El rol del trabajador social sanitario en emergencias y catástrofes: atención integral y gestión de crisis

18 mayo 2026

 

 

AUTORES

  1. Ruth Santamarta Plaza. Diplomada en Trabajo Social. Trabajadora Social en Salud Aragón. Aragón, España.
  2. Nuria Martínez Artigas. Licenciada en Derecho. Administrativa en Salud Aragón. Aragón, España.
  3. María Nuria Requeno Jarabo. Médica de Familia. Centro de Salud San José Sur. Zaragoza, Aragón. Aragón, España.
  4. Sofia Cerdán Gómez. Diplomada en Trabajo Social. Trabajadora Social en Salud Aragón. Aragón, España.
  5. María Teresa Poyo Pozo. Graduada en Gestión y Administración Pública. Administrativa en Salud Aragón. Aragón, España.
  6. Ana Laura Jiménez Mendizábal. Diplomada en Trabajo Social. Trabajadora Social en Salud Aragón. Aragón, España.

 

RESUMEN

El trabajador social sanitario constituye un pilar esencial en la respuesta a emergencias y catástrofes, tanto de origen natural como sanitario. Su labor trasciende la asistencia material, actuando como agente de atención integral que aborda dimensiones biopsicosociales, emocionales y comunitarias. Este artículo analiza el rol del trabajador social sanitario en contextos de crisis, describiendo sus funciones en las fases de pre-emergencia, emergencia y post-emergencia. Asimismo, se describen modelos teóricos de intervención en crisis, estrategias de gestión de recursos y coordinación interdisciplinaria con equipos médicos, psicológicos y de protección civil. A partir de experiencias documentadas —como la pandemia de COVID-19, desastres naturales y urgencias hospitalarias— se evidencia que la intervención psicosocial disminuye el impacto traumático, mejora la satisfacción de los usuarios y contribuye a mejorar la eficiencia del sistema sanitario. Se identifican desafíos como el burnout profesional, la carencia de protocolos estandarizados y la necesidad de formación específica. Finalmente, se proponen recomendaciones para fortalecer la presencia del trabajador social sanitario en planes de emergencia nacionales e internacionales. Los resultados muestran que una atención integral no solo salva vidas, sino que reconstruye el tejido social y fomenta la resiliencia comunitaria.

PALABRAS CLAVE

Trabajador social sanitario, emergencias, catástrofes, atención integral, gestión de crisis, intervención psicosocial, resiliencia comunitaria, coordinación interdisciplinaria, apoyo emocional, desastres sanitarios.

ABSTRACT

The health social worker constitutes an essential pillar in the response to emergencies and disasters, whether natural or health-related. Their role goes beyond material assistance, acting as an agent of comprehensive care that addresses biopsychosocial, emotional, and community dimensions. This article analyzes the role of the health social worker in crisis contexts, describing their functions across the pre-emergency, emergency, and post-emergency phases. It also describes theoretical models of crisis intervention, resource management strategies, and interdisciplinary coordination with medical, psychological, and civil protection teams. Based on documented experiences —such as the COVID-19 pandemic, natural disasters, and hospital emergencies— psychosocial intervention is shown to reduce traumatic impact, improve user satisfaction, and contribute to enhancing the efficiency of health systems. Challenges such as professional burnout, the lack of standardized protocols, and the need for specialized training are identified. Finally, recommendations are proposed to strengthen the presence of health social workers in national and international emergency plans. The results show that comprehensive care not only saves lives but also rebuilds the social fabric and fosters community resilience.

KEY WORDS

Health social worker, emergencies, disasters, comprehensive care, crisis management, psychosocial intervention, community resilience, interdisciplinary coordination, emotional support, health disasters.

INTRODUCCIÓN

En el marco de la salud pública contemporánea, las emergencias y catástrofes representan uno de los mayores desafíos para los sistemas sanitarios y sociales. Fenómenos como pandemias, desastres naturales, accidentes masivos o crisis humanitarias generan un impacto multidimensional que afecta no solo la integridad física de las personas, sino también su equilibrio emocional, familiar y comunitario. Ante este panorama, el trabajador social sanitario emerge como un profesional clave capaz de articular una respuesta holística que trasciende el modelo biomédico tradicional.

