Artículo monográfico: nutrición y suplementación en el embarazo

5 diciembre 2024

AUTORES

  1. Raquel Mauri Mur. Graduada en Enfermería. Graduada en Nutrición Humana y Dietética. Hospital Universitario San Jorge (Huesca). España.
  2. Carolina Rodellar Pico. Graduada en Enfermería. Hospital Universitario San Jorge (Huesca). España.
  3. María Luz Pallardo Fernández-Molina. Diplomada en Enfermería. Hospital Universitario San Jorge (Huesca). España.
  4. Nerea Gracia Viñuales. Graduada en Enfermería. Hospital Universitario San Jorge (Huesca). España.
  5. María Cesarea Escartín Lanuza. Graduada en Enfermería. Hospital Universitario San Jorge (Huesca). España.
  6. Lorena Saba Huerva. Diplomada en Enfermería. Hospital Universitario Materno Infantil Miguel Servet (Zaragoza). España.

 

RESUMEN

Una alimentación saludable es importante en cualquier etapa de la vida, pero es esencial durante el embarazo. El embarazo es un período de cambios fisiológicos rápidos y profundos desde el momento de la concepción hasta el nacimiento. Los requerimientos nutricionales maternos están aumentados y tanto las deficiencias como los excesos nutricionales pueden repercutir en los resultados del embarazo y condicionar la salud materno-fetal. El estado nutricional de la madre previo a la concepción puede condicionar la embriogénesis y salud del descendiente. Estados deficitarios en micronutrientes están relacionados con preeclampsia, retraso del crecimiento intrauterino, aborto y anomalías congénitas.

Entre los micronutrientes críticos para el normal desarrollo placentario y fetal se encuentran el ácido fólico, iodo, hierro, calcio, vitaminas B6, C, A, D y E.

PALABRAS CLAVE

Suplementos, gestación, micronutrientes, nutrición.

ABSTRACT

Healthy eating is important at any stage of life, but it is essential during pregnancy. Pregnancy is a period of rapid and profound physiological changes from the time of conception to birth. Maternal nutritional requirements are increased and both nutritional deficiencies and excesses can impact pregnancy outcomes and condition maternal-fetal health. The nutritional status of the mother prior to conception can condition the embryogenesis and health of the offspring. Micronutrient deficiencies are related to preeclampsia, intrauterine growth retardation, miscarriage and congenital anomalies.

Among the critical micronutrients for normal placental and fetal development are folic acid, iodine, iron, calcium, vitamins B6, C, A, D and E.

KEY WORDS

Dietary supplements, pregnancy, micronutrients, nutrition.

DESARROLLO DEL TEMA

La alimentación de la madre durante el embarazo es uno de los principales determinantes externos de la salud materno-fetal. Las necesidades energéticas y, en mayor proporción, la de muchos micronutrientes están aumentadas1. Los requerimientos nutricionales maternos están aumentados y tanto las deficiencias como los excesos nutricionales pueden repercutir en los resultados del embarazo y en la calidad de la leche y condicionar la salud maternofetal2.

Un aporte adecuado de micronutrientes es esencial para lograr resultados perinatales óptimos y promover un metabolismo adecuado para apoyar el crecimiento de tejido y las funciones del feto en desarrollo3. Una alimentación deficiente en micronutrientes está relacionada con preeclampsia, partos prematuros, crecimiento intrauterino retardado, bajo peso al nacer y malformaciones congénitas1.

El estado nutricional de la madre previo a la concepción puede condicionar la embriogénesis y salud del descendiente. Existe una asociación entre la deficiencia de vitaminas B9, B12, B6, A, D, yodo, hierro, zinc y selenio con una disminución de fertilidad. La deficiencia de folato tanto en etapas previas a la concepción como durante las diez primeras semanas del embarazo está relacionada con malformaciones cardiacas y defectos del tubo neural. Debemos recordar que las malformaciones se producen durante los primeros 28 días de gestación, cuando la mujer puede desconocer que está embarazada2.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia resaltan la importancia de brindar atención temprana a todas las mujeres embarazadas con un enfoque en nutrición, salud y estilo de vida. Dichas asociaciones reconocen que existen barreras potenciales para el cambio en la alimentación, por lo que la atención prenatal debe incluir educación, así como el reconocimiento de necesidades emocionales, psicológicas y sociales, en especial de grupos vulnerables, por medio de estrategias centradas en la persona que promuevan el cambio de conductas para lograr una maternidad positiva3.

Durante el embarazo, la dieta materna debe proporcionar un suministro adecuado de energía para satisfacer los requerimientos habituales de la madre, así como los del feto en crecimiento. Se requiere energía adicional para la síntesis de tejido nuevo (feto, placenta y líquido amniótico) y el crecimiento del tejido existente (útero, mama y tejido adiposo materno). Los requerimientos de energía durante el primer trimestre generalmente no difieren de los de las mujeres no embarazadas, pero aumentan entre las 10 y 30 semanas de gestación cuando el crecimiento del tejido materno y fetal es mayor. Sin embargo, las necesidades energéticas de cada mujer varían ampliamente durante el embarazo, dependiendo de sus niveles de actividad física, el índice de masa corporal previo al embarazo y la tasa metabólica, por lo tanto, las recomendaciones para la ingesta de energía deben adaptarse en consecuencia4.

