El duelo en la vejez

2 septiembre 2024

 

AUTORES

  1. ⁠Lorena Rudilla Pinzón. Trabajadora Social del Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza. España.
  2. María Cruz Camacho Pescador. Trabajadora Social del Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa (HCULB). Zaragoza. España.
  3. Sonia Pinzón Castro. Graduada en Enfermería, Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza. España.
  4. Carmen Ramos Margalejo. Graduada en Enfermería, Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza. España.
  5. Pilar Ramos Margalejo. Graduada en Enfermería, Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza. España.
  6. Olga Tolosa González. Trabajadora Social del Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza. España.

 

RESUMEN

El duelo es una fase por la cual las personas afectadas pasan por un estado emocional de crisis, que debe ser tratado por parte de los profesionales y fomentar aquellos aspectos que empoderen a la persona para evitar sentimientos de soledad y de exclusión, que la persona pueda volver a encontrarse a sí misma y que consiga solventar tal indeseada situación.

Para su consecución, es preciso no sólo la participación de los profesionales que, de manera interprofesional desarrollen proyectos de este calibre, sino la presencia de un entorno social óptimo que permita un empoderamiento al individuo y que se sienta protegido.

PALABRAS CLAVE

Mujer, duelo, soledad, pérdida, crisis, entorno social.

ABSTRACT

Mourning is a phase that makes people pass through an emotional crisis state, which should be treated by professionals and push up the aspects to improve the person’s behaviour in order to avoid loneliness and debarment feeling and let her find herself again in order to achieve solving her bad situation.

For that, it must be necessary not only the participation of the professionals in an interprofessional way to make projects of this size; also, the presence of an optimum social environment that allows the improvement of the individual and makes her feel protected.

KEY WORDS

Women, mourning, loneliness, loss, crisis, social environment.

INTRODUCCIÓN

La familia es considerada la institución primordial del ser humano. Según la Declaración Universal de los Derechos Humanos, es el elemento natural y fundamental de la sociedad, teniendo pleno derecho a la protección de la sociedad y del Estado (Enciclopedia Británica en Español, 2009). Para la persona, este ámbito es muy importante, ya que durante toda la vida del individuo es la encargada de solventar aquellas necesidades primordiales y es, por tanto, el primer apoyo social con el que cuenta.

En la actualidad, debido al gran desarrollo en avances científicos que han provocado una erradicación de enfermedades infecciosas, son las enfermedades crónicas las protagonistas de aquellas dolencias en la sociedad; además, se ha observado un incremento en la esperanza de vida por parte del colectivo femenino, en contraposición de los hombres, quienes cuentan con más baja esperanza de vida. Estas mujeres mayores, al vivir durante más años que sus maridos, acaban solventando una fase de lo que se conoce como “duelo”, que puede derivar a su vez en otros aspectos negativos a nivel de la salud y a nivel social respectivamente.

En el Hospital Miguel Servet, situado en la provincia de Zaragoza, los/as trabajadores/as sociales y enfermeros/as que trabajan en el mismo han detectado que el rol de cuidados generalmente lo asumen las mujeres. No obstante, tras fallecer la persona cuidada, manifiestan problemas emocionales que afectan a su salud. Por este motivo, se hace necesario el apoyo profesional en el ámbito socio sanitario.

A partir de la técnica “Design thinking”, la cual hace evidencia a una metodología para comprender lo que necesitan los usuarios a partir de la observación directa. De esta observación se ha constatado un problema principal: “las mujeres que ingresan en el hospital, que han perdido a algún familiar recientemente al que delegaban sus cuidados (suelen ser los cónyuges) muestran signos de depresión y pueden llegar a enfermar”, estas mujeres delegan sus actividades de la vida diaria en otras personas y ellas mismas corroboran que durante su tiempo libre se encuentran solas en sus domicilios.

OBJETIVOS

De entre los objetivos propuestos para llevar a cabo la investigación, son los siguientes:

Objetivo General:

  • Revisar la bibliografía existente sobre la situación personal de las personas mayores que han perdido recientemente a un familiar en quien delegaban los cuidados no profesionales.

