Manejo de enfermería ante el dolor irruptivo: revisión sistemática de la evidencia

29 agosto 2026

 

AUTORES

  1. Jennifer Polo Soriano. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
  2. Beatriz Aguirre Tomás. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
  3. Jorge Almazán Mateo. Enfermero del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
  4. Pablo Gascón Sáez. Enfermero del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
  5. Lidia Fuertes Rubira. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
  6. José Ricardo Sánchez Carbó. Enfermero del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.

RESUMEN

El dolor irruptivo supone un importante desafío en la atención de personas con enfermedades crónicas, especialmente en el ámbito oncológico. La aparición de episodios intensos de dolor, que surgen de forma inesperada y en poco tiempo, puede alterar de manera significativa la actividad diaria, el descanso, el estado emocional y la calidad de vida del paciente. Por este motivo, reconocer estos episodios de forma temprana resulta fundamental para evitar un control insuficiente del dolor y sus consecuencias.

En este contexto, la enfermería desempeña un papel clave a través de una valoración continuada e individualizada. La identificación de las características de cada episodio, el seguimiento de la respuesta al tratamiento, la vigilancia de posibles efectos adversos y la educación del paciente y de sus cuidadores favorecen una atención individualizada y ajustada a la situación clínica de cada paciente. El registro sistemático de la información facilita la continuidad asistencial y mejora la comunicación entre los diferentes profesionales implicados.

El abordaje del dolor irruptivo requiere una actuación rápida, coordinada y centrada en el paciente. Potenciar la formación de los profesionales, incorporar protocolos de actuación y reforzar la educación sanitaria favorecen un manejo más seguro y eficaz de estos episodios. Desde esta perspectiva, la labor de enfermería es fundamental para lograr un mejor control del dolor, favorecer el cumplimiento del tratamiento y mejorar la calidad de vida de los pacientes.

PALABRAS CLAVE

Dolor, cuidados de enfermería, manejo del dolor, neoplasias y dolor irruptivo.

ABSTRACT

Breakthrough pain represents a major challenge in the care of patients with chronic diseases, particularly those with cancer. The sudden onset of severe pain episodes can significantly impair daily activities, sleep, emotional well-being, and overall quality of life. Early recognition of these episodes is essential to achieve adequate pain control and minimize their clinical impact.

In this context, nurses play a pivotal role through continuous and individualized assessment. Identifying the characteristics of each pain episode, monitoring the patient’s response to treatment, detecting potential adverse effects, and providing education to patients and their caregivers contribute to individualized care tailored to each patient’s clinical condition. Furthermore, systematic documentation supports continuity of care and enhances communication among healthcare professionals.

The management of breakthrough pain requires a prompt, coordinated, and patient-centered approach. Strengthening healthcare professionals’ training, implementing standardized care protocols, and reinforcing patient education contribute to safer and more effective management of these episodes. From this perspective, nursing plays a fundamental role in optimizing pain control, promoting adherence to treatment, and improving patients’ quality of life.

KEY WORDS

Pain, nursing care, pain management, neoplasms, breakthrough pain.

INTRODUCCIÓN

El término dolor irruptivo hace referencia a la aparición repentina de un episodio de dolor de elevada intensidad que interrumpe un estado previo de dolor basal estable o adecuadamente controlado. Desde el punto de vista etimológico, irruptivo procede del latín “irruptio”, que significa irrupción o entrada brusca, mientras que dolor deriva de dolor, “doloris”, asociado al sufrimiento físico o emocional. Esta denominación refleja con precisión la naturaleza súbita e impredecible de estos episodios1.

El dolor irruptivo representa un importante desafío clínico, especialmente en personas con enfermedades oncológicas, aunque también puede aparecer en pacientes con otras patologías crónicas. La evidencia disponible indica que su prevalencia puede situarse entre el 40 % y el 80 % de los pacientes con cáncer que presentan dolor, si bien estas cifras varían según la población estudiada y los criterios utilizados para su identificación. A pesar de su elevada frecuencia, continúa siendo un problema infradiagnosticado, lo que retrasa su abordaje y favorece un control analgésico insuficiente2.

Las consecuencias del dolor irruptivo trascienden el propio episodio doloroso. Su aparición repetida limita la actividad diaria, reduce la autonomía, altera el descanso y repercute negativamente en el estado emocional y en la calidad de vida del paciente. Además, incrementa la demanda de atención sanitaria y supone una carga añadida para familiares y cuidadores.

