Efectos del calor en pacientes tratados con psicofármacos

15 febrero 2026

AUTORES

  1. Judit Perales Pascual. FEA Farmacia Hospitalaria. Hospital Nuestra Señora de Gracia. Zaragoza. Aragón, España.
  2. Ana López Pérez. FEA Farmacia Hospitalaria. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza. Aragón, España.
  3. Pilar Olier Martínez. F.E.A. Farmacia Hospitalaria, Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza. Aragón, España.
  4. Lucía Cazorla Poderoso. FEA Farmacia Hospitalaria. Hospital Universitario del Vinalopó. Elche. Valencia. España.
  5. María López Pérez. Residente de Endocrinología y Nutrición. Hospital Universitario de Burgos. Castilla y León, España.

 

RESUMEN

Introducción: Los efectos adversos asociados a la exposición al calor adquieren especial relevancia en poblaciones vulnerables. Los pacientes tratados con psicofármacos pueden presentar alteraciones fisiológicas que incrementan el riesgo de desregulación térmica, hipertermia y otras complicaciones potencialmente graves.

Objetivo: Analizar los mecanismos mediante los cuales los psicofármacos afectan la regulación térmica, identificar las clases farmacológicas asociadas a mayor riesgo y sintetizar la evidencia clínica disponible sobre los efectos del calor en pacientes bajo tratamiento psicofarmacológico.

Método: Se realizó una revisión narrativa de la literatura científica publicada entre los años 2000 y 2024, utilizando las bases de datos PubMed, Scopus y SciELO. Se incluyeron estudios observacionales, reportes de casos y revisiones sistemáticas.

Resultados: Diversas clases de psicofármacos, incluyendo antipsicóticos, antidepresivos tricíclicos (ATC), inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) o ansiolíticos interfieren con los mecanismos de termorregulación. Estas alteraciones se asocian con un mayor riesgo de golpe de calor, deshidratación, rabdomiólisis, síndrome neuroléptico maligno y aumento de la mortalidad, especialmente en pacientes de edad avanzada o institucionalizados.

Conclusiones: La exposición al calor en pacientes tratados con psicofármacos puede desencadenar efectos adversos potencialmente fatales. La identificación precoz de pacientes en riesgo y la implementación de medidas preventivas y estrategias adecuadas de manejo clínico resultan fundamentales para reducir la morbimortalidad asociada.

PALABRAS CLAVE

Psicofármacos, hipertermia, regulación térmica, golpe de calor, síndrome neuroléptico maligno.

ABSTRACT

Introduction: Adverse effects associated with heat exposure are of particular relevance in vulnerable populations. Patients treated with psychotropic drugs may present physiological alterations that increase the risk of thermoregulatory dysfunction, hyperthermia, and other potentially serious complications.

Objective: To analyze the mechanisms by which psychotropic drugs affect thermoregulation, identify the pharmacological classes associated with higher risk, and synthesize the available clinical evidence on the effects of heat in patients receiving psychopharmacological treatment.

Method: A narrative review of the scientific literature published between 2000 and 2024 was conducted using the PubMed, Scopus, and SciELO databases. Observational studies, case reports, and systematic reviews were included.

Results: Several classes of psychotropic drugs, including antipsychotics, tricyclic antidepressants (TCAs), selective serotonin reuptake inhibitors (SSRIs), and anxiolytics, interfere with thermoregulatory mechanisms. These alterations are associated with an increased risk of heat stroke, dehydration, rhabdomyolysis, neuroleptic malignant syndrome, and increased mortality, particularly in elderly or institutionalized patients.

Conclusions: Heat exposure in patients treated with psychotropic drugs may trigger potentially fatal adverse effects. Early identification of at-risk patients and the implementation of preventive measures and appropriate clinical management strategies are essential to reduce associated morbidity and mortality.

KEY WORDS

Psychotropic drugs, hyperthermia, thermoregulation, heat stroke, neuroleptic malignant syndrome.

INTRODUCCIÓN

La homeostasis térmica es un proceso fisiológico complejo que permite al organismo mantener una temperatura corporal adecuada mediante la integración de mecanismos autónomos y conductuales. El hipotálamo actúa como el principal centro regulador, integrando señales del medio externo y del estado interno del organismo para activar respuestas compensatorias destinadas a la disipación o conservación del calor. Entre estas respuestas se incluyen la sudoración, la vasodilatación cutánea, el aumento de la frecuencia respiratoria y conductas adaptativas como la búsqueda de sombra o la ingesta de líquidos. Dichos mecanismos están modulados por diversos sistemas neuroquímicos, entre los que destacan las vías dopaminérgicas, serotoninérgicas y colinérgicas1.

