AUTORES
- Javier José Bermúdez Cervilla. Residente de Oftalmología, Hospital Miguel Servet. GIMSO. Zaragoza, España.
- Paola Borraz Luño. Graduada en Enfermería. Enfermera de Cardiología Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Yolanda Naya Mateu. Graduada en Medicina Familiar y Comunitaria Doctora de Atención Primaria Casetas. Zaragoza, España.
- Inés Galve Franco. Graduada en Enfermería UNIZAR y Máster de Urgencias y Emergencias USJ. Enfermera de quirófano Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Andrea Pozzi. Graduado en Enfermería. Enfermero de Quirófano en Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Francisco José Ortega Teruel. Graduado en Enfermería. Enfermero de UCI Polivalente Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
RESUMEN
Las terapias génicas y celulares han emergido como una de las áreas más innovadoras de la oftalmología moderna, ofreciendo nuevas opciones para enfermedades hereditarias y degenerativas previamente intratables. El ojo, por sus características anatómicas e inmunológicas, constituye un órgano ideal para el desarrollo de estrategias basadas en vectores virales, edición génica y reemplazo celular. La aprobación de voretigene neparvovec-rzyl (Luxturna) marcó un hito al establecer la primera terapia génica in vivo aceptada por agencias regulatorias, demostrando mejorías funcionales en distrofias retinianas asociadas a RPE65. Paralelamente, las terapias celulares mediante células madre embrionarias o pluripotentes inducidas han mostrado resultados prometedores en la degeneración macular y otras distrofias, con avances significativos en seguridad e integración tisular.
La evolución de tecnologías como CRISPR-Cas9, la microcirugía subretiniana guiada por OCT y la bioingeniería de tejidos está ampliando el espectro terapéutico hacia patologías más prevalentes. No obstante, persisten desafíos importantes relacionados con el coste, la estandarización de vectores, la producción celular y la necesidad de centros especializados. Pese a ello, la evidencia actual señala una transformación progresiva hacia una oftalmología regenerativa y personalizada. Las terapias génicas y celulares se perfilan como herramientas esenciales en la futura práctica clínica, con capacidad de modificar la historia natural de múltiples enfermedades oculares.
PALABRAS CLAVE
Terapia génica, terapia celular, enfermedades retinianas, distrofias retinianas hereditarias, epitelio pigmentario de la retina.
ABSTRACT
Gene and cell therapies have emerged as leading innovations in modern ophthalmology, providing new therapeutic possibilities for hereditary and degenerative diseases previously considered untreatable. The eye’s anatomical and immunological characteristics make it an ideal model for viral vector delivery, gene editing, and cellular replacement strategies. The approval of voretigene neparvovec-rzyl (Luxturna) represented a major milestone, establishing the first in vivo gene therapy approved for clinical use and demonstrating functional improvement in RPE65-mediated retinal dystrophies. Concurrently, cell-based therapies using embryonic stem cells or induced pluripotent stem cells have shown promising results in age-related macular degeneration and other retinal dystrophies, with notable advances in safety and tissue integration.
Technological progress in CRISPR-Cas9 editing, OCT-guided subretinal microsurgery, and tissue bioengineering is expanding the therapeutic spectrum toward more prevalent diseases. However, important challenges remain regarding cost, vector standardization, cellular manufacturing, and the need for specialized centers. Despite these limitations, current evidence supports a progressive shift toward regenerative and precision ophthalmology. Gene and cell therapies are poised to become essential components of future clinical practice, with the potential to modify the natural history of numerous ocular diseases.
KEY WORDS
Gene therapy, cell therapy, retinal diseases, hereditary retinal dystrophies, retinal pigment epithelium.
INTRODUCCIÓN
La oftalmología ha sido históricamente una de las disciplinas médicas más receptivas a la innovación tecnológica, y el campo de las terapias génicas y celulares no ha sido una excepción. Desde finales del siglo XX, el ojo ha sido considerado un órgano privilegiado para la investigación en medicina regenerativa debido a su inmunoprivilegio, su compartimentalización anatómica, la posibilidad de evaluación funcional objetiva y la disponibilidad de modelos animales bien caracterizados. Estas condiciones han facilitado que la retina y el epitelio pigmentario retiniano (EPR) se conviertan en blancos terapéuticos para estrategias de transferencia génica y reemplazo celular en enfermedades hereditarias y degenerativas1.