Enfermería ocupa una posición estratégica en la identificación temprana de estos episodios, la valoración sistemática de sus características, la vigilancia de la respuesta al tratamiento y la educación del paciente sobre el uso seguro de la medicación de rescate. Sin embargo, pese a la relevancia de estas competencias, el manejo del dolor irruptivo desde la perspectiva enfermera continúa siendo un tema poco desarrollado en las revistas generalistas de enfermería, lo que pone de manifiesto la necesidad de revisar y sintetizar la evidencia científica disponible1,2,3.

OBJETIVOS:

General:

Analizar la evidencia científica sobre los cuidados enfermeros en el manejo del dolor irruptivo

Específicos:

  • Describir las características clínicas que diferencian el dolor basal del dolor irruptivo.
  • Identificar las principales herramientas de valoración utilizadas por enfermería para la detección del dolor irruptivo.
  • Sintetizar las intervenciones enfermeras orientadas a una actuación precoz, segura y basada en la evidencia.

METODOLOGÍA:

Se realizó una revisión sistemática de la literatura científica con el objetivo de identificar y sintetizar la evidencia disponible sobre los cuidados enfermeros en el manejo del dolor irruptivo en pacientes adultos.

La estrategia de búsqueda se diseñó a partir de la siguiente pregunta clínica, elaborada mediante el modelo PICO:

¿Cuáles son las intervenciones enfermeras más eficaces para la valoración y el manejo del dolor irruptivo en pacientes adultos con el fin de mejorar el control del dolor, favorecer su detección precoz y aumentar la seguridad del paciente?

El modelo PICO se definió de la siguiente manera:

  • P (Paciente/Problema): pacientes adultos con dolor irruptivo de origen oncológico o no oncológico.
  • I (Intervención): valoración e intervenciones enfermeras dirigidas al manejo del dolor irruptivo.
  • C (Comparación): atención habitual o ausencia de una valoración e intervención enfermera sistemática.
  • O (Resultados – Outcomes): mejora del control del dolor, detección precoz del dolor irruptivo, seguridad del paciente y calidad de los cuidados.

La búsqueda bibliográfica se realizó en las bases de datos PubMed/MEDLINE, Scopus, Web of Science, CINAHL y SciELO. Para ello se emplearon los descriptores DeCS: “Dolor, cuidados de enfermería, manejo del dolor, neoplasias”, junto con el término libre «dolor irruptivo», al no disponer de un descriptor específico en DeCS. Los términos se combinaron mediante los operadores booleanos AND y OR, adaptando la estrategia de búsqueda a cada base de datos.

Se incluyeron artículos publicados entre 2015 y 2025, en español o inglés, realizados en población adulta y centrados en el dolor irruptivo de origen oncológico o no oncológico, especialmente aquellos que abordaban la valoración, el manejo y las intervenciones enfermeras. Se excluyeron los estudios centrados exclusivamente en el dolor agudo postoperatorio, publicaciones duplicadas, editoriales, cartas al editor, resúmenes de congresos y aquellos trabajos cuyo texto completo no estaba disponible.

Los artículos seleccionados fueron revisados a texto completo y se extrajeron los datos relativos al diseño del estudio, población, intervenciones enfermeras y principales resultados relacionados con el manejo del dolor irruptivo.

RESULTADOS:

Características clínicas del dolor irruptivo:

La literatura consultada coincide en definir el dolor irruptivo como un episodio agudo de dolor de alta intensidad que aparece de forma transitoria en pacientes cuyo dolor persistente se encuentra adecuadamente controlado con tratamiento analgésico. Se caracteriza por un inicio rápido, una intensidad elevada y una duración limitada, generalmente entre 15 y 60 minutos. Los episodios pueden presentarse de forma espontánea o estar desencadenados por el movimiento, determinados procedimientos o actividades de la vida diaria 1.

El dolor basal es un dolor persistente y relativamente estable, controlado mediante analgesia pautada. La literatura revisada coincide en señalar que la presencia de un dolor basal insuficientemente controlado impide establecer el diagnóstico de dolor irruptivo, ya que en estos casos el incremento del dolor responde a un tratamiento analgésico de base inadecuado y requiere una reevaluación terapéutica1,2.