Los psicofármacos, ampliamente empleados en el tratamiento de trastornos psiquiátricos como la esquizofrenia, el trastorno bipolar, la depresión y los trastornos de ansiedad, pueden interferir de manera significativa con estos sistemas de regulación térmica. Antipsicóticos, antidepresivos tricíclicos, inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), benzodiacepinas, estabilizadores del ánimo y otros agentes psicotrópicos afectan múltiples funciones neurovegetativas esenciales para el mantenimiento de la homeostasis térmica2,3.

Uno de los mecanismos fisiopatológicos mejor descritos es el bloqueo dopaminérgico D2 a nivel hipotalámico inducido por los antipsicóticos, que compromete la capacidad del organismo para detectar y responder de forma adecuada a los incrementos de la temperatura corporal. A ello se añade el efecto anticolinérgico de numerosos psicofármacos, particularmente los antidepresivos tricíclicos, que reduce la sudoración, un mecanismo clave para la disipación del calor. Otros fármacos, como las benzodiacepinas, pueden inducir sedación, enlentecimiento psicomotor y disminución de la conciencia, lo que limita la capacidad del paciente para poner en marcha conductas protectoras frente al calor, como la hidratación adecuada o la búsqueda de ambientes más frescos4,5.

Estos efectos farmacológicos suelen verse potenciados por factores clínicos y sociales frecuentes en la población psiquiátrica, tales como la presencia de comorbilidades médicas (insuficiencia cardíaca, enfermedad renal crónica, diabetes mellitus), el deterioro cognitivo, el aislamiento social y la institucionalización prolongada. En conjunto, estos elementos configuran un escenario de elevada vulnerabilidad frente a temperaturas ambientales elevadas, incluso en ausencia de olas de calor extremas6.

Las consecuencias clínicas derivadas de esta interacción entre psicofármacos y exposición al calor son relevantes y potencialmente graves. Se han descrito casos de golpe de calor, deshidratación severa, rabdomiólisis, toxicidad por litio, síndrome neuroléptico maligno (SNM) e incremento de la mortalidad en pacientes bajo tratamiento psicofarmacológico. El SNM, en particular, constituye una complicación infrecuente pero potencialmente fatal asociada principalmente al uso de antipsicóticos, y puede ser precipitado o agravado por la incapacidad del organismo para disipar el calor corporal7–9.

A pesar de la gravedad de estas complicaciones, el reconocimiento clínico de la interacción entre psicofármacos y exposición al calor continúa siendo limitado, y existen escasas guías específicas orientadas a la prevención y el manejo de estos pacientes.

OBJETIVO

En el contexto descrito, el presente artículo tiene como objetivo analizar en profundidad los mecanismos fisiopatológicos implicados, revisar la evidencia clínica disponible y ofrecer recomendaciones prácticas para el abordaje clínico de pacientes tratados con psicofármacos expuestos a temperaturas elevadas.

MATERIAL Y MÉTODO

El presente trabajo corresponde a una revisión narrativa de la literatura científica, cuyo objetivo fue identificar, analizar y sintetizar la evidencia disponible sobre los efectos de la exposición al calor en pacientes tratados con psicofármacos. El análisis se centró particularmente en los mecanismos fisiopatológicos implicados, las clases farmacológicas asociadas a mayor riesgo y las consecuencias clínicas descritas en la literatura.

Se adoptó una metodología de revisión narrativa estructurada, considerada adecuada para integrar información procedente de fuentes heterogéneas, tales como estudios clínicos, revisiones sistemáticas, series y reportes de casos, así como literatura relevante no susceptible de metaanálisis. Este enfoque se justificó por la diversidad de diseños metodológicos y desenlaces clínicos disponibles, así como por la ausencia de suficiente homogeneidad para realizar una revisión sistemática formal.

Fuentes de información y estrategia de búsqueda:

La búsqueda bibliográfica se realizó entre abril y julio de 2024 en las siguientes bases de datos electrónicas:

  • PubMed (MEDLINE).
  • Scopus (Elsevier).
  • SciELO (Scientific Electronic Library Online).

