Cirugía cardíaca mínimamente invasiva. Estado del arte y perspectivas

13 agosto 2025

 

AUTORES

  1. Pablo Juan Bermúdez Cervilla. Graduado de Medicina, Granada, España.
  2. Elena Malo Navarro. Servicio de Oftalmología, Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.
  3. Anna Ferrer Preixens. Servicio de Oftalmología, Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.
  4. Laura Latorre Rando. Servicio de Oftalmología, Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.
  5. Blanca Sandoval Ollo. Servicio de Oftalmología, Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.
  6. Javier José Bermúdez Cervilla. Servicio de Oftalmología, Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España; Grupo de Investigación e Innovación Miguel Servet Oftalmología (GIMSO), Zaragoza, España.

 

RESUMEN

La cirugía cardíaca mínimamente invasiva (MICS) representa una transformación en el abordaje quirúrgico del corazón, ofreciendo alternativas con menor agresión fisiológica y recuperación acelerada respecto a la esternotomía convencional. Desde los primeros procedimientos valvulares realizados por toracotomía lateral hasta el desarrollo de plataformas robóticas y entornos híbridos, la MICS ha demostrado beneficios clínicos como menor sangrado, menor respuesta inflamatoria sistémica, preservación de la función multiorgánica y menor estancia hospitalaria. Esta revisión analiza críticamente las bases tecnológicas, fisiopatológicas y organizativas que sustentan la MICS, así como sus indicaciones actuales en cirugía valvular, revascularización coronaria e intervenciones híbridas. Se discuten también las limitaciones técnicas, la necesidad de centros especializados y los retos formativos para su implementación segura. Finalmente, se abordan las perspectivas futuras del campo, con énfasis en la integración de inteligencia artificial, simulación avanzada e innovación robótica. La MICS se consolida, así como una estrategia quirúrgica de alta eficacia, con impacto favorable sobre la calidad de vida y la eficiencia asistencial.

PALABRAS CLAVE

Cirugía cardíaca, cirugía mínimamente invasiva, válvulas cardíacas, revascularización miocárdica, esternotomía, recuperación postoperatoria.

ABSTRACT

Minimally invasive cardiac surgery (MICS) represents a paradigm shift in heart surgery, offering less physiologic trauma and faster recovery compared to conventional sternotomy. From early valvular procedures via lateral thoracotomy to the emergence of robotic platforms and hybrid operating rooms, MICS has shown clinical benefits such as reduced bleeding, attenuated systemic inflammatory response, preserved multiorgan function, and shorter hospital stays. This review critically analyzes the technological, pathophysiological, and organizational foundations of MICS, as well as current indications in valvular surgery, coronary revascularization, and hybrid procedures. Technical limitations, the need for high-volume specialized centers, and training challenges are discussed. Future perspectives include the integration of artificial intelligence, advanced simulation, and robotic innovation. MICS is thus positioned as a high-efficacy surgical strategy with a favorable impact on quality of life and healthcare system efficiency.

KEY WORDS

Cardiac surgery, minimally invasive surgical procedures, heart valves, myocardial revascularization, sternotomy, postoperative recovery.

INTRODUCCIÓN

La cirugía cardíaca ha evolucionado desde procedimientos rudimentarios a cielo abierto hasta sofisticadas intervenciones con soporte extracorpóreo y técnicas percutáneas. Durante gran parte del siglo XX, la esternotomía media fue el acceso estándar, permitiendo una exposición amplia del campo quirúrgico, pero con importantes implicaciones en términos de morbilidad, tiempo de recuperación, y complicaciones infecciosas y osteomusculares. La necesidad de reducir la agresión quirúrgica sin comprometer la seguridad ni la eficacia impulsó el desarrollo progresivo de abordajes menos invasivos, culminando en la cirugía cardíaca mínimamente invasiva (MICS, por sus siglas en inglés)1.

Los primeros intentos de cirugía cardíaca menos agresiva comenzaron a finales de los años 80, inicialmente motivados por la experiencia en cirugía torácica y laparoscópica. La idea de acceder al corazón a través de incisiones pequeñas o toracotomías laterales fue recibida con escepticismo en un entorno donde la seguridad del control directo sobre las estructuras cardíacas era prioritaria. Sin embargo, el desarrollo de instrumental específico, cámaras de alta definición y asistencia extracorpórea periférica permitió que, a mediados de los años 90, algunos grupos pioneros empezaran a reportar resultados exitosos con abordajes alternativos a la esternotomía2.

