Entrenamiento de fuerza durante el embarazo: seguridad, beneficios y recomendaciones basadas en la evidencia

13 agosto 2026

 

AUTORES

  1. Diana Lacambra Garcés Fisioterapeuta Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
  2. Cristina Vila Betrán Fisioterapeuta Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
  3. Beatriz Coscojuela Román Fisioterapeuta Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
  4. Malena Frechín Bardají Fisioterapeuta Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
  5. Florina Bianca Marcu Marcu Fisioterapeuta Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
  6. Fernando Martí Jarne Fisioterapeuta Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.

RESUMEN

Introducción: El embarazo ha pasado de considerarse una etapa en la que debía limitarse la actividad física a recomendarse la práctica de ejercicio por sus beneficios materno-fetales, según organismos como el ACOG y la OMS. Sin embargo, la evidencia se centra principalmente en el ejercicio aeróbico, siendo el entrenamiento de fuerza menos estudiado, a pesar de sus potenciales beneficios sobre la salud metabólica, musculoesquelética y psicológica durante la gestación.

Objetivo: Analizar la evidencia científica sobre el entrenamiento de fuerza durante el embarazo. Específicamente se pretende evaluar su seguridad, sus efectos sobre la salud materna y la condición física, y su relación con los resultados obstétricos.

Metodología: Se realizó una búsqueda bibliográfica en bases de datos Pubmed y PEDro durante el mes de marzo de 2026.

Resultados: Se incluyeron 8 estudios tras el proceso de selección. La evidencia revisada muestra una notable heterogeneidad metodológica, predominando revisiones sistemáticas, metaanálisis y estudios experimentales. Las intervenciones analizadas se basan principalmente en programas de entrenamiento de fuerza estructurado, con frecuencias de 2 a 3 sesiones semanales e intensidades mayoritariamente moderadas.

Conclusión: La evidencia sugiere que el entrenamiento de fuerza durante el embarazo podría ser seguro a intensidad moderada con progresión adecuada y adaptación a cambios fisiológicos. Podría asociarse a mejoras en la salud materna, la condición física y el bienestar psicológico, sin evidenciarse un aumento del riesgo de complicaciones obstétricas o fetales, aunque las limitaciones metodológicas impiden conclusiones definitivas.

PALABRAS CLAVE

Embarazo, suelo pélvico, entrenamiento de fuerza, salud materna, ejercicio físico.

ABSTRACT

Introduction: Pregnancy has traditionally been considered a stage in which physical activity should be limited; however, current guidelines from organizations such as the American College of Obstetricians and Gynecologists (ACOG) and the World Health Organization (WHO) recommend regular exercise due to its potential maternal and fetal health benefits. Nevertheless, most of the available evidence is focused on aerobic exercise, while resistance training remains less studied despite its potential benefits on metabolic, musculoskeletal, and psychological health during pregnancy.

Objective: To analyze the scientific evidence on resistance training during pregnancy, specifically assessing its safety, effects on maternal health and physical condition, and its relationship with obstetric outcomes.

Methods: A literature search was conducted in the PubMed and PEDro databases during March 2026.

Results: Eight studies were included after the selection process. The available evidence shows considerable methodological heterogeneity, with a predominance of systematic reviews, meta-analyses, and experimental studies. The interventions analyzed were mainly based on structured resistance training programs, with frequencies of 2 to 3 sessions per week and predominantly moderate intensities.

Conclusión: The evidence suggests that resistance training during pregnancy may be safe at moderate intensity with appropriate progression and physiological adaptations. It may be associated with improvements in maternal health, physical condition, and psychological well-being, with no clear evidence of increased obstetric or fetal risk; however, methodological limitations prevent definitive conclusions.

KEY WORDS

Pregnancy, pelvic floor, resistance training, maternal health, physical exercise.