 

Se utilizaron descriptores controlados (MeSH/DeCS) combinados mediante operadores booleanos. La estrategia principal empleada en PubMed fue la siguiente: («Psychotropic Drugs»[MeSH] OR «Antipsychotic Agents»[MeSH] OR «Antidepressive Agents»[MeSH] OR «Benzodiazepines»[MeSH]) AND («Hyperthermia»[MeSH] OR «Heat Stress Disorders»[MeSH] OR «Body Temperature Regulation»[MeSH] OR «Heat Stroke»[MeSH])

Esta estrategia fue adaptada a la sintaxis específica de Scopus y SciELO. Asimismo, se realizó una búsqueda manual de las referencias bibliográficas de los artículos seleccionados como más relevantes, con el fin de identificar estudios adicionales no indexados en las bases de datos consultadas.

Criterios de inclusión:

Se incluyeron estudios que cumplieran con los siguientes criterios:

  • Publicación entre enero de 2000 y junio de 2024.
  • Idioma: español o inglés.
  • Estudios realizados en seres humanos, sin restricción de edad, sexo o contexto clínico.
  • Diseños de estudio: ensayos clínicos, estudios observacionales (cohortes, casos y controles, estudios transversales), revisiones sistemáticas, series de casos, reportes de casos clínicos y revisiones narrativas de calidad metodológica adecuada.
  • Trabajos que abordaran la interacción entre exposición al calor y tratamiento con psicofármacos desde una perspectiva fisiopatológica, clínica o farmacológica.

 

Criterios de exclusión:

Se excluyeron los siguientes tipos de trabajos:

  • Estudios preclínicos en modelos animales o in vitro sin extrapolación clínica explícita.
  • Artículos centrados exclusivamente en el impacto del cambio climático sin referencia directa a psicofármacos.
  • Cartas al editor, editoriales sin datos empíricos, resúmenes sin acceso a texto completo.
  • Publicaciones duplicadas y estudios considerados de calidad metodológica insuficiente, según evaluación crítica por parte de los autores.

 

Proceso de selección y análisis: La selección de los artículos se realizó de forma independiente por dos revisores, siguiendo un proceso en tres etapas:

  1. Cribado inicial de títulos y resúmenes, con exclusión de los trabajos no pertinentes.
  2. Evaluación del texto completo, aplicando los criterios de inclusión y exclusión establecidos.
  3. Extracción y análisis de la información relevante, centrados en los siguientes aspectos:
    • Clase de psicofármaco implicado
    • Mecanismos fisiopatológicos propuestos
    • Manifestaciones clínicas asociadas
    • Gravedad de los eventos adversos descritos
    • Condiciones ambientales reportadas (cuando estuvieran disponibles)
    • Recomendaciones terapéuticas o preventivas

 

La información obtenida fue sintetizada de manera cualitativa y organizada en matrices temáticas, agrupando la evidencia según grupos farmacológicos y tipos de desenlace clínico.

RESULTADOS

Se incluyeron un total de 47 publicaciones que cumplieron con los criterios de inclusión establecidos. De ellas, 12 correspondieron a revisiones sistemáticas o narrativas de alta calidad, 15 a estudios observacionales (incluyendo diseños de cohortes, casos y controles y estudios transversales), 9 a reportes de casos clínicos y 11 a estudios clínicos o series de casos. La evidencia identificada fue analizada y agrupada según el tipo de psicofármaco implicado, los mecanismos fisiopatológicos descritos y las manifestaciones clínicas asociadas a la exposición al calor.

Antipsicóticos:

Los antipsicóticos, tanto de primera como de segunda generación, fueron los psicofármacos más frecuentemente implicados en eventos adversos relacionados con la exposición al calor.

Desde el punto de vista fisiopatológico, los efectos observados se atribuyen principalmente al bloqueo de los receptores dopaminérgicos D2 a nivel hipotalámico, lo que compromete la capacidad del organismo para regular adecuadamente la temperatura corporal. A este mecanismo se suma el efecto anticolinérgico, particularmente marcado en las fenotiazinas como la clorpromazina, que inhibe la sudoración y dificulta la disipación del calor. Asimismo, el aumento del tono muscular basal y la rigidez inducidos por estos fármacos incrementan la producción endógena de calor, mientras que la sedación limita la puesta en marcha de respuestas conductuales protectoras, como la hidratación o la búsqueda de ambientes frescos1–3.

