Un vínculo vital: la microbiota intestinal y el estrés

28 diciembre 2024

 

AUTORES

  1. Laura Pueyo Galindo. Graduado en Enfermería. Enfermera en Clínica Privada. España.
  2. Karen Vanessa Mira Escobar. Graduado en Enfermería. Enfermera en Clínica Privada. España.
  3. Marta López Rubio. Graduado en Enfermería. Enfermera en el Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
  4. Juan Antonio López Rodríguez. Graduado en Enfermería. Enfermera en el Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
  5. María Luisa Pineda Romero. Graduado en Enfermería. Enfermera en el Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
  6. Paula Verdugo Altamirano. Graduado en Enfermería. Enfermera en el Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.

 

RESUMEN

La microbiota intestinal humana es un ecosistema vital que influye en nuestra salud general. Compuesta por billones de microorganismos, no solo ayuda en la digestión y absorción de nutrientes, sino que también juega un papel importante en cómo nuestro cuerpo responde al estrés. La investigación ha revelado que el equilibrio y la diversidad de esta microbiota pueden afectar el desarrollo de diversas enfermedades, tanto en el intestino como en otras partes del cuerpo.

El estrés psicológico, que afecta a una gran parte de la población, puede alterar este equilibrio microbiano, lo que a su vez puede influir en nuestra salud mental y física. La comunicación entre el intestino y el cerebro se realiza a través del sistema nervioso, y el nervio vago es clave en este proceso. Se ha encontrado que la microbiota puede regular la respuesta al estrés y que ciertos probióticos pueden ayudar a manejar los efectos del estrés en el cuerpo.

Además, un estilo de vida poco saludable y altos niveles de estrés pueden llevar a un desequilibrio en la microbiota, contribuyendo a problemas como la depresión. Sin embargo, hay formas de restaurar este equilibrio, como cambios en la dieta, el uso de probióticos y tratamientos específicos.

Cuidar nuestra microbiota intestinal es fundamental para manejar el estrés y prevenir trastornos de salud, resaltando la conexión entre nuestros hábitos, la salud intestinal y nuestro bienestar emocional.

PALABRAS CLAVE

Micobiota, estrés, cortisol, intestino, disbiosis intestinal.

ABSTRACT

The human gut microbiota is a vital ecosystem that influences our overall health. Composed of trillions of microorganisms, it not only helps in the digestion and absorption of nutrients, but also plays an important role in how our body responds to stress. Research has revealed that the balance and diversity of this microbiota can affect the development of various diseases, both in the intestine and in other parts of the body.

Psychological stress, which affects a large part of the population, can alter this microbial balance, which in turn can influence our mental and physical health. Communication between the gut and the brain is carried out through the nervous system, and the vagus nerve is key in this process. It has been found that the microbiota can regulate the stress response and that certain probiotics can help manage the effects of stress on the body.

Additionally, an unhealthy lifestyle and high levels of stress can lead to an imbalance in the microbiota, contributing to problems such as depression. However, there are ways to restore this balance, such as dietary changes, the use of probiotics, and specific treatments

Taking care of our intestinal microbiota is essential to manage stress and prevent health disorders, highlighting the connection between our habits, intestinal health and our emotional well-being.

KEY WORDS

Microbiota, stress, cortisol, guts, gut dysbiosis.

INTRODUCCIÓN

La microbiota intestinal humana es un ecosistema complejo y dinámico que desempeña un papel fundamental en la salud general del organismo. La microbiota está compuesta por billones de microorganismos, este sistema no solo es esencial para la digestión y la absorción de nutrientes, sino que también se ha demostrado que influye en la respuesta del cuerpo al estrés. A medida que la investigación avanza, se ha comenzado a entender mejor cómo la composición y diversidad de la microbiota pueden afectar el desarrollo de diversas enfermedades, tanto intestinales como extraintestinales, y cómo el estrés puede alterar este delicado equilibrio.

El estrés psicológico es un problema global que afecta al menos a un tercio de la población mundial y aumenta el riesgo de numerosos trastornos psiquiátricos. La evidencia acumulada sugiere que el intestino y sus microbios habitantes pueden regular el estrés y las anomalías conductuales asociadas al estrés8.