Entre los micronutrientes críticos para el normal desarrollo placentario y fetal se encuentran el ácido fólico, iodo, hierro, calcio, vitaminas B6, C, A, D y E1.

ÁCIDO FÓLICO O VITAMINA B9:

Su deficiencia durante el desarrollo embrionario se ha relacionado con defectos del tubo neural, labio leporino, cardiopatía congénita, abortos espontáneos y niveles elevados de homocisteína, pudiendo ser la causa de efectos teratogénicos, aborto espontáneo, desprendimiento prematuro de placenta y preeclampsia. La suplementación con ácido fólico durante la preconcepción y el embarazo temprano es fundamental y puede prevenir entre el 40 y el 80 % de los defectos del tubo neural, como la espina bífida. Debido a que el tubo neural se desarrolla en las primeras cuatro semanas de embarazo, los efectos protectores de los suplementos de ácido fólico disminuyen una vez establecido el embarazo1,4.

El folato es una vitamina B soluble en agua presente en vegetales de hojas verdes, extracto de levadura y frutas cítricas como las naranjas. Algunos panes y cereales para el desayuno están fortificados con ácido fólico, la forma sintética y más estable del folato. Además de consumir una dieta rica en folato, se recomienda una ingesta de 400 μg/día de ácido fólico a partir de alimentos fortificados, suplementos o ambos (600 μg/día) para todas las mujeres en edad reproductiva desde al menos un mes antes de la concepción hasta al menos 12 semanas de gestación. Se recomiendan dosis más altas (4  5 mg/día) para mujeres con alto riesgo (antecedentes de defectos del tubo neural, diabetes y uso de medicamentos anticonvulsivos), mientras que se pueden utilizar dosis intermitentes (5 mg/semana) para mujeres con bajo cumplimiento de la medicación, efectos secundarios o malos hábitos de vida, incluyendo dietas inadecuadas, tabaquismo o consumo de alcohol4.

IODO:

El iodo es indispensable en la síntesis de hormonas tiroideas, necesarias para el correcto desarrollo cerebral y mental, así como en la maduración ósea, pulmonar y cardiaca a lo largo de la vida fetal y neonatal. El feto depende del suministro de hormonas tiroideas maternas, siendo la etapa más crítica del desarrollo cerebral las primeras 10-12 semanas. Las necesidades de la madre gestante están aumentadas y su deficiencia se ha relacionado con abortos espontáneos, mortalidad perinatal, anomalías congénitas, crecimiento intrauterino retardado, cretinismo, sordomudez, estrabismo y alteraciones en el desarrollo cerebral y neurológico fetal y neonatal, siendo irreversible desde el nacimiento1,5.

Estudios recientes, realizados en zonas iodo-suficientes o con deficiencia leve, muestran un mayor riesgo de disfunción tiroidea materna en aquellas embarazadas suplementadas con iodo y de hipotiroidismo congénito en recién nacidos, hijos de madres que habían tenido una ingesta de iodo excesiva durante la gestación. Por lo que las recomendaciones sugieren la suplementación durante la gestación con ioduro potásico (200 μg/día) en aquellas mujeres que no alcanzan las cantidades diarias recomendadas1.

HIERRO:

El hierro es un nutriente vital y un cofactor para la síntesis de hemoglobina y mioglobina, así como para varias funciones celulares, incluyendo el transporte de oxígeno, la respiración, el crecimiento, la regulación genética y el funcionamiento adecuado de las enzimas dependientes del hierro4. Un estado de hierro alterado durante el embarazo puede resultar en anemia, fatiga, parto pretérmino, bajo peso al nacer y un aumento en la mortalidad perinatal. La principal causa de anemia en el embarazo es la deficiencia de hierro. En poblaciones de bajo riesgo, no se requiere iniciar una suplementación de hierro antes del embarazo dado que están ampliamente demostrados los efectos beneficiosos de la suplementación en madres gestantes con anemia ferropénica; sin embargo, existe un aumento del riesgo materno-fetal al suplementar a gestantes no anémicas1,3.

Si una mujer es diagnosticada con anemia en el embarazo (< 110 g/l), se debe suplementar diariamente con 120 mg/d de hierro elemental hasta que se normalicen las concentraciones de hemoglobina. Después deberá continuar con el esquema de suplementación de menor dosis, diario o intermitente3.

