AUTORES
- Miguel Alcalá Galve. Graduado en Enfermería. Enfermero en el Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza.
- Laura Pilar López López. Graduada en Enfermería. Enfermera en el Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza.
- Lucía Quintilla Campodarve. Graduada en Enfermería. Enfermera en el Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza.
- Inés Peralta Nicolás. Graduada en Enfermería. Enfermera en el Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza.
- Diego Klaas Fábregas. Graduado en Enfermería. Enfermero en el Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza.
- Paula Sánchez Acereda. Graduada en Enfermería. Enfermera en el Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza.
RESUMEN
La depresión posparto (DPP) es un síndrome con un gran impacto en la salud mental de las mujeres y de los recién nacidos. Continúa siendo un síndrome estigmatizado en la sociedad actual, y por tanto se encuentra infradiagnosticado, retrasando así su tratamiento, a pesar de su elevada prevalencia. Por lo que se debe formar al personal sanitario en la identificación precoz de los factores de riesgo asociados y proporcionar medidas de actuación.
PALABRAS CLAVE
Embarazo, posparto, salud mental, depresión.
ABSTRACT
Postpartum depression (PPD) is a syndrome with a great impact on the mental health of women and newborns. It continues to be a stigmatized syndrome in today’s society, and therefore is underdiagnosed, thus delaying its treatment, despite its high prevalence. Therefore, health personnel must be trained in the early identification of associated risk factors and action measures provided.
KEY WORDS
Pregnancy, postpartum, mental health, depression.
INTRODUCCIÓN
De acuerdo con la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11), la depresión posparto consiste en un síndrome relacionado con el embarazo o puerperio, que suele tener lugar a las 6 semanas después del parto y conlleva cambios a nivel psicológico y en el comportamiento, que suele expresarse mediante síntomas depresivos. Así lo categoriza en el código 6E20 como “Trastornos mentales o del comportamiento asociados con el embarazo, el parto o el puerperio, sin síntomas psicóticos”1.
Los síntomas comunes a otros cuadros depresivos con los que se suele expresar la DPP son: fatiga, ansiedad y sentimientos de tristeza que obstaculizan el desarrollo de las actividades diarias, el cuidado del recién nacido (RN) y el autocuidado. Mientras que no incluye los delirios, alucinaciones o síntomas psicóticos, puesto que estas pertenecen a otra enfermedad mental grave conocida como psicosis postparto1.
No obstante, la DPP puede tener lugar después de las 4-6 semanas tras el parto, por lo que, en la práctica clínica, el periodo de aparición de este síndrome se extiende hasta el año de vida del bebé2,3.
Se debe distinguir de las famosas baby blues, conocidas como tristeza postparto. Esta se caracteriza por labilidad emocional, irritabilidad, tristeza, ansiedad, llanto fácil, entre otros síntomas. Lo suelen experimentar madres primerizas (existe una prevalencia mundial del 40%) entre el segundo y tercer día posparto, por lo que es muy común. A diferencia de la DPP su remisión suele ser espontánea a las 2-3 semanas y no suele requerir tratamiento médico, sino que se suele resolver mediante las redes de apoyo de la madre1,3.
Otro trastorno, menos frecuente, pero requiere de ingreso hospitalario, es la psicosis posparto. Este síndrome se caracteriza por cursar con síntomas psicóticos como son delirios, alucinaciones u otros síntomas psicóticos. Así, viene recogido en el diagnóstico “trastornos mentales o del comportamiento asociados con el embarazo, el parto o el puerperio, con síntomas psicóticos” en este caso, además de presentar síntomas del estado de ánimo depresivo, también lo harán con síntomas maníacos. Además, si cumple los requisitos para clasificar un trastorno mental específico, a parte también se debe asociar ese diagnóstico1.
La maternidad, no siempre es un periodo de alegría y felicidad para las mujeres, y la salud mental de la madre suele ser desatendida durante este periodo. La mayor parte de los cuidados priorizan la salud física del recién nacido y de la madre, dejando de lado la salud mental de la madre4.
