AUTORES
- David Malo Mir. Graduado en Enfermería. Huesca, España.
- Luis Manuel Montull Cereceda. Enfermero Hospital Universitario San Jorge. Huesca, España.
- Héctor Gil Gómez. Enfermero Residencia para Personas Mayores Ciudad de Huesca. Huesca, España.
- Julián Crespo Sarvisé. Enfermero Hospital Universitario San Jorge. Huesca, España.
- María Trinidad Rincón Carmona. Enfermera Hospital Universitario San Jorge. Huesca, España.
- Laura Gazol Borraz. Enfermera Hospital Universitario San Jorge. Huesca, España.
RESUMEN
Introducción: El catéter central de inserción periférica (PICC) constituye un dispositivo vascular clave para la administración de tratamientos intravenosos prolongados, nutriendo la práctica asistencial moderna. Sin embargo, su mantenimiento inadecuado incrementa el riesgo de complicaciones infecciosas, trombóticas y mecánicas.
Objetivo: Sintetizar la evidencia científica disponible sobre los cuidados de enfermería y el manejo clínico del paciente portador de catéter PICC para prevenir complicaciones y optimizar la seguridad del paciente.
Metodología: Revisión bibliográfica en las bases de datos PubMed, SciELO, PMC y Dialnet de artículos publicados entre 2016 y 2025. Se seleccionaron estudios originales, revisiones sistemáticas y guías de práctica clínica focalizados en la atención de enfermería en pacientes adultos.
Resultados: La higiene de manos estricta, la desinfección de conectores con clorhexidina al 2% en alcohol de 70º, la técnica de lavado pulsátil con presión positiva utilizando suero salino al 0,9% en jeringas de 10 mL y el uso de apósitos transparentes semipermeables reducen significativamente las infecciones del torrente sanguíneo, las oclusiones luminales y el desplazamiento del catéter. Asimismo, la implementación de equipos especializados de acceso vascular liderados por enfermería y los programas educativos estructurados dirigidos al paciente y cuidador mejoran los resultados clínicos e incrementan la seguridad asistencial.
Conclusión principal: Los cuidados de enfermería estandarizados y fundamentados en la evidencia científica resultan determinantes para preservar la permeabilidad del PICC, minimizar la incidencia de complicaciones adversas y garantizar una atención segura tanto en la esfera hospitalaria como comunitaria.
PALABRAS CLAVE
Catéter central de inserción periférica, atención de enfermería, prevención de infecciones, permeabilidad del catéter, seguridad del paciente.
ABSTRACT
Introduction: The peripherally inserted central catheter (PICC) is a essential vascular access device for prolonged intravenous therapy in contemporary healthcare. However, improper line maintenance increases the risk of infectious, thrombotic, and mechanical complications.
Objective: To synthesize available scientific evidence on nursing care and clinical management of adult patients with a PICC line to prevent device-related complications and enhance patient safety.
Methodology: A literature review was conducted in PubMed, SciELO, PMC, and Dialnet databases for articles published between 2016 and 2025. Original studies, systematic reviews, and clinical practice guidelines focusing on nursing interventions were included.
Results: Rigorous hand hygiene, disinfection of needleless connectors with 2% chlorhexidine in 70% alcohol, pulsatile flush with positive pressure technique using 0.9% normal saline in 10 mL syringes, and semipermeable transparent dressings significantly reduce catheter-related bloodstream infections, luminal occlusions, and catheter dislodgement. Furthermore, vascular access nurse-led teams and structured patient education programs substantially improve clinical outcomes and device survival.
Main conclusion: Standardized, evidence-based nursing interventions are critical to maintaining PICC patency, minimizing adverse events, and ensuring high-quality patient care in both hospital and outpatient settings.
KEY WORDS
Peripherally inserted central catheter, nursing care, infection control, catheter patency, patient safety.
INTRODUCCIÓN
El catéter central de inserción periférica, ampliamente conocido por sus siglas en inglés como PICC (Peripherally Inserted Central Catheter), representa una de las innovaciones más trascendentales en el campo de la terapia de infusión y el acceso vascular de las últimas décadas1,2. Se define como un dispositivo vascular cuya inserción se realiza a través de una vena periférica del miembro superior, habitualmente las venas basílica, cefálica o braquiales, avanzando la guía hasta situar su extremo distal en el tercio inferior de la vena cava superior, idealmente en la unión cavoatrial1,3. Esta ubicación anatómica proporciona un flujo sanguíneo elevado capaz de diluir hemodinámicamente soluciones hiperosmolares, fármacos irritantes o vesicantes y nutrición parenteral total, minimizando el daño endotelial característico de las vías venosas periféricas convencionales4,5.
