lesiones, la exposición de estructuras profundas y la necesidad de cobertura quirúrgica mediante injertos cutáneos condicionan un alto riesgo de secuelas funcionales y prolongación de la estancia hospitalaria1,2.
La rehabilitación precoz constituye un pilar esencial en el abordaje integral del paciente quemado, ya que permite prevenir contracturas, mantener el rango articular, preservar la fuerza muscular y facilitar la recuperación de la marcha. No obstante, el inicio del tratamiento rehabilitador debe equilibrarse con la necesidad de proteger los injertos cutáneos durante las fases iniciales de su integración, periodo en el que la movilización de la extremidad injertada se encuentra limitada, generalmente durante los primeros diez días2.
En este contexto, la espectroscopia cercana al infrarrojo (near-infrared spectroscopy, NIRS) permite la monitorización no invasiva de la oxigenación tisular regional, proporcionando información indirecta sobre la perfusión de los tejidos. Su utilización en pacientes con injertos cutáneos puede aportar un valor añadido para guiar la progresión segura de la rehabilitación3.
El objetivo de este artículo es describir el proceso rehabilitador de un paciente con quemaduras graves e injertos extensos en extremidades inferiores, destacando la utilidad clínica de la monitorización de la oxigenación tisular mediante INVOS como herramienta de apoyo a la rehabilitación precoz.
PRESENTACIÓN DEL CASO CLÍNICO
Varón de 50 años, previamente independiente para las actividades básicas e instrumentales de la vida diaria, que deambulaba sin ayudas técnicas y vivía solo. Sufre un accidente mientras realizaba una quema de rastrojos en el medio rural, presentando quemaduras térmicas de distinta profundidad.
A la valoración inicial se objetivan quemaduras de tercer grado en la extremidad inferior derecha, con exposición de tendones y tejido óseo, y quemaduras de segundo grado en la extremidad inferior izquierda y en el muslo izquierdo. El paciente precisa ingreso hospitalario y manejo quirúrgico especializado.
A lo largo de su evolución clínica, es intervenido quirúrgicamente en tres ocasiones para la cobertura de las zonas afectadas mediante injertos cutáneos, utilizando como zonas donantes el muslo derecho y el deltoides. Tras la primera intervención quirúrgica, se decide la colocación de un sistema de monitorización de la oxigenación tisular mediante espectroscopia cercana al infrarrojo (INVOS), con el objetivo de evaluar de forma continua la perfusión de los tejidos injertados durante el inicio de la rehabilitación.
Respetando el periodo de protección del injerto, durante los primeros días el tratamiento rehabilitador se inicia en decúbito supino, centrado en la extremidad inferior izquierda, que presentaba lesiones de menor profundidad. Se logra una recuperación precoz del balance articular completo, permitiendo la realización de ejercicios isométricos y activo-asistidos.
Posteriormente, se inician ejercicios en sedestación, manteniendo inicialmente la extremidad inferior derecha elevada. De forma progresiva, se va descendiendo dicha extremidad, monitorizando en todo momento los valores de oxigenación tisular proporcionados por el dispositivo INVOS. Esta monitorización permitió comprobar que los valores se mantenían dentro de rangos seguros, evitando descensos significativos que pudieran comprometer la viabilidad del injerto.
En fases posteriores, se inicia el entrenamiento de la deambulación con el dispositivo de monitorización colocado, lo que permitió avanzar de manera controlada en la carga funcional y el trabajo de la marcha. Tras la tercera y última intervención quirúrgica, y una vez confirmada la correcta integración de los injertos, se retira el dispositivo INVOS, continuando el proceso rehabilitador con un programa convencional de fortalecimiento, reeducación de la marcha y trabajo funcional bilateral.
DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES
El manejo del paciente con quemaduras graves en extremidades inferiores requiere una estrecha coordinación entre los equipos quirúrgicos y de rehabilitación. Si bien la protección de los injertos cutáneos es prioritaria en las fases iniciales, un retraso excesivo en el inicio de la rehabilitación puede condicionar secuelas funcionales relevantes y una recuperación más prolongada4.
En el caso presentado, la utilización de la monitorización de la oxigenación tisular mediante espectroscopia cercana al infrarrojo permitió compatibilizar la seguridad de los injertos con el inicio precoz y progresivo del tratamiento rehabilitador. La disponibilidad de información objetiva sobre la perfusión tisular durante los cambios posturales, la sedestación y la deambulación facilitó la toma de decisiones clínicas y permitió una progresión individualizada de la rehabilitación.
La rehabilitación precoz en pacientes quemados ha demostrado beneficios en la prevención de contracturas, el mantenimiento de la fuerza muscular y la mejora de la funcionalidad. La incorporación de herramientas de monitorización tisular puede constituir un apoyo útil en casos complejos, optimizando la seguridad y la eficacia del proceso rehabilitador.
En conclusión, este caso pone de manifiesto el valor de la monitorización de la oxigenación tisular como herramienta complementaria en la rehabilitación precoz de pacientes con quemaduras graves e injertos cutáneos extensos, reforzando el papel del médico rehabilitador en el abordaje integral y funcional de estos pacientes.
BIBLIOGRAFÍA
- Edgar D, et al. Rehabilitation after burn injury. BMJ. 2013, 346:506.
- Brusselaers N, et al. Severe burn injury in Europe. Burns. 2010, 36:120-129.
- Scheeren TWL, et al. Near-infrared spectroscopy to monitor tissue oxygenation. J Clin Monit Comput. 2012, 26:233-241.
- Parry SM, et al. Early rehabilitation in critical illness. Crit Care. 2017, 21:226.