 

Objetivos Específicos:

  1. Realizar una búsqueda bibliográfica a través de buscadores específicos en ciencias sociales y revistas especializadas.
  2. Evaluar qué tipo de problemas de salud y de estado emocional pueden aparecer en estas personas tras perder a un familiar cercano o que han enviudado.
  3. Concretar el perfil de las personas mayores que han enviudado.
  4. Revisar la teoría sobre los grupos socioterapéuticos y sobre los grupos de autoayuda.

 

METODOLOGÍA

Según las fuentes que se han utilizado, es una investigación secundaria, ya que se ha recopilado información en diferentes manuales efectuados por otros expertos e investigadores del tema.

El informe ha comenzado con una sustancial búsqueda bibliográfica analizando datos sobre la situación, sobre los conceptos a tratar. Toda esta información ha sido recabada de las siguientes fuentes y bases de datos (Dialnet, Google académico, Iberlex); artículos científicos (investigaciones sociales); libros (documentos impresos, monografías y manuales); revistas (“Portularia”: revista de Trabajo Social y “Comunitaria”: revista internacional de Trabajo Social y Ciencias Sociales) y en otros (noticias de periódicos, páginas web de asociaciones); se han encontrado una serie de artículos que, tras su lectura crítica no han aportado información relevante en el mismo dado que se dirigían hacia otros temas, pero que de la misma forma que el resto, se ha organizado en el marco teórico y correctamente citada en el apartado bibliográfico.

RESULTADOS

El diccionario de la Lengua Española define el concepto de “duelo” como: “el dolus que traduce el dolor profundo o pesar que se manifiesta por la muerte de una persona”.

Otra de las definiciones, según Sanz, es: “el estado de pensamiento, sentimiento y actividad producida como consecuencia de la “pérdida” de una persona “querida” asociándose a síntomas físicos y emocionales16.

Tras esta definición se entiende que es una respuesta a la pérdida de un ser querido, siendo una carga para la persona que continúa en vida y que debe afrontar esta pérdida. En muchas ocasiones es considerado como una enfermedad ya que puede provocar una muerte precoz en el individuo (“efecto viudedad”), es psicológicamente traumática y puede poner en marcha o agravar enfermedades físicas, psíquicas y aumento en las enfermedades cardiovasculares, Sanz17.

Cuando la muerte del cónyuge o de algún familiar cercano llega sin avisar, suele sumirle a la persona en un profundo bache emocional causando con frecuencia problemas como la depresión donde el apoyo del resto de la familia es fundamental. Hay otras ocasiones en las que se trata de una pérdida anunciada por una larga enfermedad y las consecuencias son diferentes. Muchas personas mayores se pasaron mucho tiempo de su vida cuidando de una persona que posteriormente fallece. Este fallecimiento tras un largo periodo de enfermedad trae consecuencias de salud para las personas ancianas que eran cuidadoras. El sufrimiento acumulado en la larga enfermedad hace que la defunción se interprete como un descanso para el enorme desgaste que se ha producido todo ese tiempo. La labor cuidadora que han tenido les supone limitaciones en la vida personal, problemas de salud, aislamiento social, problemas físicos, problemas emocionales y raro es el caso en el que los cuidadores no presentan alguna consecuencia negativa orientada por esta experiencia.

Centrándonos en las mujeres mayores que han enviudado, se debe mencionar que hay dos perfiles diferentes de personas: por un lado, las personas que han enviudado de manera prematura y personas que enviudan con edades más envejecidas:

Las personas mayores que sufrieron una viudedad prematura han visto cómo se rompía su matrimonio repentinamente y en la mayoría de casos, si tienen hijos pequeños se ven de repente encabezando una familia monoparental. A pesar del dolor sufrido por la pérdida del cónyuge, han tenido que tomar conciencia rápidamente del rol que debían asumir en lo sucesivo con sus hijos y esta necesidad produce mayor estrés que el producido por la propia pérdida del ser querido.

