AUTORES
- Amaia Lacalle Martínez. Hospital Universitario de Navarra. España.
- Sara Chocarro Arróniz. Hospital Universitario de Navarra. España.
- Saioa García Gorría. Hospital Universitario de Navarra. España.
Introducción: La etapa menopáusica se asocia a cambios hormonales que pueden favorecer la pérdida de masa muscular, fuerza, densidad mineral ósea, funcionalidad y calidad de vida. La creatina es un compuesto relacionado con el metabolismo energético muscular y cerebral, utilizado habitualmente como suplemento ergogénico. En mujeres en perimenopausia y posmenopausia, su uso ha despertado interés por sus posibles beneficios sobre la fuerza, la composición corporal, la salud ósea y la función cognitiva.
Objetivo: Analizar la evidencia científica disponible sobre los beneficios de la toma de creatina en mujeres en etapa menopáusica.
Metodología: Se realizó una revisión bibliográfica descriptiva. Se incluyeron artículos publicados entre 2015 y 2026, en castellano o inglés, relacionados con creatina, menopausia, posmenopausia, entrenamiento de fuerza, masa muscular, salud ósea, cognición y seguridad.
Resultados: La evidencia revisada sugiere que la creatina puede mejorar la fuerza muscular y algunos parámetros de masa magra, especialmente cuando se combina con entrenamiento de fuerza. Los efectos sobre la densidad mineral ósea son menos consistentes, aunque algunos estudios muestran posibles beneficios sobre propiedades geométricas óseas. La evidencia sobre cognición, sueño y síntomas menopáusicos es prometedora, pero todavía limitada.
Discusión-conclusiones: La creatina puede ser una herramienta complementaria en mujeres menopáusicas, principalmente asociada al entrenamiento de fuerza. Su indicación debe individualizarse y acompañarse de educación sanitaria, valoración clínica y seguimiento enfermero.
PALABRAS CLAVE
Creatina, menopausia, posmenopausia, mujeres, entrenamiento de fuerza, cuidados de enfermería.
Introduction: The menopausal stage is associated with hormonal changes that may promote loss of muscle mass, strength, bone mineral density, functionality, and quality of life. Creatine is a compound related to muscular and brain energy metabolism, commonly used as an ergogenic supplement. In peri- and postmenopausal women, its use has gained interest due to its potential benefits on strength, body composition, bone health, and cognitive function.
Objective: To analyze the scientific evidence available on the benefits of creatine intake in menopausal women.
Methodology: A narrative bibliographic review. Articles published between 2015 and 2026, written in Spanish or English, and related to creatine, menopause, postmenopause, resistance training, muscle mass, bone health, cognition, and safety were included.
Results: The reviewed evidence suggests that creatine may improve muscle strength and some lean mass parameters, especially when combined with resistance training. Effects on bone mineral density are less consistent, although some studies show possible benefits on bone geometric properties. Evidence regarding cognition, sleep, and menopausal symptoms is promising but still limited.
Discussion-conclusions: Creatine may be a complementary tool in menopausal women, mainly when associated with resistance training. Its indication should be individualized and accompanied by health education, clinical assessment, and nursing follow-up.
KEY WORDS
Creatine, menopause, postmenopause, women, resistance training, nursing care.
La menopausia es una etapa fisiológica caracterizada por el cese permanente de la menstruación, habitualmente asociada a una disminución progresiva de los niveles de estrógenos. Este cambio hormonal puede acompañarse de alteraciones en la composición corporal, aumento de masa grasa, pérdida de masa muscular, disminución de la fuerza, reducción de la densidad mineral ósea, peor recuperación física, alteraciones del sueño y cambios en el estado de ánimo o la función cognitiva¹.
La posmenopausia constituye el periodo posterior a la menopausia y representa una etapa especialmente relevante desde el punto de vista preventivo, ya que se incrementa el riesgo de sarcopenia, fragilidad, osteoporosis y pérdida de independencia funcional1,2. En este contexto, las intervenciones relacionadas con ejercicio, nutrición y hábitos saludables adquieren especial importancia.
La creatina es un compuesto presente de forma natural en el organismo y en alimentos como carne y pescado. En el músculo, participa en el sistema de fosfocreatina, contribuyendo a la resíntesis rápida de ATP durante esfuerzos de alta intensidad. Además de su papel en el rendimiento físico, se ha investigado su posible efecto sobre músculo, hueso, cerebro, envejecimiento y salud de la mujer2,3.
Durante años, la creatina se ha asociado principalmente al deporte y al aumento de fuerza en población joven. Sin embargo, en los últimos años ha aumentado el interés por su uso en mujeres, especialmente durante la perimenopausia y posmenopausia. Esto se debe a que los cambios hormonales propios de esta etapa pueden afectar al metabolismo energético, a la masa muscular y a la función neuromuscular1,2.
La evidencia actual sugiere que la creatina podría ser especialmente útil cuando se combina con entrenamiento de fuerza. Este tipo de entrenamiento es una intervención fundamental para conservar masa muscular, fuerza, funcionalidad y salud ósea en mujeres menopáusicas3,4. La creatina, en este contexto, actuaría como un complemento que podría potenciar algunas adaptaciones al ejercicio.