Herramientas de valoración empleadas por enfermería:

La valoración realizada por el profesional de enfermería desempeña un papel fundamental en la identificación temprana de los episodios de dolor irruptivo. Los estudios revisados destacan la utilización de escalas validadas para cuantificar la intensidad del dolor, como la Escala Visual Analógica (EVA), la Escala Numérica (EN) y la Escala Verbal Simple (EVS), complementadas con una valoración clínica individualizada.

Se debe incluir la frecuencia de los episodios, el tiempo de aparición, la duración, los factores desencadenantes, la localización del dolor, la respuesta a la medicación de rescate y la repercusión sobre las actividades de la vida diaria. El registro sistemático de estos parámetros facilita el seguimiento evolutivo y la adecuación del tratamiento analgésico1,2.

Intervenciones enfermeras en el manejo del dolor irruptivo:

La evidencia científica identifica la detección precoz como una de las principales responsabilidades de enfermería. Para ello resulta fundamental realizar una valoración continuada del paciente, reconocer los cambios en el patrón del dolor y comunicar de forma temprana cualquier modificación que requiera un ajuste terapéutico.

Entre las intervenciones más relevantes destacan la administración segura de la medicación de rescate prescrita, la monitorización de su eficacia, la vigilancia de posibles efectos adversos (especialmente los relacionados con el tratamiento opioide) y el registro de la respuesta clínica tras cada episodio.

La educación para la salud constituye una de las principales intervenciones enfermeras en el manejo del dolor irruptivo. La información sobre el reconocimiento precoz de los episodios, el uso correcto de la medicación de rescate, la identificación de factores desencadenantes y la importancia de comunicar cambios en las características del dolor contribuye a mejorar el control sintomático y a favorecer una mayor seguridad durante el tratamiento2,3.

Repercusión clínica del manejo enfermero:

Los estudios revisados muestran que una actuación enfermera estructurada favorece la identificación precoz del dolor irruptivo, mejora la rapidez en la instauración del tratamiento y optimiza el control del dolor. Del mismo modo, una valoración sistemática y la educación del paciente contribuyen a disminuir el impacto funcional de los episodios dolorosos, aumentar la adherencia al tratamiento y mejorar la calidad de vida de las personas que presentan dolor irruptivo 2.

Fisiopatología del dolor irruptivo:

La fisiopatología del dolor irruptivo es compleja y multifactorial, aunque la evidencia disponible señala que su aparición se relaciona con una activación brusca de las vías nociceptivas sobre un estado de dolor basal previamente controlado. Estos episodios pueden desencadenarse por estímulos mecánicos, inflamatorios o espontáneos, generando una rápida transmisión del impulso doloroso.

Entre los mecanismos implicados destaca la sensibilización periférica, producida por el aumento de la excitabilidad de los nociceptores como consecuencia del daño tisular o la inflamación. Paralelamente, puede desarrollarse una sensibilización central, caracterizada por una mayor respuesta de las neuronas del sistema nervioso central ante estímulos dolorosos, lo que favorece la amplificación de la percepción del dolor.

Como resultado de estos procesos, el paciente experimenta episodios de dolor de aparición súbita, elevada intensidad y corta duración, que requieren una identificación precoz y una actuación terapéutica rápida para minimizar su impacto clínico y funcional1,3.

Valoración enfermera sistemática:

La valoración enfermera constituye la base para la identificación precoz y el adecuado manejo del dolor irruptivo. Una evaluación sistemática permite diferenciar estos episodios del dolor basal mal controlado, valorar la eficacia del tratamiento instaurado y facilitar la toma de decisiones clínicas.

La valoración debe incluir la intensidad del dolor, utilizando escalas validadas como la Escala Numérica (EN) de 0 a 10, así como la duración de cada episodio, su frecuencia y los posibles factores desencadenantes, ya sean espontáneos, relacionados con el movimiento o asociados a procedimientos asistenciales. Asimismo, resulta necesario registrar el tiempo transcurrido hasta el alivio del dolor tras la administración de la medicación de rescate, el número de dosis de rescate utilizadas en las últimas 24 horas y la repercusión de los episodios sobre la movilidad, el descanso, la alimentación y el resto de las actividades de la vida diaria1,2.

El registro estructurado de estos parámetros favorece la continuidad asistencial, permite detectar cambios en el patrón del dolor y facilita la comunicación entre los distintos profesionales sanitarios. Además, constituye una herramienta esencial para valorar la necesidad de modificar el tratamiento analgésico de base o la pauta de rescate3,4.

