Relación del patrón nutricional y de actividad física con el síndrome de fragilidad del anciano

24 agosto 2025

 

AUTORES

  1. Daniel Villalba Pamplona. Enfermero. Aragón, España.
  2. Pilar Burillo Borreguero. Enfermera. Aragón, España.
  3. María Adiego Almudévar. Enfermera. Aragón, España.
  4. Elena Clemente Navarro. Enfermera. Aragón, España.
  5. Ainhoa Román Latorre. Enfermera. Aragón, España.
  6. Ana San Román Sanmartín. Enfermera. Aragón, España.

 

RESUMEN

ANTECEDENTES: El síndrome de fragilidad del anciano es un síndrome geriátrico que produce un deterioro funcional que afecta a múltiples dominios del funcionamiento humano. Esta afección se ve influida por múltiples factores entre los que encontramos el mal estado nutricional. El propósito de esta revisión sistemática es examinar la asociación entre el estado nutricional y la actividad física y el síndrome de fragilidad en adultos mayores.

MÉTODO: Se realizaron búsquedas en bases de datos electrónicas como PubMed, CuidenPlus y Cinhal usando palabras clave específicas con el respectivo uso de operadores booleanos AND, OR y NOT. Se realizó una selección de los artículos encontrados mediante criterios de inclusión: idioma (inglés y/o castellano), texto completo gratuito y últimos 5 años, hasta seleccionar siete artículos en los que en los términos aparecían en el título o el resumen. Además, se hizo uso de una guía de práctica clínica, en base a la cual se realizó una búsqueda inversa.

RESULTADOS: La revisión de los artículos seleccionados han resaltado la asociación entre la composición corporal, un correcto patrón nutricional con una ingesta adecuada de nutrientes como proteínas, vitamina D, Omega-3 y un adecuado patrón de actividad física, con un menor riesgo y una mejora en el desarrollo de fragilidad.

CONCLUSIONES: Esta revisión sistemática confirma la importancia de los factores tanto nutricionales como de actividad física en el desarrollo del síndrome de fragilidad en adultos mayores. A pesar de ello, es necesaria la elaboración de más estudios longitudinales sobre el tema para comprender mejor el papel de ambas intervenciones en la prevención, el aplazamiento o incluso la reversión del síndrome de fragilidad.

PALABRAS CLAVE

Fragilidad, anciano, dieta, alimentación, nutrición.

ABSTRACT

BACKGROUND: Frailty syndrome is a geriatric condition characterized by a progressive decline in function, affecting multiple domains of human performance. Nutritional status is a key contributing factor. This systematic review aims to explore the association between nutritional status, physical activity, and frailty in older adults.

METHOD: A comprehensive search was conducted in PubMed, CuidenPlus, and CINAHL using specific keywords and Boolean operators (AND, OR, NOT). Inclusion criteria were: articles published in English and/or Spanish, free full-text availability, and publication within the last five years. Seven studies were selected based on the presence of relevant terms in the title or abstract. Additionally, a clinical practice guideline was used to conduct a backward citation search.

RESULTS: The reviewed studies consistently demonstrated a link between favorable body composition, adequate intake of key nutrients (e.g., protein, vitamin D, Omega-3), regular physical activity, and a reduced risk or improved management of frailty.

CONCLUSIONS: Nutritional status and physical activity play a crucial role in the onset and progression of frailty syndrome among older adults. Further longitudinal research is warranted to better understand the potential of these interventions in preventing, delaying, or even reversing frailty.

KEY WORDS

Frailty, older adults, nutrition, diet, physical activity.

 

INTRODUCCIÓN

El Síndrome de Fragilidad del Anciano se define como un estado clínico dinámico caracterizado por un equilibrio inestable, que afecta a personas mayores que presentan deterioro en uno o varios dominios de la salud —física, funcional, psicológica o social—. Esta condición conlleva un aumento significativo de la vulnerabilidad ante eventos adversos en la salud, especialmente en relación con la discapacidad1.

El fenotipo físico de la fragilidad incluye: pérdida de peso no intencionada, debilidad muscular, fatiga o agotamiento, baja resistencia, lentitud en la marcha (valorada mediante la velocidad al caminar) y bajo nivel de actividad física. La presencia de tres o más de estos criterios establece el diagnóstico del síndrome2.

