AUTORES
- María Yébenes Delgado, Trabajadora Social. Hospital Universitario Miguel Servet (Zaragoza). España.
- Ana Isabel Navarro Pérez. Auxiliar Administrativa y TCAE. CME San José. (Zaragoza). España.
- Laura Báguena Sancho. Trabajadora Social. Hospital Universitario Miguel Servet. (Zaragoza). España.
- Eva Ibáñez Mily. Licenciada en Odontología. Aragón. España.
- Natividad Aragüés Saz. Trabajadora Social y TCAE. Hospital Universitario Miguel Servet (Zaragoza). España.
RESUMEN
El trastorno por acumulación compulsiva (TAC) implica una dificultad persistente para desechar objetos, lo que genera espacios desordenados, insalubres e inseguridad física y emocional. Este artículo realiza una revisión documental enfocada en estrategias de intervención sociosanitaria desde una perspectiva comunitaria. Aporta datos sobre prevalencia, riesgos y modelos de atención eficaces. El análisis destaca la importancia de equipos multidisciplinares, la terapia cognitiva‑conductual y la movilización de recursos comunitarios y familiares.
Desde una mirada comunitaria, se promueve la coordinación entre servicios sociales, salud mental y atención primaria, fomentando la implicación de la comunidad y el entorno familiar. Se analizan modelos de gestión de casos con enfoque en motivación, visitas domiciliarias y colaboración intersectorial, identificándose buenas prácticas en programas piloto y estudios recientes, incluyendo la intervención no voluntaria con equipos especializados.
PALABRAS CLAVE
Trastorno por acumulación, intervención comunitaria, atención sociosanitaria, terapia cognitivo-conductual
Abstract
Hoarding disorder (HD) involves persistent difficulty discarding possessions, leading to cluttered, unhygienic, and unsafe living environments. This article presents a documentary review focused on socio-health intervention strategies through a community-based approach, with emphasis on the Spanish context. It includes prevalence, risks, and effective care models.
The community-based perspective promotes coordination among social services, mental health, and primary care, engaging families and local supports. It explores case management models centered on motivation, home visits, and cross-sector collaboration, noting best practices from pilot programs and recent studies, including involuntary interventions with specialized teams.
KEY WORDS
Hoarding disorder, community intervention, social‑health care, cognitive‑behavioral therapy.
DESARROLLO DEL TEMA
Se realizó una revisión documental de artículos científicos, guías institucionales y documentos técnicos. Las bases de datos consultadas incluyeron PubMed, SciELO, Dialnet, Google Scholar, y recursos institucionales. También se consideraron documentos europeos y norteamericanos relevantes sobre modelos comunitarios y gestión de casos. Los objetivos para este artículo monográfico fueron:
- Conocer las bases teóricas y los modelos más eficaces para abordar el trastorno por acumulación desde una perspectiva comunitaria.
- Ofrecer propuestas prácticas para aplicar estas intervenciones en los servicios sociales y sanitarios.
El trastorno por acumulación (TAC), también conocido como trastorno de acaparamiento compulsivo, es una condición compleja que fue reconocida como diagnóstico independiente en el DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales) de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría1.
Se caracteriza por la dificultad persistente de desechar o separarse de posesiones, independientemente de su valor real, debido a una necesidad percibida de guardarlas y al malestar asociado al hecho de deshacerse de ellas. Este comportamiento provoca una acumulación excesiva que congestiona y desorganiza los espacios vitales hasta dificultar o imposibilitar su uso adecuado. La prevalencia en adultos se estima entre el 2 y el 5 %, y las comorbilidades son frecuentes (depresión, ansiedad, trastorno obsesivo‑compulsivo). El TAC representa un problema sociosanitario creciente debido al impacto en la salud pública, seguridad, calidad de vida y recursos comunitarios.
A pesar de su creciente prevalencia, el TAC ha sido históricamente infradiagnosticado y subatendido en los servicios sociosanitarios, lo que ha llevado a consecuencias graves tanto para las personas afectadas como para su entorno.
Diferencias diagnósticas con otros síndromes relacionados:
La inclusión del TAC en el DSM-5 lo distingue de otros síndromes que, aunque presentan comportamientos similares, no han sido oficialmente reconocidos como trastornos mentales.