Históricamente, el Trabajo Social en el ámbito sanitario se ha desarrollado desde finales del siglo XIX, con figuras pioneras como Mary Richmond en Estados Unidos, quien ya enfatizaba la necesidad de intervenir en los determinantes sociales de la salud¹. En España y Latinoamérica, la consolidación de este perfil se aceleró tras la creación de los servicios sociales especializados y, especialmente, después de eventos como la pandemia de COVID-19, donde quedó patente la insuficiencia de una atención exclusivamente clínica². Según estudios realizados en contextos de urgencias hospitalarias, la presencia de trabajadores sociales incrementa significativamente la satisfacción de los pacientes y reduce las readmisiones innecesarias³.

El concepto de “atención integral” —definido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como el abordaje que considera al individuo en su totalidad biopsicosocial— encuentra en el trabajador social sanitario su principal ejecutor en situaciones de crisis⁴. La gestión de crisis, por su parte, implica no sólo la contención inmediata, sino la planificación estratégica, la coordinación de recursos y la evaluación de necesidades a corto, medio y largo plazo. Este artículo se propone analizar de forma sistemática el rol del trabajador social sanitario en emergencias, identificando sus funciones específicas, los modelos teóricos que sustentan su práctica, los desafíos operativos y las recomendaciones para una mayor visibilidad y eficacia profesional.

La relevancia del tema radica en varios factores. En primer lugar, el aumento global de eventos catastróficos debido al cambio climático y a las desigualdades socioeconómicas. En segundo lugar, la evidencia empírica que demuestra que las intervenciones psicosociales tempranas disminuyen el riesgo de trastornos mentales postraumáticos. Y, finalmente, la necesidad de humanizar la respuesta sanitaria, evitando que los servicios de urgencias se conviertan en meros espacios de atención física. A lo largo de las siguientes secciones se desarrollará un análisis exhaustivo sustentado en literatura especializada y casos reales.

FUNDAMENTOS TEÓRICOS DEL TRABAJADOR SOCIAL SANITARIO EN EMERGENCIAS:

El trabajador social sanitario en contextos de emergencia desempeña un papel esencial, articulando la respuesta humanitaria y sanitaria desde un enfoque integral y centrado en la persona. Su actuación se basa en principios teóricos que combinan el conocimiento del trabajo social, la salud pública y la gestión de crisis. Entre los fundamentos principales destacan la atención centrada en la vulnerabilidad, la ética profesional, la coordinación interdisciplinaria y la promoción de la resiliencia comunitaria¹,²,³.

La intervención del trabajador social sanitario se fundamenta en modelos de gestión de emergencias que contemplan tres niveles de actuación: prevención, respuesta inmediata y recuperación postcrisis. Estos modelos enfatizan la planificación proactiva, la evaluación de riesgos sociales y la identificación de colectivos vulnerables, tales como personas mayores, personas con discapacidad, familias monoparentales y migrantes⁴,⁵. La literatura también subraya la necesidad de una preparación constante, mediante simulacros, capacitación profesional y desarrollo de protocolos que integren recursos sociales y sanitarios⁶.

Los principios teóricos incluyen la justicia social, la equidad en el acceso a recursos y la atención humanizada, garantizando que todas las personas reciban apoyo adecuado independientemente de su situación socioeconómica o cultural⁷,⁸. La aplicación de estos fundamentos permite que el trabajador social sanitario intervenga de forma efectiva durante situaciones de crisis, minimizando el impacto psicosocial y fortaleciendo la capacidad de respuesta de la comunidad.

FUNCIONES DEL TRABAJADOR SOCIAL SANITARIO EN FASES DE LA EMERGENCIA:

La intervención del trabajador social sanitario en contextos de emergencia se organiza en tres fases temporales claramente diferenciadas, siguiendo modelos estandarizados de gestión de catástrofes y crisis psicosociales¹. Esta estructuración temporal permite una respuesta sistemática, adaptada al ciclo de la crisis, y facilita la coordinación interdisciplinaria con equipos médicos, psicológicos y de protección civil. Cada fase exige competencias específicas en evaluación, contención, coordinación de recursos y fortalecimiento de la resiliencia.