La microbiota humana:

La microbiota intestinal humana es un ecosistema extremadamente dinámico y complejo, compuesto por aproximadamente 100 billones de células microbianas que contienen alrededor de 9.9 millones de genes en total. En los últimos años, se ha investigado extensamente y se ha descubierto que juega un papel crucial en situaciones como el estrés. Al modificar su composición, diversidad y metabolismo, puede influir en el desarrollo y la progresión de diversas enfermedades tanto intestinales como extraintestinales1,2.

La formación de la microbiota es un proceso muy dinámico que comienza desde la vida intrauterina. Se ha demostrado la presencia de diversas bacterias predominantemente intracelulares en la placenta, que comparten taxonomía con las bacterias que formarán parte de la biota de la piel, la vagina, la cavidad oral y el tracto gastrointestinal1,2.

La diversidad y composición de la microbiota intestinal es crucial por muchas razones diferentes. Las bacterias intestinales son reguladoras de procesos básicos como la digestión a lo largo del tracto gastrointestinal, mediando en la extracción, síntesis y absorción de nutrientes y metabolitos. Además, al competir por los nutrientes, producir bacteriocinas y mantener la integridad del epitelio intestinal, las bacterias comensales promueven una primera respuesta inmune contra las bacterias patógenas3.

La comunicación de la microbiota:

El desequilibrio en la microbiota se asocia con un deterioro de la integridad y funcionalidad del intestino, lo que en última instancia resulta en una permeabilidad intestinal alterada e inflamación intestinal. Este perfil genera un entorno de moléculas de señalización que pueden comunicarse con el cerebro a través de la comunicación neuronal (nervio vagal), la señalización endocrina (incluido el eje hipotálamo-pituitario-suprarrenal (HPA)) y el sistema inmunológico (citoquinas), modulando la función cerebral, el comportamiento y, lo más notable, la cognición4.

La transmisión de la respuesta al estrés desde el intestino hasta el cerebro a través del sistema nervioso autónomo (SNA), incluye nervios simpáticos y parasimpáticos. El SNA es crucial para mantener la homeostasis y responde a diversos estímulos, siendo el sistema parasimpático el que predomina en condiciones de «descanso o digestión». El nervio vago es el principal componente del sistema parasimpático, inervando en gran medida el tracto gastrointestinal y actuando como la vía más rápida para la comunicación entre el intestino y el cerebro.

Se destaca que el nervio vago no solo participa en funciones digestivas, sino también en procesos cerebrales como la recompensa y la cognición. La relación entre el nervio vago y la respuesta al estrés ha sido objeto de numerosos estudios, que muestran que la estimulación del nervio vago puede aumentar los niveles de corticosterona, una hormona relacionada con el estrés. Sin embargo, la vagotomía (corte del nervio vago) no siempre afecta la respuesta al estrés, lo que sugiere la existencia de vías alternativas.

Además, la microbiota intestinal puede influir en la actividad del nervio vago y, por ende, en la respuesta al estrés. Estudios recientes han indicado que ciertos probióticos pueden regular los niveles de glucocorticoides inducidos por el estrés. El SNA juega un papel fundamental en la detección y respuesta a cambios en el intestino, lo que a su vez puede afectar funciones cerebrales más allá de la digestión8.

Se han estudiado diferentes efectos biológicos, incluido el sistema central de respuesta al estrés, el eje hipotalámico-pituitario-suprarrenal (HPA), promovido por una exposición grave, crónica o incontrolada a esos factores estresantes, y los cambios desadaptativos en la estructura y función del cerebro que conducen a efectos físicos negativos. Se ha explorado ampliamente la capacidad del estrés para mediar cambios patológicos que aumentan la vulnerabilidad o incluso predisponen la susceptibilidad a enfermedades, incluidas enfermedades cardiovasculares, trastornos gastrointestinales y psiquiátricos. De manera similar, existe evidencia sustancial de que el estrés puede modular la patogénesis de diversas enfermedades neurodegenerativas4,5.

El sistema nervioso central (SNC) opera mediante la regulación de las neuronas, los neurotransmisores, las señales del sistema inmunológico y otros elementos que se dirigen a los órganos y tejidos periféricos en respuesta a diversas señales, lo que permite una comunicación bidireccional adecuada entre el cerebro y el intestino. Sin embargo, cuando este equilibrio se ve afectado por el estrés, pueden surgir problemas como la depresión y otras enfermedades. Cada vez hay más evidencia de estudios preclínicos que indican que el eje cerebro-intestino-microbiota juega un papel fundamental en los síntomas que se asemejan a la depresión7.