Las consecuencias sufridas con la viudedad prematura varían mucho de hombres a mujeres. Los varones deben enfrentarse a las tareas domésticas por primera vez, sin embargo, las mujeres se pueden ver envueltas en situaciones de pobreza económica donde debían desempeñar una actividad profesional remunerada y que, dada la falta de contacto con el mercado laboral, es difícil conseguirlo, lo que conlleva en muchas ocasiones a realizar trabajos más precarios.

Muchas de estas personas deciden reagruparse en hogares familiares, bien de familiares cercanos, bien de sus progenitores o en hogares de hijos que ya se encontraban emancipados. Muchas veces con la reagrupación se pretende el no tener que optar a trabajos/puestos precarios, poco remunerados y también como una forma de aporte permanente de compañía y apoyo emocional.

En el caso del cuidado a los ancianos, la realidad de las personas que enviudaron prematuramente es muy similar a la que asumen las personas que no tienen pareja. Por tanto, el perfil de las personas con viudedad prematura es el siguiente:

  • Es un perfil predominantemente femenino dada la gran sobremortalidad masculina en edades adultas.
  • Personas que deben asumir roles repentinos, como la búsqueda de un nuevo empleo.
  • Personas cuyos hijos ya se han emancipado, lo que puede agravar la situación y la vida en solitario y que, por miedo a molestar, no deciden irse a vivir con ellos.
  • Personas viudas y que, tras la reagrupación familiar, los progenitores también fallecen, lo que les lleva de nuevo a la soledad.

 

Por otro lado, las Naciones Unidas han señalado que en los últimos años el número de personas que cuentan con edades superiores a los 60 años han aumentado considerablemente y que, a lo largo de los años posteriores, las personas mayores de 80 años continuarán incrementándose. Por consiguiente, el grupo de centenarios será de cinco veces mayor, superando el porcentaje del 20%, según Macionis & Plummer11.

Aunque la sociedad tenga mejor esperanza de vida, esto no conduce, ni mucho menos a una buena calidad de salud, sino que se han incrementado los porcentajes de personas mayores que sufren dependencia y que necesitan a una persona constante para realizar las actividades básicas de la vida diaria, Ley 39/2006 de Promoción de la Autonomía personal y Atención a las Personas en Situación de Dependencia10.

La esperanza de vida, según la definición que aporta la Oficina Nacional de Estadística13: “es una medida sobre el nivel de la mortalidad que expresa el promedio de años que se espera que viva una persona bajo las condiciones de mortalidad del período en el que se calcula y constituye un indicador para caracterizar aquellas condiciones de vida, de salud, de educación y otras dimensiones sociales de un territorio”. Para calcularlo, siguiendo a esta organización, se utiliza la tabla de mortalidad o tabla de vida, es un instrumento estadístico que mide las probabilidades de fallecimiento de una población en función de edad. Por tanto, en una primera fase se calculan las tasas de defunciones por sexo y edad, posteriormente, tras un procedimiento matemático se convierten en probabilidades de muerte y a partir de aquí, se deriva a la tabla de mortalidad para calcular la esperanza de vida, Oficina Nacional de Estadística13.

El perfil de las personas que son viudas a edades avanzadas es el siguiente:

  • Es el grupo más cuantitativo en número.
  • Lo constituyen aquellos que han alcanzado la vejez o están muy cerca de ella y se encuentran con la viudedad.
  • Los hijos ya están emancipados y la pareja experimentaba el nido vacío.
  • Es principalmente un perfil de mujeres debido a que en los matrimonios la mujer suele ser más joven y la esperanza de vida también es mayor.
  • La elección de estrategias adaptativas a la situación es distinta por el género.

