El rol de las obstetrices en los cuidados del recién nacido en la roma antigua

16 noviembre 2024

AUTORES

  1. María García Magán. Enfermera Instituto de Evaluaciones Médicas y Doctora en Ciencias de la Antigüedad. Aragón, España.
  2. Nuria Durán Artigas. Enfermera Cardiología/Cirugías Xardíaca, Hospital Universitario Miguel Servet. Aragón, España.
  3. Elías Rafael Herrera Ruiz. Enfermero Medicina Interna, Hospital Universitario Miguel Servet. Aragón, España.
  4. Ana María Barceló Labuena. Enfermera Urgencias Hospital Universitario Miguel Servet. Aragón, España.
  5. Joaquín Juste Giménez. Enfermero 061 Aragón. Aragón, España.
  6. Miriam Artal Rillo. Enfermera Quirófano Materno Infantil, Hospital Universitario Miguel Servet. Aragón, España.

 

RESUMEN

A pesar de que se suele centrar la atención en el papel que desempeñaron las matronas durante la Roma antigua como parteras, lo cierto es que sus competencias y funciones fueron mucho más allá. A partir de fuentes literarias, iconográficas y epigráficas, entre las que destaca el tratado Ginecología del médico Sorano de Éfeso, el objetivo de este artículo es comprender el papel que desempeñaron la matrona en los cuidados del recién nacido durante la Roma antigua. Como veremos, la matrona u obtetrix no solo participó en la valoración física, la higiene, el corte del cordón umbilical o el fajado del recién nacido, sino que tuvo un rol indispensable en la aceptación o rechazo de estos nuevos individuos en el seno de la familia romana.

PALABRAS CLAVE

Historia, historia de la enfermería, partería, Roma.

ABSTRACT

Midwives are often seen solely as birth attendants. However, their competencies and functions extended far beyond that. The aim of this article is to understand the role that midwives played in the care of newborns in ancient Rome, using literary, iconographic, and epigraphic sources, particularly the treatise «Gynaikeia» by the physician Soranos of Ephesus. As we will see, the midwife, or obstetrix, not only participated in physical assessments, hygiene, umbilical cord clamping, and swaddling of the newborn, but also played an indispensable role in the acceptance or rejection of these new individuals within the Roman family.

KEY WORDS

History, history of nursing, midwifery, Rome.

DESARROLLO DEL TEMA

Introducción, objetivos y metodología

El historiador griego Plutarco afirmaba que, antes de que los restos del cordón umbilical se desprendieran, los recién nacidos eran más parecidos a una planta que a un humano (Plut.Quaes.Rom.288c)1. De hecho, el mismo autor indica que los romanos no observaban los ritos funerarios cuando perdían a un hijo durante la infancia, puesto que estos niños no formaban parte de “los afectos terrenales” (Plut.Cons.Uxor.11)2. Unos siglos antes, el autor latino Cicerón, había aseveraba que, si un bebé “moría en la cuna”, no había ni tan siquiera que lamentarse (Cic.Tusc.1.39.93). Estas afirmaciones, unidas a la alta mortalidad infantil en las sociedades preindustriales3, llevaron a la investigación a pensar que los romanos no establecieron verdaderos vínculos de apego con los recién nacidos, puesto que resultaba probable que el infante no sobreviviera hasta la edad adulta. ¿Para qué iban a “ilusionarse” con el nacimiento de un nuevo vástago o “encariñarse” con él si probablemente muriera a los pocos días? No obstante, la epigrafía y la arqueología —que no solo recogen las opiniones aisladas de personajes de la élite intelectual como Cicerón o Plutarco, sino que ofrecen una visión más amplia, incluyendo a otros sectores sociales— muestran un panorama muy diferente2. Por ejemplo, en Pompeya se han hallado graffiti (es decir, pintadas sobre muros, precursoras de los actuales “grafitis”) en los que los padres anuncian con alegría la llegada de un nuevo miembro a la familia2,3,4. En el mismo sentido, la epigrafía (es decir, la disciplina que estudia las inscripciones en diversos soportes) revela que algunos progenitores de la Roma antigua conmemoraron la muerte de sus difuntos vástagos, incluso cuando estos no habían cumplido ni un año de edad —tal y como se indica en algunos epitafios conservados, donde se llega a especificar los meses, días e incluso horas del pequeño difunto (CIL VI 28044)2. Los entierros de infantes hallados en numerosas excavaciones arqueológicas a lo largo y ancho del Imperio también demuestran que los romanos no se desentendieron de los cadáveres —como parece implicar la afirmación de Plutarco—, sino que hicieron un esfuerzo por conservar su memoria, aunque sus enterramientos se sitúan generalmente en localizaciones distintas a las de los adultos2,5.

