AUTORES
- Virginia Eulalia Royo Gonzalvo. Graduada Superior en Administración y Finanzas. Administrativa en Salud Aragón. Zaragoza. España.
- Nuria Martínez Artigas. Licenciada en Derecho. Administrativa en Salud Aragón. Zaragoza. España.
- Ana Cristina Valiente Llorente. Graduada Superior en Técnico Especialista en informática de Gestión. Auxiliar Administrativa en CS Valdefierro. Zaragoza. España.
- María Teresa Poyo Pozo. Graduada en Gestión y Administración Pública. Administrativa en Salud Aragón. Zaragoza. España.
RESUMEN
La contaminación ambiental constituye uno de los principales desafíos para la salud pública del siglo XXI, especialmente en las zonas urbanas, donde la concentración de población, el tráfico rodado, la actividad industrial y el consumo energético incrementan la exposición a diversos contaminantes ambientales. Entre ellos destacan la contaminación atmosférica y acústica, así como los efectos derivados del cambio climático, todos ellos relacionados con un mayor riesgo de enfermedades respiratorias, cardiovasculares y alteraciones de la salud mental1,2,4.
El objetivo de este trabajo es revisar la evidencia científica disponible sobre el impacto de la contaminación ambiental en la salud de la población de las zonas urbanas aragonesas, analizando los principales contaminantes presentes, sus efectos sobre la salud y las estrategias dirigidas a reducir la exposición y promover entornos urbanos saludables.
Se realizó una revisión narrativa de la literatura científica y de documentos publicados por organismos nacionales e internacionales relacionados con la salud ambiental, la calidad del aire y el desarrollo urbano sostenible1,2,3.
La evidencia disponible indica que la exposición prolongada a contaminantes atmosféricos, al ruido ambiental y a temperaturas extremas incrementa la carga de enfermedad, especialmente en población infantil, personas mayores y pacientes con patologías crónicas. La implantación de medidas orientadas a fomentar la movilidad sostenible, ampliar los espacios verdes, reducir las emisiones contaminantes y fortalecer la vigilancia ambiental constituye una estrategia esencial para mejorar la salud pública y avanzar hacia ciudades más saludables y resilientes.
PALABRAS CLAVE
Contaminación ambiental, contaminación atmosférica, salud urbana, calidad del aire, aragón, zaragoza, contaminación acústica, cambio climático, salud pública.
ABSTRACT
Environmental pollution is one of the major public health challenges of the 21st century, particularly in urban areas, where population density, road traffic, industrial activity, and energy consumption increase exposure to environmental pollutants. Among the most significant are air and noise pollution, together with the health effects associated with climate change, all of which have been linked to an increased risk of respiratory and cardiovascular diseases as well as mental health disorders.
The aim of this study is to review the available scientific evidence on the impact of environmental pollution on the health of the population living in urban areas of Aragón, Spain, analysing the main urban pollutants, their health effects, and the strategies aimed at reducing exposure and promoting healthier urban environments.
A narrative review of scientific literature and documents published by national and international institutions related to environmental health, air quality, and sustainable urban development was conducted.
Current evidence indicates that prolonged exposure to air pollutants, environmental noise, and extreme temperatures increases the burden of disease, particularly among children, older adults, and individuals with chronic illnesses. Measures promoting sustainable mobility, expanding urban green spaces, reducing pollutant emissions, and strengthening environmental surveillance are essential to improve public health and foster healthier, more resilient cities.
KEY WORDS
Environmental pollution, air pollution, urban health, air quality, aragón, zaragoza, noise pollution, climate change, public health.
INTRODUCCIÓN
La contaminación ambiental constituye uno de los principales problemas de salud pública a escala mundial y representa un importante determinante de la salud de las poblaciones urbanas. El crecimiento de las ciudades, el aumento del tráfico rodado, la actividad industrial y el elevado consumo energético han favorecido la exposición continuada de la población a diferentes contaminantes ambientales, cuya repercusión sobre la salud ha sido ampliamente documentada en la literatura científica1,4.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que la contaminación atmosférica es uno de los principales factores de riesgo ambiental para la salud, al contribuir al desarrollo de enfermedades respiratorias, cardiovasculares, metabólicas y neurológicas, así como a un incremento de la mortalidad prematura. Paralelamente, otros factores propios del entorno urbano, como la contaminación acústica, la disminución de espacios verdes y el aumento de las temperaturas asociado al cambio climático, afectan negativamente al bienestar físico y mental de la población.