La madre supone una figura crucial durante el proceso de gestación, su nuevo rol adquirido en esta etapa puede ser vivamente estresante. Por lo que es necesario conocer los cambios físicos que se producen durante esta etapa, al igual que los cambios emocionales y sociales que conllevan. En ocasiones, todo ello puede conllevar a estados de ansiedad, depresión y otras afectaciones de la salud mental de la mujer4.
A consecuencia de los cambios hormonales, la mujer es más propensa a experimentar trastornos emocionales, y con más frecuencia durante el embarazo. Por lo que es habitual la emoción de tristeza, junto con la ansiedad y la depresión. Destacar, que estos cambios no solo afectan a la madre, sino que también pueden involucrar a los núcleos familiares más cercanos y, sobre todo, al recién nacido. El vínculo madre-bebé se ve debilitado, lo que puede originar a corto o largo plazo problemas a nivel emocional, social y cognitivos en el bebé. Además, también afecta a la relación con la pareja, sometiéndose a estrés, e incluso derivar a una depresión del padre5.
El nacimiento de un bebé puede originar distintas reacciones en la mujer, en la primera semana es frecuente el llanto, el agobio, problemas para conciliar el sueño o alteraciones en el estado de ánimo. Estos síntomas suelen durar de 2 a 3 días hasta las 2 semanas. En el momento que se convierten incapacitantes y dificultan el desarrollo de las actividades diarias, es cuando nos referimos a ellos como DPP6.
Los estudios indican, que una de cada 5 mujeres embarazadas, un 20%, está en riesgo de adquirir una alteración psíquica durante el puerperio, siendo las incidencias más elevadas en los trastornos relacionados con la ansiedad y la depresión. Destaca la DPP como la complicación más frecuente en la maternidad7,8.
La DPP puede afectar a cualquier madre, la incidencia se ve aumentada en madres adolescentes (26%) y en niveles socioeconómicos bajos (38,2%). Es de etiología desconocida, pero el riesgo aumenta con antecedentes familiares o personales de depresión7,8.
OBJETIVOS
Objetivo general:
- Analizar el impacto que la depresión posparto tiene en la madre y en su núcleo familiar.
Objetivos específicos:
- Conocer las consecuencias de la depresión posparto en la salud de la madre y en el vínculo madre-bebé.
- Identificar los factores de riesgo asociados a la depresión posparto.
- Sensibilizar al personal de enfermería sobre su papel en el abordaje de la depresión posparto.
METODOLOGÍA
Para la revisión bibliográfica se ha realizado una búsqueda en las principales bases de datos mediante operadores booleanos. Las bases consultadas han sido: PubMed, Dialnet, Elsevier y Scielo. Mediante las siguientes palabras clave: “embarazo” AND “postparto” AND “salud mental” AND “depresión”.
La búsqueda de información se complementó con información obtenida de instituciones públicas y organizaciones oficiales.
RESULTADOS
Diversos factores influyen en el impacto que un nacimiento puede tener en la salud mental de la madre, como son: el deseo o no de embarazo, la edad (si la madre es adolescente o mayor de 30 años), la evolución complicada del parto o la presencia de desórdenes mentales previos. Al igual que existen factores externos como son las redes de apoyo de la madre, las condiciones laborales, etc. Además, se ha observado que la DPP se ha asociado en mujeres con un tipo de apego ansiosos y evitativo de la madre hacia el recién nacido8,9.
Se ha demostrado que la DPP no tratada tiene efectos negativos, tanto para la salud de la madre, como en el recién nacido. Puede causar un aumento en la comorbilidad de las mujeres incluyendo falta de cuidados maternos (como controles maternales, ingesta de alcohol y/o tabaco), preeclampsia y eclampsia, riesgo suicida en las madres y alteraciones en el vínculo madre-hijo9.
A su vez, en los recién nacidos, manifiestan los efectos de la DPP con incremento en los niveles de cortisol y noradrenalina, menores niveles de dopamina y serotonina. También se ha relacionado la DPP con bajo peso al nacer, riesgo de parto prematuro e irritabilidad en el recién nacido9.