El principal factor fisiopatológico asociado al desarrollo de la fragilidad es la sarcopenia, que implica la reducción progresiva de la masa y función muscular. Por ello, las estrategias terapéuticas deben centrarse en prevenir o retrasar esta pérdida mediante intervenciones dirigidas a mejorar la nutrición y fomentar la actividad física regular3.

Con el envejecimiento, se incrementa el riesgo de desarrollar fragilidad. Este proceso conlleva cambios fisiológicos relevantes, como la disminución de masa muscular y masa ósea, lo cual repercute negativamente en la fuerza muscular y la capacidad funcional del individuo, favoreciendo así el deterioro progresivo4.

La presente revisión se enfoca en adultos mayores de 65 años, no institucionalizados, diagnosticados con un síndrome de fragilidad en estadios iniciales. La identificación precoz de esta condición es prioritaria, ya que se asocia con un mayor riesgo de caídas, pérdida de movilidad, hospitalización, institucionalización e incluso mortalidad5.

Dado que el envejecimiento es un factor de riesgo no modificable, resulta esencial optimizar y mantener un adecuado estado nutricional en las personas mayores, con el objetivo de prevenir la aparición de sarcopenia y, en consecuencia, el desarrollo del síndrome de fragilidad3.

La pregunta de investigación fue la siguiente: “¿qué tipo de patrón nutricional y de actividad física produce una mejora en la evolución del síndrome de fragilidad del anciano en personas mayores de 65 años?”.

Hipótesis

La hipótesis formulada fue la siguiente: “La determinación de un patrón nutricional y de actividad física mejora el pronóstico del síndrome de fragilidad del anciano”.

 

OBJETIVOS

Objetivo general:

  • Determinar patrones nutricionales y de actividad física que mejoren la evolución del síndrome de fragilidad

 

Objetivos específicos:

  • Reconocer las modificaciones fisiológicas que se producen en el proceso de vejez.
  • Determinar los factores que influyen en el desarrollo de la sarcopenia.
  • Establecer qué nutrientes están implicados en la mejora del síndrome de fragilidad.

 

MATERIAL Y MÉTODO

Se llevó a cabo una revisión bibliográfica estructurada que comenzó con la identificación de palabras clave no controladas relacionadas con la temática de estudio, tales como nutrición, envejecimiento y fragilidad. A partir de estas, se procedió a una búsqueda preliminar en bases de datos utilizando los Descriptores en Ciencias de la Salud (DeCS), complementados con términos sinónimos para ampliar la sensibilidad de la estrategia de búsqueda.

La estrategia de búsqueda se aplicó en las bases de datos Medline, CINAHL y CUIDEN Plus, utilizando operadores booleanos (AND, OR, NOT) para optimizar la precisión y la pertinencia de los resultados obtenidos.

Inicialmente, se recuperaron más de 50 artículos. Para refinar la selección, se aplicaron criterios de inclusión y exclusión, entre los que se consideraron: fecha de publicación (últimos cinco años), disponibilidad del texto completo de forma gratuita, y redacción en inglés, portugués o español. Tras aplicar estos filtros, se seleccionaron finalmente ocho artículos que cumplían con los requisitos establecidos.

Como medida complementaria, se incorporó una guía de práctica clínica con el objetivo de enriquecer y actualizar la revisión. A partir de esta guía, se realizó una búsqueda inversa, que consistió en el análisis sistemático de su bibliografía para identificar estudios relevantes adicionales.

RESULTADOS-DISCUSIÓN

El envejecimiento biológico conlleva modificaciones estructurales y funcionales en diversos sistemas del organismo, siendo el sistema musculoesquelético uno de los más afectados. Estas alteraciones permiten comprender muchas de las diferencias fisiopatológicas entre los adultos mayores y la población más joven, y son clave para contextualizar la aparición del síndrome de fragilidad6. Si bien el envejecimiento compromete múltiples sistemas, esta revisión ha centrado el análisis en los cambios musculares por su alta prevalencia y relevancia funcional, sin descuidar otros cinco sistemas corporales cuya implicación en la fragilidad ha sido igualmente documentada.

