- Jennifer Bomati Quintana. Técnico en Cuidados Auxiliares de Enfermería (TCAE). TCAE en Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Carmen Candela Medina Blasco. Técnico en Cuidados Auxiliares de Enfermería (TCAE). TCAE en Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Sergio Marcuello Guallar. Celador. Aragón, España.
- Elena Lacueva Zapater. Técnico en Cuidados Auxiliares de Enfermería (TCAE). TCAE en Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Juan Carlos Sáez Moreno. Celador. Celador en Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Rocío del Carmen Gavilanes Escobar. Técnico en Cuidados Auxiliares de Enfermería (TCAE). TCAE en Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza. Aragón, España.
RESUMEN
La enfermedad de Fabry es un trastorno hereditario raro de depósito lisosomal causado por mutaciones en el gen GLA, que provocan déficit de la enzima alfa-galactosidasa A. Esta deficiencia conduce a la acumulación progresiva de globotriaosilceramida en diversos tejidos, generando un espectro clínico multisistémico. Los síntomas iniciales incluyen dolor neuropático en extremidades, intolerancia al calor y alteraciones gastrointestinales, mientras que la evolución se caracteriza por afectación renal, cardíaca y neurológica, con riesgo de insuficiencia renal crónica, hipertrofia ventricular y eventos cerebrovasculares. La detección precoz y el acceso equitativo a terapias son determinantes para mejorar la calidad de vida y reducir complicaciones. La enfermedad de Fabry ejemplifica la necesidad de estrategias integradas que combinen investigación genética, abordaje clínico multidisciplinar y políticas de salud orientadas a enfermedades raras.
PALABRAS CLAVE
Enfermedad de Fabry, alfa-galactosidasa, enfermedades por almacenamiento lisosomal, terapia de reemplazo enzimático, diagnóstico precoz
ABSTRACT
Fabry disease is a rare inherited lysosomal storage disorder caused by mutations in the GLA gene, which lead to a deficiency of the enzyme alpha-galactosidase A. This deficiency results in the progressive accumulation of globotriaosylceramide in various tissues, generating a multisystemic clinical spectrum. Initial symptoms include neuropathic pain in the extremities, heat intolerance, and gastrointestinal disturbances, while the disease’s progression is characterized by renal, cardiac, and neurological involvement, with a risk of chronic kidney failure, ventricular hypertrophy, and cerebrovascular events. Early detection and equitable access to therapies are crucial for improving quality of life and reducing complications. Fabry disease exemplifies the need for integrated strategies that combine genetic research, a multidisciplinary clinical approach, and health policies focused on rare diseases.
KEY WORDS
Fabry disease, alpha-galactosidase, lysosomal storage diseases, enzyme replacement therapy, early diagnosis.
DESARROLLO DEL TEMA
La enfermedad de Fabry es un trastorno hereditario de depósito lisosomal que cursa con afectación multisistémica y elevada morbimortalidad si no se trata de forma temprana. Se caracteriza por acumulación de globotriaosilceramida (Gb3) y su derivado desacetilado (lyso-Gb3) en endotelio, miocardiocitos, podocitos y neuronas, provocando lesiones progresivas en órganos diana¹. Las mutaciones en el gen GLA, que codifica la alfa-galactosidasa A, reducen o anulan la actividad enzimática, con expresión clínica que oscila desde fenotipos clásicos con inicio en la infancia hasta formas de debut tardío predominantemente cardíacas o renales, moduladas por el tipo de variante y por factores epigenéticos².
Los síntomas iniciales incluyen acroparestesias, dolor quemante en manos y pies, crisis dolorosas desencadenadas por fiebre o ejercicio, hipohidrosis con intolerancia al calor, diarrea y dolor abdominal; son frecuentes angioqueratomas en zona inguinal y pelvis, y la córnea verticillata en la exploración oftalmológica, hallazgos que orientan el diagnóstico temprano cuando se reconocen en conjunto con la historia familiar¹. En mujeres heterocigotas, la inactivación aleatoria del cromosoma X genera un espectro amplio: desde portadoras casi asintomáticas hasta cuadros tan severos como los de varones, por lo que el cribado en familias y la confirmación genética adquieren especial relevancia para evitar demoras diagnósticas².
La afectación renal se manifiesta por microalbuminuria, proteinuria, cilindruria y disminución progresiva del filtrado glomerular; sin intervención, la evolución a enfermedad renal crónica avanzada y necesidad de terapia renal sustitutiva es un riesgo conocido, donde el control de la proteinuria con IECA/ARA-II y la intervención específica pueden ralentizar el deterioro³. En el corazón, la hipertrofia ventricular izquierda concéntrica, fibrosis miocárdica detectada por realce tardío en resonancia, arritmias auriculares y ventriculares, y trastornos de conducción son expresión típica, especialmente en fenotipos de inicio tardío; la vigilancia electrocardiográfica y por imagen guía decisiones terapéuticas y prevención de muerte súbita.