 

El alargamiento de la esperanza de vida ha hecho que se pueda convivir más años con la pareja y, por tanto, la defunción sea más dolorosa. No obstante, esto no deja de ser un suceso de aparición inevitable y que, el hecho de verse solos de un día para otro suponga unas exigencias de tipo emocional a las que cuesta sobreponerse. Algunos ancianos prefieren la vida autónoma, otros prefieren el traslado a casa de los familiares y otros prefieren pasan un tiempo con los allegados y se van a su casa a vivir en soledad. De entre algunas de las manifestaciones del duelo son las siguientes:

  • La primera manifestación es el luto es una de las normas de comportamiento inmediato que se llevan implícitas con la viudez. Es una norma bastante extendida entre las personas mayores y está basada en la demostración externa del estado de duelo en el que se acaba de ingresar. Para algunas personas, el luto puede ser intermitente, pero para otras, puede durar menos. No obstante, hay muchas otras que mantienen el luto durante toda su vida, pues su manera de vestir parece esconder una resignación al destino que han de habitar, en una sociedad donde no viven como les gustaría. El luto es más habitual en las personas que residen en el medio rural. Cuando hablamos de personas, nos referimos a mujeres, los arones quedan liberados de la exigencia del luto. No está mal visto que un hombre deje de llevar alguna prenda de luto o lo deje de hacer por completo. La decisión del luto obliga en mayor medida al género femenino que al masculino, las mujeres disponen de menos permisividad. Los sorprendente de esta manifestación del duelo es que son las propias mujeres las que más severas se muestran con el cumplimiento de la norma social por parte de su género. De todas formas, es importante señalar que el luto es una costumbre social en retroceso, las personas mayores de ahora no son las mismas que las de hace una década y son ellas mismas las que advierten del desuso de este hábito.
  • Otra manifestación del duelo es la permanencia en el ámbito doméstico. Este comportamiento es asumido principalmente por el género femenino y consiste en quedar recluido en el hogar y tener un reducido contacto con el exterior que se puede prolongar a lo largo del tiempo. La vivienda pasa a ser el centro de la actividad diaria y el aspecto físico se empieza a descuidar. Es una actividad muy empobrecida ya que estas personas suelen desinteresarse por las relaciones sociales que no van más allá de las visitas que puedan recibir a domicilio. Las salidas a la calle se producen con bastante escasez y brevedad pues prefieren quedarse en su domicilio. En este contexto es muy importante la actuación familiar.

 

En nuestra sociedad, existe un amplio número de personas que han permanecido toda su vida en el hogar paterno cumpliendo a la vez la función de cuidadores. Las principales razones por las que han permanecido en el mismo hogar paterno toda su vida son las siguientes:

  • Razones de naturaleza económica. Estas las sufren especialmente las mujeres que por escasa o nula implicación en el mercado carecen de recursos y por tanto dependen del hogar paterno para subsistir. Son mujeres que sacrificaron su vida laboral por la vida doméstica y familiar debido a unas normas culturales que eximían obligatoriamente al género femenino de la necesidad de obtener un salario y que, cuando llegan a la vejez, se encuentran sin recursos económicos suficientes para ser autosuficientes y requieren la ayuda de sus familiares para poder vivir.
  • Falta de preparación doméstica. Esta razón la sufren principalmente los varones que, teniendo dependencia económica, debido a la falta de interés y de obligación en las tareas domésticas, tienen que depender de las mujeres de la familia. Tal acomodamiento les pasa factura cuando comienzan a vivir solos y tienen un serio problema de desenvolvimiento autónomo.

 

En este marco de delatada convivencia con los padres, se crea un gran vínculo emocional que compensa en buena medida la ausencia de relaciones conyugales. De este modo, cuando los otros hermanos contraen matrimonio, en el hogar se crea un núcleo monoparental que, en muchas ocasiones, cuando el anciano/a muere, se convierte en un hogar unipersonal. En este momento, se recibe como forma de herencia el hogar familiar a modo de recompensa por los cuidados y esta herencia le permite a la persona permanecer en su entorno. El perfil de las personas que viven solas y son solteras es el siguiente:

  • Acceden a su condición de soledad residencial principalmente tras la muerte de sus progenitores.
  • El cambio a la condición de soledad les sobreviene cuando tienen una edad avanzada.
  • La continuidad en el hogar familiar afecta por igual a hombres y mujeres.
  • Existen solteros que se han emancipado y que cuentan con muchas más garantías para afrontar las exigencias y los problemas de la vida en solitario.

