- Raquel Brinquis Seco. Psicóloga Interna Residente, Hospital Obispo Polanco. Teruel, Aragón, España.
- Paula García Jordan. Graduada en Enfermería. Aragón, España.
- Isabel Pilar Ros Cardo. Graduada en Enfermería. Aragón, España.
- Laura Huerta Melús. Psicóloga interna Residente Hospital Obispo Polanco. Teruel, Aragón, España.
- Carmen Martí Sánchez. Licenciada en Psicología. Aragón, España.
RESUMEN
La migración es un fenómeno complejo que puede afectar significativamente a la salud mental, especialmente en etapas vulnerables como la adolescencia. Este artículo presenta el caso clínico, una adolescente colombiana de 15 años que emigra a España para reunirse con su madre tras cinco años de separación. Una vez en España, el proceso de adaptación resulta complicado por la aparición de múltiples fuentes de estrés, los cuales se relacionan con la aparición de síntomas psicológicos de diferente naturaleza (emocional, alimentaria…), así como abandono escolar.
El análisis del caso permite identificar múltiples factores que inciden en su sintomatología: separación prolongada, duelo no elaborado, aculturación forzada, pérdida de referentes sociales, barreras lingüísticas y falta de acompañamiento institucional. No obstante, también se observa una evolución positiva a partir de la construcción de nuevas redes sociales y el acceso a apoyo clínico especializado, lo que refleja el papel fundamental del entorno y del acompañamiento terapéutico en la recuperación.
El caso subraya la importancia de considerar la variable migración en la evaluación clínica, incorporando una mirada contextual, familiar y transcultural. Asimismo, pone de relieve la necesidad de políticas públicas y estrategias institucionales que favorezcan la inclusión social, el bienestar emocional y la equidad en el acceso a la salud mental para las personas migrantes.
PALABRAS CLAVE
Migración, salud mental, adolescencia, resiliencia, perspectiva transcultural.
ABSTRACT
Migration is a complex phenomenon that can significantly impact mental health, particularly during vulnerable stages such as adolescence. This article presents a clinical case of a 15-year-old Colombian adolescent who migrated to Spain to reunite with her mother after five years of separation. Upon arrival in Spain, the adaptation process proved challenging due to the emergence of multiple stressors, which were associated with the onset of diverse psychological symptoms (emotional, eating-related, among others), as well as school dropout.
The case analysis allows the identification of multiple factors contributing to her symptomatology: prolonged separation, unresolved grief, forced acculturation, loss of social references, language barriers, and insufficient institutional support. Nevertheless, a positive evolution was also observed through the construction of new social networks and access to specialized clinical support, highlighting the fundamental role of the environment and therapeutic accompaniment in recovery.
This case underscores the importance of considering migration as a key variable in clinical assessment, incorporating contextual, familial, and transcultural perspectives. Furthermore, it emphasizes the need for public policies and institutional strategies that foster social inclusion, emotional well-being, and equitable access to mental health care for migrant populations.
KEY WORDS
Migration, mental health, adolescence, resilience, transcultural perspective.
INTRODUCCIÓN
Los procesos migratorios constituyen un fenómeno complejo, con implicaciones significativas en la salud mental de las personas migrantes. Este proceso suele implicar una ruptura o, como mínimo, distanciamiento, con redes sociales, culturales y familiares, así como la exposición a factores estresantes como la incertidumbre (personal, legal, laboral…), la discriminación, la pérdida de estatus socioeconómico y, en muchos casos, experiencias traumáticas previas o durante el trayecto migratorio₁. Se podría entender la migración como un proceso que conlleva múltiples fuentes de estrés y vulnerabilidad, tanto de manera previa al inicio del traslado, durante el mismo o posteriormente. A su vez, la gravedad o duración que puedan producir dichas variables, dependerán de las características concretas de dicho proceso migratorio, como pudiera ser, por ejemplo, la edad del sujeto o el proceso de adaptación una vez llegado al lugar de destino.
