- Alejandro Hernández González. Enfermero, Hospital Universitario Materno-Infantil Miguel Servet, Zaragoza. España.
- Laura Ruiz Sánchez. Enfermera, Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza. España.
- Ariadna García Domínguez. Enfermera, Hospital Universitario Materno-Infantil Miguel Servet, Zaragoza. España.
- Daniel Martínez Laborda. Enfermero, Hospital Universitario Royo Villanova, Zaragoza. España.
- Verónica Oviedo Ortega. Enfermera, Hospital Universitario Royo Villanova, Zaragoza. España.
- Selena Pauliuc. Enfermera, Hospital Universitario Materno-Infantil Miguel Servet, Zaragoza. España.
RESUMEN
La celulitis orbitaria infantil es una infección bacteriana aguda de la piel y del tejido subcutáneo que afecta con frecuencia a niñas y niños en edad preescolar y escolar. Es causada principalmente por Streptococcus pyogenes y Staphylococcus aureus. El diagnóstico temprano, el tratamiento antibacteriano adecuado y la intervención del personal de Enfermería son determinantes en la prevención de complicaciones. Este artículo analiza los aspectos clínicos, epidemiológicos y terapéuticos de la celulitis infantil, subrayando la importancia del cuidado de Enfermería en su detección y manejo integral.
PALABRAS CLAVE
Celulitis orbitaria, pediatría, enfermedades cutáneas infecciosas, cuidados de enfermería, streptococcus pyogenes, staphylococcus aureus.
ABSTRACT
Pediatric orbital cellulitis is an acute bacterial infection of the skin and subcutaneous tissue that commonly affects preschool and school-age children. It is mainly caused by Streptococcus pyogenes and Staphylococcus aureus. Early diagnosis, appropriate antibacterial treatment, and the intervention of nursing personnel are crucial in preventing complications. This article analyzes the clinical, epidemiological, and therapeutic aspects of pediatric cellulitis, highlighting the importance of nursing care in its detection and comprehensive management.
KEY WORDS
Orbital cellulitis, pediatrics, skin diseases, infectious, nursing care, streptococcus pyogenes, staphylococcus aureus.
DESARROLLO DEL TEMA
La celulitis orbitaria es una infección bacteriana aguda de rápida progresión que afecta los tejidos posteriores al tabique orbitario. Es más frecuente en niñas y niños entre los 5 y 12 años, aunque puede presentarse a cualquier edad. Se diferencia de la celulitis periorbitaria, que es más superficial y afecta los tejidos anteriores al tabique orbitario, con una evolución clínica generalmente más benigna. La celulitis orbitaria, en cambio, representa una emergencia médica, ya que puede extenderse a estructuras profundas de la órbita e incluso al sistema nervioso central1,2.
La presentación clínica inicial de la celulitis orbitaria suele caracterizarse por signos inflamatorios locales clásicos como eritema (enrojecimiento de los tejidos perioculares), calor local debido al aumento de la perfusión sanguínea, tumefacción palpebral secundaria al edema inflamatorio y dolor a la movilización ocular, que refleja la afectación de estructuras musculares y tejidos blandos orbitarios. A menudo, estos síntomas se acompañan de fiebre y malestar general, reflejo de la respuesta sistémica del organismo a la infección bacteriana. Conforme la enfermedad progresa, pueden manifestarse signos más graves como proptosis, producida por la acumulación de material purulento o edema dentro de la órbita, y oftalmoplejía, consecuencia de la inflamación de los músculos extraoculares o de la afectación de los nervios oculomotores. Esto puede ocasionar diplopía, con deterioro funcional significativo en la visión binocular1-4.