Vínculo entre el estrés y la microbiota:

Evidencia reciente ha relacionado el estrés con la disbiosis intestinal, lo que sugiere que la microbiota intestinal podría servir como mediadora de respuestas al estrés crónico. Se ha demostrado que los microbios intestinales contribuyen a varias consecuencias fisiológicas y conductuales de la exposición al estrés, como la desregulación del eje HPA antes citado, el aumento de la inflamación, deterioro de la cognición, alteración del comportamiento social, y deterioro de la función de la barrera intestinal, que conducen a la permeabilidad intestinal y, en última instancia, al establecimiento de un «intestino permeable». Sin embargo, la exposición a factores estresantes puede afectar directamente la composición de la microbiota intestinal, dañando la ecología de la comunidad microbiana intestinal y, por tanto, se considera un promotor de la disbiosis4.

Varias revisiones también han demostrado una relación entre el estrés y los cambios en la cantidad y composición de la microbiota intestinal. Se ha demostrado que el estrés provoca una disminución radical en el número de Lactobacillus y Bifidobacterium6.

El eje cerebro-intestino-microbiota tiene un papel importante en la depresión. Un estilo de vida poco saludable, caracterizado por altos niveles de estrés, infecciones u otros factores, puede provocar un desequilibrio en la microbiota intestinal. Las condiciones anormales en el organismo pueden ser reguladas de manera bidireccional por este eje a través de señales neuronales, inmunes o químicas, lo que puede contribuir a la depresión. La investigación ha demostrado que el trasplante de microbiota fecal (FMT), cambios en la dieta, el uso de psicobióticos y ciertos antidepresivos (como los ISRS, IRSN y arketamina) pueden ayudar a restaurar las anomalías en la microbiota intestinal, mejorar la función cerebral y aliviar los síntomas depresivos a través de la interacción del eje cerebro-intestino-microbiota7.

CONCLUSIÓN

En conclusión, la microbiota intestinal es un componente esencial de nuestra salud, actuando no solo en la digestión y absorción de nutrientes, sino también en la regulación de la respuesta al estrés y en la prevención de diversas enfermedades. La relación entre el intestino y el cerebro, mediada por la microbiota, resalta la importancia de mantener un equilibrio en este ecosistema microbiano, ya que el estrés puede alterar su composición y funcionalidad, contribuyendo a problemas de salud mental y física. A medida que la investigación avanza, se hace evidente que intervenciones como cambios en la dieta, el uso de probióticos y tratamientos específicos pueden restaurar la salud de la microbiota y, por ende, mejorar el bienestar general. Este enfoque integral sugiere que cuidar nuestra microbiota intestinal podría ser clave para manejar el estrés y prevenir trastornos asociados, destacando la interconexión entre nuestros hábitos, nuestra salud intestinal y nuestro estado emocional.

BIBLIOGRAFÍA

  1. Merino Rivera JA, Taracena Pacheco S, Díaz Greene E, Rodríguez Weber FL. Microbiota intestinal: “el órgano olvidado”. Acta méd. Grupo Ángeles [Internet]. 2021 Mar [citado 2024 Oct 17];19(1):92-100. Disponible en: http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1870-72032021000100092&lng=es. Epub 2022 Ene 31.
  2. De la Puerta D. Un intestino feliz: cómo la microbiota mejora tu salud mental y te ayuda a manejar las emociones. 1ª ed. 2023.
  3. Rinninella E, Raoul P, Cintoni M, Franceschi F, Miggiano GAD, Gasbarrini A, Mele MC. What is the healthy gut microbiota composition? A changing ecosystem across age, environment, diet, and diseases. Microorganisms. 2019;7(1):14. doi:10.3390/microorganisms7010014.
  4. Gubert C, Kong G, Renoir T, Hannan AJ. Exercise, diet and stress as modulators of gut microbiota: Implications for neurodegenerative diseases. Neurosci Biobehav Rev. 2020;112:1-12. doi:10.1016/j.neubiorev.2019.10.001.
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  6. Smith KE, Pollak SD. Early life stress and development: potential mechanisms for adverse outcomes. J Neurodev Disord. 2020 Dec 16;12:34. doi:10.1186/s11689-020-09337-y. PMCID: PMC7745388. PMID: 33327939.
  7. Chang L, Wei Y, Hashimoto K. Brain–gut–microbiota axis in depression: A historical overview and future directions. Brain Res Bull. 2022;182:44-56. doi:10.1016/j.brainresbull.2022.02.004.

 

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