- Pilar Ainara Cea Vaquero. Grado en Medicina, Aragón, España.
- Francisco Javier Mancebón Sierra. Grado en Medicina, Aragón, España.
CARTA AL EDITOR
Estimado/a Editor/a:
La prescripción empírica de antibióticos en pacientes críticos constituye una herramienta esencial en el manejo inicial de infecciones graves, en particular en el contexto de sepsis y shock séptico. No obstante, su empleo inadecuado se ha consolidado como un factor independiente asociado a peores desenlaces clínicos, mayor mortalidad y prolongación de la estancia hospitalaria en UCI.
La literatura evidencia que la adecuación del tratamiento empírico, entendida como la administración oportuna de al menos un agente activo frente al patógeno causante durante un mínimo de 48 horas, se asocia con una reducción significativa de la mortalidad. Estudios recientes muestran una tasa de fallecimiento del 5% en sepsis grave y del 9,7% en shock séptico con terapia adecuada, frente al 36,8% cuando esta es inadecuada. La elección errónea del antimicrobiano, el uso de un espectro innecesariamente amplio, o la omisión de ajustes en función de la función renal han sido identificados como causas frecuentes de inadecuación terapéutica.
Particularmente preocupante resulta el manejo de patologías como la neumonía nosocomial y la neumonía asociada a cuidados sanitarios, donde las tasas de prescripción empírica inadecuada pueden alcanzar hasta el 51,7%. A pesar de ello, no siempre se traducen en diferencias clínicas inmediatas, lo que puede llevar a una falsa percepción de seguridad. Esta aparente ausencia de consecuencias refuerza la necesidad de establecer criterios estrictos de adecuación, así como de implementar medidas de auditoría y retroalimentación periódica.
En pacientes con bacteriemia por Acinetobacter baumannii resistente a carbapenémicos, solo un 28,8% recibió tratamiento empírico adecuado, lo que pone de manifiesto la urgencia de contar con protocolos actualizados y específicos según los patrones locales de resistencia. Asimismo, el incumplimiento de recomendaciones en cuanto a dosis ajustadas al aclaramiento de creatinina ha sido señalado como el único factor independiente asociado a mayor mortalidad en varios estudios.
La implantación de programas de optimización del uso de antimicrobianos (PROA), en combinación con herramientas de apoyo a la decisión clínica y la participación activa del farmacéutico especializado, ha demostrado ser eficaz en mejorar la adecuación terapéutica sin comprometer la seguridad del paciente. Resulta imprescindible que estas estrategias no solo se implementen, sino que sean evaluadas de forma continua en cuanto a su impacto real en los indicadores de calidad y seguridad.
Atendiendo a la evidencia acumulada, urge replantear el abordaje de la antibioterapia empírica en UCI, priorizando el criterio clínico sustentado en datos microbiológicos, y evitando decisiones condicionadas exclusivamente por la presión asistencial o la jerarquía profesional. Solo mediante una prescripción racional y personalizada será posible reducir la morbimortalidad asociada a infecciones en el paciente crítico.
BIBLIOGRAFÍA
- Leone S, Cascella M, Pezone I, Fiore M. New antibiotics for the treatment of serious infections in intensive care unit patients. Curr Med Res Opin. 2019;35(8):1331-4.