AUTORES
- Walter Alexis Cuenca Armijos. Enfermero del Servicio de Urgencias, Hospital Royo Villanova, Zaragoza, España.
- Adriana Marina Pellicer Gómez. Enfermera de Quirófano, Hospital Materno-Infantil, Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.
- Elisa Pérez Villar. Enfermera del Servicio de Medicina Interna, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza, España.
- Gianela Natalia Zúñiga Meza. Enfermera del Servicio de Urgencias, Hospital Royo Villanova, Zaragoza, España.
- Lucía Lobaco Moreno. Enfermera de la Unidad de Trasplantes de Riñón, Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.
- Nicoleta Bianca Sentes. Enfermera. Unidad de Radiología, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza, España.
RESUMEN
La canalización de accesos venosos periféricos (AVP) constituye una de las técnicas de enfermería más frecuentes en las unidades de urgencias hospitalarias1,3. Sin embargo, la presencia de pacientes con vías de difícil acceso (DIVA), la tasa elevada de fallos precoces del catéter y la inserción sistemática en zonas de flexión comprometen la seguridad del paciente y aumentan el riesgo de complicaciones bacterianas o mecánicas1,2,3. El objetivo de esta revisión es sintetizar las evidencias científicas recientes sobre la elección óptima del punto de punción, la utilidad de las tecnologías de visualización de venas y las prácticas clave para reducir la tasa de catéteres inactivos y la preservación del capital venoso1,2,3,4. Se realizó un análisis bibliográfico a partir de ensayos clínicos multicéntricos y revisiones sistemáticas recientes1,2,3,4. Los resultados revelan que la colocación de punciones en flexión (como el pliegue del codo o la muñeca) incrementa significativamente la colonización e infección local1,3, mientras que el uso rutinario de dispositivos de luz infrarroja o la utilización indiscriminada de catéteres con guía retráctil no mejoran el éxito al primer intento2,4. Se concluye que el personal de enfermería debe basar su práctica en la selección clínica del vaso (fosa antecubital frente al antebrazo), el estricto secado del antiséptico y la valoración continua de la indicación para evitar catéteres inactivos o «en reserva»1,2,3,4.
PALABRAS CLAVE
Cateterismo periférico, servicios médicos de urgencia, atención de enfermería, infecciones relacionadas con catéteres, seguridad del paciente.
ABSTRACT
Peripheral intravenous catheterization (PIVC) is one of the most common nursing procedures performed in emergency departments1,3. However, the presence of patients with difficult intravenous access (DIVA), high rates of early device failure, and routine insertion at flexion areas compromise patient safety and increase the risk of bacterial or mechanical complications1,2,3. The objective of this review is to synthesize recent scientific evidence on optimal site selection, the utility of vein visualization technologies, and key practices to reduce idle catheters and preserve vascular capital1,2,3,4. A literature review was conducted based on recent multicenter randomized controlled trials and systematic reviews1,2,3,4. The results reveal that placing catheters in flexion areas (such as the antecubital fossa or wrist) significantly increases colonization and local infection rates1,3, whereas the routine use of infrared devices or the indiscriminate use of long retractable guidewire catheters does not improve first-attempt success2,4. It is concluded that nursing staff must base their clinical practice on proper vein selection (forearm over flexion sites), strict drying of antiseptics, and continuous assessment of clinical necessity to avoid idle catheters1,2,3,4.
KEY WORDS
Catheterization, peripheral, emergency medical services, nursing care, catheter-related infections, patient safety.
INTRODUCCIÓN
La canalización de un acceso venoso periférico (AVP) es una intervención fundamental y cotidiana en las unidades de urgencias hospitalarias, estimándose que más del 60% de los pacientes atendidos reciben al menos un dispositivo de este tipo3. A pesar de ser una técnica rutinaria, la tasa global de fallo del catéter antes de finalizar el tratamiento alcanza cifras de entre el 35% y el 50%, debido a complicaciones mecánicas (desplazamiento, oclusión), vasculares (flebitis, extravasación) o infecciosas1,3.
En el entorno urgente, aproximadamente entre el 15% y el 30% de los pacientes presentan criterios de vía venosa periférica difícil (DIVA), asociados a factores como obesidad, diabetes, antecedentes de quimioterapia o venas no palpables ni visibles2,3. La repetición ineficaz de punciones no solo genera dolor y ansiedad en el paciente, sino que agota progresivamente el capital venoso2,3. Además, existe una alta prevalencia de «catéteres inactivos» o colocados «por si acaso», los cuales permanecen sin uso y suponen una puerta de entrada innecesaria para infecciones locales o bacteriemias asociadas a catéter1,3. Resulta prioritario analizar las recomendaciones de evidencia más recientes sobre la elección del lugar anatómico de punción, el papel de las tecnologías emergentes y el cumplimiento de los estándares de cuidados enfermeros1,2,3,4.
OBJETIVOS
Objetivo general: Sintetizar la evidencia científica reciente respecto a los factores que condicionan el éxito de la canalización y la reducción de complicaciones en los accesos venosos periféricos en urgencias1,2,3,4.
Objetivos específicos:
– Analizar el impacto de la localización anatómica del catéter (zonas de flexión frente a antebrazo) en el riesgo de colonización e infección local1,3.
– Determinar la efectividad de las tecnologías de soporte a la punción (luz infrarroja y catéteres con guía retráctil) frente a las técnicas convencionales2,4.