Se sugiere no ofrecer de forma rutinaria la suplementación con hierro en mujeres gestantes. Durante el embarazo se debe promover un adecuado consumo de alimentos con alto contenido de hierro y alimentos que mejoren su absorción. Concluyendo, tanto la deficiencia como el exceso tienen efectos negativos en el resultado del embarazo1,3,6.

CALCIO:

Las necesidades de calcio están aumentadas durante el embarazo. Su deficiencia se ha asociado con prematuridad, bajo peso al nacer, mineralización ósea deficiente y preeclampsia. La administración de suplementos de calcio (≥ 1 g/día) se asocia con una reducción del riesgo de preeclampsia casi a la mitad, en particular en madres con ingestas bajas, pudiendo ayudar a prevenir el parto prematuro1.

La evidencia reciente sugiere que las mujeres con baja ingesta de calcio también tienen un mayor riesgo de desarrollar trastornos hipertensivos del embarazo4.

Teniendo en cuenta que su absorción está aumentada hasta un 40% en gestación, no se recomienda su suplementación en madres con ingestas adecuadas (3 lácteos/día), debiéndose reservar a gestantes con ingestas < 600 mg/día, adolescentes y aquellas con alto riesgo de preeclampsia. La dosis recomendada por la OMS es de 1,5-2 g/día desde la semana 20 hasta el final de la gestación1.

PIRIDOXINA O VITAMINA B6:

La piridoxina interviene en el metabolismo de macronutrientes y síntesis de mielina y neurotransmisores. Las necesidades de vitamina B6 están aumentadas durante el embarazo, siendo la dosis máxima 100 mg/día. Su suplementación puede ser útil para reducir náuseas, preeclampsia, obtener mayores pesos y puntuaciones de Apgar en el recién nacido y proteger contra las caries dentales y ciertas malformaciones congénitas. Actualmente no existe suficiente evidencia para establecer su administración regular mediante suplementos1,2.

VITAMINA C:

La vitamina C interviene en la metilación del ADN y presenta acción antioxidante. También participa en la síntesis de colágeno, un componente principal del tejido conectivo y tiene un papel importante en la movilización de hierro de las reservas y en la mejora de la absorción del hierro de la dieta, por lo que puede ayudar a prevenir la anemia megaloblástica y la anemia ferropénica. Las necesidades de vitamina C están aumentadas hasta 80 mg/día durante la segunda mitad del embarazo. Niveles séricos deficitarios se han relacionado con preeclampsia, parto prematuro, crecimiento intrauterino retardado, mayor riesgo de infecciones y anemia materna1,2,4.

VITAMINA A:

Las funciones fisiológicas de la vitamina A incluyen la visión, el crecimiento, el metabolismo óseo, la función inmunológica y la transcripción genética, así como las actividades antioxidantes. Se necesita algo de vitamina A adicional durante el embarazo para apoyar el crecimiento y el mantenimiento de los tejidos en el feto y para proporcionar reservas fetales y ayudar en el metabolismo materno. Las mujeres embarazadas tienen un requerimiento basal de 370 µg/día y se recomienda una ingesta diaria de 770 µg/día, que se cree que es suministrada por las reservas hepáticas maternas en mujeres sin deficiencia4.

La deficiencia de esta vitamina está relacionada con parto prematuro, retraso del crecimiento intrauterino y xeroftalmia, siendo la principal causa de ceguera prevenible en el mundo. Debido a su potencial efecto teratogénico, se recomienda no suplementar, excepto a madres con niveles deficitarios2.

VITAMINA D:

La vitamina D es una vitamina liposoluble y hormona que puede ser sintetizada en la piel y normalmente se relaciona con la salud ósea. Sin embargo, la vitamina D regula diversas funciones corporales, y tiene un rol inmunológico y antiinflamatorio importante. En mujeres embarazadas con concentraciones bajas de vitamina D se ha observado un mayor riesgo de desarrollar diabetes mellitus gestacional, preeclampsia, prematurez, de tener un recién nacido pequeño para la edad gestacional, entre otras complicaciones. Las concentraciones sanguíneas de esta vitamina pueden verse afectadas por numerosos factores, como la estación del año, exposición solar, consumo dietético de vitamina D y, en algunas poblaciones, por la presencia de obesidad3,7.

La deficiencia de vitamina D es un problema mundial de salud pública y es la deficiencia nutricional menos diagnosticada y tratada en el mundo. Dado que la vitamina D puede ser tóxica para la madre y el feto, no está recomendada su suplementación excepto en gestantes con baja exposición solar o con hipoparatiroidismo1,3.

VITAMINA E:

Su déficit se ha asociado con un crecimiento intrauterino retardado, rotura prematura de membranas y preeclampsia. En recién nacidos prematuros se ha relacionado con displasia broncopulmonar, hemorragia intraventricular, leucomalacia periventricular, retinopatía y enterocolitis necrotizante. Actualmente no hay suficiente información para evaluar los posibles beneficios o efectos perjudiciales de su suplementación en embarazo1,8,9.

 

BIBLIOGRAFÍA

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