En España, y particularmente en Aragón, el proceso de urbanización se concentra principalmente en Zaragoza, ciudad que alberga la mayor parte de la población de la comunidad autónoma. Aunque la calidad del aire suele mantenerse dentro de los límites establecidos por la normativa europea, el tráfico continúa siendo la principal fuente de contaminación atmosférica urbana, por lo que resulta imprescindible mantener sistemas de vigilancia ambiental y desarrollar políticas de prevención dirigidas a reducir la exposición de la ciudadanía.
La creciente evidencia científica pone de manifiesto que los efectos de la contaminación ambiental no afectan por igual a toda la población. Los niños, las personas mayores, los pacientes con enfermedades crónicas y las personas en situación de vulnerabilidad presentan un mayor riesgo de desarrollar complicaciones relacionadas con la exposición prolongada a contaminantes ambientales1,2.
En este contexto, la promoción de ciudades saludables constituye una prioridad para las políticas de salud pública, integrando actuaciones orientadas a mejorar la calidad del aire, fomentar la movilidad sostenible, incrementar las zonas verdes urbanas y promover hábitos respetuosos con el medio ambiente.
El objetivo de este trabajo es revisar la evidencia científica disponible sobre la relación entre la contaminación ambiental y la salud en las zonas urbanas aragonesas, analizando los principales contaminantes presentes en el medio urbano, sus efectos sobre la salud y las estrategias dirigidas a reducir su impacto y favorecer entornos más saludables y sostenibles1,2.
METODOLOGÍA
Se realizó una revisión narrativa de la literatura científica sobre contaminación ambiental y salud urbana mediante la consulta de publicaciones de organismos nacionales e internacionales de reconocido prestigio, entre ellos la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA), el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, el Gobierno de Aragón y el Ayuntamiento de Zaragoza. Asimismo, se revisaron documentos científicos y técnicos relacionados con la contaminación atmosférica, la contaminación acústica, el cambio climático, la salud ambiental y la planificación urbana sostenible.
La información recopilada fue analizada y organizada de forma temática, seleccionando aquella con mayor relevancia para describir la situación de las zonas urbanas aragonesas, los principales factores de riesgo ambientales y las estrategias de prevención dirigidas a proteger la salud de la población1,2,4.
1. Contaminación y salud: una relación estrecha:
1.1. Concepto de contaminación ambiental:
La contaminación ambiental se define como la introducción en el medio ambiente de sustancias, agentes físicos o formas de energía capaces de alterar el equilibrio natural del entorno y producir efectos adversos sobre la salud humana, los ecosistemas y la biodiversidad.
En las zonas urbanas, la contaminación está estrechamente relacionada con la actividad humana. El crecimiento de las ciudades, el aumento del parque automovilístico, la actividad industrial y el elevado consumo energético favorecen la emisión de contaminantes que deterioran la calidad del aire y afectan al bienestar de la población1,3.
Los principales tipos de contaminación presentes en el medio urbano incluyen:
- Contaminación atmosférica.
- Contaminación acústica.
- Contaminación lumínica.
- Contaminación térmica.
- Contaminación asociada al tráfico rodado.
Aunque cada una presenta características propias, todas ellas pueden interactuar entre sí y contribuir al desarrollo de enfermedades crónicas, disminuir la calidad de vida y aumentar la carga asistencial de los sistemas sanitarios.
1.2. La salud ambiental como prioridad de salud pública:
La salud ambiental estudia la influencia de los factores físicos, químicos, biológicos y sociales del entorno sobre la salud de las personas. Actualmente constituye una de las principales áreas de actuación de la salud pública debido al creciente impacto de los riesgos ambientales sobre la población1,2.
La Organización Mundial de la Salud reconoce que la contaminación del aire representa el principal riesgo ambiental para la salud humana y estima que millones de muertes prematuras cada año están relacionadas con la exposición a contaminantes atmosféricos.
Además de la contaminación del aire, el ruido ambiental, la escasez de espacios verdes y el aumento de las temperaturas urbanas contribuyen al desarrollo de enfermedades cardiovasculares, respiratorias, trastornos del sueño, alteraciones de la salud mental y una reducción del bienestar general1,2.
La adopción de políticas públicas orientadas a mejorar la calidad ambiental constituye una herramienta esencial para prevenir enfermedades, reducir las desigualdades en salud y promover ciudades más saludables, sostenibles y resilientes.
