AUTORES
- Rocío del Carmen Gavilanes Escobar. Técnico en Cuidados Auxiliares de Enfermería (TCAE). Tcae en Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza. España.
- Nuria Pérez Tella. Técnico en Cuidados Auxiliares de Enfermería (TCAE). España.
- Esther Prades Laborda. Técnico en Cuidados Auxiliares de Enfermería (TCAE). España.
- Elena Lacueva Zapater. Técnico en Cuidados Auxiliares de Enfermería (TCAE). TCAE en Servicio Aragonés de Salud. España.
- Juan Carlos Sáez Moreno. Celador. Celador en Servicio Aragonés de Salud. España.
- Sergio Marcuello Guallar. Celador. España.
RESUMEN
La hepatitis A es una infección viral aguda del hígado causada por el virus de la hepatitis A (VHA), transmitido principalmente por vía fecal-oral. Es común en regiones con saneamiento deficiente y afecta a personas de todas las edades. La educación sanitaria y el control epidemiológico son esenciales para reducir su propagación. A pesar de su baja mortalidad, requiere atención médica para evitar complicaciones.
Es un virus conocido entre la sociedad, aunque no tanto sus distintos tipos de genotipos, por lo que el personal del ámbito del sistema sanitario debe conocer esta enfermedad con una gran cantidad de conocimientos para poder implantar una adecuada prevención de esta patología y un tratamiento adecuado según la etapa de la enfermedad.
PALABRAS CLAVE
Prevención primaria, inmunización, saneamiento, atención médica, educación en salud.
ABSTRACT
Hepatitis A is an acute viral infection of the liver caused by the hepatitis A virus (HAV), transmitted primarily through the fecal-oral route. It is common in regions with poor sanitation and affects people of all ages. Health education and epidemiological control are essential to reduce its spread. Despite its low mortality rate, it requires medical attention to prevent complications.
It is a well-known virus in society, although its different genotypes are less so. Therefore, healthcare personnel must have a wealth of knowledge about this disease in order to implement adequate prevention measures and appropriate treatment according to the stage of the disease.
KEY WORDS
Primary prevention, immunization, sanitation, medical care, health education.
DESARROLLO DEL TEMA
La hepatitis A es una inflamación del hígado debida al virus de la hepatitis A (VHA), que se propaga principalmente cuando una persona no infectada (y no vacunada) ingiere agua o alimentos contaminados por heces de una persona infectada1.
Las infecciones por hepatitis A (HAV) se encuentran en todo el mundo, siendo más comunes en países en desarrollo y áreas de bajos ingresos. Esta enfermedad es hiperendémica en el África subsahariana y el sur de Asia, donde casi no hay adultos en riesgo debido a la exposición frecuente durante la infancia. En América Latina, el Medio Oriente, el norte de África, Europa del Este y regiones de ingresos medios en Asia, se observa una endemicidad intermedia. En contraste, países con economías más sólidas, como Estados Unidos y naciones de Europa occidental, tienen tasas más bajas de infección por HAV, pero la vulnerabilidad de su población adulta no inmunizada a enfermarse es mayor en comparación con los países de bajos ingresos. Se presenta un efecto paradójico en los países que están mejorando económicamente: la primera exposición al HAV ocurre más tarde en la vida, lo que genera un desafío de salud pública durante su transición epidemiológica relacionada con esta enfermedad2.
La transmisión del VHA es fecal-oral, por lo que el lavado cuidadoso de manos constituye la principal medida preventiva. Existen otros modos de transmisión menos frecuentes, como a través de transfusiones de sangre o hemoderivados, uso compartido de jeringuillas o determinadas prácticas sexuales3.
No siempre que hay hepatitis A aparece ictericia, pues el tipo de síntomas y su gravedad en esta enfermedad pueden ser muy diversos. De hecho, los bebés y niños pequeños -menores de 6 años- pueden no llegar a presentarlos o, en todo caso, de manera muy leve. En cambio, los niños más mayores y los adultos, sí suelen mostrar síntomas más graves. De hecho, el 70% de ellos sufre ictericia, según la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap).
Los signos y los síntomas suelen aparecer al cabo de una media de cuatro semanas tras el contacto con el virus. Además de la ictericia, los más frecuentes son:
- Fiebre súbita, pero no muy alta.
- Malestar general.
- Cansancio.
- Falta de apetito.
- Diarrea.
- Náuseas y/o vómitos.
- Dolor de estómago y/o molestias abdominales.
- Orina oscura.
- Heces claras.
- Picor4.