 

Lo retórico de la situación es que las personas mayores que han realizado cuidados no profesionales saben cuidar a personas ajenas, pero no han aprendido a cuidarse a sí mismas. Este aspecto dependerá mucho de la persona y de la forma en que afronten su problema. Además, cabe añadir que cada persona al tener vivencias distintas puede afectar en mayor o menor medida determinadas situaciones. Para el cuidador, influyen elementos importantes: el tiempo que llevan cuidando a su familiar, quién es el familiar al que dedican el cuidado y, por último, las relaciones sociales o de apoyo que precisan.

El autocuidado se entiende en función de la adecuada educación higiénica y sanitaria, incluyendo aquellas actividades desde la vigilancia de la dieta hasta el cuidado de los dientes, el ejercicio físico o los controles médicos periódicos. Este tipo de cuidado va de la mano de la independencia y autonomía personal del individuo a la hora de realizar las Actividades Básicas de la Vida Diaria (ABVD). Según (Rossell, 1998) citado por (Fernández & López, 2006), la autoayuda implica asumir la responsabilidad personal en el cuidado de uno mismo y en las acciones y decisiones que se toman para responder a las situaciones de la vida cotidiana. En este sentido, se entienden los grupos de autoayuda como personas que comparten unas ideas, unas situaciones de vida o unas enfermedades y se agrupan para darse, de manera mutua, diferentes tipos de apoyo, como el apoyo emocional. Todo ello a través de la acción de compartir sus experiencias personales, Borkman citado por Martín, Rivera, Morandé & Salido12.

Teniendo en cuenta el modelo de ayuda mutua o autoayuda, se suele afirmar que en el momento en que una persona ayuda a los demás, también se está ayudando a sí misma. Este modelo parte de la idea de que el grupo es un entorno ideal para que las personas revisen sus necesidades y objetivos de manera colectiva, obteniendo apoyo para ellas mismas y para los demás. En estos grupos, todas las personas aportan información competente, tienen derecho a participar y a hablar en primera persona, lo que favorece la escucha activa, la comprensión y el aprendizaje. La comunicación en el grupo se basa en un estilo de participación libre, para ello, el profesional debe modelarse para proporcionar de manera adecuada. A diferencia de otro tipo de intervenciones, en estos grupos, el profesional no desempeña un rol autoritario, ni es la figura central, sino que ha de situar al grupo en un proceso continuo de evaluación de sus asuntos, proporcionándoles un marco y unas líneas maestras para la interacción Rossell, citado en Fernández & López7.

Otra clasificación de grupos la propone Teresa Rossell16, en la que explica que los grupos socio-terapéuticos son aquellos encargados de tratar los aspectos que producen sufrimiento a las personas o les impiden desarrollar sus habilidades sociales, por lo que están destinados a mejorar su entorno personal. Según Zastrow, el objetivo principal es conseguir que todos los miembros consigan el desarrollo de actitudes y conductas socialmente más adecuadas. Se pretende alcanzar el desarrollo de habilidades sociales, el aumento de la autoconfianza y conseguir una planificación a futuro.

CONCLUSIONES

Las condiciones de vida de los cuidadores de enfermos apenas han sido, hasta ahora, objeto de investigación. Sobre las mujeres con familiares recaen, con más dureza que sobre ningún otro grupo, las exigencias tradicionales de servicio a los demás y olvido de las propias necesidades o proyectos personales y que se ven agravadas cuando fallece el familiar al que ejercen sus cuidados.

En este punto, se puede mencionar que el autocuidado forma parte casi inseparable de la utilización de los servicios sociosanitarios. En los casos en que se utilizan servicios sanitarios o se reciben cuidados de otros familiares siempre hay un componente de autocuidado en la resolución de utilizarlos. El autocuidado resulta tanto de la capacidad para valerse por sí mismo, de su deseo de independencia como de la disponibilidad de ayuda de otras personas.

