AUTORES
- Ines Gracia Abril. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Mari Mar Marco Martín. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Iratxe Goded Navarrete. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Ainoa Albiol Falcó. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Cristina Hernández Romano. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Adrián Cubas Esteban. Enfermero del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
RESUMEN
El catéter venoso periférico es uno de los dispositivos invasivos más utilizados en el ámbito hospitalario y permite administrar fluidoterapia, medicación y otros tratamientos intravenosos. A pesar de su uso cotidiano, el fracaso del dispositivo antes de finalizar el tratamiento es frecuente y puede deberse a flebitis, infiltración, extravasación, oclusión, desplazamiento o infección. Estas complicaciones provocan interrupciones terapéuticas, nuevas punciones, dolor y aumento de la carga asistencial.
Los cuidados de enfermería influyen en todo el ciclo del catéter: selección del dispositivo y lugar de inserción, antisepsia, fijación, vigilancia del punto de entrada, manipulación de conexiones, permeabilidad y retirada cuando deja de ser necesario. La evidencia reciente muestra que el fracaso global continúa siendo elevado y que determinadas prácticas de fijación o mantenimiento pueden modificar el riesgo, aunque existen áreas con evidencia limitada.
Una valoración estructurada y repetida permite identificar signos tempranos de complicación con intención de retirar el catéter cuando ya no es seguro o necesario. La prevención debe centrarse en minimizar manipulaciones, mantener la integridad del apósito, utilizar técnica aséptica y documentar adecuadamente la evolución. Enfermería desempeña un papel esencial para reducir el fracaso del acceso venoso periférico y mejorar la experiencia y seguridad del paciente.
PALABRAS CLAVE
Cateterismo venoso periférico, flebitis, cuidados de enfermería, seguridad del paciente e infección
ABSTRACT
Peripheral intravenous catheters are among the most frequently used invasive devices in hospitals and allow administration of fluids, medication and other intravenous treatments. Despite routine use, device failure before completion of therapy is common and may result from phlebitis, infiltration, extravasation, occlusion, dislodgement or infection. These complications cause treatment interruption, repeated cannulation, pain and increased workload.
Nursing care influences the entire catheter life cycle: device and site selection, skin antisepsis, securement, insertion-site assessment, connection handling, patency and removal when no longer needed. Recent evidence shows that overall failure remains high and that some securement and maintenance practices may modify risk, although important evidence gaps remain.
Structured repeated assessment enables early identification of complications and removal when the catheter is no longer safe or necessary. Prevention should focus on minimizing manipulation, maintaining dressing integrity, using aseptic technique and documenting catheter status. Nurses play an essential role in reducing peripheral intravenous catheter failure and improving patient safety and experience.
KEY WORDS
Peripheral intravenous catheter, phlebitis, nursing care, patient safety, infection.
INTRODUCCIÓN
El catéter venoso periférico constituye una herramienta básica en la atención hospitalaria. Su aparente sencillez puede hacer que se perciba como un dispositivo de bajo riesgo, pero su utilización se asocia a complicaciones mecánicas, inflamatorias e infecciosas que pueden obligar a retirarlo antes de completar el tratamiento1.
Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2024, que reunió datos de cientos de miles de catéteres, estimó que el fracaso por cualquier causa antes de finalizar el tratamiento se producía en aproximadamente el 36, 4% de los dispositivos1.
Aunque la infección sanguínea asociada a catéter periférico fue poco frecuente por dispositivo, el enorme volumen de catéteres utilizados convierte el problema en relevante desde la perspectiva de seguridad.
Las complicaciones más habituales incluyen flebitis, infiltración, extravasación, oclusión, desplazamiento y pérdida accidental. A ellas se añaden infección local y, con menor frecuencia, infección del torrente sanguíneo. El fracaso implica nuevas punciones y puede retrasar dosis de antibióticos, analgesia, fluidoterapia u otros tratamientos1.
Enfermería interviene de forma directa en la inserción y el mantenimiento. La elección de una vena adecuada, la antisepsia, la fijación, el estado del apósito, la manipulación de conexiones y la valoración clínica repetida pueden influir en la duración y seguridad del dispositivo2,3.