 

Fase de pre-emergencia (prevención y preparación):

En esta etapa proactiva, el trabajador social sanitario actúa como agente preventivo y planificador estratégico. Sus funciones principales incluyen:

  • Elaboración y revisión de planes de contingencia integrados en protocolos institucionales de emergencia.
  • Formación de comunidades y capacitación de la población en habilidades de afrontamiento y primeros auxilios psicosociales.
  • Identificación temprana de poblaciones vulnerables, como personas mayores aisladas, migrantes en situación irregular, personas con discapacidad, familias monoparentales o individuos con enfermedades crónicas.
  • Realización de evaluaciones de riesgo social mediante herramientas estandarizadas (fichas sociofamiliares, mapas de vulnerabilidad territorial).
  • Diseño de protocolos de evacuación inclusiva que garanticen accesibilidad y equidad.
  • Coordinación con servicios sociales básicos para fortalecer redes de apoyo comunitario.

 

Los Grupos de Intervención Social en Emergencias (GISE), presentes en varias comunidades autónomas, constituyen un ejemplo de esta labor preparatoria. La evidencia indica que una planificación previa sólida reduce significativamente el tiempo de respuesta efectiva durante la fase aguda de la emergencia¹.

Fase de emergencia (intervención inmediata):

Durante la fase aguda, el trabajador social sanitario se despliega en primera línea, actuando como estabilizador del impacto biopsicosocial. Sus funciones incluyen:

  • Evaluación rápida de necesidades psicosociales (triage social) para priorizar intervenciones según vulnerabilidad y riesgo emocional.
  • Contención emocional y apoyo en duelo, aplicando técnicas de primer auxilio psicológico.
  • Coordinación de recursos materiales inmediatos: albergues temporales, alimentación, transporte y suministros, en colaboración con Protección Civil y entidades humanitarias.
  • Facilitación de la comunicación entre familias, pacientes y equipos médicos.
  • Identificación y derivación urgente de casos de violencia intrafamiliar, abuso o negligencia.

 

Un ejemplo histórico en España fue la intervención en el Servicio de Urgencias del Hospital Reina Sofía de Tudela (Navarra, 1996), donde la atención del trabajador social mejoró significativamente la satisfacción de los pacientes, la percepción del trato humano y la eficiencia del servicio¹.

3. Fase de post-emergencia (recuperación y rehabilitación):

En la fase posterior a la crisis, el trabajador social sanitario acompaña la recuperación y promueve la resiliencia individual y colectiva. Sus acciones principales abarcan:

  • Seguimientos domiciliarios o telemáticos para evaluar evolución de necesidades.
  • Gestión de ayudas económicas, prestaciones sociales y recursos comunitarios.
  • Promoción de grupos de apoyo mutuo y espacios de elaboración colectiva del trauma.
  • Intervenciones orientadas a fortalecer la resiliencia y prevenir trastornos como estrés postraumático, depresión o ansiedad prolongada.

 

Esta fase resulta especialmente relevante en desastres prolongados o con impacto estructural, donde la recuperación puede extenderse durante meses o años¹.

ENFOQUE INTEGRAL DEL TRABAJO SOCIAL SANITARIO:

La atención integral constituye el eje central del trabajo social sanitario en contextos de emergencia, superando el enfoque biomédico tradicional y adoptando el modelo biopsicosocial de Engel (1977), que concibe al individuo como un sistema integrado de factores biológicos, psicológicos y sociales interrelacionados⁴. Este enfoque permite al trabajador social sanitario evaluar y actuar sobre los determinantes sociales de la salud —como el acceso a vivienda digna, alimentación adecuada, redes de apoyo, nivel socioeconómico y situaciones de vulnerabilidad— e incorporarlos al plan terapéutico global, optimizando los resultados sanitarios y la recuperación psicosocial², ⁸. De este modo, el enfoque integral se concreta en la atención a las distintas dimensiones de la persona, comenzando por la biológica.

  • Dimensión biológica: El profesional coordina estrechamente con equipos médicos y de enfermería para asegurar la continuidad asistencial, facilitar derivaciones oportunas, garantizar el cumplimiento de tratamientos y gestionar el alta hospitalaria con soporte social adecuado. Estas acciones contribuyen a reducir complicaciones médicas y rehospitalizaciones, favoreciendo la recuperación física de los afectados³.
  • Dimensión psicológica: Se aplican técnicas de primer auxilio psicológico, incluyendo la escucha activa, la validación emocional y la normalización de reacciones de estrés⁶. Además, se realiza la derivación a servicios especializados de salud mental cuando se identifican riesgos elevados, contribuyendo a prevenir trastornos como el estrés postraumático, la depresión o la ansiedad prolongada⁵.
  • Dimensión social: Se articulan recursos comunitarios, municipales y de organizaciones no gubernamentales para movilizar apoyo, reconstruir redes sociales afectadas por la emergencia y garantizar la inclusión de los grupos más vulnerables⁷. Esta dimensión abarca la coordinación con servicios de protección civil, el fortalecimiento de redes de apoyo y la provisión de recursos esenciales para la vida diaria⁸.