En el sistema nervioso, se describen ictus isquémicos en territorio vertebrobasilar, cefalea y lesiones de sustancia blanca en neuroimagen, ligados a vasculopatía y disfunción endotelial; la identificación de estos eventos en pacientes jóvenes debe activar la sospecha diagnóstica, sobre todo si coexisten signos dermatológicos u oftalmológicos¹. El diagnóstico en varones se confirma por actividad enzimática muy reducida o ausente en leucocitos/plasma, mientras que en mujeres puede ser normal, haciendo imprescindible la secuenciación del gen GLA; la cuantificación de Gb3 y, especialmente, lyso-Gb3 aporta valor como biomarcador de carga de enfermedad y respuesta terapéutica, integrándose en protocolos de seguimiento³.
La clasificación fenotípica en “clásica” y “no clásica” (o de inicio tardío) se sustenta en cohortes multicéntricas que correlacionan mutaciones específicas con órganos diana: la forma clásica suele debutar en la infancia con dolor, piel y síntomas gastrointestinales, evolucionando a afectación renal y neurológica; las formas no clásicas tienden a presentación cardíaca en la adultez, con menor sintomatología extracardíaca⁴. La terapia de reemplazo enzimático (TRE) con alfa-galactosidasa A recombinante ha demostrado reducción de depósitos lisosomales, mejora de dolor y biomarcadores, y atenuación de la progresión renal y cardíaca cuando se inicia precozmente; su eficacia es mayor antes de la instauración de fibrosis irreversible, lo que refuerza la necesidad de diagnóstico temprano³.
La TRE, sin embargo, implica infusiones periódicas, formación de anticuerpos en algunos pacientes, posibles reacciones infusionales y costes elevados; la optimización de regímenes y el manejo de inmunogenicidad forman parte del seguimiento especializado y condicionan la adherencia a largo plazo⁵. Las chaperonas farmacológicas, en particular migalastat, estabilizan ciertas variantes de alfa-galactosidasa A “amenables” y facilitan su tráfico lisosomal; en pacientes seleccionados por genotipo, han mostrado mantenimiento de función renal y reducción de masa ventricular, ofreciendo una vía oral que puede mejorar la calidad de vida y la aceptación del tratamiento³.
Comparaciones entre TRE y migalastat señalan perfiles de eficacia y seguridad complementarios: la elección debe basarse en la mutación, el órgano diana predominante, comorbilidades y preferencia del paciente, integrando el seguimiento con biomarcadores como lyso-Gb3 y herramientas de imagen para evaluar fibrosis miocárdica y daño renal⁵. El abordaje clínico exige equipos multidisciplinares con nefrología, cardiología, neurología, genética clínica, oftalmología y psicología, articulados mediante circuitos de derivación rápidos; la educación del paciente y la familia, junto con el consejo genético, son componentes esenciales para la toma de decisiones informadas y el cumplimiento terapéutico³.
Los programas de cribado en cascada en familias afectadas y la evaluación dirigida en poblaciones con hipertrofia ventricular inexplicada o ictus criptogénico en menores de 55 años aumentan la detección y permiten iniciar tratamiento en fases menos avanzadas, con impacto clínico y económico positivo⁴. La calidad de vida se ve comprometida por el dolor crónico, la intolerancia al ejercicio, la ansiedad ante eventos cardiovasculares y la carga de tratamiento; escalas validadas y estrategias multimodales (analgésicos, rehabilitación, apoyo psicológico) deben incorporarse sistemáticamente al plan de atención¹.
El seguimiento requiere protocolos que integren función renal (eGFR, proteinuria), cardiología (ecocardiografía, resonancia con LGE, Holter), neurología (RM cerebral, evaluación de riesgo vascular), biomarcadores (lyso-Gb3) y evaluación dermatológica y oftalmológica; la periodicidad se ajusta a fenotipo y respuesta, con escalamiento terapéutico según progresión³. La investigación actual explora terapia génica, edición del gen GLA y estrategias de reducción de sustrato; aunque prometedoras, requieren evidencia de seguridad y eficacia sostenida y acceso equitativo, evitando ampliar brechas en enfermedades raras donde el coste suele ser una barrera⁶.
Desde la perspectiva de salud pública, Fabry ilustra la necesidad de políticas específicas para enfermedades raras: financiación estable, registros nacionales, acceso a terapias y formación de profesionales de atención primaria para reconocer signos cardinales; la coordinación interregional y la participación de pacientes en la gobernanza mejoran resultados y eficiencia del sistema⁷. En síntesis, el reconocimiento temprano de los signos clínicos, el diagnóstico genético preciso y la selección individualizada de terapia permiten modificar la historia natural de Fabry; la combinación de TRE y, cuando procede, migalastat, junto con manejo del riesgo renal y cardíaco, puede transformar el pronóstico si se implementa antes de la fibrosis irreversible⁸. Mantener la vigilancia longitudinal, ajustar decisiones al fenotipo y al genotipo, y sostener el apoyo psicosocial son pilares para preservar función orgánica y bienestar; integrar biomarcadores y tecnologías de imagen en algoritmos de práctica aporta objetividad y guía la personalización terapéutica⁹. El reto permanente es reducir el retraso diagnóstico mediante cribado dirigido, empoderar a equipos clínicos fuera de centros de referencia y garantizar continuidad asistencial; una estrategia que una ciencia rigurosa con políticas inclusivas es la vía para que las personas con Fabry vivan más y mejor¹⁰.
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