Candidiasis vaginal

27 septiembre 2026

 

AUTORES

  1. Marta Fernández Marín. Técnico Superior en Laboratorio de Diagnóstico Clínico. Hospital Nuestra Señora de Gracia, Zaragoza, España.
  2. Javier Sierra Cremallé. Técnico Superior en Laboratorio de Diagnóstico Clínico. FITA – Fundación de Innovación y Transferencia Agroalimentaria de Aragón, Zaragoza, España.
  3. Lucía Romeo Arnal. Técnico Superior en Laboratorio de Diagnóstico Clínico. FITA – Fundación de Innovación y Transferencia Agroalimentaria de Aragón, Zaragoza, España.
  4. Diego Moliner Manada. Técnico Superior en Laboratorio de Diagnóstico Clínico. Facultad de Veterinaria de Zaragoza, Zaragoza, España.
  5. Aroa Calvo Sanjuan. Técnico Superior en Laboratorio de Diagnóstico Clínico. Facultad de Veterinaria de Zaragoza, Zaragoza, España.
  6. Joan Marín Egea. Técnico Superior en Laboratorio de Diagnóstico Clínico. Facultad de Veterinaria de Zaragoza, Zaragoza, España.

RESUMEN

La candidiasis vaginal es una infección frecuente del tracto genital femenino causada principalmente por especies del género Candida, especialmente Candida albicans. La presencia de Candida en la vagina no implica necesariamente enfermedad, ya que puede formar parte de la microbiota habitual de mujeres sanas. La aparición de síntomas depende de la interacción entre el microorganismo, la microbiota vaginal y diferentes factores del huésped1,3.

Entre los factores que favorecen su aparición se encuentran el embarazo, los niveles elevados de estrógenos, el uso reciente de antibióticos, la diabetes mal controlada, la inmunosupresión y determinados tratamientos farmacológicos1,3,4. Las manifestaciones más habituales son el prurito, el eritema vulvar, la sensación de ardor y la presencia de flujo vaginal blanquecino, aunque estos signos no son exclusivos de esta infección3,4.

El diagnóstico debe apoyarse en la valoración clínica y, cuando sea necesario, en técnicas de laboratorio como la microscopía y el cultivo, especialmente en casos recurrentes, complicados o con sospecha de especies no albicans1,3. El tratamiento se basa principalmente en antifúngicos, con especial importancia de los azoles, aunque la elección debe adaptarse a las características de la infección y a la especie identificada1,3,4.

PALABRAS CLAVE

Candidiasis vulvovaginal, candida albicans, antifúngicos, diagnóstico de laboratorio.

ABSTRACT

Vaginal candidiasis is a common infection of the female genital tract mainly caused by Candida species, particularly Candida albicans. The presence of Candida in the vagina does not necessarily indicate disease, since it may be part of the normal microbiota of healthy women. Symptoms develop through the interaction between the microorganism, the vaginal microbiota and different host-related factors1,3.

Predisposing factors include pregnancy, increased estrogen levels, recent antibiotic use, poorly controlled diabetes, immunosuppression and certain pharmacological treatments1,3,4. Common manifestations include itching, vulvar erythema, burning and whitish vaginal discharge, although these findings are not specific to candidiasis3,4.

Diagnosis should combine clinical assessment with laboratory methods such as microscopy and culture, particularly in recurrent or complicated cases and when non-albicans species are suspected1,3. Treatment is mainly based on antifungal agents, especially azoles, although management should be adapted to the characteristics of the infection and the species identified1,3,4.

KEY WORDS

Vulvovaginal candidiasis, candida albicans, antifungal agents, laboratory diagnosis.

INTRODUCCIÓN

La candidiasis vaginal o candidiasis vulvovaginal es una infección del tracto reproductivo femenino inferior que afecta principalmente a la vulva y la vagina3. Es una de las causas más frecuentes de vaginitis y constituye un motivo habitual de consulta ginecológica, especialmente entre mujeres en edad reproductiva1,3.