La indicación clínica del PICC se ha expandido aceleradamente en entornos de hospitalización convencional, unidades de cuidados intensivos, centros de día oncológicos y unidades de hospitalización a domicilio 2,6. Sus ventajas principales incluyen la reducción del dolor provocado por punciones venosas repetidas, la posibilidad de mantener accesos vasculares de mediana y larga duración que oscilan desde semanas hasta varios meses, y un perfil de seguridad en el momento del abordaje que supera al de los catéteres venosos centrales de inserción directa en subclavia o yugular, evitando complicaciones graves inmediatas como el neumotórax o la punción arterialaccidental6,7.
A pesar de sus innegables beneficios terapéuticos, la presencia de un catéter PICC no está exenta de riesgos y efectos adversos que pueden comprometer seriamente la salud del paciente y encarecer notablemente los costes del sistema sanitario3,8. Las complicaciones asociadas al PICC se clasifican de forma general en tres categorías principales: infecciosas, mecánicas y trombóticas3,4. Entre las complicaciones infecciosas destaca la bacteriemia relacionada con el catéter, un evento adverso potencialmente letal que prolonga la estancia hospitalaria e incrementa la morbimortalidad8,9. En el plano mecánico, las oclusiones del lumen por precipitados farmacológicos o trombos intraluminales, la migración o desplazamiento accidental del dispositivo y las roturas de la silicona o poliuretano constituyen incidentes frecuentes que obligan en muchas ocasiones al retiro prematuro de la vía4,10. Respecto a las complicaciones vasculares, la trombosis venosa profunda relacionada con el catéter representa un reto clínico mayor motivado por el traumatismo endotelial, la estasis sanguínea y las características del propio material3,9.
Dado que la gestión diaria, la manipulación de los puertos de infusión, la realización de las curas del sitio de inserción y la vigilancia continuada del catéter recaen casi de forma exclusiva en el colectivo de enfermería, la práctica basada en la evidencia se consolida como el pilar fundamental para garantizar la calidad y seguridad asistencial1,5,11. La variabilidad e inconsistencia en las técnicas de mantenimiento entre distintos profesionales de la salud se ha identificado como un factor de riesgo primario para la aparición de eventos adversos8,12. Por ello, resulta imprescindible sistematizar y actualizar continuamente los conocimientos relativos a la antisepsia, el lavado del catéter, la fijación y la formación del paciente2,6,11.
OBJETIVOS
General: Analizar la evidencia científica reciente sobre el manejo y los cuidados de enfermería en el paciente portador de catéter central de inserción periférica (PICC) para la prevención de complicaciones clínicas y el mantenimiento óptimo del dispositivo.
Específicos:
- Identificar las intervenciones de enfermería más eficaces en el mantenimiento de la permeabilidad y la realización de la cura del sitio de inserción del catéter PICC.
- Describir las estrategias fundamentadas en la evidencia para la prevención y el abordaje precoz de las complicaciones infecciosas, mecánicas y trombóticas.
- Valorar el impacto del rol enfermero, los equipos especializados de acceso vascular y la educación para la salud brindada al paciente y cuidador en el éxito de la terapia intravenosa.
METODOLOGÍA
Se llevó a cabo una revisión bibliográfica descriptiva y analítica de la literatura científica disponible sobre el manejo del catéter PICC y los cuidados de enfermería asociados.
Estrategia de búsqueda:
La búsqueda documental se desarrolló entre los meses de enero y mayo de 2026 en las bases de datos bibliográficas de ciencias de la salud PubMed/MEDLINE, PubMed Central (PMC), SciELO (Scientific Electronic Library Online) y Dialnet, complementada con la consulta de guías de práctica clínica de organismos internacionales como la Infusion Nurses Society (INS) y la Registered Nurses’ Association of Ontario (RNAO). Para la delimitación de los términos de búsqueda se emplearon Descriptores en Ciencias de la Salud (DeCS) y Medical Subject Headings (MeSH), combinados mediante los operadores booleanos AND y OR. Las cadenas de búsqueda utilizadas incluyeron combinaciones como: («Catheterization, Peripheral» OR «PICC») AND («Nursing Care» OR «Catheter Care») AND («Complications» OR «Infection Control») y en español: («Catéter central de inserción periférica» OR «PICC») AND («Cuidados de enfermería» OR «Mantenimiento») AND («Complicaciones» OR «Prevención»).