La pérdida progresiva de masa y fuerza muscular —fenómeno fisiológico que comienza después de los 40 años— ha sido ampliamente asociada con la sarcopenia, una condición que actúa como desencadenante y potenciador del síndrome de fragilidad. Este deterioro se ve agravado por la infiltración de tejido adiposo y conectivo en el músculo, la reducción del número de unidades motoras y el descenso del flujo sanguíneo periférico. A nivel celular, la acumulación de productos del estrés oxidativo, la disfunción mitocondrial, y las alteraciones en la síntesis de proteínas estructurales comprometen directamente la capacidad funcional del músculo esquelético6.

Este deterioro no solo limita la movilidad y la independencia funcional, sino que también tiene un impacto metabólico considerable: afecta la regulación de la glucosa, contribuye a la pérdida de masa ósea, altera el equilibrio proteico y dificulta el control de la temperatura corporal. Estas consecuencias coinciden con muchas de las características clínicas observadas en el síndrome de fragilidad, lo que refuerza su estrecha relación etiopatogénica6.

A pesar de que no se ha identificado una única causa para la sarcopenia, el descenso de hormonas anabólicas como la hormona del crecimiento (GH), el factor de crecimiento similar a la insulina tipo 1 (IGF-1) y los andrógenos, parece jugar un papel fundamental en su aparición y progresión (6). En este contexto, el abordaje nutricional adquiere un papel protagonista. Diversos estudios señalan que una ingesta adecuada de proteínas, vitamina D, calcio y calorías contribuye significativamente a mitigar los efectos negativos de la sarcopenia y, por ende, del síndrome de fragilidad3.

Por otro lado, aunque la prevalencia de fragilidad no presenta diferencias significativas según el sexo, el nivel educativo o el entorno de residencia, sí aumenta progresivamente con la edad, siendo especialmente alta en personas con discapacidades, fracturas previas o enfermedades crónicas. La menopausia también se asocia con una disminución en los niveles de vitamina D y calcio, lo que podría explicar una mayor susceptibilidad a la fragilidad en mujeres posmenopáusicas9.

Finalmente, se destaca una correlación significativa entre el IMC y el estado de fragilidad, sugiriendo que tanto el bajo peso como el sobrepeso incrementan el riesgo de desarrollar esta condición. Estos hallazgos refuerzan la importancia de mantener un peso corporal adecuado como medida preventiva para preservar la masa muscular y prevenir la progresión de la sarcopenia y la fragilidad.

En conjunto, los resultados analizados evidencian que la fragilidad es una condición multifactorial con implicaciones sistémicas. La intervención precoz sobre factores modificables —especialmente el estado nutricional y la actividad física— constituye una herramienta clave para frenar, retrasar o incluso revertir el desarrollo de este síndrome en personas mayores4.

ALIMENTACIÓN Y FRAGILIDAD:

El patrón alimentario de la dieta mediterránea ha demostrado beneficios significativos en la prevención del síndrome de fragilidad. En particular, el aceite de oliva —componente central de esta dieta— ha sido asociado con una reducción en los niveles de mediadores inflamatorios, lo cual contribuye a una menor incidencia de procesos inflamatorios crónicos vinculados a la fragilidad en personas mayores3.

En cuanto a los micronutrientes, la evidencia científica ha establecido que una ingesta deficiente de vitaminas antioxidantes como la D, E y C, así como de folato, se asocia de forma significativa con un mayor riesgo de fragilidad, independientemente del aporte calórico total. Un estudio transversal multicéntrico confirmó que la baja ingesta de 10 de los 12 micronutrientes analizados —entre ellos vitamina A, carotenoides, vitamina D, tocoferoles, vitamina B6, ácido fólico y vitamina C— correlacionaba con una mayor prevalencia del síndrome de fragilidad en adultos mayores7.

Respecto al aporte proteico, en la población geriátrica se ha observado una disminución en la sensibilidad a la insulina, la cual juega un rol clave en la regulación del metabolismo proteico. Esta insulina-resistencia, sumada al sedentarismo, favorece la proteólisis y el uso de aminoácidos como fuente energética, acentuando la pérdida de masa muscular. Aunque no existe aún un consenso sobre un patrón nutricional único, diversos estudios apoyan la necesidad de incrementar la ingesta proteica para prevenir la progresión de la fragilidad. De hecho, un estudio de cohorte con más de 24.000 adultos mayores encontró que una mayor ingesta proteica —independientemente de su fuente— se asociaba con un riesgo significativamente menor de desarrollar fragilidad.