Candida albicans es la especie implicada con mayor frecuencia, aunque también pueden producir infección otras especies como Candida glabrata, Candida tropicalis, Candida krusei y Candida parapsilosis1,3. La distribución de estas especies puede variar según la población estudiada y las características de cada paciente1.

Las especies de Candida pueden encontrarse como microorganismos comensales de la mucosa vaginal sin producir manifestaciones clínicas1,3. La transición desde la colonización hasta la infección sintomática depende de un equilibrio complejo entre el microorganismo, la microbiota vaginal y los mecanismos defensivos del huésped1,3.

Por su elevada frecuencia y por la posibilidad de recurrencias, resulta importante realizar un diagnóstico adecuado que permita diferenciar la candidiasis de otras causas de vulvovaginitis y evitar tratamientos innecesarios o ineficaces1,3. El laboratorio clínico participa especialmente en la confirmación etiológica mediante técnicas microscópicas y microbiológicas1.

METODOLOGÍA

Se realizó una revisión bibliográfica narrativa utilizando publicaciones científicas relacionadas con la candidiasis vaginal y vulvovaginal. Se seleccionaron artículos publicados entre 2002 y 2024 en español, centrados en aspectos epidemiológicos, etiológicos, clínicos, diagnósticos y terapéuticos de la infección. Se priorizaron revisiones bibliográficas y estudios originales que aportarán información relevante sobre los factores predisponentes, la identificación de las especies de Candida, la sensibilidad a los antifúngicos y las principales estrategias de diagnóstico y tratamiento.

RESULTADOS

Candida son levaduras capaces de colonizar diferentes superficies del organismo y, en determinadas circunstancias, comportarse como microorganismos patógenos1,5. En la mucosa vaginal pueden permanecer como comensales sin producir síntomas, pero determinados cambios del entorno local o de las condiciones del huésped pueden favorecer su proliferación y la aparición de enfermedad1,3.

Candida albicans constituye la especie predominante en la candidiasis vulvovaginal y representa la mayoría de los aislamientos, aunque las especies no albicans tienen importancia clínica por su asociación con recurrencias y por presentar en algunos casos una menor sensibilidad a determinados antifúngicos1,3.

El embarazo constituye una situación que favorece la colonización y la infección por levaduras, debido en parte a los cambios hormonales y al aumento de estrógenos1,2. También se han relacionado con la aparición de candidiasis factores como el uso reciente de antibióticos, la diabetes mellitus mal controlada, la obesidad, la inmunosupresión y el tratamiento con corticosteroides1,3,4.

Los antibióticos pueden alterar la microbiota vaginal y facilitar la proliferación de Candida en mujeres previamente colonizadas. Asimismo, el incremento de estrógenos puede favorecer un ambiente vaginal que facilite el desarrollo de la levadura. El embarazo y determinadas alteraciones metabólicas también se han relacionado con una mayor frecuencia de infección1,3.

La sintomatología está relacionada principalmente con la inflamación de la mucosa vulvovaginal. Los signos y síntomas más habituales incluyen prurito, sensación de ardor, eritema, edema y secreción vaginal blanquecina, que puede ser espesa y adherente a las paredes vaginales3,4. También pueden aparecer molestias durante la micción o las relaciones sexuales3.

Estas manifestaciones no son específicas de la candidiasis, por lo que el diagnóstico basado únicamente en los síntomas puede conducir a errores. El diagnóstico diferencial incluye principalmente la vaginosis bacteriana y la tricomoniasis, que presentan características clínicas y microbiológicas diferentes3.

La valoración de laboratorio puede incluir el examen microscópico directo de las secreciones vaginales para identificar levaduras, blastoconidios, pseudohifas o hifas. El cultivo permite recuperar e identificar Candida y resulta especialmente útil cuando existen recurrencias, fracaso terapéutico o sospecha de especies no albicans1,3.

El estudio microbiológico también permite determinar la especie implicada y, cuando está indicado, valorar su sensibilidad frente a los antifúngicos1,2.