Criterios de inclusión:
- Artículos originales, revisiones sistemáticas, metaanálisis, estudios de cohortes y guías de práctica clínica basados en la evidencia científica.
- Publicaciones centradas en la atención de enfermería, el manejo del catéter PICC, procedimientos de mantenimiento y prevención de complicaciones en población adulta.
- Estudios redactados en idioma español o inglés.
Criterios de exclusión:
- Artículos cuya fecha de publicación sea anterior a los últimos 10 años, excluyendo expresamente todos los estudios e investigaciones publicados antes del año 2016 para garantizar la vigencia de las recomendaciones.
- Estudios enfocados de forma exclusiva en población neonatal o pediátrica, debido a las marcadas diferencias anatómicas y fisiológicas en el manejo de vías centrales respecto al paciente adulto.
- Resúmenes de congresos, cartas al editor, artículos de opinión sin rigor metodológico o publicaciones sin acceso al texto completo.
Tras la aplicación de los criterios de selección y la evaluación crítica de la calidad metodológica de los manuscritos, se incluyeron finalmente 16 fuentes bibliográficas de alta relevancia para la síntesis narrativa del trabajo.
RESULTADOS
Mantenimiento de la permeabilidad y técnica de lavado (Flush and Lock):
La oclusión de la luz del catéter PICC es una de las complicaciones mecánicas más prevalentes que limita la administración de fármacos e imposibilita la extracción de muestras sanguíneas3,4. La evidencia científica actual demuestra de forma concluyente que la técnica de lavado intraluminal constituye la medida preventiva más efectiva para preservar la permeabilidad del dispositivo1,5. El lavado del catéter debe llevarse a cabo de forma sistemática antes y después de la administración de cada medicamento, tras la extracción de sangre, tras la infusión de derivados hemáticos o nutrición parenteral, y de manera periódica cada 7 días en aquellos lúmenes que permanece en reposo o no se utilizan activamente2,5,10.
Respecto al volumen y al tipo de solución utilizada para el lavado, las guías internacionales recomiendan el empleo de solución salina fisiológica al 0,9% en jeringas de plástico monouso de 10 mL de capacidad o de mayor volumen5,7. La razón biomecánica fundamental para no utilizar jeringas de menor calibre (como las de 1, 3 o 5 mL) reside en la ley de Poiseuille: las jeringas de pequeño tamaño generan una presión ejercida sobre las paredes internas del catéter desproporcionadamente elevada, pudiendo superar los 40 PSI (libras por pulgada cuadrada), lo que conlleva un riesgo inminente de rotura del poliuretano o embolización del fragmento del catéter7,10.
En cuanto a la dinámica de infusión de la solución de lavado, la literatura ratifica la superioridad de la técnica turbulenta o de empuje-pausa (push-pause) frente a la administración continua y lineal de líquido1,6. Esta técnica consiste en introducir la solución salina mediante pequeños impulsos discontinuos de aproximadamente 1 mL separados por breves pausas, generando un flujo en vórtice dentro del lumen que desprende los depósitos de fibrinógeno, proteínas plasmáticas, restos hemáticos o precipitados farmacológicos adosados a las paredes internas del catéter 1,5. Al finalizar el lavado, es imprescindible aplicar la técnica de presión positiva antes de desconectar la jeringa o cerrar la pinza del dispositivo, evitando así el reflujo sanguíneo venoso hacia el extremo distal de la guía que podría desencadenar la formación de trombos intraluminales6,10.
El uso profiláctico de soluciones de heparina sódica para el sellado rutinario del PICC continúa generando debate en la literatura médica1,4. Diversos estudios comparativos y revisiones sistemáticas revelan que no existen diferencias estadísticamente significativas en las tasas de permeabilidad u oclusión del catéter cuando se compara el sellado con solución salina al 0,9% frente al uso de heparina a bajas dosis (10 a 100 UI/mL)1,13. Por el contrario, la utilización innecesaria de heparina incrementa los costes sanitarios y expone al paciente a riesgos potenciales como la trombocitopenia inducida por heparina o incompatibilidades farmacológicas4,13. Por consiguiente, la recomendación estándar actual prioriza el lavado salino pulsátil exclusivo, reservando las soluciones anticoagulantes o trombolíticas (como la alteplasa) únicamente para el tratamiento de oclusiones trombóticas instauradas bajo protocolo médico específico4,7.
Manejo del sitio de inserción, antisepsia y curas periódicas
El punto de punción cutánea del PICC representa una puerta de entrada directa para microorganismos patógenos pertenecientes a la microbiota de la piel humana, principalmente Staphylococcus epidermidis y Staphylococcus aureus, los cuales pueden colonizar la superficie externa del catéter y migrar hacia el torrente circulatorio3,8,9. El cuidado escrupuloso del sitio de inserción por parte de los profesionales de enfermería resulta una piedra angular en el control de las infecciones1,6.