Así pues, parece que, a pesar de las manifestaciones de algunos autores, la llegada al mundo de un recién nacido sí que suponía un motivo de alegría y su pérdida una razón para el duelo. Al fin y al cabo, si ese pequeño ser sobrevivía, podía contribuir a la continuidad del linaje familiar (si es que se trataba del descendiente de ciudadanos libres), colaborar en el mantenimiento del hogar (en caso de que se tratara de un esclavo) y, en definitiva, aportar un nuevo integrante a la sociedad romana. Pero para que eso llegara a ocurrir, era necesario aumentar sus opciones de supervivencia y, para ello, los primeros cuidados tras el parto fueron fundamentales. Estos cuidados eran dispensados por una figura que, si bien contaba con orígenes humildes, contribuyó de forma decisiva a la reproducción social de la Roma antigua: la obstetrix o matrona.

Así pues, el objetivo del presente artículo es analizar el papel que desempeñaron las obstetrices o matronas en los cuidados del recién nacido. Para ello, haremos uso de las fuentes disponibles, valiéndonos de la metodología histórica. El presente trabajo se trata, por tanto, de una investigación de carácter cualitativo, que ha sido posible gracias a la consulta de fuentes primarias y a la revisión de la bibliografía moderna. Para la obtención de estas referencias se ha hecho uso de dos buscadores: PubMed para la bibliografía más cercana al ámbito de Ciencias de la Salud y Google Scholar para los trabajos encuadrados en el marco de las Humanidades. A partir de esta búsqueda, se han seleccionado los artículos más relevantes para nuestro estudio, algunos de los cuales han servido para encontrar nuevas referencias de importancia. Entre las fuentes de carácter primario destaca el tratado “Ginecología” (Gynaikeia), escrito por Sorano de Éfeso, médico griego que vivió a caballo entre los siglos I y II d.C. Para su lectura, se ha utilizado la traducción al inglés de Temkin, que aparece reseñada en la lista final de referencias6. Además, utilizaremos las convenciones propias del ámbito de las Humanidades para la citación de los textos clásicos y las piezas epigráficas.

Para facilitar la labor al lector, se ha decidido utilizar la palabra española “matrona” para hacer referencia a la mujer que se dedicó a los cuidados de la mujer y el recién nacido en la Antigüedad, a pesar de que en el ámbito de las Humanidades suela utilizarse con otra de sus acepciones (esto es, como traducción de la palabra latina matrona, esto es, una mujer romana respetable). Se ha preferido utilizar este término al de “partera”, ya que este último restringe sus funciones a un solo ámbito, cuando lo cierto es que las fuentes nos indican que sus competencias fueron mucho más allá que la atención de los partos. Asimismo, la palabra “matrona” se utilizará como equivalente de los términos obstetrix en latín y maia en griego. Por último, es necesario señalar que en otros artículos que en este artículo no nos detendremos en analizar las características socioeconómicas y culturales de las matronas en la Roma antigua ni sus funciones en relación con los cuidados de la mujer, puesto que analizaremos estos aspectos en detalle en dos artículos que se pretenden publicar próximamente. Asimismo, tampoco examinaremos los pormenores relacionados con la lactancia materna, pues serán objeto de estudio de otro artículo que tendrá como protagonistas a las llamadas nutrices o nodrizas, mujeres dedicadas profesionalmente a la lactancia de otros bebés que no eran los suyos.