En línea con estos hallazgos, se ha evaluado la eficacia de la suplementación proteico-calórica en la mejora funcional. Un ensayo clínico de 12 semanas administró una fórmula líquida con 400 kcal, 25 g de proteína y aminoácidos esenciales, observando mejoras en parámetros funcionales como la velocidad de marcha y el test de “levántate y anda”, aunque sin cambios relevantes en la fuerza de prensión manual. Estos resultados apoyan el uso de suplementos nutricionales para frenar el deterioro funcional en personas frágiles3.

Paralelamente, se ha explorado la relación entre la ingesta de proteínas, el perfil lipídico y la fuerza muscular. En este sentido, se observó una correlación negativa entre los niveles de triglicéridos y la fuerza muscular, sugiriendo que un perfil lipídico alterado puede reflejar y contribuir a un estado de fragilidad. Esta asociación se explica parcialmente por la disminución con la edad de la actividad de la lipoproteína lipasa (LPL), enzima que facilita la utilización muscular de triglicéridos como fuente energética. El ejercicio físico, al activar la LPL muscular, permite la degradación de triglicéridos circulantes, reduciendo así los niveles de colesterol total, LDL y triglicéridos, y aumentando las concentraciones de HDL8.

Respecto al calcio y la vitamina D, ambos son fundamentales en la preservación de la masa ósea y muscular. El déficit de vitamina D, ampliamente prevalente en adultos mayores tanto institucionalizados como no institucionalizados, se relaciona con un mayor riesgo de fracturas, dada su implicación en la absorción intestinal de calcio y en la prevención de caídas mediante su papel en la función muscular. Aunque algunos ensayos clínicos no han demostrado efectos significativos de la suplementación con vitamina D sobre el rendimiento físico, es importante considerar que el uso concomitante de suplementos de calcio podría haber enmascarado los posibles beneficios de la vitamina D por sí sola.

La evidencia también sugiere un papel beneficioso de los ácidos grasos omega-3 en la mejora de la función física y la reducción del riesgo de fragilidad. Ensayos clínicos han mostrado que la suplementación con estos lípidos mejora la velocidad de la marcha en personas mayores, aunque se ha propuesto que su eficacia puede potenciarse mediante la ingesta concomitante de antioxidantes como el selenio y la vitamina C. Asimismo, otro estudio que utilizó una combinación de ácidos grasos poliinsaturados y otros micronutrientes observó una mejora en la movilidad de mujeres frágiles, aunque no se puede excluir que otros nutrientes hayan contribuido al efecto observado3.

 

INTERVENCIONES EN EL PATRÓN DE ACTIVIDAD FÍSICA:

Se propone un protocolo de actividad física orientado a favorecer la evolución favorable del síndrome de fragilidad en adultos mayores. Los individuos adultos sanos que mantienen una rutina regular de ejercicio presentan un menor riesgo de desarrollar fragilidad. Asimismo, en aquellos adultos mayores con deterioro funcional incipiente, la práctica constante de actividad física se asocia con una menor progresión del deterioro en comparación con aquellos que no realizan ejercicio.

Los tipos de ejercicio con mayor evidencia de efectividad incluyen:

  • Entrenamiento aeróbico: Realización de actividades que eleven la frecuencia cardíaca a intensidad moderada durante aproximadamente 30 minutos, con uno o dos días de descanso semanal. Este tipo de ejercicio mejora la resistencia cardiovascular y la capacidad funcional general.
  • Entrenamiento de fuerza contra resistencia: Ejercicios dirigidos a trabajar los principales grupos musculares, con un rango de 8 a 10 ejercicios, realizando entre 10 y 15 repeticiones por serie. Este enfoque favorece el mantenimiento y aumento de la masa muscular y la fuerza.
  • Ejercicios de flexibilidad: Al menos dos sesiones semanales de estiramientos de aproximadamente 10 minutos para preservar la elasticidad muscular y articular.
  • Ejercicios de equilibrio: Especialmente indicados para personas con problemas de movilidad o antecedentes de caídas repetidas, con el objetivo de mejorar la estabilidad postural y reducir el riesgo de caídas.