INTRODUCCIÓN

El embarazo se ha considerado tradicionalmente una etapa en la vida de la mujer en la que la actividad física debía ser limitada, especialmente en la realización de esfuerzos. Sin embargo, en los últimos años se ha producido un cambio de paradigma, promoviendo la práctica de ejercicio físico durante la gestación como una intervención segura y beneficiosa tanto para la madre como para el feto. En este sentido, organismos internacionales como el American College of Obstetricians and Gynecologists (ACOG) y la World Health Organization (WHO) recomiendan la práctica de actividad física regular durante el embarazo en mujeres sin contraindicaciones médicas, debido a sus potenciales beneficios sobre la salud materna y perinatal1,2. No obstante, la mayor parte de la evidencia y las recomendaciones se centran en el ejercicio de tipo aeróbico, siendo el entrenamiento de fuerza en esta etapa un campo de investigación menos estudiado.

El entrenamiento de fuerza se asocia con múltiples beneficios en la población general que incluyen mejoras en la salud metabólica, musculoesquelética y psicológica3. Por otro lado, el embarazo conlleva una serie de cambios fisiológicos significativos, tanto a nivel cardiovascular como musculoesquelético, que pueden influir en la capacidad funcional de la mujer. Entre ellos destacan el aumento de peso, los cambios en la postura, la hiperlaxitud ligamentosa y la sobrecarga de la región lumbopélvica. Estos cambios no solo alteran la biomecánica del movimiento, sino que también incrementan las demandas sobre la musculatura estabilizadora1,4. Considerando estas adaptaciones, se ha planteado la hipótesis de que algunos de los beneficios del entrenamiento de fuerza podrían ser relevantes para las mujeres embarazadas. Diversos estudios han investigado los posibles efectos de este tipo de entrenamiento durante el embarazo observando asociaciones con mejoras en variables relacionadas con la salud materna, calidad de vida y resultados obstétricos4,5,6. Asimismo, se ha planteado que este tipo de entrenamiento podría contribuir a afrontar las demandas físicas derivadas del aumento de peso gestacional, las alteraciones de la postura y sobrecarga de la región lumbopélvica4, 5.

En este contexto, el suelo pélvico adquiere un papel especialmente relevante, ya que durante la gestación se ve sometido a un aumento progresivo de la presión intraabdominal. La relación entre el entrenamiento de fuerza, la gestión de estas presiones y la función del suelo pélvico constituye un aspecto importante a tener en cuenta en la prescripción del ejercicio. Algunos estudios sugieren que el entrenamiento de suelo pélvico durante el embarazo podría contribuir a reducir el riesgo o la severidad en determinadas disfunciones, como la incontinencia urinaria7,8. No obstante, los resultados siguen siendo heterogéneos y parecen depender de factores como la técnica de ejecución, la intensidad o el tipo de ejercicio6,7,9.

Del mismo modo, persisten dudas respecto a la seguridad del entrenamiento de fuerza durante el embarazo. Especialmente en lo que respecta al aumento de la presión intra abdominal, la realización de la maniobra de Valsalva y sus posibles efectos sobre el sistema cardiovascular y el feto10,11. Aunque algunos estudios recientes no han identificado efectos adversos relevantes en gestaciones de bajo riesgo6,9,11, la evidencia disponible es escasa para establecer conclusiones definitivas en cuanto a las condiciones óptimas de la práctica del entrenamiento de fuerza y sus posibles repercusiones sobre la madre y el feto.

A pesar de los avances en este campo, la evidencia disponible sigue siendo limitada y bastante heterogénea, lo que dificulta establecer recomendaciones claras y específicas en relación con variables como la carga, el volumen, la intensidad o el tipo de ejercicio más adecuado durante el embarazo4,5,6,9,11.

Por todo ello, el objetivo de esta revisión es realizar un análisis de la evidencia científica sobre los efectos del entrenamiento de fuerza durante el embarazo. Específicamente pretende evaluar qué características del entrenamiento en términos de intensidad, duración, tipo de ejercicio, y posición corporal se asocia con una práctica segura durante el embarazo; analizar sus efectos sobre la salud de la mujer embarazada; evaluar su impacto en la condición física de la mujer embarazada; y analizar su relación con los resultados obstétricos.

METODOLOGÍA

Para llevar a cabo los objetivos propuestos, se ha realizado una revisión narrativa de la literatura científica.La búsqueda bibliográfica se realizó durante el mes de marzo de 2026, utilizando las bases de datos PubMed y PEDro.

