- Rebeca Marbán Fernández. Hospital universitario San Jorge Huesca Pull. Huesca, Aragón, España.
RESUMEN
El insomnio es el trastorno del sueño más frecuente en adultos mayores y constituye un importante problema de salud pública debido a su elevada prevalencia y repercusiones sobre la calidad de vida, el estado funcional y la salud mental. Este artículo aborda el papel de la enfermería en la detección temprana y el manejo no farmacológico del insomnio en esta población, destacando la importancia de la educación sanitaria, el seguimiento personalizado y la implementación de estrategias de higiene del sueño. Se revisan los principales factores etiológicos y de riesgo asociados al envejecimiento, así como las herramientas diagnósticas y la relevancia de intervenciones basadas en la terapia cognitivo-conductual para mejorar la calidad y cantidad de sueño. Se enfatiza que las intervenciones no farmacológicas, lideradas por enfermería, representan la primera línea de abordaje en el adulto mayor debido a la eficacia demostrada y la reducción de riesgos asociados a la farmacoterapia prolongada. Asimismo, se subraya la necesidad de reforzar la capacitación profesional y la integración de programas de educación y promoción de la salud del sueño en la práctica clínica diaria, con el objetivo de optimizar la calidad de vida, la autonomía funcional y el bienestar general de los pacientes mayores.
PALABRAS CLAVE
Insomnio, adultos mayores, enfermería, higiene del sueño.
ABSTRACT
Insomnia is the most common sleep disorder among older adults and represents a major public health concern due to its high prevalence and significant impact on quality of life, functional status, and mental health. This article explores the role of nursing in the early detection and non-pharmacological management of insomnia in this population, emphasizing the importance of health education, personalized follow-up, and the implementation of sleep hygiene strategies. Etiological factors, risk determinants associated with aging, and diagnostic tools are reviewed, as well as the relevance of cognitive-behavioral therapy-based interventions to improve sleep quality and quantity. Non-pharmacological approaches led by nursing are highlighted as the first-line treatment for older adults because of their proven efficacy and reduced risks compared to prolonged pharmacological therapy. Furthermore, the article stresses the need to enhance professional training and integrate sleep health education and promotion programs into clinical practice to optimize quality of life, functional autonomy, and overall well-being in elderly patients.
KEY WORDS
Insomnia, older adults, nursing, sleep hygiene.
INTRODUCCIÓN
El insomnio es el trastorno del sueño más común en la población adulta y se caracteriza por la dificultad para iniciar o mantener el sueño, o por la percepción de sueño no reparador acompañado de consecuencias diurnas como somnolencia, irritabilidad, déficit de concentración y disminución del rendimiento funcional¹. Este trastorno tiene un impacto significativo en la calidad de vida, la salud física y mental, y se asocia a un mayor riesgo de caídas, deterioro cognitivo, depresión y mayor utilización de recursos sanitarios².
En los adultos mayores, la prevalencia de insomnio aumenta notablemente, oscilando entre el 30 % y el 50 %, con predominio en mujeres y personas con enfermedades crónicas. Este incremento está relacionado con cambios fisiológicos propios del envejecimiento, como la reducción en la producción de melatonina, la fragmentación del sueño, la disminución de la fase de sueño profundo y la alteración del ritmo circadiano. Además, factores como el dolor crónico, la polimedicación, los trastornos del estado de ánimo y la presencia de comorbilidades respiratorias, neurológicas o musculoesqueléticas contribuyen a la perpetuación de los síntomas2,3.
Desde el punto de vista etiológico, el insomnio en adultos mayores suele ser multifactorial: incluye causas primarias, en las que el trastorno es independiente de otras patologías, y causas secundarias, derivadas de enfermedades crónicas, alteraciones psiquiátricas o efectos adversos de fármacos. En esta población, el insomnio tiende a convertirse en una condición crónica si no se aborda adecuadamente, pudiendo derivar en dependencia de hipnóticos y alteraciones conductuales asociadas al sueño1,4.
El diagnóstico clínico se establece mediante una anamnesis detallada que explore los hábitos de sueño, la latencia para conciliarlo, la frecuencia de despertares nocturnos y la calidad subjetiva del descanso5. Herramientas como el Pittsburgh Sleep Quality Index (PSQI) y el Insomnia Severity Index (ISI) son ampliamente utilizadas para cuantificar la severidad del insomnio y su impacto funcional⁹. Asimismo, la evaluación de factores ambientales y conductuales, junto con la revisión de la medicación habitual, resulta esencial para un abordaje integral6.
Aunque los tratamientos farmacológicos (benzodiacepinas, análogos no benzodiacepínicos, melatonina) pueden proporcionar alivio a corto plazo, su uso prolongado en adultos mayores conlleva riesgos importantes, como deterioro cognitivo, caídas, dependencia y tolerancia. Por este motivo, las principales guías clínicas recomiendan priorizar las intervenciones no farmacológicas como primera línea de tratamiento en este grupo etario5,7.