 

La evidencia empírica respalda ampliamente esta aproximación. Revisiones sistemáticas y estudios de caso, como los realizados durante la pandemia de COVID-19 en hospitales y residencias de mayores, muestran que la intervención integral reduce la duración de hospitalizaciones, mejora la satisfacción de usuarios y familias, y mitiga el impacto de situaciones de aislamiento prolongado o duelo sin acompañamiento presencial⁸. La integración de las tres dimensiones permite una recuperación más rápida, estable y digna, promoviendo la resiliencia individual y comunitaria⁷.

En conclusión, la atención integral convierte la intervención del trabajador social sanitario en un proceso sistémico y estratégico, donde la acción sobre los factores biológicos, psicológicos y sociales asegura no solo la supervivencia inmediata, sino también la reconstrucción de los vínculos sociales y la estabilidad emocional de las personas y comunidades afectadas²,,,⁸.

GESTIÓN DE CRISIS: MODELOS, TÉCNICAS Y HERRAMIENTAS:

Definición y objetivo:

La gestión de crisis por parte del trabajador social sanitario constituye un proceso sistemático, estructurado y multidisciplinar orientado a mitigar el impacto biopsicosocial de eventos disruptivos, restaurar el equilibrio individual y colectivo, y promover la resiliencia a corto, medio y largo plazo⁴,,⁸. Se basa en protocolos estandarizados internacionalmente validados, combinando intervenciones preventivas, de contención inmediata y de recuperación.

Modelos más utilizados:

  • Critical Incident Stress Management (CISM): desarrollado inicialmente para primeros respondedores y posteriormente adaptado a contextos comunitarios. Incluye educación previa al incidente, defusing, debriefing formal, apoyo individual, apoyo familiar, seguimiento y derivación a servicios especializados⁷,⁸. Su objetivo es reducir el impacto del estrés traumático y prevenir TEPT, burnout o fatiga por compasión⁸.
  • Psychological First Aid (PFA): promovido por la OMS como intervención humanitaria y no intrusiva para primeros auxilios psicológicos. Se basa en tres principios: Look, Listen y Link, e incluye estabilización emocional, recogida de información y conexión con redes de apoyo⁶.

 

Herramientas operativas:

  • Fichas de evaluación sociofamiliar: recogen datos sobre composición familiar, red de apoyo, situación socioeconómica, riesgos de vulnerabilidad y necesidades inmediatas⁴,⁵.
  • Mapas de recursos comunitarios digitalizados: plataformas georreferenciadas que permiten localizar rápidamente albergues, servicios sanitarios, ONGs y recursos de apoyo psicológico⁶.
  • Protocolos de derivación interdisciplinar: documentos normalizados que establecen flujos claros de comunicación y remisión entre trabajo social, medicina, psicología, enfermería y protección civil⁶.

 

Aplicación práctica durante COVID-19:

  • Durante la pandemia, los trabajadores sociales en Castilla-La Mancha y otras comunidades desarrollaron guías y protocolos específicos que integraban CISM y PFA para el manejo del aislamiento, apoyo a familias en duelo y coordinación con residencias⁴,,⁶. Esto permitió minimizar el impacto del “síndrome del cautiverio” y optimizar la distribución de recursos.

 

CASOS PRÁCTICOS Y EVIDENCIA EMPÍRICA:

Para ilustrar el impacto real del trabajo social sanitario en emergencias, a continuación, se presentan ejemplos documentados a nivel nacional e internacional, que reflejan la diversidad de contextos, la articulación con equipos interdisciplinarios y la eficacia de la intervención psicosocial en situaciones de crisis.