Tras la administración de la medicación de rescate, la reevaluación enfermera resulta imprescindible para comprobar la eficacia analgésica, determinar el tiempo de respuesta, identificar posibles efectos adversos y verificar si el episodio ha remitido por completo. Esta valoración continua contribuye a optimizar el control del dolor, aumentar la seguridad del paciente y mejorar la calidad de los cuidados4.

Manejo farmacológico:

El tratamiento farmacológico del dolor irruptivo debe orientarse a proporcionar un alivio rápido y eficaz, adaptándose a las características del episodio doloroso y a la situación clínica de cada paciente. La evidencia revisada señala que los opioides de liberación rápida constituyen el tratamiento de elección en pacientes con dolor basal controlado que reciben tratamiento opioide de forma continuada5.

La selección de la dosis de rescate debe realizarse de manera individualizada y guardar una relación proporcional con la pauta analgésica basal, con el objetivo de proporcionar un adecuado control del dolor sin aumentar el riesgo de reacciones adversas. Asimismo, la elección de la vía de administración dependerá del contexto clínico, del estado general del paciente y de la rapidez con la que se requiera el inicio de la acción, siendo las más empleadas: oral, sublingual, transmucosa e intravenosa5,6.

Tras la administración de la medicación de rescate, resulta imprescindible realizar una reevaluación clínica entre los 15 y los 30 minutos, valorando la intensidad residual del dolor, el tiempo hasta el alivio y la posible aparición de efectos adversos asociados al tratamiento 2,7.

La aparición de más de cuatro episodios de dolor irruptivo en un periodo de 24 horas puede indicar un control insuficiente del dolor basal. En estos casos, la evidencia recomienda revisar el tratamiento analgésico de base y valorar la necesidad de ajustar la pauta terapéutica para conseguir un mejor control del dolor persistente3,5,6.

Seguridad y vigilancia enfermera:

La vigilancia clínica constituye una responsabilidad esencial de enfermería durante el manejo del dolor irruptivo, especialmente en pacientes tratados con opioides. Tras la administración de la medicación de rescate, es necesario realizar un seguimiento dirigido a valorar tanto la eficacia analgésica como la aparición de posibles efectos adversos1,2.

Entre los parámetros que requieren una monitorización sistemática destacan el nivel de consciencia, la frecuencia respiratoria y el grado de sedación, ya que su alteración puede indicar una respuesta excesiva al tratamiento y requerir una actuación inmediata. Asimismo, es recomendable vigilar la aparición de efectos adversos digestivos, como náuseas, vómitos o estreñimiento, por su elevada frecuencia y repercusión sobre el bienestar del paciente.

La educación para la salud constituye otra intervención clave dentro de los cuidados enfermeros. Es fundamental que el paciente y sus cuidadores comprendan la diferencia entre la medicación analgésica basal, destinada al control continuo del dolor persistente, y la medicación de rescate, indicada para tratar los episodios de dolor irruptivo.

Se debe insistirse en la importancia de administrar la medicación de rescate desde el inicio del episodio doloroso, evitando retrasar su utilización. Transmitir al paciente la importancia de tratar el dolor desde el inicio del episodio, en lugar de esperar a que aumente su intensidad, contribuye a mejorar el control de los síntomas, preservar la capacidad funcional y favorecer un uso adecuado del tratamiento analgésico 3,4,5.

Rol enfermero en el manejo del dolor irruptivo:

La evidencia revisada pone de manifiesto que enfermería desempeña un papel esencial en el manejo del dolor irruptivo, actuando como eje de la continuidad asistencial. La detección precoz de los episodios mediante una valoración sistemática permite instaurar un tratamiento oportuno y mejorar el control del dolor.

Asimismo, la identificación de los factores desencadenantes favorece la prevención del dolor incidental, mientras que la educación terapéutica proporciona al paciente y a sus cuidadores los conocimientos necesarios para utilizar correctamente la medicación de rescate y reconocer posibles efectos adversos.

Por otro lado, la coordinación con el equipo multidisciplinar y el registro sistemático de las características del dolor y de la respuesta al tratamiento facilitan el seguimiento clínico, la continuidad de los cuidados y la toma de decisiones terapéuticas6,7.

DISCUSIÓN

La revisión realizada pone de manifiesto que, aunque existen recomendaciones bien establecidas para el manejo del dolor irruptivo, su aplicación en la práctica clínica continúa siendo desigual. La detección precoz y la valoración sistemática siguen representando uno de los principales retos, debido a la variabilidad en los procedimientos de evaluación y al uso limitado de escalas específicas para el registro de las características de los episodios1,2.