Desafortunadamente, no se ha conservado ningún tratado de pediatría escrito en la Antigüedad1. Lo más parecido que conservamos son los cuidados al neonato que describe Sorano de Éfeso en el libro segundo de su tratado Gynaikeia. Sorano fue un médico griego que ejerció su labor entre Alejandría y Roma. Su obra tuvo gran repercusión no sólo entre sus coetáneos, sino también posteriormente, puesto que fue copiada y utilizada muchos siglos después para la formación de matronas durante la Edad Media y comienzos de la Edad Moderna5. Como el propio médico indica, Gynaikeia es un manual ginecológico que trata sobre las matronas y todo aquello relacionado con sus competencias (Sor.Gyn.1.1). En este sentido, Sorano ofrece una visión detallada de las funciones de la matrona en relación con los cuidados de la mujer, especialmente durante el embarazo y el parto, y aquellas posibles complicaciones que puedan surgir. Sin embargo, como ya se ha comentado, también brinda la mejor fuente para el conocimiento de los cuidados del recién nacido por parte de la matrona, datos que, en algunas ocasiones, pueden ser contrastados por otro tipo de fuentes literarias e iconográficas. A continuación, utilizando el orden propuesto por Sorano en su tratado, nos detendremos en aquellas funciones y tareas propias de la matrona en relación a los cuidados del recién nacido.

Valoración física del recién nacido:

Una de las funciones de mayor importancia de la matrona fue la valoración física del recién nacido. Sorano describe este examen de forma muy elocuente e indica que, tras la expulsión del recién nacido, la matrona debía determinar su sexo, lo que comunicaba mediante un gesto de su mano que, por desgracia, no conocemos. Tras ello, depositaba al recién nacido en el suelo y procedía a un minucioso examen físico, realizando un “primitivo Test de Apgar”, en busca de cualquier anomalía. En primer lugar, valoraba el vigor del llanto del bebé —lo que correspondería a la actual valoración de los reflejos en el Test de Apgar—, ya que, en palabras de Sorano, “se cree que el que vive cierto tiempo sin llorar o llora débilmente, es sospechoso de comportarse así debido a alguna condición desfavorable” (Sor.Gyn.2.10). Tras ello, la matrona examinaba los miembros del recién nacido, comprobando que sus “las funciones naturales de cada <miembro> no son lentas ni débiles, que las articulaciones se doblan y estiran; que [el miembro] tiene el tamaño y forma adecuados y es correctamente sensible en todos los aspectos” (Sor.Gyn.2.10) —un examen con similitudes con la actual valoración del tono muscular en el Test de Apgar. Además, la matrona también debía comprobar “que sus conductos, es decir, los oídos, nariz, faringe, uretra, ano” estuvieran “libres de obstrucción”, es decir, la matrona valoraba la permeabilidad de la vía aérea —lo que también constituye una de sus funciones en la actualidad— y el correcto funcionamiento de los órganos de los sentidos y el aparato digestivo.

Este minucioso examen determinaba, según palabras de Sorano, si “valía la pena criarlo o no”. En otras palabras, la matrona era quien valoraba si el recién nacido estaba lo suficientemente sano como para que fuera aceptado como un nuevo miembro de la familia o si, por el contrario, las posibles anomalías que presentara lo hacían susceptible de ser rechazado. Esta postura, que para una mentalidad moderna resulta cruel, se ha de situar en el contexto sociocultural romano. Aunque gracias a diversos enterramientos sabemos que hubo individuos con diversos grados de discapacidad que fueron criados1,7, lo cierto es que lo que la sociedad romana consideraba como “anomalías” era motivo para que una familia rechazara a un recién nacido sin que ello constituyera un dilema moral7,8. De hecho, el nacimiento de siameses o individuos que eran considerados como “hermafroditas” se consideraba como un signo de la ira divina y un castigo para toda la comunidad y, generalmente, se deshacían de ellos1. En este sentido, se ha de tener en cuenta que la sociedad romana practicaba la llamada expositio, es decir, el abandono o exposición pública de los hijos no deseados. A pesar de que la investigación sigue discutiendo sobre la frecuencia con la que se efectuaba esta práctica, lo cierto es que actualmente se piensa que la expositio no tenía por qué tener como objetivo final la muerte del recién nacido, sino que muchos de estos infantes podían ser acogidos por otras familias o pasar a formar parte del mercado de esclavos8,9. Así pues, el juicio de la matrona era la base sobre la que se apoyaba la decisión final del pater familias, es decir, el padre de la familia romana que poseía una autoridad irrefutable y que “teóricamente” contaba con el derecho a decidir sobre la vida o la muerte de sus vástagos8. Así pues, la matrona era una pieza clave en la reproducción social romana, pues su juicio no sólo determinaba el estado de salud y las posibilidades de supervivencia del recién nacido, sino también su destino dentro de la sociedad romana. De hecho, algunos investigadores defienden que este examen del recién nacido se ve representado en un conjunto de gemas del periodo imperial, en las que se observa a un bebé que yace depositado en el suelo junto a tres mujeres, cuyos atributos nos permiten identificarlas con las Parcas o Moiras. En la mitología griega y romana estas divinidades eran las controlaban el hilo de la vida de los individuos, por lo que no resulta sorprendente que se produjera una asimilación entre las Parcas y las matronas quienes, como hemos visto, determinaban el destino del bebé nada más nacer1,7.