Pandemia de COVID-19:

El caso de la COVID-19 constituye el ejemplo más reciente y paradigmático a nivel global y en España. Los trabajadores sociales sanitarios jugaron un rol central en la gestión del aislamiento preventivo, el apoyo emocional a familias separadas, la coordinación de recursos en residencias de mayores y la atención al duelo en circunstancias excepcionales (fallecimientos sin despedida física)⁸. Aunque no existe una cifra oficial única del Ministerio de Sanidad que cuantifique exactamente el número de intervenciones, las encuestas del Consejo General del Trabajo Social y los informes autonómicos reflejan que miles de profesionales gestionaron decenas de miles de intervenciones diarias en la fase aguda, articulando con atención primaria, hospitales y servicios sociales. Su labor contribuyó a humanizar la respuesta sanitaria y mitigar efectos secundarios como la soledad extrema o el aumento de violencia intrafamiliar⁸.

 

Inundaciones del Barrio Mitre (Buenos Aires, 2013):

En este desastre natural, los trabajadores sociales del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación y equipos territoriales realizaron relevamientos socioeconómicos exhaustivos, elaboraron informes socioambientales, coordinaron asistencia directa (alimentos, higiene, alojamiento temporal) y planificaron estrategias interdisciplinarias. Paralelamente, surgieron estrategias comunitarias espontáneas de vecinos que complementaron la respuesta profesional. Este caso ilustra la importancia de combinar intervenciones institucionales con el fortalecimiento de redes locales, así como los desafíos de la articulación entre protocolos formales y acciones orgánicas⁷.

 

Incendio en Campanar (Valencia, 2024):

Los trabajadores sociales del Ayuntamiento de Valencia, Cruz Roja y el Grupo Estatal de Intervención en Emergencias Sociales (GEIES) del Consejo General del Trabajo Social proporcionaron apoyo psicosocial inmediato a las víctimas, gestionaron alojamientos alternativos, facilitaron la reunificación familiar y derivaron casos a servicios especializados. Más de 650 profesionales intervinieron en la emergencia, destacando la labor en contención emocional y coordinación de ayudas⁷.

 

Terremotos en Turquía y Siria (2023):

Trabajadores sociales locales e internacionales colaboraron en la creación de espacios seguros, distribución de suministros, evaluación de necesidades y apoyo psicosocial, especialmente a niños, ancianos y personas con discapacidad. Organizaciones como Oxfam y la Federación Internacional de Trabajadores Sociales (IFSW) destacaron su rol en la provisión de primeros auxilios psicosociales y en la facilitación del acceso a ayudas humanitarias⁵.

Síntesis:

Estos casos ilustran la versatilidad del rol del trabajador social sanitario: desde la respuesta hospitalaria y residencial hasta la intervención comunitaria en desastres naturales, siempre integrando atención inmediata y planificación de la recuperación. La evidencia empírica demuestra que su intervención reduce el impacto biopsicosocial de emergencias, fortalece la resiliencia individual y comunitaria, y garantiza una respuesta integral y humanizada en todas las fases de la crisis⁸.

 

CONCLUSIONES

El trabajador social sanitario desempeña un papel esencial en la respuesta a emergencias y catástrofes, actuando como agente de atención integral que aborda dimensiones biológicas, psicológicas y sociales de manera coordinada y estratégica. La revisión de casos recientes, como la pandemia de COVID-19, inundaciones, incendios y terremotos, demuestra que su intervención disminuye el impacto traumático, mejora la satisfacción de los usuarios y optimiza la eficiencia del sistema sanitario.

La atención integral permite no solo la contención inmediata de la crisis, sino también la planificación de la recuperación y la reconstrucción del tejido social. La combinación de intervenciones individuales, familiares y comunitarias fortalece la resiliencia y facilita la reintegración social de las personas afectadas.

A pesar de los beneficios constatados, existen desafíos importantes: la ausencia de protocolos estandarizados, el riesgo de agotamiento profesional, la necesidad de formación específica en gestión de crisis y la coordinación efectiva con equipos médicos, psicológicos y de protección civil. Superar estas barreras es fundamental para consolidar la figura del trabajador social sanitario en planes de emergencia a nivel nacional e internacional.

Se recomienda potenciar la presencia del trabajador social sanitario en todas las fases de la emergencia, desde la prevención hasta la recuperación post-crisis, promoviendo la capacitación continua, la investigación aplicada y la colaboración interdisciplinaria. Su intervención no solo salva vidas y protege la salud, sino que también contribuye a la cohesión social y al fortalecimiento de la resiliencia comunitaria.

 

BIBLIOGRAFÍA

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