La preparación de la piel durante la realización de las curas periódicas debe realizarse aplicando como antiséptico de elección la solución de gluconato de clorhexidina al 2% combinada en medio alcohólico al 70%1,3,10. La evidencia científica sitúa a la clorhexidina alcohólica muy por encima de la povidona yodada o el alcohol de 70º aislado, debido a su mayor rapidez de acción, su amplio espectro bactericida y fungicida, y su notable efecto residual sobre la epidermis, el cual se prolonga durante varias horas tras la aplicación3,6. La técnica de aplicación exige frotar la piel de manera friccionada de forma circular o de arriba hacia abajo durante al menos 30 segundos, respetando rigurosamente el tiempo de secado al aire completo (mínimo 2 minutos) antes de colocar el nuevo apósito, asegurando así la máxima eficacia antiséptica y previniendo la aparición de dermatitis química por atrapamiento de humedad6,10.
En relación con el tipo de apósito, la norma de práctica clínica establece el uso prioritario de apósitos transparentes estériles de poliuretano semipermeables2,5. Estos dispositivos permiten la observación directa y continua del punto de inserción para detectar precozmente eritema, edema, exudado purulento o sangrado, evitando manipulaciones e inspecciones innecesarias2,6. La frecuencia recomendada para la sustitución del apósito transparente es de cada 7 días1,5. No obstante, si se utiliza un apósito de gasa y cinta adhesiva estéril – indicado en las primeras 24 a 48 horas post-inserción si existe sangrado o rezumado en la zona de punción- este debe cambiarse obligatoriamente cada 48 horas5,10. Asimismo, cualquier apósito, independientemente de su naturaleza o del tiempo transcurrido desde su colocación, debe sustituirse de forma inmediata si se encuentra despegado, húmedo, sucio o visiblemente deteriorado1,3,6.
Para la fijación y estabilización del catéter a la extremidad del paciente, la evidencia desaconseja de manera enfática el uso de suturas quirúrgicas con aguja en el punto de entrada, ya que las perforaciones adicionales en la piel actúan como nido de infección y reservorio bacteriano6,9. En su lugar, se indica la utilización de sistemas de fijación estériles sin agujas con mecanismo de anclaje adhesivo (dispositivos de estabilización técnica tipo STATLOCK o similares), o bien la aplicación de apósitos avanzados que incorporan almohadillas integradas impregnadas de clorhexidina o discos de fijación tisular subcutánea3,6,11. Estos sistemas reducen drásticamente los micromovimientos del catéter en el interior del vaso venoso, lo que previene la irritación mecánica endotelial, disminuye la probabilidad de extravasación y reduce sustancialmente el riesgo de desplazamiento o retirada accidental del dispositivo6,9,11.
Prevención y abordaje de las complicaciones clínicas
La bacteriemia relacionada con el catéter (BRAC) o bacteriemia asociada a línea central (CLABSI) es la complicación infecciosa más grave en pacientes con PICC3,8,9. Para su prevención, las organizaciones de salud promueven la implementación rigurosa del denominado «paquete de medidas de mantenimiento» o maintenance bundle de líneas centrales8,9. Este conjunto de intervenciones basadas en la evidencia abarca: la higiene de manos estricta con solución hidroalcohólica antes de cualquier manipulación de la línea; la desinfección enérgica de los bioconectores o conectores sin aguja mediante fricción con toallita de alcohol de 70º o clorhexidina durante 10 a 15 segundos (técnica conocida como scrub the hub) dejando secar completamente antes de conectar cualquier línea; la sustitución periódica de los sistemas de infusión (cada 96 horas para soluciones continuas y cada 24 horas si se infunden lipídos o nutrición parenteral); y la evaluación diaria sistemática de la necesidad del catéter para proceder a su retiro inmediato en cuanto deje de ser clínicamente indispensable3,8,9,16.