El punto de inflexión en la cirugía mínimamente invasiva vino de la mano de la cirugía valvular mitral. La válvula mitral, al estar ubicada en el lado izquierdo del corazón y ser accesible desde una toracotomía derecha, se convirtió en el primer objetivo estratégico para técnicas mínimamente invasivas. Procedimientos de reparación mitral asistidos por video (VATS) y, posteriormente, cirugía robótica con el sistema Da Vinci, demostraron tasas de éxito comparables a la cirugía convencional, con una recuperación más rápida y menor impacto estético. Esto incentivó la expansión de las técnicas MICS a otras válvulas y procedimientos3.

Desde el punto de vista cardiológico, este avance coincidió con una transformación en el perfil de los pacientes. La población con enfermedad valvular degenerativa, particularmente con insuficiencia mitral primaria o estenosis aórtica senil, presentaba frecuentemente múltiples comorbilidades que aumentaban el riesgo de complicaciones postoperatorias en procedimientos convencionales. La cirugía mínimamente invasiva ofrecía una solución quirúrgica con menor trauma operatorio, permitiendo intervenciones incluso en pacientes frágiles o con contraindicación relativa para la esternotomía4.

La implantación valvular aórtica transcatéter (TAVI), introducida a principios de los 2000, marcó un segundo hito en el paradigma mínimamente invasivo. Aunque inicialmente concebida como una opción para pacientes inoperables, su éxito clínico y la evidencia acumulada en múltiples ensayos clínicos como PARTNER y SURTAVI impulsaron su adopción progresiva en pacientes de riesgo intermedio e incluso bajo. Desde el punto de vista técnico, la TAVI representó una disrupción: se trataba de una cirugía sin bisturí, sin circulación extracorpórea y con recuperación acelerada, lo que redefinió las expectativas tanto de cardiólogos como de cirujanos5.

El avance tecnológico ha sido un elemento facilitador clave en la cirugía cardíaca mínimamente invasiva. El desarrollo de retractores específicos, sistemas de videovisualización en 3D, brazos robóticos de alta precisión, cánulas de perfusión periférica y dispositivos de asistencia valvular han hecho posibles intervenciones complejas a través de incisiones de apenas 3-5 centímetros. Además, la simulación quirúrgica y la planificación preoperatoria basada en imagen multimodal —incluyendo TAC cardíaco, ecocardiografía tridimensional y resonancia magnética— han mejorado la selección de pacientes y la precisión de los procedimientos6.

Las técnicas mínimamente invasivas se han expandido más allá de la válvula mitral. En la válvula aórtica, el acceso minitoracotómico o hemiesternal permite procedimientos con excelentes resultados y sin necesidad de TAVI, especialmente en pacientes jóvenes o con anatomía desfavorable para implantes percutáneos. En la válvula tricúspide, tradicionalmente subestimada en cuanto a impacto clínico, se han desarrollado técnicas de reparación percutánea como TriClip, y abordajes quirúrgicos minimizados, dada la alta tasa de comorbilidad de estos pacientes. Incluso la revascularización coronaria ha experimentado una transformación, con técnicas como MIDCAB (coronariografía mínimamente invasiva directa) y el bypass robótico híbrido7.

Desde la perspectiva del cardiólogo clínico, el auge de la cirugía mínimamente invasiva ha modificado el algoritmo de derivación y la discusión en los equipos multidisciplinares (Heart Teams). La indicación de cirugía ya no se basa solo en la gravedad de la lesión valvular o coronaria, sino en una valoración integral que contempla riesgo quirúrgico, anatomía, fragilidad, preferencias del paciente y disponibilidad técnica del centro. Esto ha obligado a una mayor colaboración entre cirujanos cardíacos, cardiólogos intervencionistas, anestesiólogos y especialistas en imagen avanzada8.