 

La individualización y adaptación del programa de ejercicios a la calidad de vida y capacidades funcionales de cada persona es fundamental. Se recomienda comenzar con actividades de baja intensidad y que resulten confortables para el adulto mayor, priorizando el fortalecimiento de los grupos musculares principales. Esto se debe a que otros ejercicios más exigentes podrían resultar fatigantes y aumentar el riesgo de lesiones.

En cuanto a los beneficios específicos, caminar y pedalear favorecen la resistencia cardiovascular; el entrenamiento con máquinas de resistencia y el levantamiento de pesas incrementa la masa muscular y la fuerza; actividades cotidianas como levantarse, sentarse y subir escaleras mejoran la potencia y la capacidad funcional; los estiramientos promueven la flexibilidad; y ejercicios como la posición en tándem, la subida de escaleras y el taichí contribuyen a mejorar el equilibrio10.

En un estudio experimental se compararon grupos sometidos a distintas intervenciones de actividad física frente a controles. Las intervenciones incluyeron:

  • Planes de actividad física individualizados.
  • Planes combinados de actividad física y soporte nutricional.
  • Planes integrados de actividad física, nutrición y entrenamiento cognitivo.

 

Las sesiones grupales, impartidas por profesionales, incluían ejercicios de fuerza, equilibrio, coordinación, flexibilidad y aeróbicos, con una progresión gradual ajustada al rendimiento y competencias de los participantes. Los resultados mostraron una reducción significativa en la cantidad total de marcadores de fragilidad, efecto que se mantuvo hasta 12 meses tras la finalización del programa5.

CONSIDERACIONES ÉTICAS

En base a los principios universales de investigación, en los estudios realizados en los artículos encontrados para realizar esta revisión bibliográfica se respeta la autonomía a través de la Hoja de Información a los Participantes y el Consentimiento Informado para investigaciones en seres humanos o utilización de muestras o datos humanos, así como, se procura el equilibrio entre los beneficios y los daños, y la distribución de estos de una forma equitativa evitando en todo momento la maleficencia.

CONCLUSIÓN

En conclusión, la evidencia disponible indica que la ingesta adecuada de nutrientes específicos —como proteínas de alta calidad, niveles controlados de triacilglicéridos, una correcta ingesta de calcio y ácidos grasos omega-3— desempeña un papel fundamental en la preservación y aumento de la masa muscular, contribuyendo así a la reducción del riesgo de fragilidad asociada al envejecimiento.

En cuanto a la actividad física, los programas de entrenamiento de fuerza constituyen la intervención más efectiva para retrasar la aparición y progresión de la sarcopenia y el síndrome de fragilidad en la población geriátrica. Incluso en individuos de edad avanzada con fragilidad establecida, la práctica sistemática y supervisada de ejercicios de resistencia ha demostrado mejorar significativamente la masa, la potencia y la fuerza muscular.

Por lo tanto, resulta imperativo promover un abordaje integral que combine una nutrición adecuada, orientada a fortalecer la masa muscular, con la implementación de programas estructurados de actividad física, como estrategias fundamentales para la prevención y el manejo del síndrome de fragilidad en adultos mayores.

Finalmente, aunque la literatura revisada subraya la asociación entre una ingesta insuficiente de energía, proteínas y vitamina D y un mayor riesgo de fragilidad, se evidencia la necesidad de llevar a cabo estudios de intervención rigurosos que permitan evaluar la efectividad de estas estrategias en pacientes con fragilidad confirmada.