Corte del cordón umbilical:

A pesar de que en el pasado la investigación sostuvo que fue el padre quien levantaba al recién nacido del suelo como parte de un ritual de aceptación del mismo, lo cierto es que Sorano indica explícitamente que fue la matrona quien, tras el examen físico y la emisión de su juicio, cogía al bebé para realizar el corte del cordón umbilical (Sor.Gyn.2.11)7. Tras ello, el médico detalla que el corte debía realizarse a cuatro dedos del abdomen, utilizando preferiblemente un cuchillo de hierro. Sin embargo, según se deduce de las palabras del griego, este material era rechazado por algunas matronas llevadas por la superstición, quienes preferían utilizar otro tipo de objetos cortantes que, según Sorano, podían causar irritación y ser perjudiciales para el recién nacido. En cualquier caso, tras el corte, se procedía la ligadura del cordón umbilical con un hilo de un material adecuado con el objetivo de evitar hemorragias. De las palabras de Sorano se deduce que también se practicaba la cauterización, pero el médico la desaconseja vehementemente. Todo este proceso podría realizarse antes o después del alumbramiento, pues Sorano también explica el procedimiento que se ha de seguir para evitar hemorragias maternas en caso de que todavía no se hubiese expulsado la placenta (Sor.Gyn.2.11). En cualquier caso, resulta interesante que este procedimiento se produjera tras ese examen minucioso de la matrona al recién nacido, realizándose, por tanto, un pinzamiento del cordón umbilical tardío, tal y como se recomienda en la actualidad10.

Higiene del recién nacido:

Desafortunadamente, no contamos con ninguna representación iconográfica del corte del cordón umbilical. Sin embargo, se han hallado dos sarcófagos, conservados en los museos de Agrigento y Torlonia, cuyos relieves sí que representan el siguiente paso: el primer baño del recién nacido. En el primero de ellos, la matrona baña al recién nacido en un barreño en presencia de la madre y, tras ellas, aparecen otras tres mujeres, cuyos atributos nos hacen identificarlas con las Parcas. En el segundo, la matrona saca al recién nacido del barreño y lo alza hacia la madre7. Estas escenas cuentan con su apoyo literario de nuevo en el tratado de Sorano, quien discute el mejor método para limpiar al recién nacido, y aconseja utilizar sal (a veces mezclada con miel o aceite de oliva), retirando la vernix caseosa y retirando secreciones de la nariz, la boca y el canal auditivo. Además, dice que la matrona debe utilizar su dedo meñique para dilatar el ano del recién nacido con el objetivo de que expulse el meconio. Tras ello, detalla los cuidados que la matrona ha de procurar sobre el ombligo, recomendado cubrirlo con una pieza de tela (Sor.Gyn.2.12).

Fajado:

