Anemia ferropénica. Artículo monográfico

16 febrero 2024

 

AUTORES

1. Álvaro Heredia Muñoz. Enfermero de Traumatología del Hospital Royo Villanova de Zaragoza.
2. Alejandro Monclús Rodrigo. Enfermero de Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza.
3. Raúl Lacasa Costa. Enfermero del Hospital Universitario San Jorge de Huesca.
4. Jaime Broseta Blanco. Enfermero de Quirófano del Hospital Universitario Miguel Servet.
5. Javier Hernández Adell. Enfermero de Urgencias del Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa de Zaragoza.
6. Francisco Grimal Bailo. Enfermero de Urología del Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza.

 

RESUMEN

El hierro es un metal esencial para los seres vivos, necesario para su desarrollo y crecimiento, y que interviene en el funcionamiento de varias proteínas involucradas en procesos fisiológicos vitales. Este mineral forma parte de la hemoglobina, una proteína que se encuentra dentro de los glóbulos rojos, y a la cual se une el oxígeno para su posterior transporte y utilización por los distintos tejidos del organismo. La disminución de esta proteína sérica se conoce como anemia, y cuando ésta está relacionada con un déficit de hierro, se conoce como anemia ferropénica, la cual desencadena una serie de alteraciones de las funciones vitales.

La anemia por deficiencia de hierro ocurre en situaciones en las que aumenta la demanda del mineral (embarazo, etc.), en situaciones en las que incrementan las pérdidas (hemorragias, etc) o en situaciones en las disminuye su ingesta, absorción y utilización (patologías del tracto digestivo).

Cuando se sospecha que algún paciente puede presentar una alteración hematológica se realizan una serie de pruebas diagnósticas para confirmarlo, entre las cuales encontramos el análisis sanguíneo y el examen de médula ósea.

Por último, el tratamiento actual consiste, en primer lugar, en tratar la causa primaria que ocasiona la anemia ferropénica, y después, complementar con una suplementación dietética, o farmacológica, en los casos en los que la dieta es insuficiente1,2.

PALABRAS CLAVE

Hierro, anemia, anemia ferropénica, trastornos del metabolismo del hierro, tratamiento primario.

ABSTRACT

Iron is an essential metal for living beings, necessary for their development and growth, and which is involved in the functioning of several proteins involved in vital physiological processes. This mineral is part of hemoglobin, a protein found inside red blood cells, and to which oxygen binds for its subsequent transport and use by the different tissues of the body. The decrease in this serum protein is known as anemia, and when this is related to an iron deficiency, it is known as iron deficiency anemia, which triggers a series of alterations in vital functions.
Iron deficiency anemia occurs in situations in which the demand for the mineral increases (pregnancy, etc.), in situations in which losses increase (hemorrhages, etc.) or in situations in which its intake, absorption and utilization decrease (pathologies). of the digestive tract).

When it is suspected that a patient may have a hematological disorder, a series of diagnostic tests are performed to confirm it, among which we find blood analysis and bone marrow examination. Finally, current treatment consists, first of all, of treating the primary cause that causes iron deficiency anemia, and then complementing it with dietary or pharmacological supplementation in cases where the diet is insufficient.

KEY WORDS

Iron, anemia, iron-deficiency, iron metabolism disorders, primary treatment3.

 

DESARROLLO DEL TEMA

La anemia es una enfermedad de la sangre que se define como la disminución de hemoglobina en el organismo, cuyos valores normales son aproximadamente 12 gr/dL en la mujer y 13,5 en el hombre. La hemoglobina es la proteína que se encuentra dentro unas células sanguíneas llamadas eritrocitos, y a la cual se une el oxígeno para su posterior transporte y utilización por los distintos tejidos del organismo.

Cuando desciende el nivel de la hemoglobina en la sangre aparecerán los síntomas: el individuo se notará cansado, pálido, irritable, con menor tolerancia al ejercicio y con aceleración del ritmo cardiaco. Existen múltiples causas de anemia, siendo la más frecuente la deficiencia de hierro, elemento fundamental sin el cual no se puede fabricar la hemoglobina. Cuando se establece que la causa de la anemia es el déficit de hierro hay que investigar y establecer la razón de la disminución, que puede deberse a una baja ingesta de hierro, a una mala absorción en el tubo digestivo, a un incremento de las necesidades de consumo, a pérdidas en algún punto del organismo o a la combinación de algunas de estas.

El hierro es un metal esencial para los seres vivos, necesario para su desarrollo y crecimiento. Interviene en el funcionamiento de varias proteínas involucradas en la producción de energía oxidativa, la respiración mitocondrial, el transporte de oxígeno o la biosíntesis del ADN. Por ello, el déficit de hierro conduce a una serie de alteraciones de las funciones vitales, por lo que debe tratarse precozmente, antes de que derive en una anemia ferropénica.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el mundo hay más de 4.000 millones de personas con déficit de hierro, y se estima que un 15% de la población mundial padece anemia ferropénica. En los países desarrollados, esta anemia se presenta con mayor frecuencia en lactantes y niños en edad preescolar (10%), adolescentes (15%), mujeres en edad fértil (20%), gestantes (40%) y ancianos (5%), convirtiéndose en un auténtico problema de salud pública1,2.