La identificación de la especie adquiere especial importancia en las infecciones recurrentes o persistentes, ya que las especies no albicans pueden presentar características de sensibilidad diferentes a C. albicans1,2. La utilización repetida o inadecuada de antifúngicos puede favorecer la selección de cepas con menor sensibilidad1,3.

El tratamiento depende de si la infección es no complicada o complicada y de las características individuales de la paciente1,3. Los antifúngicos azólicos constituyen una de las principales opciones terapéuticas, tanto en formulaciones tópicas como sistémicas, y el fluconazol es uno de los fármacos utilizados con mayor frecuencia en determinados casos3,4.

En las infecciones recurrentes o complicadas puede ser necesario utilizar pautas más prolongadas y establecer estrategias de mantenimiento para disminuir las recaídas3,4. En las mujeres embarazadas se debe prestar especial atención a la elección del tratamiento y priorizar las opciones locales recomendadas, evitando determinadas pautas sistémicas por sus posibles riesgos1.

La candidiasis oral, aunque corresponde a una localización diferente, comparte con la candidiasis vaginal la capacidad de Candida para comportarse como microorganismo comensal y convertirse en patógeno cuando concurren factores predisponentes5.

DISCUSIÓN

La candidiasis vulvovaginal debe entenderse como el resultado de una alteración del equilibrio entre Candida, la microbiota vaginal y los mecanismos defensivos del huésped. La presencia del microorganismo por sí sola no permite establecer el diagnóstico, ya que puede existir colonización asintomática1,3.

La elevada frecuencia de C. albicans explica que la mayoría de los casos respondan a los tratamientos antifúngicos habituales, pero el incremento de especies no albicans hace necesario considerar la identificación microbiológica en determinadas situaciones1,2,3. La resistencia observada en algunos aislamientos de C. glabrata refuerza la importancia de identificar la especie cuando existe recurrencia o fracaso terapéutico2.

Otro aspecto relevante es evitar el diagnóstico exclusivamente clínico. El prurito, el flujo vaginal y el eritema pueden aparecer en diferentes tipos de vaginitis, por lo que la utilización de técnicas de laboratorio contribuye a confirmar la etiología y a reducir tratamientos empíricos innecesarios1,3.

Desde el laboratorio clínico, la microscopía y el cultivo continúan siendo herramientas importantes para confirmar la infección y, en determinados casos, identificar la especie causante1,3. La información microbiológica puede orientar además la elección del tratamiento y ayudar a detectar posibles resistencias1,2.

La prevención de las recurrencias requiere identificar y controlar, cuando sea posible, los factores predisponentes y evitar el uso inadecuado o repetido de antifúngicos1,3. La correcta diferenciación entre colonización e infección y el establecimiento de un diagnóstico etiológico adecuado son elementos fundamentales para mejorar el manejo de estas pacientes.

CONCLUSIONES

La candidiasis vaginal es una infección frecuente causada principalmente por Candida albicans, aunque las especies no albicans también presentan relevancia clínica, especialmente en las infecciones recurrentes o complicadas1,3.

La aparición de enfermedad depende de la interacción entre Candida, la microbiota vaginal y diferentes factores del huésped, entre los que destacan el embarazo, el aumento de estrógenos, el uso de antibióticos, la diabetes mal controlada y la inmunosupresión1,3,4.

Las manifestaciones clínicas orientan el diagnóstico, pero no son específicas, por lo que las técnicas de laboratorio como la microscopía y el cultivo permiten confirmar la infección e identificar el agente causal1,3.

El tratamiento se basa principalmente en antifúngicos y debe adaptarse al tipo de infección, las características de la paciente y, cuando sea necesario, a la especie y sensibilidad del microorganismo1,2,3.

La correcta identificación de Candida y el seguimiento de los casos recurrentes o con respuesta inadecuada contribuyen a mejorar el manejo terapéutico y a reducir el riesgo de tratamientos ineficaces y selección de resistencias.

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