Otro aspecto relevante es la persistencia de barreras relacionadas con el tratamiento farmacológico. El temor a los efectos adversos de los opioides, tanto por parte de algunos profesionales como de los propios pacientes, puede favorecer un uso insuficiente de la medicación de rescate y retrasar el alivio del dolor. Esta situación pone de manifiesto la importancia de la educación sanitaria y de una adecuada información sobre el empleo seguro de estos fármacos3,5,7.

En relación con la etiología, la mayor parte de la evidencia se centra en el dolor irruptivo de origen oncológico, donde existen protocolos de actuación más definidos y una mayor experiencia clínica. Sin embargo, el dolor irruptivo también está presente en pacientes con patologías no oncológicas, aunque su reconocimiento y abordaje continúan siendo menos homogéneos, lo que evidencia la necesidad de ampliar la investigación en este ámbito2,6.

Finalmente, los resultados obtenidos refuerzan la conveniencia de implantar protocolos enfermeros específicos que incluyan criterios estandarizados de valoración, registro, reevaluación y educación terapéutica. La incorporación de estas herramientas favorecería una atención más homogénea, mejoraría la continuidad asistencial y contribuiría a optimizar el control del dolor irruptivo desde una perspectiva integral1,5,6,7.

CONCLUSIONES

  • El dolor irruptivo se caracteriza por episodios de aparición brusca, elevada intensidad y corta duración, que deben diferenciarse del dolor basal insuficientemente controlado.
  • La valoración enfermera sistemática permite una detección precoz del dolor irruptivo, facilita el seguimiento de su evolución y contribuye a optimizar el tratamiento analgésico.
  • Las intervenciones de enfermería, basadas en la vigilancia clínica, la educación terapéutica y la coordinación con el equipo multidisciplinar, favorecen un manejo más seguro y eficaz del paciente.
  • La implantación de protocolos específicos de valoración y actuación puede mejorar la continuidad asistencial y la calidad de los cuidados.
  • Es necesario impulsar nuevas investigaciones y publicaciones que refuercen la evidencia científica sobre el papel de enfermería en el manejo del dolor irruptivo.

BIBLIOGRAFÍA

  1. Via-Clavero G, Frade-Mera MJ, Alonso-Crespo D, Castanera-Duro A, Gil-Castillejos D, Vallés-Fructuoso O, et al. Futuras líneas de investigación en cuidados sobre dolor, sedación, contenciones y delirium en el paciente crítico. Enferm Intensiva. 2021;32(2):57-61. doi: 10.1016/j.enfi.2021.04.001.
  2. Figueira AIR, Amaral GMM, Carmo TIG. Evaluación y registro del dolor en el servicio de urgencias: un estudio transversal. Enferm Cuid Humaniz. 2022;11(1):e2712. doi:10.22235/ech.v11i1.2712.
  3. Zuazua Rico D, Maestro González A, Mosteiro Díaz MP, Fernández Garrido J. Acerca del conocimiento sobre dolor en enfermeras de cuidados intensivos. An Sist Sanit Navar. 2021;44(1):129-130. doi:10.23938/ASSN.0918
  4. López R, Borrega P, Antón A, Aranda E, Carrato A, Constenla MI, et al. Manejo y percepción de la adherencia al tratamiento del dolor irruptivo oncológico por oncólogos españoles. Rev Soc Esp Dolor. 2021;28(1):19-26. doi:10.20986/resed.2021.3824/2020
  5. Zuazua-Rico D, Mosteiro-Díaz MP, Collado-Boira E, Casal-Angulo MC, Cobo-Cuenca AI, Fernández-Garrido J, et al. Knowledge about pain in Spanish nursing students. Pain Manag Nurs. 2022;23(6):871-877. doi:10.1016/j.pmn.2022.03.006.
  6. Mercadante S. Once again… breakthrough cancer pain: an updated overview. J Anesth Analg Crit Care. 2023;3:23. doi:10.1186/s44158-023-00101-x
  7. Crawford GB, Lakhani A, Palmer L, Sebalj M, Rolan P, et al. A systematic review of qualitative research exploring patient and health professional perspectives of breakthrough cancer pain. Support Care Cancer. 2023;31(11):619. doi:10.1007/s00520-023-08076-9

Publique con nosotros

Indexación de la revista

ID:3540

Últimos artículos