Entre estos, el síndrome de Diógenes se caracteriza por la acumulación extrema combinada con un abandono total del cuidado personal, aislamiento social severo, rechazo a la ayuda externa y, en muchos casos, acumulación de residuos. Aunque puede coexistir con el TAC, se trata de un cuadro más amplio que incluye deterioro global del funcionamiento.
Por otro lado, el síndrome de Noé describe la acumulación compulsiva de animales, especialmente por parte de personas que creen estar rescatándolos, pero que los mantienen en condiciones insalubres e inadecuadas2. Este fenómeno puede afectar a personas de diferentes edades, géneros y situaciones personales, y aunque no figura como entidad diagnóstica en los manuales oficiales, exige intervenciones específicas que incluyan a los servicios veterinarios y autoridades sanitarias.
Distinguir el TAC de estos síndromes es fundamental para orientar correctamente la intervención sociosanitaria y diseñar estrategias adaptadas a cada situación.
La perspectiva comunitaria del abordaje del TAC considera fundamental la inclusión activa del entorno social y comunitario en el proceso terapéutico y asistencial. El enfoque tradicional centrado exclusivamente en la intervención clínica individual ha demostrado ser insuficiente, especialmente en casos donde la persona no reconoce el problema o se niega a recibir ayuda.
Desde este enfoque integral, se han identificado seis líneas clave de intervención para abordar el TAC desde una perspectiva sociosanitaria y comunitaria. A continuación, se describen los principales modelos y estrategias que han demostrado eficacia en distintos contextos, y que pueden servir de guía para la actuación profesional.
1. Modelos basados en gestión de casos especializados:
Uno de los modelos más efectivos documentados es el basado en la gestión de casos por equipos especializados. Estos equipos, integrados por profesionales del trabajo social, psicología clínica, salud mental, limpieza profesional y apoyo comunitario, actúan de forma coordinada, realizan visitas domiciliarias frecuentes y diseñan planes de intervención personalizados.
Al centrarse en la motivación, la continuidad del contacto y la implicación del entorno social, estos modelos comunitarios han demostrado ser significativamente más eficaces que los enfoques institucionales tradicionales, logrando mejores resultados en la resolución de casos complejos de trastorno por acumulación. En España, aunque aún son incipientes, algunas experiencias piloto —como las desarrolladas en los Servicios Sociales de Barcelona o Madrid— han incorporado este enfoque con resultados prometedores. La clave de su eficacia reside en el trabajo a largo plazo y en la integración entre los sistemas sanitario, social y comunitario.
2. Terapia cognitivo-conductual adaptada al contexto domiciliario:
La terapia cognitivo-conductual (TCC) es el tratamiento de primera línea para el TAC y ha mostrado resultados eficaces especialmente cuando se aplica en el domicilio de la persona afectada. Esta modalidad permite observar directamente el entorno, establecer objetivos realistas, trabajar con los objetos significativos y reforzar los logros mediante el apoyo in situ. Las técnicas más utilizadas incluyen:
- Entrenamiento en organización y categorización.
- Exposición al desecho progresivo de objetos.
- Reestructuración cognitiva de creencias irracionales sobre la posesión.
- Tareas conductuales supervisadas y autorregistro.
Los estudios señalan que los programas domiciliarios tienen mejor adherencia y mayor impacto en la mejora funcional de las personas con TAC3. Además, permiten la colaboración con familiares, vecinos o figuras de apoyo, facilitando una red de contención en el propio entorno residencial.
3. Implicación del entorno familiar y comunitario:
El entorno social cumple un papel esencial en la evolución del TAC. Las personas afectadas suelen vivir en aislamiento o experimentar conflictos frecuentes con familiares y vecinos. Una intervención eficaz debe contemplar la inclusión de estos actores, fomentando la comunicación empática, la participación en el tratamiento y la creación de redes de apoyo. Se ha demostrado que los programas de psicoeducación familiar disminuyen la hostilidad, reducen la sobrecarga y mejoran la convivencia4.