La disminución de la agudeza visual constituye un signo de alarma mayor, ya que puede deberse a compresión del nervio óptico, isquemia secundaria a trombosis de la vena central de la retina o a un aumento sostenido de la presión intraorbitaria. En casos avanzados, la infección puede diseminarse más allá de los límites orbitarios y alcanzar estructuras intracraneales a través de las venas oftálmicas sin válvulas o por continuidad con los senos paranasales. Este fenómeno puede dar lugar a complicaciones graves como abscesos subperiósticos e intracraneales, meningitis bacteriana o trombosis del seno cavernoso, todas entidades con una elevada morbimortalidad. La afectación del sistema nervioso central puede manifestarse clínicamente con cefalea intensa, vómitos, alteración del nivel de conciencia, convulsiones o déficits neurológicos focales, lo cual convierte a la celulitis orbitaria en una urgencia médica que requiere diagnóstico precoz mediante estudios de imagen (TC o RM) y tratamiento antibiótico sistémico inmediato, frecuentemente complementado con abordaje quirúrgico en casos complicados1-4.
Diversos estudios han demostrado que la incidencia de celulitis orbitaria pediátrica varía entre el 6% y el 27% de las infecciones orbitarias en menores, con una prevalencia ligeramente superior en varones. Es más común durante los meses de invierno, en relación con un aumento de las infecciones respiratorias de vías altas, como la rinosinusitis, que suelen actuar como puerta de entrada. Las bacterias más frecuentemente implicadas incluyen Streptococcus pyogenes, Staphylococcus aureus (incluyendo cepas resistentes a meticilina, como el SARM), Streptococcus pneumoniae y Haemophilus influenzae. En la población pediátrica, la delgadez de los huesos orbitarios y la cercanía de los senos paranasales facilitan la diseminación de patógenos hacia el interior de la órbita1.
El diagnóstico se basa en la evaluación clínica acompañada de pruebas de imagen, siendo la tomografía axial computarizada (TAC) con contraste la herramienta diagnóstica de elección para diferenciar entre celulitis periorbitaria y orbitaria, así como para identificar abscesos y otras complicaciones. La resonancia magnética (RM) puede utilizarse en casos donde se sospecha afectación intracraneal. El diagnóstico microbiológico se realiza a través de hemocultivos o cultivo del material purulento si hay absceso accesible1,4,7.
El tratamiento de la celulitis orbitaria constituye una urgencia médica y debe iniciarse de forma precoz con antibioterapia empírica de amplio espectro por vía intravenosa, incluso antes de disponer de los resultados microbiológicos, con el objetivo de cubrir los patógenos más frecuentes, principalmente Staphylococcus aureus (incluyendo cepas resistentes a meticilina, MRSA), estreptococos del grupo A y bacterias anaerobias procedentes de los senos paranasales. La vancomicina se considera el fármaco de elección en áreas con alta prevalencia de MRSA, y suele combinarse con una cefalosporina de tercera generación (como ceftriaxona o cefotaxima) o, alternativamente, con clindamicina, debido a su eficacia frente a anaerobios y a su adecuada penetración en tejidos blandos. En pacientes con alergia a betalactámicos o con sospecha de infecciones polimicrobianas graves, puede considerarse el uso de carbapenémicos (meropenem o imipenem) o una combinación de linezolid y metronidazol. Una vez que se dispone del aislamiento microbiológico y del antibiograma, el esquema terapéutico debe ajustarse de manera dirigida, minimizando la exposición innecesaria a antibióticos de amplio espectro y reduciendo el riesgo de resistencia bacteriana. La duración del tratamiento intravenoso suele oscilar entre 10 y 14 días, aunque puede prolongarse en casos complicados o con afectación intracraneal. Posteriormente, si la evolución clínica es favorable, puede completarse el curso con antibióticos orales1,3,5,6.
El drenaje quirúrgico está indicado en situaciones específicas, como la presencia de abscesos subperiósticos de gran tamaño, abscesos orbitarios, falta de mejoría clínica tras 24–48 horas de tratamiento médico óptimo, deterioro progresivo de la visión o sospecha de complicaciones intracraneales. El procedimiento puede realizarse mediante abordaje endoscópico nasosinusal o a través de orbitotomía externa, dependiendo de la localización y extensión de la colección purulenta. Además del manejo antibiótico y quirúrgico, se emplean medidas sintomáticas como antipiréticos y analgésicos para el control de la fiebre y el dolor, así como antiinflamatorios no esteroideos. El uso de corticosteroides sistémicos es controvertido, pero en algunos casos seleccionados se administran bajo estricta supervisión médica, con el fin de reducir el edema inflamatorio orbitario, disminuir la compresión sobre el nervio óptico y prevenir secuelas visuales permanentes. Sin embargo, su empleo nunca debe retrasar ni sustituir la antibioticoterapia adecuada. La monitorización hospitalaria estrecha es esencial, ya que la evolución clínica puede ser rápida y la aparición de complicaciones supone un riesgo vital y funcional considerable1,3,5,6.