Un hito fundamental en este contexto fue la aprobación por la FDA en 2017 del tratamiento voretigene neparvovec-rzyl (Luxturna), diseñado para tratar la amaurosis congénita de Leber causada por mutaciones bialélicas en el gen RPE65. Esta terapia génica, administrada mediante una inyección subretiniana de un vector AAV2, permitió restaurar parcialmente la función visual en pacientes con distrofias severas de retina previamente consideradas incurables. El impacto de este avance fue doble: clínico, al ofrecer una mejora funcional significativa; y simbólico, al consolidar a la oftalmología como el primer campo médico en lograr la aprobación regulatoria de una terapia génica in vivo2.
De manera paralela al progreso en terapia génica, las terapias celulares en oftalmología han explorado estrategias de reemplazo del EPR y la retina neurosensorial utilizando células madre embrionarias (ESC) y células madre pluripotentes inducidas (iPSC). Estas aproximaciones tienen como objetivo restaurar la función visual en enfermedades como la degeneración macular asociada a la edad (DMAE) seca y las distrofias retinianas hereditarias. En las últimas dos décadas, múltiples ensayos clínicos han demostrado la factibilidad de injertar células derivadas de ESC en el espacio subretiniano, con resultados preliminares positivos en términos de seguridad, integración tisular y estabilidad morfológica, aunque con efectos funcionales aún limitados3.
El desarrollo e implementación clínica de estas terapias se ha visto potenciado por herramientas diagnósticas avanzadas, como la tomografía de coherencia óptica (OCT) de alta resolución, la autofluorescencia y la microperimetría, que permiten evaluar con precisión los cambios estructurales y funcionales inducidos por las intervenciones génicas o celulares. Además, la naturaleza compartimental del ojo facilita la administración localizada de vectores o células, reduciendo el riesgo de efectos adversos sistémicos. Estos factores han situado al ojo como modelo ideal para la medicina de precisión y han promovido un entorno bioético favorable para la investigación traslacional en humanos4.
Los avances en edición genética, particularmente con la tecnología CRISPR-Cas9, han abierto nuevas posibilidades terapéuticas en oftalmología. A diferencia de la terapia génica clásica, que introduce una copia funcional del gen afectado, la edición génica permite corregir mutaciones patogénicas directamente en el ADN del paciente. Ensayos clínicos ya han comenzado en humanos para enfermedades retinianas como la amaurosis congénita de Leber tipo 10 (CEP290), y aunque los desafíos técnicos y bioéticos persisten —incluyendo los efectos off-target y la respuesta inmune—, los resultados iniciales auguran un cambio de paradigma terapéutico, con una medicina oftalmológica verdaderamente personalizada5.
La aplicabilidad clínica de las terapias génicas y celulares está aún condicionada por factores como el estadio de la enfermedad, la viabilidad anatómica del tejido diana, la especificidad genética y la disponibilidad de infraestructuras avanzadas para su producción y administración. Si bien estas terapias han demostrado resultados prometedores en distrofias hereditarias como la retinosis pigmentaria o la enfermedad de Stargardt, su expansión a patologías más prevalentes —como el glaucoma o la retinopatía diabética— requiere aún validación clínica y optimización de vectores y líneas celulares6.
La integración efectiva de estas terapias en la práctica oftalmológica requiere un abordaje multidisciplinar que combine genética clínica, cirugía vitreorretiniana avanzada, farmacología molecular y bioinformática. El oftalmólogo moderno debe familiarizarse con conceptos como la terapia génica dirigida a células del EPR, los protocolos de administración subretiniana o intravítrea, la edición génica in vivo y el manejo postoperatorio inmunológico. Esta evolución del perfil profesional exige también la colaboración con genetistas, biotecnólogos y expertos en regulación sanitaria, dado que los marcos normativos para estas terapias continúan desarrollándose y son clave para garantizar su seguridad y eficacia7.
Las limitaciones actuales en la expansión de estas terapias incluyen el alto coste económico, la complejidad técnica y la limitada disponibilidad en centros especializados. Estas barreras han generado desigualdades en el acceso a tratamientos avanzados, restringiendo su uso a contextos muy controlados y poblaciones seleccionadas. Sin embargo, la creciente estandarización de vectores, la optimización de procesos de cultivo celular y la automatización quirúrgica podrían reducir progresivamente estos obstáculos, permitiendo su aplicación más amplia en contextos clínicos diversos8.