La trombosis venosa profunda relacionada con el catéter (CRT) representa una complicación vascular de consideración que cursa con dolor, eritema, edema apreciable en el brazo homolateral, cuello o región facial, e ingurgitación de venas colaterales3,4,14. Los factores predisponentes incluyen un diámetro del catéter excesivamente grueso en relación con el calibre interno de la vena elegida, punciones venosas traumáticas repetidas e historia previa de hipercoagulabilidad o neoplasia activa9,14. La evidencia subraya que la relación entre el diámetro del catéter y el diámetro interior de la vena no debe superar el 45% (regla del ratio catéter-vena guiada por ecografía), garantizando así un flujo sanguíneo pericatéter suficiente para prevenir el estancamiento venoso y la formación de trombos6,9. Ante la sospecha clínica de trombosis, enfermería debe comunicar el hallazgo al equipo médico para la confirmación diagnóstica mediante eco-Doppler venoso; la recomendación actual no exige el retiro sistemático del PICC si el catéter continúa siendo funcional, se encuentra correctamente posicionado y el paciente inicia tratamiento anticoagulante de forma precoz4,14.
Por último, las complicaciones mecánicas como las migraciones externas e internas del catéter se previenen midiendo y registrando en cada cura la longitud del segmento del catéter que permanece al exterior del punto de punción cutánea1,2,6. Un incremento o disminución apreciable en los centímetros visibles de la vía sugiere un desplazamiento de la punta distal, lo que requiere la verificación de su posicionamiento mediante radiografía de tórax o control electrocardiográfico intracavitario antes de continuar infundiendo soluciones vesicantes6,10.
Rol de enfermería, equipos especializados y educación para la salud:
El modelo asistencial organizativo desempeña un papel determinante en el éxito y la seguridad del uso de catéteres PICC 8,11. La literatura científica evidencia que la creación e implantación de Equipos de Infusión y Acceso Vascular (EIAV) liderados por enfermeras especializadas en la inserción ecoguiada y seguimiento del PICC reduce drásticamente las tasas de complicaciones, acorta los tiempos de espera para la colocación del dispositivo y optimiza el uso de recursos económicos del sistema sanitario9,11,15. Las enfermeras pertenecientes a estos equipos expertos actúan como referentes de buenas prácticas, auditando el cumplimiento de los protocolos de mantenimiento en las plantas de hospitalización y capacitando continuamente al resto del personal asistencial8,11.
Adicionalmente, el éxito del mantenimiento del PICC depende en gran medida del grado de implicación del propio paciente y de su cuidador principal, especialmente cuando el dispositivo se utiliza en regímenes de tratamiento ambulatorio o domicilio2,12. La educación para la salud brindada por enfermería debe comenzar con anterioridad al procedimiento de inserción y mantenerse a lo largo de toda la permanencia del catéter2,12. Los programas educativos estructurados deben proporcionar información clara, oral y por escrito, abarcando pautas prácticas sobre la higiene personal (como la protección del apósito con fundas impermeables durante la ducha evitando la inmersión en agua), el cuidado del brazo portador del catéter (evitando movimientos bruscos de tracción, levantar pesos superiores a 5 kg o tomar la presión arterial en dicha extremidad) y la identificación inmediata de signos de alarma2,4,12. El paciente debe ser capaz de reconocer indicadores de complicación como la aparición de fiebre o tiritona, dolor punzante en la axila o cuello, eritema, supuración o calor en el sitio de inserción, inflamación del brazo o rotura del catéter, sabiendo a qué servicio sanitario acudir con celeridad2,4,12.
CONCLUSIONES
En respuesta a los objetivos planteados en el presente estudio, se alcanzan las siguientes conclusiones:
- Los cuidados de enfermería esenciales para mantener la permeabilidad y la integridad del catéter PICC comprenden la ejecución sistemática de la técnica de lavado pulsátil (push-pause) con suero fisiológico al 0,9% mediante jeringas de 10 mL o superiores, aplicando presión positiva al cierre y desestimando el uso rutinario de heparina. En el sitio de inserción, la antisepsia con clorhexidina alcohólica al 2% combinada con el empleo de apósitos transparentes semipermeables sustituidos cada 7 días constituyen la mejor práctica basada en la evidencia.
- La prevención eficaz de las complicaciones infecciosas (BRAC/CLABSI) requiere la adopción estricta de paquetes de medidas de mantenimiento que incluyan la fricción desinfectante de conectores (scrub the hub) y la higiene de manos. Asimismo, la prevención de la trombosis venosa y las oclusiones mecánicas se fundamenta en la selección ecoguiada del calibre del catéter respetando el ratio vaso-dispositivo y el control métrico periódico del segmento externo de la vía.
- La implementación de equipos de enfermería especializados en acceso vascular y el desarrollo de programas de educación para la salud dirigidos al paciente y cuidador resultan pilares clave para reducir la variabilidad clínica, aumentar la supervivencia del dispositivo y garantizar la continuidad de cuidados con máxima seguridad tanto en el hospital como en el domicilio.
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