Las revisiones recientes también muestran incertidumbre en algunas prácticas tradicionales, como el intervalo óptimo de sustitución o la superioridad de determinados sistemas de fijación. Por ello, resulta necesario integrar la evidencia con la valoración individual y con los protocolos institucionales2-4.
OBJETIVOS
General:
- Analizar los cuidados de enfermería dirigidos a prevenir el fracaso y las complicaciones del catéter venoso periférico en pacientes adultos hospitalizados.
Específicos:
- Describir las principales complicaciones relacionadas con el catéter venoso periférico.
- Identificar intervenciones enfermeras relacionadas con inserción, fijación, mantenimiento, vigilancia y retirada.
- Analizar la evidencia sobre sustitución del catéter y prevención de complicaciones infecciosas y mecánicas.
METODOLOGÍA
Se realizó una revisión narrativa de la literatura científica con el propósito de analizar los cuidados de enfermería dirigidos a prevenir el fracaso y las complicaciones del catéter venoso periférico en pacientes adultos hospitalizados. La búsqueda bibliográfica se llevó a cabo entre julio y agosto de 2026 en PubMed, CINAHL, Scopus, SciELO y Dialnet.
Para la estrategia de búsqueda se utilizaron términos DeCS/MeSH relacionados con el problema de estudio y con los cuidados de enfermería, combinados mediante los operadores booleanos AND y OR. Se priorizaron revisiones sistemáticas, metaanálisis, estudios de intervención y documentos científicos directamente relacionados con la práctica enfermera.
Se estableció una acotación temporal de cinco años. Se incluyeron publicaciones en español o inglés, centradas en población adulta y con resultados aplicables al ámbito hospitalario. Se excluyeron estudios pediátricos, trabajos sin relación con intervenciones o vigilancia enfermera y publicaciones cuyo contenido no permitía responder a los objetivos planteados.
La pregunta de investigación se estructuró siguiendo el modelo PICO:
¿En pacientes adultos hospitalizados portadores de catéter venoso periférico, los cuidados enfermeros estructurados de inserción y mantenimiento, en comparación con los cuidados habituales no estandarizados, reducen el fracaso y las complicaciones del dispositivo?
- P: pacientes adultos hospitalizados con catéter venoso periférico.
- I: cuidados estructurados de enfermería para inserción, fijación, mantenimiento y vigilancia.
- C: cuidados habituales o prácticas no estandarizadas.
- O: reducción de complicaciones y fracaso de los dispositivos (flebitis, infiltración, extravasación, oclusión, desplazamiento, infección)
RESULTADOS
Selección del acceso y del lugar de inserción:
Antes de canalizar debe valorarse la duración prevista del tratamiento, las características de la medicación, el estado vascular y los antecedentes de accesos difíciles. Elegir un dispositivo que no se ajuste a la terapia puede favorecer fallos repetidos y múltiples punciones. Cuando se prevé una terapia prolongada o con características no adecuadas para vía periférica corta, debe comunicarse la necesidad de valorar alternativas1.
El lugar de inserción debe permitir estabilidad y vigilancia. En adultos suele priorizarse la extremidad superior y, cuando es posible, evitar zonas de flexión que favorezcan movimiento, acodamiento y desplazamiento. También deben considerarse limitaciones por cirugía, linfedema, fístulas, lesiones cutáneas o perfusión comprometida1.
La planificación inicial es una intervención de seguridad: el objetivo no es únicamente conseguir acceso venoso, sino seleccionar el acceso más adecuado para completar el tratamiento con el menor número posible de complicaciones1.
Antisepsia y técnica durante la inserción:
La prevención de infección comienza con higiene de manos, preparación cutánea adecuada y técnica aséptica. La antisepsia debe realizarse según protocolo institucional, respetando el tiempo de secado del producto antes de la punción. Una vez preparada la piel debe evitarse volver a palpar el punto sin mantener la asepsia1.
El material debe prepararse antes de iniciar el procedimiento para reducir interrupciones. Tras la inserción, el punto debe quedar protegido con un apósito que permita mantener la zona limpia y seca y facilite la vigilancia. La fecha y las características de la inserción deben registrarse1,3.