En paralelo, el impacto de las terapias génicas y celulares se extiende más allá de los resultados puramente visuales. Estudios recientes han mostrado que la percepción subjetiva de calidad de vida mejora significativamente tras recibir estas terapias, incluso cuando los cambios en la agudeza visual son moderados. La posibilidad de detener la progresión de una enfermedad previamente incontrolable o de recuperar funciones visuales mínimas puede tener un efecto psicológico y funcional profundo en el paciente. En este sentido, la evaluación de la eficacia debe incluir no solo medidas anatómicas y funcionales, sino también escalas de calidad de vida validadas y resultados centrados en el pacient9.
Frente a este panorama en evolución, la oftalmología se encuentra en una posición única para liderar el desarrollo clínico de la medicina regenerativa. La consolidación de plataformas genéticas de cribado, la digitalización de historias clínicas oftalmológicas y la implementación de inteligencia artificial para predecir la respuesta a terapias avanzadas son elementos que contribuirán a una integración más precisa y eficiente de estas tecnologías en la práctica habitual. Además, los nuevos diseños de estudios multicéntricos y longitudinales permitirán ampliar la base de evidencia, superando las limitaciones de tamaño muestral y heterogeneidad genética10.
En síntesis, el avance de las terapias génicas y celulares en oftalmología ha superado la fase experimental para comenzar a formar parte, en casos seleccionados, del tratamiento clínico real. Esta transición ha sido posible gracias al rigor científico, la precisión quirúrgica y el diseño racional de estrategias terapéuticas orientadas a las características específicas del sistema visual. A medida que la tecnología y la evidencia se consoliden, es previsible que estas terapias se incorporen progresivamente a las guías clínicas para enfermedades retinianas y, en el futuro, incluso para patologías del nervio óptico o de la vía visual central. La oftalmología no solo participa en la aplicación de estas terapias, sino que contribuye a definir los estándares de su uso en la medicina regenerativa del siglo XXI11.
HIPÓTESIS
En referencia a la hipótesis de la presente revisión sistemática, se espera que el conocimiento actual sobre las terapias génicas y celulares en oftalmología refleje un avance significativo en términos de comprensión molecular, precisión terapéutica y aplicabilidad clínica. Asimismo, se anticipa que la implementación de estas estrategias esté sustentada por evidencia científica robusta que avale su eficacia y seguridad en patologías oculares degenerativas, hereditarias y adquiridas. Finalmente, se vaticina que su integración en la práctica oftalmológica contemporánea permita una transformación sustancial del pronóstico visual en enfermedades previamente intratables, consolidando un nuevo paradigma terapéutico basado en la medicina regenerativa y personalizada.
OBJETIVOS
Analizar de forma crítica el desarrollo histórico, la base biotecnológica y la aplicabilidad clínica de las terapias génicas y celulares en oftalmología, con especial atención a su impacto en el manejo de enfermedades oculares hereditarias y degenerativas.
Evaluar la eficacia, seguridad y grado de integración de las terapias génicas y celulares en la práctica oftalmológica contemporánea, identificando sus perspectivas futuras dentro del marco de la medicina regenerativa y personalizada.
METODOLOGÍA
Para la presente revisión, se emplearon bases de datos biomédicas y científicas de alto impacto como PubMed, Scopus, Web of Science, Google Scholar, Embase o SpringerLink. Los criterios de inclusión considerados fueron los siguientes:
- Tipos de estudio: metaanálisis, revisiones sistemáticas, ensayos clínicos aleatorizados, estudios observacionales prospectivos y retrospectivos publicados desde el año 2014.
- Participantes: pacientes diagnosticados con enfermedades oculares hereditarias o degenerativas (como amaurosis congénita de Leber, retinosis pigmentaria, degeneración macular, entre otras) tratados con terapias génicas o celulares.
- Resultados: eficacia terapéutica medida en función de parámetros visuales (agudeza visual, campo visual, respuesta a estímulos luminosos), seguridad del procedimiento (eventos adversos, inflamación, pérdida visual), y grado de integración clínica en la práctica oftalmológica.
- Idioma: estudios publicados en español o inglés, o traducidos a cualquiera de estos dos idiomas.