En cuanto a los grupos, para que se pueda llevar a cabo el seguimiento y acompañamiento de un grupo, es necesario que exista coordinación, que se realicen reuniones con un fin marcado por el grupo, con unas normas establecidas, y con la cooperación y reflexión de todos los miembros del grupo. Para ello, es imprescindible crear un vínculo con el grupo, para generar así, un clima de confianza, pues sin este, es muy complicado entregarse a un proceso. En este no sólo importan los problemas de la vida de las personas, sino también sus capacidades y actitudes facilitadoras.

Según Gisbert, citado por Henry S, East J, Schmitz C8cada cual ha de ver dónde tiene que pulir sus actitudes, su propia persona y cómo tiene que seguir completando su formación. La teoría, los autores, los modelos son focos de luz que alumbran el contexto. Cuanta más formación tengamos más conocimiento, estrategias, técnicas, sana actitud y arte pondremos en la conducción de grupos”. También hace referencia a que cada grupo es un mundo y para poder conducirlo es necesaria una reflexión colectiva para proceder todos juntos.

BIBLIOGRAFÍA

  1. García A, Hidalgo Checa A. Definiciones de Discapacidad en España. Informes. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Madrid: Centro de Ciencias Humanas y Sociales; 2011.
  2. Children in Single-Parent Households and Stepfamilies Benefit Most Socially from Time with Grandparents. Journal of Family Psychology®; 2009.
  3. Brenes Y. Adultos Mayores Construyendo Procesos de Duelo Adecuados. Revista de Trabajo Social (71): 17-22.
  4. Cano A. Trabajo Social con Grupos. Las Palmas de Gran Canaria; 2012.
  5. Di Silvestre C. Somatización y percepción subjetiva de la enfermedad. Revista Cita Moebio. Pp. 1998;181–3.
  6. La familia: concepto, tipos y evolución. Enciclopedia Británica en español; 2009
  7. Fernández, T., & López, A. Trabajo Social con Grupos. Madrid: Alianza; 2006
  8. Henry S, East J, Schmitz C. Trabajo Social con Grupos. Modelos de intervención. Madrid: Narcea; 2004.
  9. Programa de atención a cuidadores/as no profesionales de personas en situación de dependencia. Programa Cuidarte. Gobierno de Aragón; 2010.
  10. Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia. Ley 39/2006, 14 de diciembre. Boletín Oficial del Estado, nº 299, (15/12/2006).
  11. Macionis, J., & Plummer, K. Sociología. Madrid: Pearson Educación; 2011
  12. Martín L, Rivera A, Morandé G, Salido G. Las aportaciones de los grupos de autoayuda a la salud mental. Clínica y Salud. 2000;11(2):231–56.
  13. INE. Oficina Nacional de Estadística [sede web]. Madrid [actualizada año 2024; acceso 12 de agosto de 2024].Disponible:https://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INESeccion_C&cid=1259926380048&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios/PYSLayout#:~:text=Se%20define%20como%20el%20n%C3%BAmero,Espa%C3%B1a%20en%20un%20a%C3%B1o%20determinado.
  14. Pascual G.B. El cuidador de pacientes con Demencia tipo Alzheimer. El cuidador de pacientes con Demencia tipo Alzheimer. Esteve; 1999.
  15. Romero Ayuso D.M. Actividades de la Vida Diaria. Psicología. 2007.
  16. Rossell T. Trabajo Social de grupo: Grupos socio-terapéuticos y socioeducativos. Madrid: Cuadernos de Trabajo Social; 1998.
  17. Sanz J. El duelo al perder a tu pareja. Hospital Universitario Marqués de Valdecilla, Servicio de Oncología Médica y Cuidados Paliativos. Santander; 2007.
  18. Shaw, M. E. Dinámica de grupo: psicología de la conducta de los pequeños grupos. Barcelona: Herder;1986.
  19. Zastrow, C. H. Trabajo Social con Grupos. Madrid: Paraninfo; 2008.
  20. Zamanillo T. Trabajo Social con Grupos y pedagogía ciudadana. Madrid: Síntesis; 2008.

 

Publique con nosotros

Indexación de la revista

ID:3540

Últimos artículos