Un aspecto relevante en el desarrollo de la MICS ha sido la curva de aprendizaje y la centralización de la experiencia. A diferencia de la cirugía convencional, donde el abordaje es reproducible en la mayoría de los centros, la cirugía mínimamente invasiva exige entrenamiento intensivo, volumen de casos elevado y equipamiento específico. Las series con mejores resultados provienen de centros de referencia, lo que ha planteado un debate sobre la equidad en el acceso y la necesidad de redes asistenciales estructuradas para garantizar la calidad y seguridad del paciente9.

En términos de resultados clínicos, múltiples estudios han demostrado que la cirugía cardíaca mínimamente invasiva se asocia a menor sangrado, menor tiempo de ventilación mecánica, menor estancia hospitalaria, recuperación funcional más rápida y mejor resultado estético. Sin embargo, el beneficio en mortalidad y eventos cardiovasculares mayores es menos claro en algunos subgrupos, por lo que la selección de pacientes sigue siendo crítica. En casos de reoperaciones, anatomía hostil o compromiso hemodinámico severo, el abordaje mínimamente invasivo puede no ser la opción óptima10.

Desde el punto de vista fisiopatológico, uno de los aspectos mejor documentados es la menor respuesta inflamatoria sistémica asociada a la MICS. La esternotomía media, la circulación extracorpórea prolongada y el contacto sanguíneo con superficies artificiales inducen una respuesta proinflamatoria que puede precipitar disfunción multiorgánica, especialmente en pacientes mayores. La reducción del trauma quirúrgico ha mostrado correlación con mejores parámetros de función pulmonar, renal y hepática en el postoperatorio inmediato, consolidando la ventaja fisiológica del abordaje menos invasivo11.

A nivel institucional, la cirugía cardíaca mínimamente invasiva ha obligado a redefinir la organización de los servicios. Se han incorporado nuevas figuras como el “perfusionista de acceso periférico”, el técnico en navegación robótica, y se ha reforzado el papel del anestesiólogo especializado en monitorización intraoperatoria avanzada. Además, ha sido necesaria la creación de programas formativos específicos, con simuladores, entrenamiento animal y modelos virtuales, que permitan a los residentes adquirir habilidades técnicas en un entorno seguro y progresivo12.

Finalmente, la perspectiva futura apunta hacia la integración completa de técnicas quirúrgicas y percutáneas en un entorno híbrido. La cirugía sin circulación extracorpórea, las válvulas expandibles por catéter implantadas quirúrgicamente, la resincronización intraoperatoria, y la robótica autónoma son algunas de las líneas de investigación activa. La frontera entre cirugía e intervención tiende a diluirse, dando paso a una cardiología estructural compleja que requiere conocimientos quirúrgicos e intervencionistas avanzados en el mismo operador o equipo. Esta convergencia tecnológica y conceptual define el futuro inmediato de la cirugía cardíaca mínimamente invasiva como un campo dinámico, en expansión y profundamente transformador13.

HIPÓTESIS

En referencia a la hipótesis de la presente revisión sistemática, se espera que el conocimiento actual sobre la cirugía cardíaca mínimamente invasiva refleje un grado de desarrollo avanzado, con resultados clínicos equiparables o superiores a los de la cirugía convencional en términos de seguridad, recuperación funcional y reducción de complicaciones perioperatorias. Asimismo, se prevé que las técnicas mínimamente invasivas estén alineadas con una menor agresión fisiológica, una respuesta inflamatoria atenuada y un mejor perfil de recuperación postoperatoria, especialmente en pacientes con comorbilidades o fragilidad. Finalmente, se anticipa que la implementación progresiva de estas técnicas, junto con la consolidación de equipos multidisciplinares y el desarrollo tecnológico continuo, impacte positivamente en la eficiencia asistencial y en la calidad de vida de los pacientes intervenidos.

OBJETIVOS

Objetivo 1: Analizar de forma crítica la evolución histórica, las bases tecnológicas y las implicaciones fisiopatológicas de la cirugía cardíaca mínimamente invasiva, evaluando su impacto sobre la respuesta inflamatoria sistémica, la función multiorgánica postoperatoria y los tiempos de recuperación en comparación con la cirugía convencional.

Objetivo 2: Delimitar las indicaciones actuales, limitaciones técnicas y resultados clínicos de las principales estrategias mínimamente invasivas en cirugía valvular y coronaria, así como explorar las perspectivas futuras en términos de innovación tecnológica, integración de procedimientos híbridos y reorganización de modelos asistenciales multidisciplinares.