Por otro lado, se aplicaron criterios de exclusión que comprendieron:
- Estudios no revisados por pares.
- Muestras no representativas o casos clínicos aislados sin extrapolación clínica.
- Intervenciones no relacionadas directamente con terapias génicas o celulares oftalmológicas.
- Resultados irrelevantes o de escasa aplicabilidad clínica.
- Publicaciones anteriores al año 2014.
Se seleccionaron un total de diez estudios pertinentes que cumplían con los criterios metodológicos y clínicos establecidos.
RESULTADOS
El desarrollo histórico de las terapias génicas y celulares en oftalmología ha estado estrechamente vinculado a la necesidad de encontrar soluciones eficaces para enfermedades oculares hereditarias y degenerativas que tradicionalmente han carecido de tratamientos curativos. Desde las últimas décadas del siglo XX, el ojo se posicionó como un modelo idóneo para la investigación en medicina regenerativa por sus características anatómicas y fisiológicas únicas: compartimentalización inmunológica, accesibilidad quirúrgica, transparencia óptica y la posibilidad de evaluar la eficacia terapéutica mediante técnicas de imagen no invasivas de alta resolución. Estas condiciones, junto con la disponibilidad de modelos animales y la existencia de enfermedades monogénicas bien caracterizadas, permitieron que los primeros ensayos clínicos en terapia génica se llevaran a cabo precisamente en oftalmología, consolidando al ojo como una plataforma terapéutica pionera en medicina de precisión12.
En cuanto a la base biotecnológica, las terapias génicas en oftalmología han dependido en gran medida del desarrollo de vectores virales seguros y eficaces, siendo los virus adenoasociados (AAV) los más utilizados debido a su tropismo retiniano, bajo riesgo de integración genómica y escasa inmunogenicidad. El éxito clínico de voretigene neparvovec-rzyl (Luxturna), aprobado por la FDA en 2017 para el tratamiento de la amaurosis congénita de Leber causada por mutaciones en el gen RPE65, representa un hito en la oftalmología contemporánea. Esta terapia consiste en la administración subretiniana de un vector AAV2 que transfiere una copia funcional del gen afectado a las células del epitelio pigmentario de la retina, restaurando parcial y temporalmente la función visual. Paralelamente, las terapias celulares han explorado la utilización de células madre embrionarias (ESC) e inducidas (iPSC) para la sustitución de células degeneradas del epitelio pigmentario o de la retina neurosensorial, buscando no solo detener la progresión del daño, sino también regenerar arquitectura tisular y función visual13.
La aplicabilidad clínica de estas terapias ha estado determinada por múltiples factores, entre ellos la naturaleza genética de la enfermedad, la extensión del daño estructural existente, la viabilidad del tejido receptor y el momento de intervención. Las patologías monogénicas con expresión precoz, como algunas distrofias de conos y bastones o la retinosis pigmentaria ligada a mutaciones identificables, han sido las más susceptibles de abordaje mediante terapia génica, especialmente cuando se realiza en etapas en las que la estructura retiniana aún es parcialmente conservada. Por otro lado, en enfermedades multifactoriales como la degeneración macular asociada a la edad (DMAE), el enfoque ha sido mayoritariamente celular, empleando células derivadas de ESC o iPSC para el reemplazo del epitelio pigmentario y, en algunos casos, estructuras organizadas en forma de parches retinianos implantables. La evolución clínica de estos pacientes ha demostrado mejorías funcionales variables, pero consistentes en términos de seguridad, lo que valida el potencial de estas estrategias en la práctica clínica real14.
Desde el punto de vista técnico y quirúrgico, la administración de estas terapias requiere una precisión extrema y una infraestructura altamente especializada. La terapia génica suele administrarse mediante inyección subretiniana, bajo control de microscopia intraoperatoria y asistencia de OCT intraquirúrgico, mientras que los trasplantes celulares pueden implicar procedimientos más complejos, como vitrectomías completas y colocación de injertos. Este grado de complejidad ha redefinido la práctica quirúrgica oftalmológica, exigiendo formación avanzada, protocolos quirúrgicos estandarizados y coordinación multidisciplinar entre genetistas, cirujanos, técnicos de laboratorio y personal de enfermería especializada. Además, el seguimiento postoperatorio incluye no solo parámetros funcionales y anatómicos, sino también marcadores inmunológicos, moleculares y, en algunos casos, pruebas de expresión génica, lo que supone un cambio sustancial en la lógica asistencial tradicional15.