La evidencia clínica respalda de manera consistente esta asociación. Un estudio caso-control realizado en Francia mostró que el uso de antipsicóticos durante los meses de verano se asociaba a un riesgo relativo 3,2 veces mayor de hospitalización por hipertermia en comparación con controles sin tratamiento psicofarmacológico4. De forma similar, una cohorte retrospectiva de adultos institucionalizados evidenció un aumento significativo de ingresos por golpe de calor entre los usuarios de antipsicóticos típicos, con un hazard ratio de 1,9 (IC95%: 1,4–2,6)5. Además, múltiples reportes de casos han descrito episodios de síndrome neuroléptico maligno (SNM) desencadenados por exposición a calor ambiental moderado en pacientes tratados con haloperidol, risperidona y olanzapina6–8.

Las poblaciones más afectadas fueron los adultos mayores, especialmente aquellos institucionalizados, en quienes concurren factores como la polimedicación, la disminución de la percepción de la sed y el deterioro cognitivo, que incrementan la vulnerabilidad frente al estrés térmico4,5.

Antidepresivos tricíclicos (ATC):

Los ATC mostraron una asociación relevante con alteraciones de la termorregulación, fundamentalmente debido a su marcada acción anticolinérgica. El bloqueo de los receptores muscarínicos reduce la sudoración, eleva la temperatura corporal y deteriora la percepción de la sed, favoreciendo la deshidratación en contextos de calor9.

En una revisión sistemática que incluyó 13 estudios, se identificaron múltiples casos de agotamiento por calor y golpe de calor en pacientes tratados con amitriptilina y nortriptilina, especialmente cuando estos fármacos se utilizaban en combinación con otros agentes anticolinérgicos10. Asimismo, se han descrito signos de toxicidad por ATC agravados por hipertermia leve, incluyendo taquicardia, confusión y retención urinaria11.

Inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) y los inhibidores de la recaptación de serotonina y noradrenalina (IRSN):

Aunque los ISRS y los IRSN presentan un menor perfil anticolinérgico, la evidencia sugiere que pueden interferir con la regulación térmica a través de la modulación de los niveles centrales de serotonina. Esta alteración puede manifestarse como intolerancia al calor o sudoración excesiva, probablemente relacionada con una disfunción autonómica leve12,13.

En estudios observacionales realizados en ámbito ambulatorio, aproximadamente el 12% de los pacientes que iniciaban tratamiento con fluoxetina o paroxetina presentaron síntomas autonómicos térmicos, como sudoración profusa, sofocos e intolerancia leve al calor14. De forma concordante, un estudio con sertralina evidenció una mayor incidencia de sudoración termorreguladora ineficaz durante la realización de ejercicio físico en ambientes cálidos (n=48; p<0,05)15. No se identificaron casos confirmados de SNM asociados exclusivamente al uso de ISRS en combinación con calor, aunque sí se reportaron episodios de síndrome serotoninérgico relacionados con interacciones farmacológicas, como la combinación de ISRS con tramadol16.

Benzodiacepinas y otros sedantes:

Las benzodiacepinas, barbitúricos y otros hipnóticos no actúan directamente sobre los centros termorreguladores, pero producen sedación, disminución del estado de alerta y reducción de la motivación conductual. Estos efectos dificultan la adopción de conductas adaptativas frente al calor, como la hidratación adecuada, la ventilación del entorno o la búsqueda de sombra17.

En estudios realizados en hospitales geriátricos, los pacientes en tratamiento crónico con benzodiacepinas presentaron una tasa significativamente mayor de hipertermia no infecciosa durante los meses cálidos, con una odds ratio de 2,1 (IC95%: 1,3–3,6)18. Además, diversos reportes de casos han descrito cuadros de delirio agudo asociados a deshidratación, así como episodios de hipotermia paradójica tras golpe de calor en pacientes sedados con benzodiacepinas19.

Estabilizadores del ánimo:

Entre los estabilizadores del ánimo, el litio fue el fármaco más claramente asociado a complicaciones relacionadas con el calor. La exposición a altas temperaturas favorece la deshidratación, lo que reduce el aclaramiento renal del litio y puede conducir a concentraciones séricas tóxicas, en ausencia de modificaciones en la dosis prescrita20.

La literatura revisada incluyó múltiples reportes de toxicidad por litio precipitada por exposición al calor, con manifestaciones clínicas como temblor, ataxia, vómitos y alteración del estado de conciencia21. En una serie de casos (n=6), todos los pacientes presentaron niveles de litio superiores a 1,5 mmol/L tras episodios de deshidratación secundaria al calor, sin cambios en la pauta terapéutica habitual22.