Diversos estudios han señalado una prevalencia más alta de trastornos como la depresión, la ansiedad o el Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT) entre la población migrante en comparación con la población no migrante₂. Esta vulnerabilidad psicológica se ve agravada cuando los sistemas de acogida no garantizan un acceso adecuado a servicios de salud mental que cuenten con una perspectiva transcultural₃.
Por otro lado, el proceso de adaptación cultural (aculturación) puede generar malestar, especialmente cuando existe un desajuste entre las expectativas del migrante y las realidades del nuevo entorno, lo que incrementa el riesgo de desarrollar trastornos psicológicos₄. A su vez, experiencias como la marginación social, el racismo o las barreras lingüísticas, resultan variables de tipo social que influyen en la salud mental de la población migrante₅.
En este contexto, resulta fundamental comprender cómo la experiencia migratoria afecta la salud mental a través de múltiples niveles (individual, familiar, comunitario y estructural₆). Analizar casos específicos permite no solo identificar los factores de riesgo, sino también reconocer los mecanismos de resiliencia que muchas personas migrantes desarrollan frente a la adversidad₇. Así, el abordaje clínico y psicosocial debe tener en cuenta las particularidades culturales, la historia migratoria y los contextos de origen y destino₈, estudiando cada caso de manera individualizada.
Este artículo presenta un caso clínico que ejemplifica la importancia de atender a la variable “migración” de manera concienzuda, comprendiendo la situación de vulnerabilidad de la persona migrante y las múltiples implicaciones y fuentes de estrés relacionadas con dicho proceso migratorio. De este modo, se trata de subrayar la necesidad de realizar intervenciones integrales, interdisciplinares y transculturales₉, así como políticas públicas que promuevan la inclusión, la equidad y el bienestar psicosocial de las personas migrantes₁₀.
PRESENTACIÓN DEL CASO CLÍNICO
La paciente en cuestión acude, junto a su madre, al Servicio de Salud Mental Infantojuvenil a la edad de 15 años. Su origen es colombiano, acudiendo hace aproximadamente un año a Teruel, junto a su madre. Ambas describen un funcionamiento premórbido adecuado en Colombia, tanto a nivel social como escolar o emocional, si bien las dificultades comienzan una vez se traslada a España.
Relata haber convivido junto a diferentes familiares durante 5 años, ya que su madre acudió primeramente a España por motivos laborales, motivo por el cual tuvo que dejar a su hija a cargo de otros familiares. Refieren que el contacto fue continuado de manera telefónica, aunque no pudieron verse en persona durante este período. A su vez, coincide el traslado de su madre a Teruel con el fallecimiento de su padre biológico en Colombia (progenitores separados desde edad temprana de la paciente), lo cual impresiona de otra variable influyente en la situación de malestar. Por otro lado, durante estos cinco años, la madre conoce a la que es su pareja actual, con la que tiene un hijo de 3 años de edad en la actualidad.
Se describe como una persona inteligente, sociable y deportista, manteniendo una red social amplia y adecuada en su país de origen, así como practicando diversos deportes como natación o fútbol, los cuales disfrutaba enormemente. Refiere no haber podido acudir a España antes por motivos burocráticos, si bien su intención siempre fue reunirse con su madre en cuanto fuera posible. Sin embargo, relata haber percibido el traslado definitivo a España como inesperado y rápido, sin contar con el tiempo suficiente para “hacerse a la idea”, no pudiendo despedirse de sus amistades y allegados como le hubiera gustado. Su madre admite haber apreciado el malestar desde un inicio, mostrándose “enfadada con el mundo, especialmente con ella”. Por otro lado, la paciente considera una nueva fuente de estrés la adaptación a la convivencia con una nueva unidad familiar, así como establecer contacto con la nueva pareja de su madre y su nuevo hermano. Al mes siguiente de su traslado a España, comienza en un nuevo instituto (3ºESO), al que únicamente acude durante dos semanas, motivo por el que los Servicios Sociales acaban siendo conocedores del caso y la paciente es derivada al presente servicio. En consulta, describe “haberse sentido rechazada desde un inicio”, ya que, en el instituto al que acudía, todos sus compañeros se conocían desde pequeños, siendo “poco inclusivos con los nuevos”.