El personal de Enfermería desempeña un papel fundamental en todas las fases del proceso. En el contexto hospitalario, se encarga del control de signos vitales, la administración y vigilancia de los tratamientos prescritos, la observación continua ante signos de complicación y el manejo del dolor. En el ámbito ambulatorio, su labor se centra en la continuidad de cuidados, el seguimiento clínico y la educación sanitaria a madres, padres y personas cuidadoras sobre el reconocimiento temprano de síntomas, la importancia de la adherencia terapéutica y las medidas preventivas para evitar nuevas infecciones. La educación sobre higiene personal, cuidado de heridas, y la identificación de signos de alarma es esencial para prevenir recidivas. Asimismo, la vigilancia epidemiológica es importante en contextos de brotes comunitarios o en presencia de bacterias multirresistentes1.
Aunque la celulitis infantil puede presentar una evolución favorable con tratamiento adecuado, su gravedad potencial justifica la necesidad de una atención rápida, coordinada y multidisciplinar. El enfoque integral del personal de Enfermería, orientado tanto a la atención clínica como a la prevención y educación, resulta clave para mejorar los desenlaces clínicos y reducir el impacto de esta patología en la infancia5.
CONCLUSIONES
La celulitis infantil requiere una atención clínica oportuna, precisa y un enfoque de cuidados centrado en la persona, que contemple tanto los aspectos físicos como emocionales del proceso de salud-enfermedad. La intervención temprana es fundamental para evitar complicaciones graves, como la diseminación sistémica o el compromiso de estructuras profundas, especialmente en casos como la celulitis orbitaria. El personal de Enfermería desempeña un papel crucial no solo en la vigilancia clínica y el seguimiento terapéutico, sino también en la educación sanitaria, lo que permite detectar signos de alarma y prevenir recidivas. Un abordaje integral, coordinado y basado en la evidencia mejora notablemente los resultados en salud y la calidad de vida de las niñas y los niños afectados.
BIBLIOGRAFÍA
- 1. Ruiz Carrillo JD, Vázquez Guerrero E, Mercado Uribe MC. Celulitis orbital complicada por absceso subperiósteo debido a infección por Streptococcus pyogenes. Bol Méd Hosp Infant México Engl Ed. 1 de marzo de 2017,74(2):134-40.
- 2. Hauser A, Fogarasi S. Periorbital and Orbital Cellulitis. Pediatr Rev. 1 de junio de 2010,31(6):242-9.
- 3. Kim BY, Bae JH. Role of systemic corticosteroids in orbital cellulitis: a meta-analysis and literature review. Braz J Otorhinolaryngol. 1 de marzo de 2022,88(2):257-62.
- 4. Santos JC, Pinto S, Ferreira S, Maia C, Alves S, da Silva V. Pediatric preseptal and orbital cellulitis: A 10-year experience. Int J Pediatr Otorhinolaryngol. 1 de mayo de 2019,120:82-8.
- 5. Sciarretta V, Demattè M, Farneti P, Fornaciari M, Corsini I, Piccin O, et al. Management of orbital cellulitis and subperiosteal orbital abscess in pediatric patients: A ten-year review. Int J Pediatr Otorhinolaryngol. 1 de mayo de 2017,96:72-6.
- 6. Wannasuphoprasit Y, Bhutta MF. Management of acute rhinosinusitis in children. Paediatr Respir Rev [Internet]. 22 de abril de 2025 [citado 28 de julio de 2025], Disponible en: https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S152605422500034X
- 7. Wald ER. Periorbital and Orbital Infections. Infect Dis Clin North Am. 1 de junio de 2007,21(2):393-408.