En la estrategia de búsqueda de dichas bases de datos se incluyeron los siguientes términos MeSH (Medical Subject Heading) “pregnancy”, “resistance training”, “weight lifting”, “risk factors”, “health benefits” y “safety”, combinados mediante operadores booleanos AND y OR.

Posteriormente se establecieron límites para la búsqueda de evidencia científica en cada una de las bases de datos, se filtraron los artículos publicados en los últimos 10 años y en idioma inglés o español.

Criterios de selección

Para esta revisión, se consideraron los siguientes criterios de inclusión para los artículos seleccionados.

  • Publicaciones realizadas entre 2016 y 2026.
  • Estudios donde la población diana eran embarazadas.
  • Estudios en los que analizaron intervenciones basadas en entrenamiento de fuerza o resistencia.
  • Estudios donde evaluarán los efectos del ejercicio de fuerza sobre la salud materna y/o fetal.

Se excluyeron de esta revisón los articulos que cumplian con los siguientes criterios:

  • Publicaciones duplicadas.
  • Investigaciones centradas exclusivamente en el periodo postparto.
  • Estudios en animales.
  • Estudios que no abordan específicamente el entrenamiento de fuerza.

RESULTADOS Y DISCUSIÓN

La evidencia científica disponible sugiere que el entrenamiento de fuerza durante el embarazo podría ser seguro cuando se realiza en condiciones adecuadas, en gestaciones sin complicaciones y con una prescripción individualizada. En términos generales, los estudios coinciden en que este tipo de ejercicio no incrementa el riesgo de eventos adversos materno-fetales como parto prematuro, restricción del crecimiento fetal o bajo peso al nacer, lo que refuerza su inclusión dentro de las recomendaciones de actividad física prenatal.

En relación con los beneficios maternos, el entrenamiento de fuerza ha demostrado efectos positivos sobre la capacidad funcional, la fuerza muscular y la composición corporal. Las revisiones de Duchette et al4 y Redondo-Delgado et al5 destacan mejoras consistentes en la calidad de vida, el bienestar percibido y la reducción de síntomas frecuentes durante la gestación, como el dolor lumbar y la fatiga. Además, ambos trabajos destacan el impacto positivo del entrenamiento de resistencia sobre la estabilidad lumbopélvica, un aspecto clave para la adaptación biomecánica del embarazo.

Desde una perspectiva metabólica, la evidencia sugiere que el entrenamiento de fuerza contribuye al control del aumento de peso gestacional y a la mejora del metabolismo de la glucosa. Keating et al.13 observaron que tanto el entrenamiento de fuerza como el aeróbico son eficaces en mujeres con diabetes gestacional, con mejoras significativas en el control glucémico y en los resultados obstétricos. De forma complementaria, Xie et al.14 mostraron que el ejercicio estructurado reduce el riesgo de hipertensión gestacional en mujeres con sobrepeso u obesidad, lo que refuerza su papel como intervención preventiva en poblaciones de riesgo.

En cuanto a la seguridad del entrenamiento de fuerza, el estudio de Prevett et al.6 constituye una de las publicaciones más importantes, al incluir un metaanálisis de múltiples ensayos clínicos. Sus resultados confirman que el entrenamiento de fuerza durante el embarazo no solo es seguro, sino que además se asocia con mejoras en los resultados del parto, menor incidencia de complicaciones obstétricas y beneficios sobre el suelo pélvico. Asimismo, destaca la ausencia de efectos adversos en el feto, incluso con programas estructurados de intensidad moderada. Estos hallazgos son consistentes con las conclusiones previamente planteadas por Barakat y Perales15, quienes señalaron que la evidencia disponible apoya la inclusión del entrenamiento de fuerza dentro de los programas de ejercicio prenatal en gestaciones de bajo riesgo, aunque destacaron la necesidad de estudios de mayor calidad metodológica para establecer recomendaciones más específicas.

Por otro lado, otro estudio de Prevett et al.9 amplía la evidencia hacia el entrenamiento de fuerza de alta intensidad o “heavy resistance training”, mostrando que incluso cargas elevadas pueden ser seguras en mujeres previamente entrenadas. Este hallazgo es especialmente relevante, ya que cuestiona la tradicional recomendación de limitar la intensidad del ejercicio en el embarazo, aunque los autores hacen énfasis en la importancia de la experiencia previa y la supervisión profesional para garantizar la seguridad.