 

ETIOLOGÍA:

La anemia por deficiencia de hierro ocurre en situaciones en las que aumenta la demanda del mineral, se incrementan las pérdidas o disminuye su ingesta, absorción y utilización, produciendo como consecuencia una ferropenia:

  • El cuerpo no absorbe correctamente el hierro:
    • Aclorhidria.
    • Enfermedades que provoca malabsorción: Celiaquía, enfermedad de Crohn, etc.
    • Cirugías de derivación gástrica: Gastrectomía, etc.
  • El cuerpo absorbe el hierro, pero no se ingiere la cantidad de hierro necesaria:
    • Vegetarianismo estricto y otras dietas que suponen una ingesta deficiente de alimentos ricos en hierro (espinacas, legumbres, carne roja…).
  • El hierro absorbido no se emplea correctamente:
    • Enfermedades inflamatorias crónicas del tubo digestivo.
  • Aumento de las pérdidas de glóbulos sanguíneos y hierro con respecto a la normalidad:
    • Hemorragias del tubo digestivo: Cánceres del tracto digestivo, varices esofágicas, úlceras pépticas, diverticulosis, colitis ulcerosa, etc.
    • Hemorragias uterinas: Metrorragias, endometriosis y otras patologías ginecológicas.
    • Hemorragias urinarias: Hematurias.
    • Uso prolongado de determinados medicamentos: AAS, ibuprofeno, etc.
    • Donación de sangre.
  • Aumento de la demanda del hierro:
    • Embarazo.
    • Tratamiento con eritropoyetina4,5,6.

 

FISIOPATOLOGÍA:

El hierro es un mineral indispensable para la oxigenación de los tejidos ya que forma parte de las proteínas encargadas del transporte de O2 por la sangre (hemoglobina) y el músculo (mioglobina).

Nuestro organismo contiene aproximadamente 4-5g de hierro, de los cuales un 65% corresponde a la hemoglobina, un 30% está almacenado en el hígado y macrófagos del sistema reticuloendotelial en forma de ferritina o hemosiderina (reservorios de hierro), un 4% se encuentra en la mioglobina, un 1% forma parte de enzimas oxidativas y un 0.1% está unido a la transferrina (proteína transportadora de la sangre). Solo se absorbe alrededor del 10 % del hierro ingerido (1-2 mg) con el fin compensar las pérdidas diarias (0.5-1mg)7.

El hierro procedente de la dieta puede presentarse como hierro hemo u orgánico, o como hierro no hemo o inorgánico.

El hierro hemo, que proviene de la carne y sangre de los animales, es el que menos predomina en la dieta, pero el que mejor absorción presenta (20-30%). El hierro no hemo, que encontramos generalmente en alimentos de origen vegetal, es el más abundante en la dieta, pero el que menos se absorbe (3- 8%) ya que su biodisponibilidad puede verse afectada por otros componentes de la dieta8.

El hierro es absorbido principalmente por los enterocitos del duodeno gracias a proteínas de membrana específicas para cada tipo de hierro. Una vez penetra en el citoplasma, éste puede ser almacenado en una proteína de reserva de hierro (ferritina) o ser transportado a la sangre a través de la ferroportina, donde se asocia a una proteína de transporte de hierro (transferrina) que lo distribuye a los tejidos periféricos8.

Nuestro cuerpo carece de un mecanismo para excretar el exceso de hierro, por lo que la homeostasis se controla gracias a la hepcidina, una hormona hepática que se segrega cuando existe un exceso de hierro plasmático, cuya función es limitar su absorción dietética y su exportación desde los depósitos corporales hacia el torrente sanguíneo8.

El organismo reutiliza continuamente el hierro gracias a la acción de los macrófagos encargados de la destrucción de los eritrocitos envejecidos. Además, del total de hierro que se moviliza diariamente, solo se pierde una pequeña proporción a través de la orina, heces, sudor y la descamación celular, la cual se compensa mediante la ingesta8.

La anemia ferropénica se da cuando existe un desequilibrio en el metabolismo del hierro que conduce a un déficit de este, lo que dificulta la eritropoyesis, originando una disminución de los eritrocitos y del aporte de oxígeno a los tejidos7.

Fases de la anemia ferropénica:

  • Estadio 1: Disminución de los depósitos de hierro en la médula ósea; la hemoglobina y el hierro sérico se mantienen normales, ferritina <20 ng/mL.
  • Estadio 2: Aumenta la concentración de transferrina, disminuye la concentración de hierro y, por tanto, la saturación de transferrina. Alteración de la eritropoyesis cuando el hierro sérico <50 μg/dL y la saturación de transferrina < 16%.
  • Estadio 3: Anemia con eritrocitos de aspecto normal e índices hematimétricos normales.
  • Estadio 4: Microcitosis y después hipocromía.
  • Estadio 5: La deficiencia de hierro afecta a los tejidos, manifestándose los signos y síntomas7.