Los síntomas relacionados con las hepatitis virales agudas son variables e inespecíficos. Por lo anterior, no es posible distinguir clínicamente una forma de hepatitis viral aguda de otra. Su curso clínico varía ampliamente desde una fase asintomática manifestada solo por elevación de las aminotransferasas hasta hepatitis fulminante con ictericia franca y coma hepático. Existe una fase prodrómica que dura entre 1 día y 2 semanas durante la cual solo hay síntomas constitucionales inespecíficos. Durante esta el síntoma más comúnmente reportado es la pérdida de apetito. Fatiga y debilidad son síntomas comunes reportados en un 90% de los pacientes y pueden ser lo suficientemente graves como para limitarlos a la cama. Antes del inicio de la ictericia, de dos tercios a tres cuartos de los pacientes se quejan de fiebre baja y síntomas parecidos a la gripe. La diarrea no es una característica común de la hepatitis aguda y ocurre en menos del 25% de los casos de infección por VHA. La fase prodrómica es seguida por la fase ictérica. El inicio de la ictericia suele coincidir con el pico de ALT en suero. La duración de la ictericia es variable, desde 4 días a varios meses, pero tiene un promedio de 2 a 3 semanas. Durante la fase de convalecencia, la mayoría de los síntomas se resuelven, sin embargo, la fatiga puede persistir hasta 2-6 meses. Para establecer el diagnóstico, es necesario demostrar la presencia de anticuerpos contra el virus (anti -HAV), IgM para la fase aguda e IgG para la crónica. Los anticuerpos del tipo IgM usualmente aparecen desde el inicio de los síntomas y persisten positivos por 4 meses, los del tipo IgG también están presentes desde el inicio de la enfermedad y persisten positivos de por vida. Existen pruebas para medir el anti-VHA total, las cuales miden IgG e IgM, y por lo tanto no son útiles para distinguir una infección aguda de una crónica. El ARN viral también puede detectarse en suero y heces durante la fase de incubación, pero es más utilizado como una herramienta de investigación en lugar de para fines diagnósticos. El hallazgo más característico del laboratorio es la elevación en los niveles séricos de aminotransferasas. Los niveles de ALT son más específicos para la necrosis de hepatocitos y generalmente son más altos que los niveles de AST.
Durante una hepatitis aguda, los niveles van desde 10 hasta 20 veces el límite superior de lo normal y el pico se correlaciona con el inicio de la ictericia. El nivel de elevación de ALT o AST se correlaciona con el grado de destrucción de los hepatocitos, pero no con el resultado clínico final. Para el médico general, los puntos principales son la detección y los tratamientos disponibles, por lo que debe conocer los factores de riesgo y los marcadores serovirológicos de infección, las comorbilidades hepáticas (sobre todo el consumo excesivo de alcohol y el síndrome metabólico) para su control higiénico-dietético y, por último, los tratamientos para optimizar la información y colaborar en el manejo especializado5.
No existen tratamientos específicos para la hepatitis A. El cuerpo eliminará el virus de la hepatitis A por sí solo. En la mayoría de los casos de hepatitis A, el hígado se cura antes de los seis meses y no presenta daños duraderos.
El tratamiento de la hepatitis A, generalmente, se enfoca en estar controlar los síntomas. Son por regla general las siguientes recomendaciones las que se aportan:
- Descansar. Muchas personas que padecen hepatitis A sienten cansancio, ganas de vomitar y tienen menos energía.
- Consumir los alimentos y líquidos adecuados. Adoptar una alimentación equilibrada y saludable. Las náuseas pueden dificultar la alimentación. Intentar comer refrigerios a lo largo del día, en lugar de comidas completas. Para obtener las calorías suficientes, come alimentos con un mayor contenido calórico. Por ejemplo, bebe jugo de frutas o leche en lugar de agua. Beber mucho líquido es importante para prevenir la deshidratación, especialmente si tienes vómitos o diarrea.
- Evitar el alcohol y usar los medicamentos con cuidado. El hígado puede presentar dificultades para procesar medicamentos y bebidas alcohólicas. Si tienes hepatitis, no se debe consumir alcohol. Puede provocar daño al hígado6.
- Vacuna preexposición contra HAV debe proporcionarse a los adultos con mayor riesgo, incluyendo
- Viajeros a países con zonas endémicas altas o intermedias para HAV
- Trabajadores de los laboratorios de diagnóstico
- Hombres que tienen relaciones sexuales con hombres
- Personas que usan drogas ilegales inyectables o no inyectables
- Pacientes con trastornos hepáticos crónicos (incluyendo hepatitis C crónica), ya que tienen un mayor riesgo de desarrollar hepatitis fulminante debido a HAV
- Personas que consideran que podrían entrar en contacto cercano con una persona adoptada de otro país durante los primeros 60 días después de la llegada de un país con prevalencia alta o intermedia para HAV
- Personas que no tienen vivienda estable o que no tienen hogar
- La profilaxis previa a la exposición al HAV se puede considerar para empleados de centros de atención de día y el personal militar.
Antes, se les recomendaba a los viajeros obtener la vacuna contra la hepatitis A más de 2 semanas antes del viaje; los que viajaron menos de 2 semanas también debían recibir la inmunoglobulina estándar. La evidencia actual sugiere que la inmunoglobulina es necesaria solo para los viajeros de edad avanzada y con enfermedad hepática crónica u otro trastorno crónico.
La profilaxis postexposición debe administrarse a las personas expuestas a HAV en las últimas 2 semanas (p. ej., un contacto doméstico o sexual) y que no han recibido la vacuna en el pasado.
Los pacientes sanos no vacunados ≥ 1 año reciben una sola dosis de la vacuna contra la hepatitis A tan pronto como sea posible después de la exposición. La serie de vacunas contra HepA debe completarse con una segunda dosis al menos 6 meses después de la primera dosis para lograr una protección a largo plazo.
Los pacientes de mayor riesgo, en particular aquellos inmunocomprometidos o con enfermedad hepática crónica, que han estado expuestos al HAV en las últimas 2 semanas y no han completado la serie de vacunación contra HepA, deben recibir simultáneamente la IG (0,1 mL/kg) y la vacuna contra HepA en un sitio anatómico diferente (p. ej., miembros diferentes) tan pronto como sea posible después de la exposición7.
BIBLIOGRAFÍA
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