El impacto de estas terapias en el manejo de enfermedades oculares hereditarias y degenerativas ha sido profundo, no solo en términos terapéuticos, sino también en cuanto a la reconfiguración del paradigma diagnóstico y pronóstico. La identificación genética se ha vuelto esencial en pacientes con distrofias retinianas, ya que determina la elegibilidad para ensayos clínicos y terapias aprobadas. Asimismo, el concepto de «ventana terapéutica» ha adquirido relevancia, obligando al oftalmólogo a reconocer precozmente signos clínicos y estructurales que indiquen una oportunidad viable de intervención. En este contexto, la medicina oftalmológica ha transitado de un modelo reactivo y paliativo a un enfoque proactivo, basado en el perfil genético, la historia natural de la enfermedad y la potencial respuesta a terapias dirigidas. Este cambio ha impulsado una medicina más personalizada, donde el pronóstico visual ya no se define exclusivamente por el daño establecido, sino por la posibilidad biotecnológica de modificar el curso de la enfermedad16.
La evaluación de la eficacia de las terapias génicas y celulares en oftalmología debe abordarse con un criterio clínico riguroso, basado en resultados funcionales y estructurales obtenidos en ensayos clínicos y estudios observacionales de alta calidad. En el caso de la terapia génica, los resultados más concluyentes se han observado en pacientes con amaurosis congénita de Leber y distrofias retinianas asociadas a mutaciones en RPE65, donde se ha documentado una mejoría objetiva en parámetros como la sensibilidad a la luz, la movilidad funcional en entornos oscuros y la estabilidad de la agudeza visual. Estos resultados han sido especialmente significativos en pacientes tratados en etapas precoces, lo que confirma la importancia del diagnóstico genético temprano y de la identificación precisa del gen diana. Por su parte, las terapias celulares, aunque todavía en fases más exploratorias, han mostrado beneficios anatómicos y funcionales modestos, pero sostenibles, especialmente en enfermedades como la degeneración macular asociada a la edad (DMAE) en su forma atrófica, donde se ha logrado preservar la arquitectura del epitelio pigmentario de la retina e incluso mejorar la visión en algunos casos17.
En términos de seguridad, las terapias génicas y celulares en oftalmología han demostrado un perfil altamente favorable en comparación con otras disciplinas médicas. El uso de vectores virales adenoasociados (AAV), que no se integran en el genoma y presentan una baja inmunogenicidad, ha sido clave para minimizar reacciones adversas. Los estudios clínicos más relevantes han reportado escasos eventos adversos graves, siendo los más frecuentes la inflamación ocular transitoria, el aumento de la presión intraocular o complicaciones relacionadas con la técnica quirúrgica de administración, como el desprendimiento de retina o hemorragias subretinianas. En el caso de los trasplantes celulares, la necesidad de inmunosupresión ha sido una de las principales preocupaciones, aunque los injertos subretinianos derivados de células madre pluripotentes inducidas (iPSC) autólogas han demostrado disminuir ese riesgo. No obstante, la vigilancia prolongada sigue siendo esencial, tanto para detectar efectos adversos a largo plazo como para valorar la durabilidad de la respuesta terapéutica, sobre todo en contextos clínicos donde la regeneración celular se plantea como una intervención única de por vida18.
El grado de integración de estas terapias en la práctica oftalmológica actual sigue siendo limitado, pero en crecimiento progresivo. Por ahora, su disponibilidad está restringida a centros altamente especializados con capacidad genética, quirúrgica y biofarmacéutica para su implementación. A pesar de ello, los avances regulatorios y la estandarización de protocolos clínicos han facilitado que las terapias génicas, como Luxturna, comiencen a incorporarse en el arsenal terapéutico real de algunas unidades de retina, especialmente en países con sistemas sanitarios de alta complejidad. Esto ha implicado también una transformación organizativa, con la creación de equipos multidisciplinares que integran oftalmólogos, genetistas, bioquímicos, personal de enfermería avanzada y expertos en farmacogenómica. Además, los avances tecnológicos como la OCT de alta resolución, la angiografía OCT y la microperimetría han permitido una evaluación detallada del efecto terapéutico, reforzando la capacidad de seguimiento clínico de estas estrategias dentro de la consulta diaria19.