Para sintetizar la evidencia revisada y facilitar su interpretación clínica, la Tabla 1 (anexo 1) resume las principales clases farmacológicas, los mecanismos predominantes de alteración de la termorregulación, los eventos clínicos más frecuentes asociados a la exposición al calor y los grupos de pacientes con mayor vulnerabilidad.

 

DISCUSIÓN

Los resultados de esta revisión narrativa muestran de manera consistente que los pacientes tratados con psicofármacos presentan una mayor vulnerabilidad frente a los efectos adversos del calor, incluso en condiciones ambientales que no alcanzan umbrales extremos. Esta susceptibilidad se explica por la interferencia de distintos agentes psicotrópicos tanto en los mecanismos fisiológicos de la termorregulación como en la capacidad conductual de adaptación frente a temperaturas elevadas.

Entre las distintas clases farmacológicas, los antipsicóticos —especialmente los de primera generación, aunque también varios atípicos— destacan como los fármacos más firmemente asociados a complicaciones térmicas graves, incluyendo hipertermia no infecciosa, rabdomiólisis y síndrome neuroléptico maligno (SNM). El bloqueo de los receptores dopaminérgicos D2 a nivel hipotalámico constituye el principal mecanismo fisiopatológico implicado, al alterar el punto de ajuste térmico y comprometer la activación de respuestas disipadoras de calor, como la sudoración y la vasodilatación periférica1,2. A este fenómeno se suma el aumento del tono muscular y la rigidez inducidos por estos fármacos, que incrementan la producción endógena de calor y agravan el desequilibrio térmico.

En el caso de los ATC, el riesgo térmico se encuentra mediado fundamentalmente por su marcada acción anticolinérgica. El bloqueo de los receptores muscarínicos reduce o anula la sudoración, uno de los principales mecanismos de pérdida de calor corporal, y puede deteriorar la percepción de la sed. Esta combinación favorece la deshidratación, el delirio térmico y el golpe de calor, particularmente en pacientes de edad avanzada y en aquellos institucionalizados3,4.

Los ISRS y los IRSN, aunque presentan un perfil de seguridad termorregulatoria más favorable, no están exentos de riesgo. La evidencia revisada señala asociaciones con intolerancia al calor, sudoración disfuncional y signos de disautonomía leve. Asimismo, en presencia de polifarmacia o interacciones farmacológicas, el calor puede actuar como factor facilitador de cuadros de síndrome serotoninérgico, especialmente cuando se combinan con otros agentes serotoninérgicos5,6.

Las benzodiacepinas y otros sedantes constituyen un grupo particular, ya que su impacto sobre la termorregulación es indirecto. Al inducir sedación, enlentecimiento psicomotor y disminución del estado de alerta, estos fármacos interfieren con las respuestas conductuales adaptativas necesarias frente al estrés térmico, como la hidratación adecuada, el cambio de ambiente o la búsqueda de asistencia sanitaria. Como consecuencia, se incrementa el riesgo de deshidratación, delirio por calor y deterioro clínico agudo, especialmente en pacientes encamados, con deterioro cognitivo o con limitada supervisión7.

El litio representa un ejemplo paradigmático de interacción entre calor, deshidratación y toxicidad farmacológica. La pérdida de volumen asociada a temperaturas elevadas reduce de forma significativa su aclaramiento renal, lo que puede conducir rápidamente a concentraciones séricas tóxicas, incluso en ausencia de modificaciones en la dosis prescrita. Este hallazgo subraya la necesidad de una vigilancia clínica estrecha y del ajuste dinámico del seguimiento durante los meses cálidos o ante la aparición de síntomas compatibles con deshidratación o alteraciones neurológicas agudas8.

Un aspecto relevante que emerge de esta revisión es que el riesgo térmico no se limita a episodios de olas de calor o a climas extremos. Diversos estudios indican que temperaturas ambientales superiores a 28–30°C pueden ser suficientes para desencadenar eventos adversos en pacientes vulnerables, especialmente en presencia de comorbilidades médicas, polifarmacia o limitaciones funcionales9. Este hallazgo tiene importantes implicaciones clínicas, ya que sugiere que el riesgo térmico debe considerarse incluso en contextos urbanos o climas templados si no se adoptan medidas adecuadas de compensación ambiental y conductual.