Coincidiendo con esta situación, la psicopatología de la paciente comienza a aparecer, en forma de estado de ánimo bajo, hiporexia y alimentación restrictiva, con aparición de purgas en forma de vómitos ocasionales, autolesiones, ansiedad, insomnio… La paciente relaciona la aparición del insomnio con las conversaciones nocturnas con sus amistades de Colombia, ya que “era el único momento en que coincidían y podían hablar, y ella se sentía muy sola”. En la actualidad, ha logrado crear una red social adecuada y sólida, mediante la intervención de terceras personas, mejorando de manera considerable su estado de ánimo. Cuenta con objetivos académicos, habiéndose propuesto estudiar administración de empresas en el futuro, en un centro diferente. A nivel psicopatológico, se observa un descenso importante en frecuencia e intensidad de los síntomas anteriormente descritos, si bien continúa siendo necesario el seguimiento por parte de Psicología Clínica y, además, de Psiquiatría, en relación con la sintomatología alimentaria y los problemas de sueño, principalmente.
DISCUSIÓN-CONCLUSIONES
El presente caso clínico muestra claramente la influencia que distintos factores vinculados al proceso migratorio pueden tener en el sujeto migrante, operando como desencadenantes y mantenedores tanto de malestar emocional como de psicopatología de diferentes tipos. Como se adelantaba en la introducción, el proceso migratorio conlleva una acumulación de variables estresantes que inciden en distintos niveles (individual, familiar, social y estructural), afectando al bienestar emocional de la persona migrante.
En concreto, entre los factores de riesgo individuales y familiares, destaca la prolongada separación materna durante la infancia, un periodo crítico para el desarrollo del apego, que puede haber generado inseguridad afectiva y sentimientos de abandono. A esto se suma el duelo por la muerte del padre biológico, el cual coincide con el traslado de su madre a España, así como la adaptación a una nueva unidad familiar, coincidiendo por primera vez con nuevos miembros considerados familia, como su hermano menor o la nueva pareja de su madre, con los cuales apenas existía una relación previa.
En el plano social, la adolescente experimenta una ruptura abrupta con su entorno de origen (amistades, redes de apoyo, actividades deportivas significativas), sin posibilidad de despedirse ni cerrar ciclos. Esta falta de transición contribuye a una sensación de pérdida y desarraigo. En el contexto educativo, sufre una experiencia de exclusión al no sentirse acogida por sus compañeros, lo que refuerza el sentimiento de soledad y la idea de “no pertenecer”.
Además, el cambio cultural y la necesidad de adaptarse rápidamente a nuevas normas sociales, lingüísticas y familiares, sin un acompañamiento suficiente, constituye una fuente adicional de estrés. Todos estos elementos se ven agravados por la falta de una red de apoyo cercana en el entorno inmediato durante las primeras etapas de su llegada.
Sin embargo, un aspecto clave del caso es que también muestra cómo, ante una intervención adecuada, pueden activarse recursos personales y contextuales que permiten la recuperación. El establecimiento de nuevas relaciones sociales en el entorno actual ha sido un punto de inflexión en su evolución clínica. La creación de una red de amistades, el sentido de pertenencia que ello conlleva, y la posibilidad de proyectarse hacia el futuro con metas académicas, han favorecido una mejora significativa en su estado de ánimo, en la autoestima y en la reducción de sintomatología ansioso-depresiva y alimentaria.
Este caso subraya la importancia del apoyo social como factor protector frente al malestar emocional en contextos de migración. El acompañamiento profesional también ha sido clave: tanto desde la psicología como desde psiquiatría, se ha facilitado un espacio de contención y escucha, con una mirada integradora y contextualizada.
En conclusión, la experiencia evidencia cómo los procesos migratorios pueden tener un profundo impacto en la salud mental, especialmente en adolescentes, y cómo este impacto está mediado por factores individuales, familiares y socioculturales. A su vez, remarca la necesidad de desarrollar intervenciones clínicas culturalmente sensibles y centradas en el contexto vital del paciente, así como políticas que favorezcan la integración social y la creación de redes de apoyo que promuevan la resiliencia y el bienestar emocional.
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