BIBLIOGRAFÍA

  1. NNNConsult. (n.d.). Retrieved December 3, 2019, from https://www.nnnconsult.com/nanda/257
  2. Casas Herrero, A., & Izquierdo, M. (2012). Ejercicio físico como intervención eficaz en el anciano frágil. Anales Del Sistema Sanitario de Navarra, 35(1), 69–85. https://doi.org/10.4321/s1137-66272012000100007
  3. Hernández Morante, J. J., Martínez, C. G., & Morillas-Ruiz, J. M. (2019). Dietary factors associated with frailty in old adults: A review of nutritional interventions to prevent frailty development. Nutrients, 11(1). https://doi.org/10.3390/nu11010102
  4. São Romão Preto, L., Dias Conceição, M. do C., Figueiredo, T. M., Pereira Mata, M. A., Barreira Preto, P. M., & Mateo Aguilar, E. (2017). Fragilidad, composición corporal y estado nutricional en ancianos no institucionalizados. Enfermeria Clinica, 27(6), 339–345. https://doi.org/10.1016/j.enfcli.2017.06.004
  5. Puts, M. T. E., Toubasi, S., Andrew, M. K., Ashe, M. C., Ploeg, J., Atkinson, E., … Mcgilton, K. (2017). Interventions to prevent or reduce the level of frailty in community-dwelling older adults: A scoping review of the literature and international policies. Age and Ageing, 46(3), 383–392. https://doi.org/10.1093/ageing/afw247
  6. Felipe Salech, M., Rafael Jara, L., Luis Michea, A. (2012). CAMBIOS FISIOLÓGICOS Physiological changes associated with normal aging. Rev. Med. Clin. Mondes, 23(1), 19–29. http://apps.elsevier.es/watermark/ctl_servlet?_f=10&pident_articulo=90361755&pident_usuario=0& pcontactid=&pident_revista=202&ty=54&accion=L&origen=zonadelectura&web=www.elsevier.es&lan=es&fichero=202v23n01a90361755pdf001.pdf
  7. Lorenzo-López, L., Maseda, A., De Labra, C., Regueiro-Folgueira, L., Rodríguez-Villamil, J. L., & Millán-Calenti, J. C. (2017). Nutritional determinants of frailty in older adults: A systematic review. BMC Geriatrics, 17(1), 1– 13. https://doi.org/10.1186/s12877-017-0496-2
  8. Licona, N. A., Moreno Vargas, E. V., & Martinez-Cordero, C. (2018). Ingesta de proteína, lípidos séricos y fuerza muscular en ancianos. Nutricion Hospitalaria, 35(1), 65–70. https://doi.org/10.20960/nh.1368
  9. Garcia-Garcia, F. J., Gutierrez Avila, G., Alfaro-Acha, A., Amor Andres, M. S., De La Torre Lanza, M. D. L. A., Escribano Aparicio, M. V., … Rodriguez-Manas, L. (2011). The prevalence of frailty syndrome in an older population from Spain. the Toledo study for healthy aging. Journal of Nutrition, Health and Aging, 15(10), 852–856. https://doi.org/10.1007/s12603-011-0075-8
  10. Ramos Cordero, P., Abizanda Soler, P., Álamo Gonzalo, P., Cuesta Triano, F., Gómez Pavón, J., González Ramírez, A., . . . Rodríguez Maños, L. (2014). Guía de buena práctica clínica en geriatría. España: coordinación editorial IMC. https://www.segg.es/media/descargas/GBPCG_Fragilidad_y_nutricion_en_el_anciano.pdf

 

ANEXOS

ANEXO 1. Análisis de la pregunta propuesta según PICO:

P (Paciente) Personas mayores de 65 años no institucionalizados diagnosticados de Síndrome de fragilidad en una etapa muy poco avanzada.
I (Intervención) Mejorar su patrón nutricional y de actividad física.
C (Comparación) Personas mayores de 65 años a los que no se les modifica su patrón nutricional.
O (Outcomes, resultados) La mejora del patrón nutricional favorece la mejoría y la disminución del Síndrome de Fragilidad del Anciano.

 

También se analizó según FINER:

F (Factible) Es factible ya que se poseen los recursos y el tiempo necesarios para llevar a cabo una revisión de calidad.
I (Interesante) Es útil para mejorar la calidad de vida del anciano.
N (Novedoso) Es novedoso porque no existen gran cantidad de estudios previos.
E (Ético) Aporta valor social y científico, tiene la intención de mejorar la evolución del Síndrome de Fragilidad del Anciano.
R (Relevante) Los resultados de este estudio pueden ser aplicados a la vida diaria.

 

Publique con nosotros

Indexación de la revista

ID:3540

Últimos artículos