Una revisión sistemática de medidas de prevención de infección en catéteres periféricos concluyó que, pese a la frecuencia de uso, la certeza de la evidencia para muchas intervenciones sigue siendo limitada; por ello, las precauciones estándar, la técnica correcta y la documentación continúan siendo pilares esenciales3.
Fijación y mantenimiento del apósito:
El movimiento del catéter dentro de la vena puede favorecer irritación, desplazamiento, infiltración y fracaso. La fijación debe estabilizar el dispositivo sin impedir la inspección ni comprometer la piel. El apósito debe permanecer íntegro, limpio, seco y bien adherido2,3,6.
Una revisión integrativa sobre fijación encontró que la cinta no estéril colocada directamente sobre el punto de inserción se asociaba a peores resultados y que los dispositivos de fijación sin sutura podrían reducir determinadas complicaciones, aunque la evidencia presentaba limitaciones 2.
El apósito debe sustituirse cuando esté húmedo, sucio, despegado o haya perdido integridad, aplicando técnica aséptica. Añadir capas de cinta de forma repetida puede ocultar el punto de inserción y dificultar la detección precoz de complicaciones2,3,4.
Vigilancia de flebitis, infiltración y extravasación:
La valoración del catéter debe realizarse de forma repetida y antes de administrar medicación. Dolor, eritema, calor, induración, edema, resistencia a la infusión, fuga o ausencia de retorno cuando sea relevante pueden indicar complicación. El paciente debe recibir información para avisar si nota dolor, quemazón, humedad o hinchazón1,3,4.
La flebitis implica inflamación venosa y puede relacionarse con factores mecánicos, químicos o infecciosos. La infiltración corresponde a la salida de una solución no vesicante al tejido y la extravasación a la salida de un fármaco vesicante o potencialmente lesivo. La actuación debe adaptarse al tipo de solución y al protocolo específico1.
Ante signos compatibles con fracaso, mantener el dispositivo únicamente porque todavía permite cierta infusión puede aumentar el daño. La retirada oportuna y la valoración de un nuevo acceso forman parte de la prevención secundaria1.
Manipulación de conexiones y permeabilidad:
Cada manipulación del sistema representa una oportunidad de contaminación. Antes de acceder a conexiones debe realizarse higiene de manos y desinfección según protocolo. Deben evitarse desconexiones innecesarias y mantener los sistemas cerrados siempre que sea posible1.
La permeabilidad debe comprobarse de acuerdo con el tratamiento y las recomendaciones locales. La resistencia durante el lavado nunca debe vencerse mediante presión excesiva, ya que puede indicar oclusión o mala posición. La aparición de dolor o edema durante el lavado obliga a detener el procedimiento y reevaluar1,8.
La organización del tratamiento también influye: agrupar manipulaciones cuando sea seguro, utilizar conexiones adecuadas y mantener el sistema ordenado reduce oportunidades de tracción accidental y contaminación8,9.
Sustitución y retirada del catéter:
Una cuestión debatida es si los catéteres deben sustituirse de forma rutinaria a intervalos fijos o únicamente cuando existe indicación clínica. Un metaanálisis de nueve ensayos encontró diferencias en flebitis, oclusión e infiltración entre ambas estrategias, lo que demuestra que la decisión debe apoyarse en evidencia actualizada y en los protocolos institucionales4.
Más allá del intervalo de sustitución, existe consenso en que un catéter sin indicación debe retirarse. Mantener un acceso ‘por si acaso’ expone al paciente a riesgo sin beneficio. La necesidad debe revisarse diariamente y documentarse4.
También debe retirarse cuando existan signos de complicación, pérdida de integridad o funcionamiento inseguro. Tras la retirada conviene valorar el punto y registrar el motivo, especialmente si existe sospecha de infección o extravasación4.
Educación del paciente y documentación:
El paciente puede colaborar activamente en la vigilancia si sabe qué síntomas comunicar. Explicar que debe avisar ante dolor, escozor, hinchazón, humedad, sangrado o desplazamiento facilita una detección más temprana. La información debe ser sencilla y repetirse cuando sea necesario9.