Aunque en la actualidad el fajado no está recomendado por la evidencia científica11, en la Antigüedad, esta práctica estaba muy extendida entre diversas culturas. Las representaciones de los recién nacidos así lo muestran como, por ejemplo, el relieve de la tumba de la médica Iulia Saturnina en la antigua Emerita Augusta, donde se muestra a un bebé fajado (CIL II 487)12,13. A pesar de que no se ha hallado ninguna representación iconográfica del proceso de fajado7, volvemos a contar con el testimonio de Sorano quien, de nuevo, describe detalladamente esta práctica también ejecutada por la matrona que difería en función del sexo del recién nacido. El médico explica que la matrona debía colocar al recién nacido en su regazo, que debía haber cubierto con una pieza de lana u otro tipo de tela, para evitar la pérdida de calor del niño. Tras ello, la matrona debía comenzar a envolver sus miembros, evitando arrugas y pliegues, con piezas de tela que el médico griego recomendaba que fueran de lana, de un grosor adecuado, limpias y no demasiado desgastadas. El objetivo que se perseguía era enmendar cualquier anomalía de los miembros que la matrona hubiera detectado en su anterior examen. No obstante, el médico también admitía los posibles riesgos de esta práctica como la aparición de úlceras, problemas motores y otras complicaciones derivadas de la inmovilidad (Sor.Gyn.2.14-15). De hecho, en sus escritos, el también médico griego Galeno, critica a aquellas matronas inexpertas que pueden llegar a causar deformidades al recién nacido como resultado de esta práctica7.

 

CONCLUSIONES

A pesar de algunas afirmaciones de miembros de la elite intelectual romana y la alta mortalidad infantil, la evidencia sugiere que los romanos valoraban la llegada al mundo de los recién nacidos y se entristecen por su pérdida. Las matronas u obstetrices desempeñaron un papel fundamental en el cuidado del recién nacido mediante su valoración física, la higiene del recién nacido, el corte del cordón umbilical y el fajado. Además, su valoración fue fundamental para determinar el destino del recién nacido, pues la matrona determinaba la aceptación o rechazo del niño en el seno familiar. En este sentido, la actitud de la matrona se asemejaba a la de las Parcas quienes, según la mitología clásica, tejían el destino de los individuos.

 

BIBLIOGRAFÍA

  1. Dasen V. Childbirth and infancy in Greek and Roman antiquity. En: Rawson B, editor. Families in the Greek and Roman world. Oxford: Blackwell; 2011. pp. 291-314.
  2. Carroll M. Archaeological and epigraphic evidence for infancy in the Roman world. En: Crawford S, Sheperd G, Hadley DM, editores. The Oxford Handbook of archaeology of childhood. Oxford: Oxford University Press; 2018. pp. 148-64.
  3. Todman D. Childbirth in ancient Rome: from traditional folklore to obstetrics. Australian and New Zealand Journal of Obstetrics and Gynaecology. 2007;47(2):82-5.
  4. Laes C. Infants between biological and social birth in Antiquity: a phenomenon of the “longue durée”. Historia: Zeitschrisft für Altegeschichte. 2014;63(3):364-83.
  5. Dasen V. Becoming human: from the embryo to the newborn child. En: Evans Grubbs J, Parkin T, Bell Roselynne, editores. The Oxford Handbook of childhood and education in the classical world. Oxford: Oxford University Press; 2012. pp. 17-40.
  6. Temkin O. Soranus’ Gynecology. Baltimore y Londres: The John Hopkins University Press; 1956.
  7. Dasen V. Roman birth rites of passage revisited. Jornal of roman Archaeology. 2009;22:199-214.
  8. Israelovich I. The extent of the patria potestas during the High Empire: Roman midwives and the decision of non tollere as a case in point. Museum Helveticum. 2017;74(2):213-29.
  9. Cid López RM. La columna lactaria, las nutrices y la expositio infantil. Lactantes y pietas en la ciudad de Roma. Dialogues d’histoire ancienne. 2019;19:149-169.
  10. Sepúlveda-Oviedo EH, Bermeo Clavijo LE, Méndez-Córdoba LC. Effect of timing of umbilical cord clamping and birth on fetal to neonatal transition: OpenModelica-based virtual simulator-based approach. Biocybernetics and Biomedical Engineering. 2024;44:716-30.
  11. Daryanti E, Aryani H, Sophia I et al. The effects of swaddling on the motoric development of babies. HealthCare Nursing Journal. 2024;6(2):290-6.
  12. Edmonson J. A female doctor (medica) at Augusta Emerita (Mérida)? Re-examining CIL II 497 from humanist readings to the latest digital epigraphy techniques. Veleia. 2022;39:255-98.
  13. Medina Quintana S. Mujeres y economía en la Hispania romana. Oficios, riqueza y promoción social. Trabe: Oviedo; 2014.

 

Publique con nosotros

Indexación de la revista

ID:3540

Últimos artículos