METODOLOGÍA

Para la presente revisión, se emplearon bases de datos científicas reconocidas y especializadas en medicina y cirugía cardiovascular como PubMed, Scopus, Web of Science, Google Scholar, ProQuest, DOAJ, Embase, SpringerLink, Index o Wiley.

Los criterios de inclusión considerados fueron los siguientes:

Tipos de estudio: metaanálisis, revisiones sistemáticas, ensayos clínicos aleatorizados, estudios observacionales prospectivos y retrospectivos, publicados desde el año 2014.

Participantes: pacientes adultos sometidos a procedimientos de cirugía cardíaca mínimamente invasiva, tanto en contextos valvulares como coronarios o combinados.

Resultados: análisis de mortalidad perioperatoria, incidencia de complicaciones mayores (como sangrado, disfunción orgánica, arritmias o necesidad de reintervención), tiempo de recuperación postoperatoria, duración de la hospitalización, y calidad de vida en el seguimiento posterior a la intervención quirúrgica mínimamente invasiva. También se incluyeron estudios sobre ventajas fisiopatológicas, coste-efectividad y adopción de nuevas tecnologías en el contexto de cirugía mínimamente invasiva frente a abordajes convencionales.

Idioma: estudios publicados en español o inglés, o traducidos oficialmente a alguno de estos dos idiomas.

Por otro lado, se aplicaron los siguientes criterios de exclusión:

Estudios no revisados por pares.

Muestras no representativas o centradas exclusivamente en pacientes pediátricos.

Publicaciones que no abordarán comparativas o resultados relacionados con la cirugía cardíaca mínimamente invasiva.

Estudios con resultados irrelevantes para los objetivos del presente capítulo.

Trabajos con fecha de publicación anterior a 2014.

RESULTADOS

La evolución histórica de la cirugía cardíaca mínimamente invasiva refleja una transformación profunda en la concepción quirúrgica del acceso al corazón. Durante gran parte del siglo XX, la esternotomía media fue la vía de entrada incuestionable para la mayoría de las intervenciones cardiovasculares, proporcionando una exposición completa del campo operatorio. Sin embargo, el desarrollo progresivo de tecnologías de visualización, instrumentación específica y soporte extracorpóreo periférico permitió a partir de los años noventa el surgimiento de abordajes menos agresivos. La cirugía mínimamente invasiva, inicialmente aplicada a casos seleccionados de patología mitral, fue ganando progresiva aceptación gracias a resultados clínicos equivalentes y claras ventajas en términos de recuperación y complicaciones operatorias. Esta evolución no fue lineal ni exenta de controversia, pero en los últimos 20 años ha consolidado un nuevo paradigma quirúrgico centrado en la reducción del trauma operatorio sin comprometer la eficacia14.

Las bases tecnológicas que han sustentado esta transición son múltiples y altamente especializadas. El desarrollo de retractores torácicos de bajo perfil, ópticas de alta definición, sistemas de videoasistencia 3D y plataformas robóticas con precisión milimétrica han permitido realizar intervenciones complejas a través de incisiones de apenas unos centímetros. Además, la circulación extracorpórea a través de acceso femoral o axilar ha permitido mantener la perfusión y protección miocárdica en ausencia de esternotomía, mientras que el diseño de cánulas más flexibles y compactas ha reducido los riesgos asociados al soporte mecánico. La combinación de estos elementos tecnológicos ha dado lugar a un entorno quirúrgico más refinado, que exige una curva de aprendizaje prolongada pero ofrece resultados reproducibles en centros de alto volumen15.

Desde una perspectiva fisiopatológica, uno de los principales beneficios documentados de la cirugía mínimamente invasiva es la atenuación de la respuesta inflamatoria sistémica. La esternotomía, la manipulación extensiva de tejidos mediastínicos y el tiempo prolongado en circulación extracorpórea provocan una activación masiva del sistema inmune, con liberación de citoquinas proinflamatorias como IL-6, TNF-α y proteínas de fase aguda. Esta cascada inflamatoria, especialmente en pacientes con edad avanzada o comorbilidades, puede desencadenar disfunción multiorgánica, síndrome de respuesta inflamatoria sistémica (SIRS) o complicaciones como delirio postoperatorio. Diversos estudios han demostrado que la cirugía mínimamente invasiva, al reducir el trauma quirúrgico y acortar los tiempos de bomba, disminuye de forma significativa estos marcadores inflamatorios, con impacto clínico directo sobre la evolución postoperatoria16.