La documentación debe incluir localización, fecha de inserción, estado del punto, integridad del apósito y motivo de retirada. Los registros incompletos dificultan conocer la duración real del dispositivo y evaluar la calidad de los cuidados8.
Las auditorías de prevalencia, flebitis, infiltración y fracaso pueden ayudar a identificar problemas locales. La mejora de la práctica requiere combinar formación, disponibilidad de material, protocolos y retroalimentación de resultados3-5.
Prevención del fracaso como objetivo enfermero:
El fracaso del catéter es un resultado clínico relevante y no únicamente un inconveniente técnico. El metaanálisis de Marsh y colaboradores estimó que más de uno de cada tres catéteres podía fracasar antes de completar el tratamiento. Esto implica dolor, nuevas punciones, retrasos y consumo adicional de recursos1.
Las estrategias preventivas deben abarcar todo el ciclo del dispositivo. Una inserción técnicamente correcta puede fracasar si la fijación es deficiente o si no se detecta una infiltración temprana. Del mismo modo, un apósito intacto no garantiza seguridad si el catéter ya no tiene indicación1.
Enfermería se encuentra en una posición privilegiada para integrar estos elementos mediante una valoración breve y repetida en cada turno y antes de cada uso. La cultura de seguridad debe considerar el catéter periférico como un dispositivo invasivo que requiere indicación, vigilancia y retirada oportuna9.
DISCUSIÓN
La evidencia reciente confirma que el fracaso del catéter venoso periférico continúa siendo frecuente, a pesar de tratarse de un procedimiento cotidiano1,2.
La mayoría de los eventos son no infecciosos, pero las infecciones adquieren relevancia por el enorme número de dispositivos utilizados1.
Las revisiones sobre fijación y prevención de infección muestran que existen prácticas con respaldo limitado y áreas en las que los estudios son heterogéneos. Esto obliga a evitar afirmaciones absolutas y a priorizar principios consistentes: técnica aséptica, estabilización adecuada, inspección visible, mínima manipulación y retirada cuando existe complicación o desaparece la indicación2,3.
Respecto a la sustitución rutinaria frente a la indicada clínicamente, los resultados no son completamente uniformes entre revisiones y guías. El metaanálisis incluido encontró mayor flebitis, oclusión e infiltración con sustitución por indicación clínica, mientras que otras recomendaciones han favorecido reducir recambios innecesarios. Esta discrepancia muestra la necesidad de aplicar protocolos actualizados y vigilancia rigurosa4.
El papel de enfermería trasciende la técnica de canalización. La selección del acceso, la educación del paciente, el registro y la revisión diaria son intervenciones que pueden reducir fallos evitables. Futuros estudios deberían definir mejor qué combinaciones de fijación, apósitos, frecuencia de valoración y estrategias de mantenimiento producen mejores resultados2,3,4.
La actualización de la evidencia también apoya considerar el material y diseño del catéter, la calidad de la fijación y los programas de mejora de la práctica enfermera. Las revisiones recientes muestran que algunas estrategias de estabilización pueden reducir fracaso o desplazamiento, pero la certeza varía según el producto y el resultado evaluado. Esto refuerza la necesidad de seleccionar el dispositivo y la fijación según riesgo individual y de auditar las prácticas de inserción y mantenimiento7-9.
CONCLUSIONES
- El catéter venoso periférico presenta una tasa relevante de fracaso antes de finalizar el tratamiento, por lo que debe considerarse un dispositivo invasivo que requiere vigilancia continuada.
- La prevención comienza con una selección adecuada del acceso, antisepsia correcta y estabilización que permita inspeccionar el punto de inserción.
- La valoración repetida de dolor, eritema, edema, fuga, resistencia y estado del apósito facilita la detección precoz de flebitis, infiltración, extravasación y otras complicaciones.
- La manipulación aséptica, la reducción de desconexiones y la retirada cuando desaparece la indicación son elementos esenciales de seguridad.
- Enfermería desempeña un papel fundamental durante todo el ciclo del catéter y puede contribuir a disminuir punciones repetidas, interrupciones terapéuticas y complicaciones mediante cuidados estructurados y documentados.
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