Desde el ámbito de enfermería, resulta relevante conocer la evidencia disponible sobre el uso de creatina en mujeres menopáusicas, ya que muchas pacientes consultan sobre suplementos, pérdida de fuerza, fatiga, aumento de peso, salud ósea y prevención del deterioro funcional. La educación sanitaria debe basarse en información rigurosa, evitando tanto la promoción acrítica como el rechazo injustificado.
Analizar la evidencia científica disponible sobre los beneficios de la toma de creatina en mujeres en etapa menopáusica.
Describir los efectos de la creatina sobre la fuerza muscular y la masa magra en mujeres perimenopáusicas y posmenopáusicas.
Valorar la relación entre creatina, entrenamiento de fuerza y salud ósea en mujeres menopáusicas.
Identificar la evidencia disponible sobre creatina, función cognitiva, sueño y calidad de vida durante la etapa menopáusica.
Describir las principales consideraciones de seguridad y el papel de enfermería en la educación y seguimiento de mujeres que utilizan creatina.
Se realizó una revisión bibliográfica narrativa mediante búsqueda en las bases de datos PubMed y SciELO durante el mes de mayo de 2026. La búsqueda se centró en artículos relacionados con suplementación con creatina en mujeres en etapa menopáusica, perimenopáusica o posmenopáusica.
Para la búsqueda se emplearon términos incluidos en los Descriptores en Ciencias de la Salud y Medical Subject Headings: “Creatine”, “Menopause”, “Postmenopause”, “Women”, “Resistance Training” y “Nursing Care”. También se utilizaron términos complementarios como “perimenopause”, “creatine supplementation”, “muscle strength”, “lean mass”, “bone mineral density”, “cognition”, “sleep” y “quality of life”.
Se incluyeron artículos redactados en castellano o inglés, publicados entre 2015 y 2026, disponibles en PubMed y SciELO.
Se incluyeron artículos que analizaron variables como fuerza muscular, masa magra, composición corporal, salud ósea, densidad mineral ósea, función cognitiva, sueño, calidad de vida o seguridad renal.
Se excluyeron artículos publicados antes de 2015, que no estuvieran escritos en castellano o inglés.
Se excluyeron estudios centrados exclusivamente en hombres, deportistas jóvenes o población pediátrica sin resultados aplicables a mujeres menopáusicas.
La evidencia revisada muestra que la creatina puede tener beneficios en mujeres a lo largo del ciclo vital, aunque la investigación específica en mujeres menopáusicas todavía es menor que en hombres o deportistas jóvenes1,2. Las revisiones recientes señalan que la etapa posmenopáusica podría ser un momento especialmente relevante para estudiar la suplementación con creatina debido a los cambios hormonales, musculares y óseos asociados al envejecimiento femenino1,2.
En relación con la fuerza muscular, la evidencia es favorable. Una revisión sistemática y metaanálisis sobre mujeres mayores concluyó que la suplementación con creatina combinada con entrenamiento de fuerza puede mejorar la fuerza muscular, especialmente cuando los programas de entrenamiento tienen una duración igual o superior a 24 semanas³. Este hallazgo es importante porque la pérdida de fuerza durante la menopausia y posmenopausia se relaciona con mayor riesgo de caídas, dependencia y pérdida de calidad de vida.
Los estudios en mujeres posmenopáusicas también sugieren que la creatina puede mejorar determinadas adaptaciones al entrenamiento de fuerza. Chilibeck et al. observaron que 12 meses de creatina combinada con entrenamiento de fuerza preservaron la densidad mineral ósea del cuello femoral y aumentaron la anchura superióstica de la diáfisis femoral, un parámetro relacionado con la resistencia ósea⁴.
Sin embargo, los resultados sobre salud ósea no son completamente consistentes. En un ensayo clínico aleatorizado de dos años en mujeres posmenopáusicas, la suplementación con creatina combinada con ejercicio no produjo mejoras significativas en la densidad mineral ósea, aunque sí se observaron efectos favorables en algunas propiedades geométricas del hueso proximal del fémur⁵. Esto sugiere que la creatina no debe considerarse un tratamiento directo para la osteoporosis, sino un posible complemento dentro de un programa global de ejercicio, nutrición y prevención.
Otros análisis han señalado que la creatina durante el entrenamiento de fuerza no siempre produce aumentos significativos de densidad mineral ósea en adultos mayores⁶. Por tanto, el posible beneficio óseo parece menos sólido que el beneficio sobre la fuerza muscular. Aun así, la mejora de la fuerza, la potencia y la funcionalidad puede contribuir indirectamente a reducir el riesgo de caídas y favorecer la salud musculoesquelética.
En cuanto a composición corporal, las revisiones indican que la creatina puede favorecer incrementos de masa magra cuando se combina con entrenamiento de fuerza³. Este efecto puede ser especialmente relevante en mujeres menopáusicas, ya que esta etapa se asocia con pérdida progresiva de masa muscular y cambios en la distribución de grasa corporal1,2.