2.1. Principales contaminantes atmosféricos:
La contaminación atmosférica representa uno de los principales problemas ambientales en las ciudades y constituye un importante determinante de la salud. Los contaminantes más relevantes en el medio urbano son las partículas en suspensión (PM₂.₅ y PM₁₀), el dióxido de nitrógeno (NO₂), el ozono troposférico (O₃) y, en menor medida, el dióxido de azufre (SO₂)1,3.
Las partículas en suspensión, especialmente las PM₂.₅, presentan un elevado riesgo para la salud debido a su reducido tamaño, que les permite penetrar profundamente en el aparato respiratorio e incluso alcanzar el torrente sanguíneo. Su exposición prolongada se asocia con un incremento de enfermedades respiratorias, cardiovasculares y de la mortalidad prematura.
El dióxido de nitrógeno procede principalmente de los motores de combustión y constituye un buen indicador de la contaminación generada por el tráfico urbano. Por su parte, el ozono troposférico se forma mediante reacciones fotoquímicas favorecidas por la radiación solar y puede alcanzar concentraciones elevadas durante los meses de verano1,2,4.
En Aragón, la calidad del aire es monitorizada mediante una red de estaciones automáticas que permiten evaluar de forma continua los niveles de los principales contaminantes atmosféricos y detectar posibles episodios de contaminación.
2.2. El tráfico rodado como principal fuente de contaminación:
En Zaragoza, al igual que en otras ciudades españolas de tamaño medio, el tráfico rodado constituye la principal fuente de emisiones contaminantes. Los vehículos generan partículas en suspensión, óxidos de nitrógeno y otros compuestos que deterioran la calidad del aire y favorecen la exposición continuada de la población urbana1,3.
La elevada densidad de circulación en determinadas zonas de la ciudad incrementa la concentración de contaminantes, especialmente durante situaciones meteorológicas desfavorables, como las inversiones térmicas o la ausencia de viento, que dificultan la dispersión de las emisiones.
La promoción del transporte público, la movilidad activa mediante desplazamientos a pie o en bicicleta y la incorporación progresiva de vehículos menos contaminantes constituyen estrategias eficaces para reducir las emisiones y mejorar la calidad del aire urbano2,6.
2.3. Episodios de contaminación atmosférica:
Las concentraciones de contaminantes pueden aumentar de forma puntual como consecuencia de determinadas condiciones meteorológicas. Entre los factores que favorecen estos episodios destacan las inversiones térmicas, la ausencia de viento, las olas de calor y las intrusiones de polvo procedente del norte de África, fenómenos relativamente frecuentes en la península ibérica.
La vigilancia ambiental desarrollada por las administraciones públicas permite detectar estas situaciones de forma precoz y aplicar medidas preventivas destinadas a minimizar la exposición de la población, especialmente en los grupos más vulnerables.
3. Efectos de la contaminación ambiental sobre la salud:
3.1. Impacto sobre la salud respiratoria:
La contaminación atmosférica ejerce un efecto directo sobre el aparato respiratorio y constituye uno de los principales factores de riesgo ambiental para el desarrollo y agravamiento de diversas enfermedades respiratorias. La inhalación continuada de partículas en suspensión (PM₂.₅ y PM₁₀), dióxido de nitrógeno (NO₂) y ozono troposférico (O₃) provoca procesos inflamatorios y estrés oxidativo que favorecen el deterioro de la función pulmonar1,4.
Diversos estudios han demostrado que la exposición prolongada a estos contaminantes aumenta la incidencia de asma, bronquitis crónica, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), infecciones respiratorias y exacerbaciones de patologías respiratorias preexistentes. Asimismo, la contaminación del aire se relaciona con un incremento de los ingresos hospitalarios y de la mortalidad por enfermedades respiratorias, especialmente durante episodios de elevada concentración de partículas.
Los grupos más vulnerables son la población infantil, las personas mayores y los pacientes con enfermedades respiratorias crónicas, debido a su mayor susceptibilidad frente a los efectos de los contaminantes ambientales1,2.
3.2. Impacto cardiovascular:
Durante los últimos años se ha consolidado la evidencia científica que relaciona la contaminación atmosférica con un aumento del riesgo de enfermedad cardiovascular. La exposición continuada a partículas finas favorece la inflamación sistémica, la disfunción endotelial y la activación de mecanismos trombóticos que incrementan la probabilidad de sufrir eventos cardiovasculares.
Entre las patologías más frecuentemente asociadas destacan la hipertensión arterial, la cardiopatía isquémica, el infarto agudo de miocardio, el accidente cerebrovascular y la insuficiencia cardiaca. Incluso exposiciones moderadas mantenidas durante largos periodos pueden producir efectos adversos en personas aparentemente sanas1,4.