En relación con los aspectos fisiológicos agudos del ejercicio, Meah et al.10 analizaron la respuesta cardiovascular materna durante el entrenamiento de fuerza, evidenciando que la maniobra de Valsalva incrementa significativamente la presión arterial y la carga cardiovascular. Este hallazgo es clave en la prescripción del ejercicio, ya que sugiere que no solo la intensidad del entrenamiento, sino también la técnica de ejecución puede influir en la seguridad materno-fetal.

Cabe destacar, que, a pesar de estos hallazgos y las recomendaciones de organismos internacionales, el cumplimiento de los niveles recomendados de actividad física durante el embarazo sigue siendo bajo. Solo una minoría de mujeres embarazadas alcanza las recomendaciones actuales con cifras que varían entre un 32% al inicio del embarazo y un 12% al final del mismo12. Esto puede deberse a barreras como los síntomas durante el embarazo, preocupación respecto a la seguridad del entrenamiento o la falta de información específica en cuanto a la dosificación del entrenamiento de fuerza. En este contexto, el papel de los profesionales sanitarios, especialmente del fisioterapeuta especializado en suelo pélvico, es fundamental. Los programas supervisados por profesionales sanitarios muestran mayor eficacia y mejores tasas de adherencia permitiendo garantizar la seguridad de la práctica1,7.

Por otro lado, desde un punto de vista metodológico, se observa una notable heterogeneidad entre los programas de intervención analizados. La mayoría de los estudios realizan protocolos estructurados basados en 2–3 sesiones semanales, con intensidades predominantemente moderadas y progresivas. Duchette et al4 y Redondo-Delgado et al5 coinciden en que los programas más eficaces son aquellos que combinan ejercicios de fuerza global con progresión controlada de la carga, orientados a mejorar la funcionalidad general de la mujer embarazada.

Sin embargo, uno de los principales problemas identificados en la literatura es la falta de estandarización de los protocolos de entrenamiento. Variables como el tipo de ejercicios, la progresión de la carga, la posición corporal o el control de la respiración no están bien definidas entre los estudios, lo que limita la comparabilidad de los resultados y dificulta la elaboración de guías clínicas unificadas.

En conjunto, la evidencia analizada indica que el entrenamiento de fuerza durante el embarazo es una intervención segura, eficaz y potencialmente beneficiosa cuando se realiza de forma supervisada, progresiva e individualizada. No obstante, la variabilidad metodológica y la heterogeneidad de los protocolos refuerzan la necesidad de futuras investigaciones con diseños más homogéneos, que permitan establecer recomendaciones más precisas para la práctica clínica.

CONCLUSIONES

En relación con las características del entrenamiento, la evidencia sugiere que el entrenamiento de fuerza durante el embarazo podría ser seguro cuando se realiza a intensidad moderada, con una adecuada progresión de la carga y evitando maniobras como la de Valsalva. Asimismo, se recomienda la adaptación de los ejercicios en función de la posición corporal y de los cambios fisiológicos propios de la gestación.

En cuanto a los efectos sobre la salud de la mujer embarazada, el entrenamiento de fuerza se podría asociarse con beneficios significativos, incluyendo la mejora del control metabólico, la reducción del riesgo de diabetes gestacional y la disminución de molestias musculoesqueléticas como el dolor lumbar, así como una mejora del bienestar psicológico.

Respecto a la condición física, la práctica de entrenamiento de fuerza parece contribuir a mantener y mejorar la capacidad funcional, la fuerza muscular y la estabilidad lumbopélvica, favoreciendo una mejor adaptación a los cambios físicos del embarazo y a las demandas del parto.

Por último, en relación con los resultados obstétricos, la evidencia disponible sugiere que el entrenamiento de fuerza no parece estar asociado con aumento del riesgo de complicaciones durante la gestación ni en el parto. No se ha observado una asociación clara con parto prematuro ni con efectos adversos sobre el feto cuando el entrenamiento se realiza en embarazos sin contraindicaciones y bajo adecuada supervisión. No obstante, debido a la heterogeneidad de los estudios y sus limitaciones metodológicas no permite establecer conclusiones definitivas.

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