La evidencia emergente también ha explorado posibles efectos sobre la función cognitiva, estado de ánimo y sueño. Smith-Ryan et al. señalan que la creatina podría favorecer un entorno bioenergético cerebral más eficiente, aunque la evidencia clínica específica en mujeres menopáusicas todavía es limitada1,2. Un ensayo reciente en mujeres perimenopáusicas y menopáusicas evaluó formulaciones de creatina durante ocho semanas y observó mejoras en algunos parámetros cognitivos, clínicos y de creatina cerebral, aunque se necesitan estudios más amplios para confirmar estos resultados⁷.
En cuanto a seguridad, la creatina monohidrato es uno de los suplementos más estudiados. La posición de la International Society of Sports Nutrition indica que la suplementación con creatina es segura y eficaz dentro de las dosis utilizadas en la literatura científica en personas sanas⁸. Además, una revisión publicada en SciELO señala que el uso de creatina en sujetos sanos durante periodos prolongados no ha mostrado evidencia de producir daño renal crónico, aunque recomienda evitar su uso en pacientes con enfermedad renal crónica o tratamiento con fármacos potencialmente nefrotóxicos⁹.
De forma global, los resultados indican que el mayor beneficio de la creatina en mujeres menopáusicas se observa cuando se combina con entrenamiento de fuerza. La suplementación aislada, sin ejercicio ni hábitos adecuados, presenta beneficios menos claros. La creatina no sustituye al entrenamiento, a una alimentación suficiente en proteínas, a la vitamina D o al abordaje médico de la osteoporosis, sino que puede actuar como complemento en mujeres seleccionadas.
La evidencia disponible sugiere que la creatina puede ser una herramienta útil en mujeres en etapa menopáusica, principalmente por sus efectos sobre la fuerza muscular, la masa magra y la funcionalidad. Estos beneficios resultan especialmente relevantes porque la menopausia y la posmenopausia se asocian a pérdida progresiva de masa muscular, reducción de fuerza y mayor riesgo de fragilidad1,3.
El beneficio más consistente aparece cuando la creatina se combina con entrenamiento de fuerza. En este sentido, la creatina no debe presentarse como una solución aislada, sino como un complemento nutricional que puede potenciar algunas adaptaciones al ejercicio. El entrenamiento de fuerza sigue siendo la intervención principal para preservar masa muscular, fuerza, independencia funcional y salud ósea en esta etapa3,4.
En relación con la salud ósea, los resultados son más prudentes. Algunos estudios muestran beneficios sobre determinados parámetros óseos, pero otros no encuentran mejoras significativas en densidad mineral ósea4,5,6. Por ello, no debe afirmarse que la creatina prevenga o trate por sí sola la osteoporosis posmenopáusica. Su posible utilidad ósea podría ser indirecta, al favorecer la fuerza muscular, la capacidad funcional y la adherencia al ejercicio.
La evidencia sobre cognición, sueño y síntomas asociados a la menopausia es prometedora, pero todavía insuficiente. Estudios recientes plantean que la creatina podría mejorar ciertos aspectos del metabolismo energético cerebral, pero se requieren ensayos clínicos con mayor tamaño muestral, duración más prolongada y variables específicas en mujeres perimenopáusicas y posmenopáusicas2,7.
Desde el punto de vista de la seguridad, la creatina parece segura en mujeres sanas cuando se emplean dosis habituales, como 3-5 g diarios de creatina monohidrato. No obstante, se recomienda precaución en mujeres con enfermedad renal, antecedentes de alteración de la función renal, polimedicación o uso de fármacos nefrotóxicos8,9. También es importante explicar que la creatina puede elevar la creatinina sérica sin que necesariamente exista daño renal, lo que puede generar confusión en analíticas⁹.
El papel de enfermería es fundamental en la educación sanitaria. La enfermera puede valorar hábitos de actividad física, ingesta proteica, hidratación, medicación, antecedentes renales, expectativas de la paciente y posibles señales de alarma. También puede ayudar a diferenciar entre evidencia científica y mensajes comerciales exagerados, muy frecuentes en torno a la creatina y la menopausia.
Asimismo, enfermería puede reforzar recomendaciones prácticas: priorizar entrenamiento de fuerza adaptado, mantener una alimentación suficiente, asegurar una correcta hidratación, consultar en caso de enfermedad renal y evitar megadosis o combinaciones de suplementos sin supervisión. En mujeres con osteoporosis, sarcopenia, fragilidad o comorbilidades, la indicación debe integrarse dentro de una valoración multidisciplinar.
CONCLUSIÓN
Como conclusión principal, la creatina puede aportar beneficios en mujeres menopáusicas, especialmente sobre fuerza y masa muscular cuando se combina con entrenamiento de fuerza. Su efecto sobre el hueso, cognición, sueño y síntomas menopáusicos requiere mayor investigación. Su uso debe individualizarse, evitando presentarla como un tratamiento hormonal o como sustituto del ejercicio, la alimentación adecuada o el seguimiento sanitario.
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