La reducción de los niveles de contaminación atmosférica se considera actualmente una de las intervenciones con mayor impacto potencial para disminuir la carga mundial de enfermedad cardiovascular atribuible a factores ambientales.
3.3. Salud infantil:
Los niños representan uno de los colectivos más sensibles a la contaminación ambiental debido a que su organismo se encuentra en desarrollo y presentan una mayor frecuencia respiratoria en relación con su peso corporal. Además, pasan más tiempo realizando actividades al aire libre, lo que incrementa su exposición a los contaminantes atmosféricos1,5.
La evidencia disponible relaciona la contaminación ambiental con una mayor incidencia de infecciones respiratorias, crisis asmáticas, alteraciones del desarrollo pulmonar y un posible incremento del riesgo de enfermedades crónicas en la edad adulta.
La protección de la salud infantil constituye, por tanto, una prioridad para las políticas de salud pública y planificación urbana.
3.4. Salud mental
En los últimos años ha aumentado el interés por estudiar la relación entre contaminación ambiental y salud mental. Aunque la evidencia continúa en desarrollo, diversos trabajos sugieren que la exposición prolongada a contaminantes atmosféricos y al ruido urbano puede asociarse con un mayor riesgo de ansiedad, depresión, trastornos del sueño y deterioro del bienestar psicológico5.
La presencia de espacios verdes urbanos, una menor exposición al ruido y la mejora de la calidad ambiental se han relacionado con mejores indicadores de salud mental y calidad de vida, reforzando la importancia de incorporar la salud ambiental en las políticas urbanísticas y de promoción de la salud.
4. La contaminación acústica: un problema de salud pública:
4.1. El ruido como factor de riesgo ambiental:
La contaminación acústica constituye uno de los problemas ambientales más frecuentes en las ciudades europeas y representa un importante riesgo para la salud y el bienestar de la población. El tráfico rodado continúa siendo la principal fuente de ruido urbano, seguido por las actividades comerciales, las obras y determinadas actividades de ocio1,5.
La Organización Mundial de la Salud considera que la exposición mantenida a niveles elevados de ruido puede producir efectos perjudiciales incluso cuando no existe daño auditivo, afectando tanto a la salud física como al equilibrio emocional de las personas.
4.2. Consecuencias sobre la salud:
La exposición crónica al ruido ambiental se ha asociado con trastornos del sueño, dificultades de concentración, disminución del rendimiento laboral y académico, incremento del estrés y mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares2,5.
Además, el ruido favorece la activación mantenida del sistema nervioso y del eje hormonal del estrés, contribuyendo al desarrollo de hipertensión arterial y otras patologías cardiovasculares.
4.3. Situación en Zaragoza:
El Ayuntamiento de Zaragoza desarrolla programas de vigilancia y control del ruido ambiental mediante mapas estratégicos de ruido y planes de acción destinados a reducir la exposición de la población en las zonas más afectadas. Estas actuaciones forman parte de las políticas municipales orientadas a mejorar la calidad de vida y proteger la salud de la ciudadanía2,5.
5. Cambio climático y salud urbana:
5.1. Las ciudades frente al calentamiento global:
El cambio climático constituye uno de los principales retos sanitarios del siglo XXI. Las ciudades presentan una especial vulnerabilidad debido a la elevada densidad de población, la abundancia de superficies impermeables y la limitada presencia de espacios verdes, factores que favorecen la acumulación de calor y el aumento de la temperatura ambiental.
5.2. Islas de calor urbanas:
El fenómeno conocido como «isla de calor urbana» provoca que la temperatura en determinadas zonas de la ciudad sea superior a la de las áreas rurales próximas. Esta situación incrementa el riesgo de estrés térmico, deshidratación, golpes de calor y descompensación de enfermedades crónicas, especialmente durante los meses estivales7,8.
5.3. Grupos especialmente vulnerables:
Los efectos del calor extremo afectan con mayor intensidad a las personas mayores, los niños pequeños, las mujeres embarazadas, los pacientes con enfermedades cardiovasculares o respiratorias y las personas en situación de vulnerabilidad social.
Ante esta realidad, resulta imprescindible desarrollar planes de adaptación al cambio climático que incluyan sistemas de alerta temprana, incremento de las zonas verdes, mejora del diseño urbano y medidas dirigidas a proteger a los colectivos con mayor riesgo sanitario7,9.