– Identificar los principales fallos de adherencia a las guías de práctica clínica (secado del antiséptico, presencia de catéteres inactivos y registro) en el ámbito de urgencias3.
METODOLOGÍA
Se realizó una revisión bibliográfica narrativa durante el año 2026 sobre la evidencia de accesos vasculares periféricos1,2,3,4. La búsqueda bibliográfica se centró en ensayos clínicos aleatorizados multicéntricos, estudios observacionales prospectivos y meta-análisis publicados en revistas indexadas de alto impacto internacional (Antimicrobial Resistance & Infection Control, Academic Emergency Medicine, Journal of Advanced Nursing)1,2,3,4.
Se aplicaron los descriptores DeCS/MeSH: «Catheterization, Peripheral», «Emergency Service, Hospital», «Infection Control», «Infrared Rays» y «Nursing Care»1,2,3,4. Los criterios de inclusión abarcaron estudios centrados en población adulta en urgencias y unidades hospitalarias publicados entre 2024 y 20261,2,3,4.
RESULTADOS
1. Lugar de inserción y riesgo de colonización e infección local:
La elección del lugar de punción condiciona drásticamente la tasa de fallo y el riesgo infeccioso del catéter1,3. Aunque la fosa antecubital (flexión del codo) es el lugar más frecuentemente utilizado en urgencias (superando el 80% de las punciones auditadas) por la facilidad de palpación y calibre de los vasos3, los estudios demuestran que las zonas articulares conllevan un riesgo significativamente mayor1,3.
Los datos prospectivos del estudio CLEAN 3 evidencian que la colocación de catéteres en la fosa antecubital o en la muñeca incrementa exponencialmente el riesgo de colonización del catéter y/o infección local en comparación con la colocación en el antebrazo (HR ajustado 1,64 y 2,11 respectivamente)1. El movimiento articular continuo daña el endotelio vascular y compromete la fijación del apósito transparente, facilitando la migración de la flora cutánea a lo largo del catéter1. Por ello, las recomendaciones internacionales enfatizan evitar las zonas de flexión siempre que sea posible, priorizando las venas del antebrazo1,3.
2. Evaluación de tecnologías emergentes: Luz infrarroja y catéteres de guía retráctil:
Frente a la dificultad de canalización en pacientes DIVA, se han desarrollado diversas tecnologías cuya eficacia clínica real ha sido evaluada recientemente2,4:
– Dispositivos de iluminación por infrarrojos (IR): Un meta-análisis reciente sobre 704 catéteres demuestra que los visores de infrarrojos no mejoran la tasa de éxito al primer intento en comparación con la técnica tradicional de palpación (42% vs 38%; RR 1,08)4. Tampoco reducen el número de intentos, el tiempo de canulación ni el dolor percibido por el paciente4. Esto se debe a que la luz infrarroja proyecta únicamente venas muy superficiales y no aporta información sobre la profundidad ni la permeabilidad del vaso4.
– Catéteres largos con guía retráctil (GW-PIVC): El ensayo clínico aleatorizado multicéntrico LOVE-DIVA evaluó el uso de catéteres largos de 5,8 cm con guía en espiral frente a catéteres estándar en urgencias2. Los resultados mostraron una tasa de éxito al primer intento significativamente inferior en el grupo de guía retráctil (68,0% vs 76,6%), además de un mayor nivel de dolor reportado por el paciente y una menor satisfacción del personal2. La complejidad del diseño y la falta de familiaridad técnica del personal condicionaron estos resultados2.
3. Prácticas de mantenimiento, secado del antiséptico y catéteres inactivos:
Las auditorías prospectivas a pie de cama señalan importantes discrepancias entre las guías de práctica clínica y la realidad asistencial en urgencias3:
– Tiempo de secado del antiséptico: A pesar de que el 99,6% de los profesionales utiliza clorhexidina al 2% en alcohol de 70º para la antisepsia de la piel, en más del 56% de los casos no se respeta el tiempo de secado al aire (registrándose un tiempo medio de espera de solo 7,5 segundos)3. La punción sobre la piel húmeda inactiva parcialmente el poder residual del antiséptico, provoca irritación cutánea y reduce la adherencia del apósito3.
– Catéteres inactivos o «sin uso»: Hasta un 41,8% de los catéteres insertados en urgencias permanecen inactivos y no reciben medicación ni fluidoterapia durante la estancia en el servicio3. Además, solo el 27,3% de los pacientes ingresados en planta desde urgencias presentaban una indicación clara para continuar con la vía3. Esta práctica de la «vía por si acaso» expone al paciente a complicaciones sin aportar beneficio terapéutico3.
CONCLUSIONES
– Se debe evitar la canalización sistemática de la fosa antecubital o la muñeca, desplazando la punción hacia el antebrazo para reducir significativamente la tasa de colonización, infección local y fallo mecánico por flexión1,3.
– La evidencia científica actual no respalda el uso sistemático de visores de infrarrojos ni de catéteres de guía retráctil en urgencias, ya que no incrementan el éxito al primer intento en comparación con la valoración palpatoria o ecográfica adecuadamente entrenada2,4.
– La enfermería de urgencias debe reforzar la adherencia al secado completo del antiséptico antes de punzar y aplicar protocolos de desimplementación para erradicar los catéteres inactivos o sin indicación clínica real3.
BIBLIOGRAFÍA
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