En este contexto, el papel de la enfermería es clave, no solo en la detección temprana y la evaluación integral del insomnio, sino también en la implementación de estrategias de educación para la higiene del sueño, seguimiento continuo y apoyo en la modificación de hábitos de vida. Estas intervenciones, basadas en la evidencia, han demostrado mejorar la calidad y cantidad de sueño, reducir la dependencia de fármacos hipnóticos y favorecer la autonomía del paciente8,9.
DETECCIÓN Y MANEJO NO FARMACOLÓGICO DESDE LA ENFERMERÍA:
Detección y evaluación integral:
La detección temprana del insomnio por parte de enfermería comienza con la identificación de síntomas frecuentes en la práctica clínica, como dificultades para conciliar el sueño, despertares frecuentes, somnolencia diurna excesiva y percepción de sueño insuficiente. Este proceso implica la utilización de cuestionarios validados como el PSQI y el ISI, que permiten evaluar la gravedad y la evolución de los síntomas. La enfermería también debe valorar la posible presencia de trastornos concomitantes del sueño, como apnea obstructiva, síndrome de piernas inquietas o trastorno de movimiento periódico de las piernas, para derivar al paciente cuando sea necesario⁷,9.
Educación en higiene del sueño:
La educación sanitaria es uno de los pilares fundamentales en la intervención enfermera. Consiste en proporcionar pautas para optimizar el entorno y los hábitos de sueño, incluyendo: establecer horarios regulares de sueño y vigilia, evitar siestas prolongadas durante el día, limitar el consumo de cafeína, alcohol y nicotina en las horas previas al descanso, fomentar actividades relajantes antes de dormir y acondicionar la habitación para que sea un entorno oscuro, tranquilo y confortable⁴. Estas medidas, cuando se aplican de forma consistente, mejoran la eficiencia del sueño y reducen la latencia para dormir¹0.
Terapias cognitivo-conductuales aplicadas por enfermería:
La terapia cognitivo-conductual para el insomnio (CBT-I) es considerada el estándar de oro en el tratamiento no farmacológico y ha demostrado eficacia en la población adulta mayor⁶. Incluye técnicas como el control de estímulos (asociar la cama únicamente con dormir y evitar actividades estimulantes), la restricción del sueño (limitar el tiempo en cama para consolidar el sueño), la reestructuración cognitiva (modificar pensamientos disfuncionales relacionados con el sueño) y la relajación muscular progresiva⁹. Las enfermeras, mediante formación específica, pueden implementar estas estrategias en atención primaria y centros de geriatría.
Seguimiento y adherencia terapéutica:
El seguimiento periódico por parte de enfermería es fundamental para evaluar la adherencia a las medidas no farmacológicas y reforzar la continuidad de los cambios de conducta. La utilización de diarios de sueño permite documentar la evolución y ajustar las recomendaciones de forma individualizada¹1. La comunicación continua entre enfermería y paciente favorece la identificación temprana de recaídas y la necesidad de intervenciones adicionales.
Promoción de estilos de vida saludables:
El insomnio en adultos mayores frecuentemente se asocia con inactividad física, alimentación inadecuada y falta de exposición a la luz natural, factores que alteran el ciclo circadiano y empeoran la calidad del sueño. La enfermería puede promover la actividad física ligera o moderada en horarios diurnos, fomentar una dieta equilibrada y estimular la exposición solar matutina como estrategias para restablecer patrones de sueño saludables5,12.
Beneficios del manejo no farmacológico:
Las intervenciones no farmacológicas lideradas por enfermería se asocia con mejoras significativas en la calidad de sueño, reducción del uso de hipnóticos, disminución del riesgo de caídas y deterioro cognitivo, y aumento de la satisfacción del paciente y su autonomía funcional³,¹⁰. Además, este enfoque resulta costo-efectivo para los sistemas sanitarios y contribuye a la sostenibilidad de los recursos asistenciales.
CONCLUSIONES
El insomnio en adultos mayores representa un desafío frecuente y de alto impacto clínico. Dada la vulnerabilidad de esta población a los efectos adversos de los hipnóticos, las intervenciones no farmacológicas, centradas en la educación, la modificación de hábitos y la terapia cognitivo-conductual, son la estrategia de elección. La enfermería, por su contacto cercano y continuado con los pacientes, desempeña un rol esencial en la detección, implementación y seguimiento de estas intervenciones. Reforzar la capacitación enfermera y la integración de programas de higiene del sueño en la atención primaria son pasos clave para mejorar la calidad de vida de los adultos mayores.
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