Desde el punto de vista de la medicina regenerativa y personalizada, las perspectivas futuras de estas terapias son sumamente prometedoras. La evolución de la terapia génica hacia modelos de edición génica como CRISPR-Cas9 abre la posibilidad de intervenir directamente sobre el ADN del paciente, ofreciendo una corrección permanente del defecto genético, más allá de la simple sustitución funcional del gen. Esta aproximación, aunque aún en fases iniciales, se está ensayando ya en patologías retinianas hereditarias con mutaciones específicas, y plantea un futuro en el que el tratamiento del glaucoma, la retinosis pigmentaria o la degeneración macular podría basarse en la ingeniería genética individualizada. Paralelamente, la evolución de la bioimpresión, la nanotecnología y las plataformas de administración controlada augura un refinamiento de los sistemas de liberación celular y génica, permitiendo mayor precisión terapéutica, menor riesgo quirúrgico y mejor adaptación al entorno retiniano del paciente20.
La implementación clínica plena de estas terapias requerirá superar varios retos estructurales, logísticos y formativos. En primer lugar, se necesita ampliar el acceso a pruebas de diagnóstico genético, aún escasamente disponibles fuera de los grandes centros de referencia. En segundo lugar, será necesario reducir los costes de producción y distribución de vectores y líneas celulares, lo que podría alcanzarse mediante la colaboración entre industria biofarmacéutica y sistemas sanitarios públicos. En tercer lugar, la formación de oftalmólogos en medicina molecular, cirugía subretiniana avanzada y análisis de datos genómicos se convertirá en un requisito imprescindible para asegurar la calidad y seguridad del tratamiento. Finalmente, será esencial la creación de redes internacionales que permitan compartir datos clínicos, secuencias genéticas y resultados terapéuticos, con el fin de acelerar la generación de evidencia robusta y fomentar la equidad en el acceso a estas terapias innovadoras21.
CONCLUSIONES
La integración crítica de las terapias génicas y celulares en oftalmología representa un avance paradigmático que redefine la frontera entre investigación y práctica clínica. A través de décadas de evolución biotecnológica, se ha pasado de conceptos teóricos y estudios preclínicos a tratamientos aprobados y aplicables a pacientes reales, con resultados que, aunque aún limitados en población y duración, han demostrado ser viables, seguros y funcionalmente significativos. Esta realidad exige al oftalmólogo moderno no solo competencias quirúrgicas y clínicas avanzadas, sino también una comprensión profunda de la genética molecular, los procesos de edición génica, los vectores virales y la biología de las células madre. El conocimiento de estos elementos permite seleccionar correctamente a los pacientes candidatos, planificar procedimientos con criterio científico, y establecer un seguimiento riguroso que maximice la eficacia terapéutica. En este nuevo escenario, la oftalmología se posiciona como una de las disciplinas médicas más cercanas a la medicina del futuro: regenerativa, personalizada, molecular y basada en precisión. La responsabilidad del clínico no solo es aplicar la técnica, sino integrar este conocimiento emergente en el juicio terapéutico y en la transformación integral del manejo de enfermedades previamente incurables12–16.
El análisis de la eficacia, seguridad e integración de las terapias génicas y celulares en oftalmología muestra un escenario dinámico, en plena expansión y con profundas implicaciones para el futuro de la especialidad. Aunque su implementación clínica aún es limitada, los resultados observados en enfermedades oculares previamente intratables indican que estamos frente a una transformación estructural de la terapéutica visual. Estas estrategias, al intervenir en la raíz genética y estructural del daño ocular, ofrecen un enfoque radicalmente diferente al tratamiento farmacológico o quirúrgico convencional, y se alinean con los principios de la medicina regenerativa y personalizada. La oftalmología contemporánea está transitando hacia un modelo basado en la identificación molecular precisa, la intervención precoz y la reconstrucción funcional del tejido afectado. Para que este nuevo paradigma sea viable a gran escala, será necesaria una evolución paralela del conocimiento clínico, de la estructura asistencial y del enfoque formativo del oftalmólogo. En ese marco, las terapias génicas y celulares no solo representan una opción terapéutica adicional, sino una redefinición integral del concepto de tratamiento en enfermedades visuales complejas17–21.
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