6. Espacios verdes y ciudades saludables:
6.1. Beneficios de las zonas verdes:
La evidencia científica demuestra que la presencia de parques, jardines y corredores verdes en las ciudades aporta importantes beneficios para la salud física, mental y ambiental. Estos espacios contribuyen a mejorar la calidad del aire mediante la captación de partículas contaminantes, disminuyen la contaminación acústica, favorecen la regulación térmica y promueven estilos de vida activos.
Además, diversos estudios han asociado una mayor disponibilidad de espacios verdes con una reducción del estrés, una mejor salud mental y una disminución del riesgo de enfermedades cardiovasculares y metabólicas. La accesibilidad a estos espacios constituye un elemento esencial dentro del concepto de ciudad saludable.
6.2. Infraestructura verde urbana:
La infraestructura verde comprende el conjunto de parques, arbolado urbano, corredores ecológicos y otras soluciones basadas en la naturaleza que contribuyen a mejorar la calidad ambiental de las ciudades. Su adecuada planificación permite reducir el efecto isla de calor, favorecer la biodiversidad urbana y mejorar el bienestar de la población7,8.
En Aragón, el desarrollo de espacios verdes y la integración de criterios de sostenibilidad en la planificación urbana representan una oportunidad para afrontar los retos derivados del crecimiento urbano y del cambio climático.
6.3. Participación ciudadana:
La participación de la ciudadanía constituye un elemento clave para mejorar la salud ambiental. En Zaragoza se han desarrollado iniciativas de ciencia ciudadana que implican a escolares, familias y asociaciones en la evaluación de la calidad del aire y en la promoción de hábitos sostenibles7,9.
La educación ambiental y la implicación social favorecen una mayor concienciación sobre los efectos de la contaminación y facilitan la adopción de medidas dirigidas a reducir la exposición a los factores de riesgo ambientales.
7. Estrategias para reducir la contaminación urbana:
La reducción de la contaminación ambiental requiere un abordaje multidisciplinar en el que participen administraciones públicas, profesionales sanitarios, urbanistas y ciudadanía.
Entre las estrategias con mayor impacto sobre la salud pública destacan:
- Promoción del transporte público y de la movilidad activa mediante desplazamientos a pie o en bicicleta.
- Electrificación progresiva del parque móvil y reducción de las emisiones procedentes del tráfico.
- Incremento de las zonas verdes y de la infraestructura verde urbana.
- Desarrollo de políticas de planificación urbana orientadas a disminuir la exposición de la población a contaminantes ambientales.
- Fortalecimiento de los sistemas de vigilancia de la calidad del aire y del ruido ambiental.
- Implantación de programas de educación para la salud ambiental dirigidos a la población general.
- Adaptación de las ciudades a los efectos del cambio climático mediante planes de prevención frente a olas de calor y fenómenos meteorológicos extremos.
La combinación de estas actuaciones permite disminuir la carga de enfermedad atribuible a la contaminación y mejorar la calidad de vida de la población urbana, contribuyendo además al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible relacionados con la salud, el medio ambiente y las ciudades sostenibles2,7.
CONCLUSIÓN
La contaminación ambiental representa uno de los principales retos para la salud pública del siglo XXI y constituye un importante determinante de la salud en las zonas urbanas. Aunque Aragón presenta, en términos generales, niveles de calidad del aire compatibles con la normativa vigente, la contaminación derivada del tráfico rodado, el ruido ambiental y los efectos del cambio climático continúan suponiendo un riesgo para la salud de la población.
La evidencia científica confirma que la exposición prolongada a contaminantes atmosféricos y acústicos incrementa la incidencia de enfermedades respiratorias y cardiovasculares, además de asociarse con alteraciones del bienestar psicológico y una peor calidad de vida. Los efectos son especialmente relevantes en niños, personas mayores, pacientes con enfermedades crónicas y otros colectivos vulnerables2,8,9.
La promoción de políticas públicas orientadas a la movilidad sostenible, la mejora de la calidad del aire, la ampliación de los espacios verdes urbanos y el fortalecimiento de los sistemas de vigilancia ambiental constituye una estrategia esencial para prevenir enfermedades y favorecer entornos más saludables.
El abordaje de la contaminación ambiental requiere una actuación coordinada entre administraciones públicas, profesionales sanitarios, investigadores y ciudadanía. Integrar la salud en las políticas urbanas permitirá avanzar hacia ciudades más sostenibles, resilientes y saludables, capaces de responder a los desafíos ambientales presentes y futuros1,2,7.
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