El trabajo comunitario también puede implicar la colaboración con asociaciones vecinales, grupos de voluntariado y entidades locales que participen en actividades de limpieza, acompañamiento o reinserción social. En algunos municipios, estos recursos han sido esenciales para gestionar situaciones de riesgo (incendios, plagas, ruinas estructurales) y garantizar el bienestar general.
4. Intervención legal y protección en casos graves:
En casos severos, donde la acumulación representa un riesgo para la salud pública o para la vida de la persona, puede ser necesario activar mecanismos legales. Estos pueden incluir órdenes judiciales de desalojo, internamientos involuntarios o limitaciones parciales de la capacidad jurídica. No obstante, estas medidas deben ser utilizadas como último recurso y siempre acompañadas de intervención psicosocial, evitando enfoques punitivos o traumatizantes.
España ha avanzado en el reconocimiento de estas situaciones mediante la Ley 8/2021, que reforma la legislación civil y procesal para el apoyo a personas con discapacidad en el ejercicio de su capacidad jurídica5. Esta norma promueve la intervención desde el respeto, la autodeterminación y la proporcionalidad, permitiendo establecer medidas de apoyo judicial sin necesidad de incapacitación total.
En los servicios sociales municipales, los equipos de intervención suelen colaborar con juzgados, fiscalías y servicios de salud mental para gestionar estos casos con la máxima protección legal y ética.
5. Adaptación cultural y validez de instrumentos:
Un aspecto relevante es la necesidad de adaptar los instrumentos de evaluación y diagnóstico a la población hispanohablante. La Escala de Acumulación Compulsiva (Hoarding Rating Scale) ha sido validada en español, mostrando propiedades psicométricas adecuadas para su uso clínico y comunitario6. Además, estudios transculturales han evidenciado que el TAC presenta manifestaciones distintas según el contexto cultural, lo que implica ajustar las intervenciones a las normas, creencias y estructuras familiares propias de cada comunidad.
Por ejemplo, en España es frecuente encontrar acumulación de objetos relacionados con tradiciones o roles familiares (ropa heredada, utensilios de cocina, elementos religiosos), lo que requiere un abordaje sensible y contextualizado. Esta perspectiva cultural también debe tenerse en cuenta cuando la acumulación involucra elementos con carga afectiva o simbólica, especialmente en personas mayores.
6. Importancia del enfoque intersectorial e interprofesional:
Una intervención comunitaria efectiva requiere el trabajo conjunto de distintos sectores: salud, servicios sociales, justicia, vivienda, medio ambiente, asociaciones vecinales, etc. El modelo biopsicosocial que sustenta esta perspectiva implica:
- Salud mental: Diagnóstico, tratamiento psicológico y farmacológico, seguimiento clínico.
- Servicios sociales: Valoración de la situación sociofamiliar, orientación y tramitación de recursos sociales, intervención comunitaria.
- Vivienda y urbanismo: Inspecciones técnicas, gestión de infravivienda, programas de realojo si procede.
- Justicia: Medidas de protección legal, curatelas, autorizaciones judiciales en casos graves.
- Entidades comunitarias: Grupos de ayuda mutua, voluntariado, sensibilización vecinal.
Este trabajo en red debe sustentarse en protocolos de actuación consensuados, formación continua y circuitos de derivación claros. Las experiencias más exitosas han sido aquellas en que se construyen equipos locales con liderazgo comunitario y autonomía para tomar decisiones ágiles y éticas7.
CONCLUSIONES
El trastorno por acumulación requiere un abordaje integral que combine intervención psicológica, coordinación sociosanitaria y participación comunitaria. Los modelos de gestión de casos con equipos especializados ofrecen mejores resultados en situaciones complejas. La terapia cognitivo-conductual adaptada al entorno comunitario, el apoyo del entorno familiar y la colaboración intersectorial son elementos clave. Además, la validación de instrumentos y la adecuación de las intervenciones al contexto cultural y social de la población destinataria mejora la eficacia terapéutica y favorece la inclusión social.
Este enfoque promueve la autonomía, la seguridad, la reintegración social y el respeto a la persona, alineándose con los principios de calidad, derechos y eficiencia que deben regir cualquier sistema de atención sociosanitaria con enfoque comunitario.
BIBLIOGRAFÍA
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