La función multiorgánica en el postoperatorio inmediato se ve claramente influida por el tipo de abordaje quirúrgico. En procedimientos mínimamente invasivos se ha observado una preservación más eficaz de la función pulmonar, con menor incidencia de atelectasias, menor necesidad de ventilación mecánica prolongada y reducción del riesgo de neumonía nosocomial. Asimismo, se reporta menor afectación renal aguda, posiblemente por la combinación de menor inflamación sistémica, menor pérdida hemática y reducción de tiempo en circulación extracorpórea. A nivel hepático y metabólico, los pacientes presentan recuperación más rápida del perfil enzimático y equilibrio ácido-base. Todos estos elementos, junto con un menor uso de transfusiones y analgésicos mayores, configuran un entorno fisiológico más estable en las primeras 48 a 72 horas tras la intervención17.

En términos de recuperación clínica, los beneficios de la cirugía cardíaca mínimamente invasiva son evidentes. Los pacientes presentan menor dolor postoperatorio, deambulación más precoz, menor estancia en unidades de cuidados intensivos y hospitalización total más corta. A ello se suma un menor impacto psicológico derivado de cicatrices reducidas y preservación de la integridad torácica, lo que favorece la reincorporación temprana a la vida social y laboral. Estos aspectos son especialmente relevantes en pacientes jóvenes con patología valvular degenerativa o en adultos mayores frágiles, donde el balance riesgo-beneficio favorece claramente un abordaje menos agresivo. No obstante, estos resultados dependen de una adecuada selección preoperatoria, experiencia quirúrgica consolidada y una infraestructura técnica y humana especializada18.

Las indicaciones actuales para la cirugía cardíaca mínimamente invasiva se centran principalmente en el tratamiento de la patología valvular, especialmente la enfermedad mitral, seguida por la aórtica, la tricúspide y, en menor medida, la revascularización coronaria. En el caso de la válvula mitral, los procedimientos mínimamente invasivos están indicados en pacientes con insuficiencia mitral degenerativa sin calcificación severa del anillo ni afectación multivalvular, que presentan una anatomía favorable para la reparación a través de minitoracotomía derecha o abordaje videoasistido. En la válvula aórtica, la hemiesternotomía o el acceso torácico anterior permiten una excelente exposición del anillo valvular en pacientes seleccionados, particularmente en aquellos con riesgo operatorio moderado que aún no son candidatos ideales para TAVI. La válvula tricúspide, históricamente relegada, ha ganado protagonismo gracias a la posibilidad de reparaciones aisladas o concomitantes a través de abordajes mínimamente invasivos en pacientes con regurgitación funcional secundaria a dilatación ventricular19.

En el terreno de la revascularización coronaria, las indicaciones son más restrictivas debido a la complejidad técnica. La cirugía de bypass coronario mínimamente invasiva (MIDCAB) se aplica habitualmente en pacientes con lesiones aisladas de la arteria descendente anterior, utilizando un injerto mamario interno izquierdo a través de una pequeña toracotomía sin circulación extracorpórea. En algunos centros avanzados, esta estrategia se combina con intervenciones coronarias percutáneas (PCI) en un enfoque híbrido, reservando la revascularización quirúrgica para el vaso más crítico. No obstante, la revascularización multivaso mediante técnicas mínimamente invasivas sigue siendo limitada a centros con experiencia elevada y equipos altamente coordinados, dadas las demandas logísticas, anatómicas y de recursos tecnológicos que conlleva20.

