Importancia del juego en la infancia

21 marzo 2025

 

AUTORES

  1. Ana María Catalán Alonso. Terapeuta ocupacional Hospital Universitario San Jorge de Huesca. Servicio Aragonés de Salud. Huesca, España.
  2. Lucia Oliván Peña. Fisioterapeuta en el Servicio Aragonés Salud, España.
  3. Cristina Montaner Allué Fisioterapeuta Hospital Universitario San Jorge Huesca. Servicio Aragonés de Salud. Huesca, España.
  4. Pilar Verde Calvo. Fisioterapeuta en el Hospital San Jorge de Huesca. Huesca, España.
  5. Ángel José Gavín Samperí. Fisioterapeuta en el Servicio Aragonés de Salud, España.

 

RESUMEN

El juego es una actividad esencial para el desarrollo de niños y niñas. A través del juego, no solo se divierten, sino que es la principal ocupación del infante y el medio para el aprendizaje de habilidades físicas, sensoriales, cognitivas, emocionales, sociales y del lenguaje. Este artículo expone la influencia de cada tipo de juego en cada una de las áreas anteriormente mencionadas, haciendo hincapié en la importancia del juego en todas las esferas del desarrollo humano.

PALABRAS CLAVE

Juego, infancia, desarrollo, terapia ocupacional.

ABSTRACT

Play is an essential activity for the development of boys and girls. Through play, they not only have fun, but it is the infant’s main occupation and the means for learning physical, sensory, cognitive, emotional, social and language skills. This article exposes the influence of each type of game in each of the aforementioned areas, placing special emphasis on the importance of play in all spheres of human development.

KEY WORDS

Play, childhood, development, ocupational therapy.

INTRODUCCIÓN

El juego no solo proporciona diversión, sino que se trata de la mejor herramienta de los niños y niñas para el aprendizaje y desarrollo de todas las áreas. A través del juego los infantes exploran el entorno, proporcionan nuevas experiencias y retos, lo que ayuda a la adquisición de habilidades y destrezas sensoriomotoras, cognitivas, emocionales, sociales y del lenguaje.

A lo largo del ciclo vital, el juego va modificándose y adaptándose a las necesidades de desarrollo de las personas, pero nunca deja de ser un vehículo de aprendizaje, resultando ser una forma de expresión de nuestro yo interior. Como defienden diversos autores en el campo de la neurociencia y el neuroaprendizaje, el juego libre, destaca por su decisiva influencia en el desarrollo del cerebro tanto a nivel estructural como bioquímico y por sus beneficios en el funcionamiento físico y emocional1.

El marco de trabajo para la práctica de la terapia ocupacional define juego como “cualquier actividad espontánea u organizada que provea de goce, entretenimiento, distracción o diversión” y lo cataloga como la principal ocupación en la infancia2. Aunque el juego se asocia con la etapa inicial de la vida, es una actividad que se manifiesta a lo largo de toda esta.

El juego como herramienta de desarrollo y aprendizaje ha sido objeto de estudio por numerosos teóricos y filósofos a lo largo de la historia. Desde Platón, que lo relacionaba con la educación y la libertad de expresión infantil, hasta la actualidad, que se sigue destacando y demostrando su importancia en el desarrollo de los infantes. Montessori, Claparède, Vigotsky, Piaget y Bruner coinciden en considerar el juego como un elemento crucial para el aprendizaje y la construcción de conocimientos. Vigotsky lo ubica como escenario de reproducción y recreación de esquemas sobre el mundo, mientras que Piaget lo relaciona con las transformaciones en las estructuras cognitivas. Bruner enfatiza su función simbólica y representativa, permitiendo la creación de mundos posibles. Desde la perspectiva de la Terapia Ocupacional, autores como Collado y Bouzón, Bundy, y Blázquez Ballesteros resaltan su significado intrínseco y su contribución al desarrollo integral. Teóricos como Reilly, Bundy, Takata y Knox han desarrollado sistemas de clasificación y evaluación del juego, considerando aspectos como la motivación, el control interno y la capacidad de suspender la realidad. Estas diversas perspectivas convergen en la concepción del juego como una herramienta fundamental para el desarrollo y aprendizaje infantil3.