Por lo que, las consecuencias de una DPP sin tratamiento superan a los riesgos del uso de antidepresivos durante el embarazo. Se recomienda iniciar el tratamiento con medidas no farmacológicas como son: intervenciones psicoterapéuticas individuales, en grupo y familiares basadas en la terapia cognitivo-conductual y la terapia interpersonal. El uso de psicofármacos debe ser individualizado y basado en una revisión exhaustiva de los antecedentes de cada paciente, valorando los riesgos y beneficios de cada tratamiento10.
El diagnóstico de la DPP suele retrasarse puesto que las mujeres no expresan su sintomatología, lo cual también supone un retraso en el tratamiento. Es común que entre las mujeres sientan vergüenza y culpabilidad de presentar DPP ante el miedo de ser estigmatizadas como malas madres ante un entorno social que entiende el nacimiento de un bebé como un evento de felicidad6,11.
Para poder reconocer este síndrome a tiempo, el profesional sanitario debe establecer un vínculo de confianza profesional-paciente en el que se pueda preguntar sobre la presencia de dichos síntomas y facilitar la expresión de la vivencia de la mujer6,11
Estudios indican la importancia del personal de enfermería a la hora de prevenir, detectar y tratar este síndrome de forma efectiva. Resaltan la figura cercana de las enfermeras con las madres, lo que permite establecer relaciones de confianza y acompañarlas en el proceso del embarazo11,12.
Como se ha mencionado, la DPP puede ser complicada de detectar, por lo que la manera más efectiva para reducir la incidencia es mediante actividades preventivas. Autores demuestran que la DPP tiene un bordaje sencillo, de coste bajo y factible para el desempeño del personal de enfermería11,12.
Intervenciones como la psicoeducación basada en la educación sobre la DPP, información de apoyo y las psicoterapias (terapia cognitivo conductual, la terapia interpersonal y la orientación no directiva) han demostrado tener un efecto positivo en la prevención de la DPP y pueden ser realizadas por el personal de enfermería 11 12.
Las enfermeras de unidades de maternidad pueden educar a las madres acerca de los signos y síntomas de la DPP, dar a conocer los factores de riesgo, así como proporcionar herramientas de apoyo. Esto permite reducir el estigma social y una mejor comprensión de las madres hacia este síndrome11,12.
La prevención de la DPP también se puede lograr desde la perspectiva de la prevención secundaria, la cual se basa en la detección precoz. Para ello, es necesario realizar cribados a las mujeres, mediante la identificación de los factores de riesgo y la administración de escalas de valoración11.
Para la detección precoz existen diferentes escalas de valoración, la más utilizada es la Escala de Depresión Posnatal de Edimburgo (EDPS). Se recomienda en los controles pre y postparto como prueba de cribado. Como alternativa, se puede llevar a cabo una serie de preguntas propuestas por la guía de National Institute for Health and Clinical Excellence (NICE) conocidas como preguntas de Whooley13.
En relación con el tratamiento farmacológico, las enfermeras pueden supervisar el tratamiento pautado por el facultativo médico, y tiene un papel fundamental en el seguimiento y en la correcta adherencia al tratamiento12.
CONCLUSIÓN
La DPP es un síndrome estigmatizado en la sociedad actual, lo que causa un retraso en la identificación y tratamiento precoz. Se ha demostrado los efectos negativos que la DPP tiene tanto en la salud de la madre, como en el desarrollo del recién nacido.
Desde enfermería se pueden desarrollar numerosas intervenciones en la comunidad basadas en la prevención de la DPP que mejoran el estado de salud de las mujeres y de los recién nacidos. Por lo que, es una necesidad seguir apoyando este tipo de iniciativas en vez de suprimir recursos que dificulten el desempeño de la actividad.
Sin embargo, para el desarrollo de intervenciones de enfermería eficaces es necesario una mayor formación en relación con la DPP. A nivel nacional se han encontrado pocos datos acerca de la prevalencia, el conocimiento del personal de enfermería sobre la DPP y las barreras que dificultan su labor.
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