 

PRUEBAS DIAGNÓSTICAS:

Cuando se sospecha que algún paciente puede presentar una alteración hematológica se realizan una serie de pruebas diagnósticas para confirmarlo:

  • Hemograma completo: Nos aporta información acerca del número de hematíes, el valor de la hemoglobina y los índices corpusculares (VCM, HCM, CHCM), así como de la ferritina sérica, hierro sérico, capacidad de unión al hierro, saturación de transferrina, etc.

La concentración sérica de ferritina se vincula con el depósito total de hierro. Los valores normales de dichas concentraciones van de 30 a 300 ng/mL. Si se encuentra esté valor por debajo de 12 ng/mL podemos decir que el paciente padece anemia ferropénica. Otro indicador es el descenso del volumen corpuscular medio (VCM) por debajo de 78-80 femtolitros.

  • Frotis de sangre periférica: Nos da información de los hematíes en cuanto a tamaño, morfología y contenido), recuento de reticulocitos y ancho de distribución de glóbulos rojos.
  • El recuento de reticulocitos es una herramienta muy importante a la hora de conocer qué tipo de anemia padece el paciente, la prueba se realiza mediante un frotis sanguíneo en el cual se toma una gota de sangre del paciente y se observa al microscopio la morfología de los reticulocitos, en este caso se observan reticulocitos hipocrómicos y con distinto tamaño y forma (anisocitosis y poiquilocitosis).
  • Examen de la médula ósea (aspiración y biopsia): La ausencia de hierro en la médula es el criterio más sensible y específico de eritropoyesis ferropénica, aunque rara vez se lleve a cabo dicha prueba9,10,11,12.

 

TRATAMIENTO:

En primer lugar, debe tratarse la causa primaria de la anemia ferropénica. En segundo lugar, el tratamiento médico tiene como fin llenar los depósitos de Fe, dado que en un paciente con anemia ferropénica éstos se encuentran vacíos. Así pues, el tratamiento consiste en una suplementación dietética y farmacológica (esta última si no basta con la primera).

 

Tratamiento dietético:

  • Alimentos ricos en Fe ligado al grupo hemo (absorción del 15%) ya que favorecen la absorción del Fe no ligado al grupo hemo. Encontramos carnes rojas (hígado, riñones, ternera), carnes blancas (pollo, pavo) y pescado.
  • Alimentos ricos en Fe no ligado al grupo hemo (absorción del 3-8%). Encontramos las legumbres (lentejas y garbanzos), verduras (espinaca y col), frutas (uvas, ciruelas) y cereales (avena y pan integral).
  • Alimentos ricos en Vitamina C ya que favorecen la absorción de Fe. Encontramos verduras (tomate, y brócoli), frutas (naranja y kiwi).
  • Reducir ingesta de alimentos inhibidores de la absorción del Fe. Encontramos los hidratos de carbono, grasas, calcio, café y té, etc.13.

 

Tratamiento farmacológico:

Suplementos vía oral:

  • El Fe inorgánico lo podemos administrar en forma ferrosa o en forma férrica, siendo la primera mejor tolerada y más absorbida por el intestino.
  • El Fe quelado presenta una menor incidencia de efectos secundarios, ya que se requiere una menor cantidad de este, y una mayor absorción, puesto que no interaccionar con otros alimentos que producen malabsorción del hierro.

 

Se deben administrar en ayunas, o en las comidas en caso de producirse efectos secundarios (esto reducirá considerablemente su absorción por la interacción con otros alimentos). Su dosis será de 3 veces/día durante 3-5 meses (50-100 mg por toma en adultos y 4-6 mg/kg en niños). Puede provocar efectos secundarios como irritación gástrica, náuseas, distensión, ardores, diarrea, estreñimiento y cambio de coloración de las heces14.

Suplementos vía parenteral:

Están indicados si existe intolerancia oral al Fe, una absorción de Fe insuficiente, sangrado, esteatorrea, enfermedad celíaca, diálisis o una situación de urgencia. Por vía IV se puede administrar:

  • Fe-Dextrano: Es el más habitual. Puede provocar efectos secundarios como urticaria, fiebre, cefalea, náuseas, vómitos, linfadenopatía regional y complicaciones como anafilaxia.
  • Fe Hidróxido-Sacarosa.
  • Fe Carboximaltosa14.

 

Transfusión sanguínea:

Está indicada en pacientes con una Anemia Ferropénica severa que presentan síntomas cardiovasculares o inestabilidad hemodinámica (una transfusión de hemoderivados proporciona 200 mg de Fe)15.

En el caso de la suplementación de Fe Vía Oral ha de suspenderse el tratamiento con 10 días de antelación tras un periodo mínimo de tratamiento de 3 meses para poder realizar un estudio completo de las concentraciones de Fe en el organismo y así valorar la eficacia del tratamiento. En el caso de los preparados de Fe Vía Parenteral dicho tratamiento ha de suspenderse con 1 mes de antelación para poder realizar el mismo estudio. Si las concentraciones de Fe en el organismo ascienden hasta conseguir normalizarse hablamos de un tratamiento eficaz14.

 

BIBLIOGRAFÍA

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