Las limitaciones técnicas de la cirugía mínimamente invasiva son múltiples y condicionan tanto la selección del paciente como el éxito operatorio. El espacio quirúrgico restringido, la dificultad en el control del sangrado, la curva de aprendizaje prolongada y la dependencia de instrumentación y visualización avanzada representan barreras relevantes. La canulación periférica para la circulación extracorpórea conlleva riesgos de complicaciones vasculares, y el cierre seguro de accesos torácicos pequeños exige precisión extrema para evitar neumotórax, hemotórax o infecciones. Además, las reintervenciones en pacientes previamente operados o con anatomía torácica compleja (escoliosis, obesidad severa, deformidades) suelen ser excluidas de esta vía de abordaje. Por ello, la evaluación preoperatoria mediante TAC de tórax, ecocardiografía transesofágica y planificación anatómica es esencial para determinar la viabilidad de una técnica mínimamente invasiva21.

En cuanto a los resultados clínicos, numerosos estudios han demostrado que la cirugía mínimamente invasiva ofrece resultados similares en términos de mortalidad y éxito quirúrgico en comparación con la cirugía convencional, pero con beneficios adicionales significativos. Estos incluyen una menor necesidad de transfusiones, menos complicaciones respiratorias, estancia hospitalaria más corta, retorno más rápido a la vida activa y un mejor resultado estético. En series publicadas por centros de referencia, las tasas de reparación mitral exitosas superan el 95 % y las complicaciones mayores son comparables a las de la esternotomía. En la cirugía aórtica, aunque las ventajas clínicas son más discretas, la menor agresión quirúrgica resulta particularmente beneficiosa en pacientes frágiles. En la revascularización coronaria, los resultados dependen estrictamente del tipo de lesión y de la ejecución técnica, siendo aún un campo en consolidación22.

Las perspectivas futuras de la cirugía cardíaca mínimamente invasiva están marcadas por la innovación tecnológica, la integración de procedimientos híbridos y la reestructuración de los modelos asistenciales. Se anticipa una progresiva expansión del uso de plataformas robóticas con mayor autonomía instrumental y retroalimentación háptica, así como la incorporación de inteligencia artificial en la planificación preoperatoria y la navegación intraoperatoria. La colaboración entre cardiólogos intervencionistas y cirujanos en entornos híbridos permitirá intervenciones personalizadas, combinando lo mejor de ambas disciplinas según las características anatómicas y clínicas del paciente. Paralelamente, la consolidación de unidades multidisciplinares con criterios de derivación homogéneos y formación cruzada será clave para mantener los estándares de calidad y seguridad en esta práctica quirúrgica de alta complejidad23.

CONCLUSIONES

En conclusión, el análisis crítico de la cirugía cardíaca mínimamente invasiva pone de relieve no solo su evolución técnica y su sofisticado soporte tecnológico, sino también sus profundas implicaciones fisiopatológicas en el manejo postoperatorio del paciente. La reducción del trauma quirúrgico y de la inflamación sistémica contribuye directamente a la preservación de la función orgánica y a una recuperación más rápida y segura. Estas ventajas, bien documentadas en la literatura contemporánea, consolidan a la cirugía mínimamente invasiva como una estrategia quirúrgica de alta eficacia y bajo impacto fisiológico. Sin embargo, su implementación exige una transformación estructural de los equipos quirúrgicos y cardiológicos, así como una redefinición de las rutas clínicas dentro del entorno hospitalario. El reto actual no es únicamente técnico, sino organizativo y formativo, para garantizar que los beneficios potenciales se traduzcan en mejoras sistemáticas de la atención cardiovascular avanzada14–18.

En conclusión, la delimitación de las indicaciones, limitaciones técnicas y resultados clínicos de la cirugía cardíaca mínimamente invasiva permite comprender con precisión el estado actual y el potencial futuro de este enfoque quirúrgico. Si bien su aplicación sigue siendo selectiva y dependiente de múltiples variables anatómicas, clínicas y logísticas, las evidencias acumuladas demuestran que, en manos expertas, esta técnica es capaz de proporcionar resultados equivalentes o superiores a la cirugía convencional en múltiples dimensiones del cuidado cardiovascular. El avance tecnológico continuará ampliando las posibilidades, mientras que la integración de enfoques híbridos y el fortalecimiento de estructuras asistenciales multidisciplinares permitirán extender sus beneficios a un espectro cada vez mayor de pacientes. Así, la cirugía cardíaca mínimamente invasiva no solo representa una mejora técnica, sino un cambio conceptual en la forma de entender la intervención quirúrgica en el corazón del siglo XXI19–23.

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