 

Tipos de juego según el desarrollo humano:

1.1. Desarrollo sensoriomotor:

El desarrollo sensoriomotor es el proceso mediante el cual los individuos integran y coordinan sus sistemas sensoriales (vista, oído, tacto, olfato, gusto, propiocepción y vestibular) con las respuestas motoras, permitiendo la interacción y adaptación al entorno4. Este desarrollo es fundamental durante los primeros años de vida, cuando el cerebro establece conexiones neuronales críticas para habilidades como el movimiento, la percepción y la regulación emocional. Los tipos de juego que apoyan este desarrollo incluyen:

  • Juego funcional (0-2 años): Es considerada la forma más temprana de juego, en la repetición de esquemas motores básicos. Se puede definir como el conjunto de movimientos derivados del procesamiento de la información sensorial (táctil, propioceptiva, vestibular, visual, auditiva, gustativa y olfativa) recibida por el infante que dan lugar a respuestas de adaptación a las nuevas situaciones. Los niños exploran su entorno a través de acciones repetitivas primero con su propio cuerpo y posteriormente van añadiendo agentes externos como agitar objetos, apilar bloques o lanzar pelotas. Estas actividades ayudan a desarrollar la coordinación y el control motor grueso5,6,7.
  • Juego constructivo (1-5 años):  Este tipo de juego aparece alrededor del primer año de vida y se realiza al mismo tiempo que los demás tipos de juegos. Va progresando a lo largo de los años, a veces estando al servicio que predomina en cada etapa5. En esta etapa, el niño comienza a construir cosas con bloques, legos u otros materiales. Este tipo de juego mejora tanto la motricidad fina como la coordinación ojo-mano a la vez que la percepción espacial entre otras.

 

1.2. Desarrollo cognitivo:

El desarrollo cognitivo implica el crecimiento de las habilidades de pensamiento y la resolución de problemas1.

  • Juego exploratorio (0-2 años): Los bebés investigan objetos a través de los sentidos (morder, tocar, golpear) tal y como decía Piaget 1972 los niños adquieren conocimiento de los objetos a través de la manipulación y observación directa (6). Un estudio de Hutt (1979) destaca que el juego exploratorio no tiene como objetivo directo el uso funcional de los objetos, sino entender sus propiedades (textura, peso, forma, etc.) (8). Este proceso es crucial para el desarrollo de habilidades cognitivas tempranas, lo que fomenta la curiosidad y la comprensión temprana del mundo. Otros autores, argumentan que el juego exploratorio involucra múltiples sistemas sensoriales, lo que fomenta la integración sensorial y el aprendizaje activo9 y sostienen que los niños que participan en juegos exploratorios muestran avances en habilidades motoras finas, resolución de problemas y autorregulación, ya que se enfrentan a desafíos y oportunidades de descubrimiento autoguiados10.
  • Juego simbólico o imaginativo (2-7 años): A medida que el niño crece, empieza a usar el juego para representar situaciones de la vida cotidiana, como jugar a ser una médica o un tendero, utilizar una escoba como si fuera un caballo o representar algo imaginario sin material alguno. Harris (2005) demostró que el juego simbólico está estrechamente relacionado con el desarrollo de habilidades de pensamiento abstracto y la teoría de la mente, que permite a los niños entender perspectivas diferentes a la suya 11. Un metaanálisis de 2013 indicó que el juego simbólico está asociado con mejoras en la creatividad, habilidades de resolución de problemas y regulación emocional12.
  • Juego de reglas (6-7 años en adelante):  Las reglas aparecen en el juego del niño antes de llegar al periodo de operaciones concretas de Piaget, es decir, antes de los 7 años. El juego de reglas comienza en la primera infancia ofreciendo un objeto al niño y dándole una orden concreta. A partir del uso de las primeras reglas decididas y utilizadas en el juego simbólico, los niños pueden comenzar a hacer otros juegos reglados con la participación o no del adulto5. No es hasta los 6-7 años cuando son capaces de respetar las reglas y organizar su conducta para alcanzar una meta teniendo en cuenta las acciones de los otros7, tratando de obstaculizarlas o beneficiarlas. Durante la infancia tardía, los juegos estructurados con reglas (como el ajedrez o los juegos de mesa) o juegos inventados en los que propongan ellos mismos las reglas, promueven la capacidad de planificar, razonar y seguir normas.

 

1.3. Desarrollo emocional:

El juego proporciona un espacio seguro para que los niños expresen y procesan sus emociones.