Asimismo, la literatura revisada pone de manifiesto la ausencia de protocolos clínicos específicos y estandarizados para la prevención y el manejo del riesgo térmico en pacientes tratados con psicofármacos. La mayoría de las recomendaciones actuales derivan de guías generales sobre golpe de calor o SNM, sin contemplar de forma explícita la interacción entre medicación psicotrópica y temperatura ambiental. En este sentido, sería deseable el desarrollo de algoritmos clínicos que integren factores individuales de riesgo —como edad, comorbilidades, tipo y dosis de fármaco, y entorno social— y que orienten decisiones terapéuticas adaptadas a contextos estacionales o ambientales específicos.

Otro aspecto insuficientemente abordado en la literatura es el impacto diferencial del calor en personas con trastornos mentales graves que presentan alteraciones del juicio, de la conciencia de enfermedad o de la percepción corporal. En estos pacientes, la incapacidad para reconocer los signos precoces de hipertermia o para solicitar ayuda convierte la intervención preventiva por parte de cuidadores, familiares o personal sanitario en un elemento clave para reducir la morbimortalidad asociada.

Finalmente, es importante destacar que este riesgo suele coexistir con otros factores potencialmente modificables, como la deshidratación, el aislamiento social, el acceso limitado al agua potable o a sistemas de climatización, hábitos inadecuados y el desconocimiento del paciente sobre los efectos de su tratamiento en condiciones de calor. Todo ello resalta la necesidad de una educación proactiva y continuada, tanto del paciente como de su entorno de cuidados, como una estrategia fundamental de prevención clínica.

 

CONCLUSIÓN

Así, como conclusión, los pacientes en tratamiento con psicofármacos constituyen un grupo clínicamente vulnerable frente a la exposición al calor, incluso en condiciones térmicas que no alcanzan umbrales extremos. Las alteraciones en los mecanismos de regulación térmica, tanto fisiológicos como conductuales, inducidas por diversas clases de psicofármacos —en particular antipsicóticos, antidepresivos tricíclicos, benzodiacepinas e inhibidores de la recaptación de serotonina— incrementan de forma significativa el riesgo de hipertermia, golpe de calor, síndrome neuroléptico maligno, toxicidad farmacológica y mortalidad.

Esta revisión pone de manifiesto que una proporción considerable de los eventos adversos relacionados con el calor en pacientes tratados con psicofármacos es previsible y potencialmente evitable mediante estrategias preventivas adecuadas. La identificación temprana de pacientes en riesgo, la revisión estacional de los tratamientos farmacológicos, la educación del paciente y de su entorno familiar o institucional, así como la vigilancia clínica activa durante periodos de temperaturas elevadas, deberían integrarse de forma sistemática en el abordaje de la salud mental.

Asimismo, se evidencia la necesidad de desarrollar protocolos clínicos específicos y guías prácticas que incorporen la evaluación del riesgo térmico en la prescripción y el seguimiento de psicofármacos. Dichas recomendaciones deberían contemplar criterios para el ajuste de dosis, la sustitución temporal de fármacos de alto riesgo y orientaciones claras dirigidas tanto a profesionales de salud mental como a médicos de atención primaria y personal de cuidados geriátricos.

Desde una perspectiva clínica y de salud pública, aumentar la concienciación sobre la interacción entre psicofármacos y exposición al calor no solo permite reducir la morbimortalidad asociada, sino que también favorece un modelo de atención más proactivo, preventivo y centrado en el paciente, adaptado a los desafíos que plantean las condiciones ambientales actuales.

 

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ANEXOS

Tabla 1. Psicofármacos, mecanismos de alteración de la termorregulación y eventos clínicos asociados a exposición al calor.

CLASE FARMACOLÓGICA MECANISMO PREDOMINANTE EVENTOS CLÍNICOS MÁS FRECUENTES RIESGO ELEVADO EN…
Antipsicóticos Bloqueo dopaminérgico central / sudoración ↓ / rigidez muscular SNM, hipertermia, rabdomiólisis Adultos mayores, pacientes institucionalizados
Antidepresivos tricíclicos Efecto anticolinérgico (sudoración ↓) Golpe de calor, delirio, deshidratación Pacientes ancianos, polimedicados
ISRS / SNRIs Alteración serotonérgica del control autonómico Intolerancia al calor, sudoración disfuncional Pacientes con polifarmacia o exposición prolongada al calor
Benzodiacepinas Sedación / reducción de respuestas conductuales Deshidratación, delirio, deterioro clínico por calor Pacientes geriátricos, encamados o con deterioro cognitivo
Litio Disminución del aclaramiento renal por deshidratación Toxicidad neurológica y renal Pacientes con función renal reducida o edad avanzada

 

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