  • Juego de roles (3-6 años): «El juego de roles se define como una actividad estructurada o espontánea en la que los niños adoptan roles específicos y actúan en escenarios ficticios o basados en la realidad, facilitando la práctica de habilidades sociales y la regulación emocional.» (Vygotsky, 1978)13. El juego de roles permite a los niños experimentar y comprender emociones tanto propias como ajenas. Por ejemplo, interpretar el rol de «médico» o «paciente» les ayuda a expresar sentimientos como empatía y cuidado14. Un estudio de Goldstein & Winner mostró que los niños que participan regularmente en juegos de roles presentan una mayor capacidad para reconocer y responder a las emociones de los demás, lo que contribuye al desarrollo de la empatía. Durante el juego de roles, los niños practican el manejo de emociones complejas en un entorno seguro15 además de mejorar la autorregulación emocional, ya que los niños aprenden a adaptar su comportamiento a las reglas ficticias del juego16. También se ha demostrado que el juego de roles ayuda a los niños a simular y ensayar estrategias de resolución de conflictos, promoviendo un mejor manejo de situaciones difíciles en la vida real 17.
  • Juego cooperativo (5 años en adelante): «El juego cooperativo es una interacción social estructurada en la que los niños colaboran para alcanzar un propósito compartido, lo que implica coordinación, negociación y apoyo mutuo.» (Slavin, 1991)18. Participar en juegos de equipo y colaborativos fomenta el control emocional, la tolerancia a la frustración y la cooperación con los demás. Baumeister & Leary (1995) subrayaron que las experiencias de colaboración durante la infancia fortalecen la autoestima y las relaciones interpersonales19. El juego cooperativo mejora significativamente la autorregulación emocional, ya que los niños practican manejar sus emociones para alcanzar objetivos grupales20.

 

1.4. Desarrollo social:

El juego es fundamental para el aprendizaje de las normas sociales, la cooperación y la resolución de conflictos.

  • Juego paralelo (2-3 años): Los niños juegan junto a otros sin interactuar mucho, lo que es una fase importante para observar y aprender comportamientos sociales. Los estudios demuestran que las etapas iniciales del juego, como es el juego paralelo, preparan a los niños para roles sociales más complejos y crea un espacio para la observación y la imitación de conductas, lo que sirve como estrategia para desarrollar habilidades de interacción social (21-22).
  • Juego cooperativo (4-6 años): Los niños comienzan a interactuar más en juegos que requieren trabajar juntos, como construir algo en equipo o participar en juegos de mesa simples. Vygotsky (1978) destacó que las actividades colaborativas contribuyen a la internalización de normas sociales y valores colectivos, facilitando el desarrollo emocional y social23. Otros autores muestran que la cooperación en juegos grupales incrementa la capacidad de los niños para interpretar y responder a las emociones de sus compañeros24 y promueven una comunicación más asertiva y menos agresiva entre los participantes25.

 

1.5. Desarrollo del lenguaje:

El juego proporciona un contexto natural para que los niños desarrollen su vocabulario y habilidades de comunicación.

  • Juego simbólico (2-6 años): A medida que el niño participa en juegos de roles, desarrolla habilidades narrativas y conversacionales, experimentando con el lenguaje en contextos sociales. Al desarrollar juego simbólico los niños y niñas utilizan palabras para describir, narrar y organizar las historias que van creando, según un estudio de Pellegrini (2011) el juego simbólico fomenta el desarrollo del lenguaje expresivo y receptivo26. A su vez, se exponen a contextos lingüísticos variados, lo que facilita la adquisición de palabras nuevas y su uso en situaciones apropiadas27. Según Vygotsky (1978), el desarrollo del lenguaje y el juego simbólico están interconectados. A medida que los niños avanzan en su capacidad lingüística, su juego simbólico se vuelve más complejo, y viceversa23.
  • Juegos con reglas (7 años en adelante): Los juegos estructurados permiten a los niños practicar la escucha, la toma de turnos y el uso del lenguaje para expresar reglas y estrategias. El juego de reglas exige que los niños se comuniquen de manera clara y efectiva para coordinar acciones, negociar reglas o resolver conflictos. Esto fortalece el uso del lenguaje en contextos sociales reales. La participación en juegos de reglas fomenta el desarrollo de habilidades pragmáticas, como la toma de turnos, el uso del tono adecuado y la comprensión del contexto conversacional (28). Los juegos con reglas facilitan la práctica de narraciones secuenciales, un componente clave en el desarrollo del lenguaje29. Otros estudios demuestran que tanto los juegos de reglas, como los basados en palabras o conceptos, fortalecen la conciencia fonológica y la comprensión de las estructuras gramaticales30.

 

CONCLUSIÓN

El juego es una herramienta indispensable para el desarrollo integral de los niños y niñas, abarcando dimensiones sensoriomotoras, cognitivas, emocionales, sociales y del lenguaje. Como hemos visto cada tipo de juego desempeña un papel específico en la formación de habilidades fundamentales durante la infancia, preparando a los infantes para enfrentar desafíos futuros. La participación activa de las familias y profesionales, junto con el uso de juguetes adecuados, resulta esencial para maximizar los beneficios del juego. Promover un entorno lúdico y estimulante no solo asegura un desarrollo equilibrado, sino que también fortalece los vínculos afectivos y sociales, consolidando bases sólidas para el bienestar de los infantes a lo largo de su vida.

 

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