Gestión de conflictos y atención a usuarios en situaciones de alta tensión: estrategias para la mejora de la comunicación, la seguridad y la calidad asistencial en el ámbito sanitario

24 julio 2026

 

AUTORES

  1. María Teresa Poyo Pozo. Graduada en Gestión y Administración Pública. Administrativa en Salud Aragón. Aragón, España.
  2. Nuria Martínez Artigas. Licenciada en Derecho. Administrativa en Salud Aragón. Aragón, España.
  3. Ruth Santamarta Plaza. Diplomada en Trabajo Social. Trabajadora Social en Salud Aragón. Aragón, España.
  4. María Nuria Requeno Jarabo. Médica de familia. Centro de Salud San José Sur. Zaragoza, Aragón. Aragón, España.
  5. Sofia Cerdán Gómez. Diplomada en Trabajo Social. Trabajadora Social en Salud Aragón. Aragón, España.
  6. Ana Laura Jiménez Mendizábal. Diplomada en Trabajo Social. Trabajadora Social en Salud Aragón. Aragón, España.

 

RESUMEN

La gestión de conflictos constituye una competencia esencial en los sistemas sanitarios modernos debido al incremento de situaciones de tensión derivadas de la presión asistencial, las expectativas de los usuarios y la complejidad organizativa de los servicios de salud. Los profesionales sanitarios y administrativos se enfrentan con frecuencia a situaciones conflictivas que pueden afectar a la calidad asistencial, la satisfacción de los usuarios y la seguridad laboral. El objetivo de este trabajo es analizar los principales factores asociados a los conflictos en el entorno sanitario, así como las estrategias de intervención orientadas a su prevención y resolución. Se realizó una revisión narrativa de literatura científica, documentos institucionales y publicaciones especializadas en español. Los resultados evidencian que la comunicación efectiva, la escucha activa, la empatía, la formación en habilidades sociales y la implantación de protocolos específicos constituyen herramientas fundamentales para la gestión de situaciones de alta tensión. Asimismo, se destaca la importancia del personal administrativo como primer punto de contacto entre la organización sanitaria y los usuarios. Se concluye que la gestión adecuada de conflictos contribuye a mejorar la calidad asistencial, reducir las agresiones a profesionales y fortalecer la confianza de los ciudadanos en los servicios sanitarios.

PALABRAS CLAVE

Gestión de conflictos, atención al usuario, comunicación sanitaria, agresiones, calidad asistencial, personal administrativo; habilidades comunicativas; servicios sanitarios.

ABSTRACT

Conflict management is an essential competency in modern healthcare systems due to the increasing number of stressful situations arising from patient volume, user expectations, and the organizational complexity of health services. Healthcare and administrative professionals frequently face conflict situations that can affect the quality of care, user satisfaction, and job security. The aim of this study is to analyze the main factors associated with conflict in the healthcare setting, as well as intervention strategies aimed at its prevention and resolution. A narrative review of scientific literature, institutional documents, and specialized publications in Spanish was conducted. The results show that effective communication, active listening, empathy, social skills training, and the implementation of specific protocols are fundamental tools for managing high-stress situations. The importance of administrative staff as the first point of contact between the healthcare organization and users is also highlighted. It is concluded that proper conflict management contributes to improving the quality of care, reducing aggression towards professionals, and strengthening public trust in healthcare services.

KEY WORDS

Conflict management, user support, healthcare communication, aggression, quality of care, administrative staff, communication skills, healthcare services.

DESARROLLO DEL TEMA

La atención sanitaria implica una interacción constante entre profesionales, pacientes, familiares y organizaciones. En este contexto, los conflictos forman parte inherente de la actividad asistencial debido a la coexistencia de necesidades, expectativas e intereses diversos1-2.

Durante las últimas décadas, los sistemas sanitarios han experimentado importantes transformaciones relacionadas con el envejecimiento poblacional, el incremento de la cronicidad, la limitación de recursos y el aumento de las expectativas de los usuarios respecto a los servicios recibidos3-4. Estas circunstancias han contribuido al aumento de situaciones de tensión que afectan tanto a los profesionales sanitarios como al personal administrativo5.

Los conflictos pueden manifestarse mediante reclamaciones, discusiones, conductas agresivas o episodios de violencia verbal y física6. Diversos estudios realizados en España muestran que las agresiones a profesionales sanitarios constituyen un problema creciente que repercute negativamente sobre la salud laboral, el clima organizativo y la calidad asistencial7-8.

La gestión adecuada de estas situaciones requiere el desarrollo de competencias específicas relacionadas con la comunicación interpersonal, la resolución de conflictos y el manejo emocional9.

El objetivo de este trabajo es analizar los factores asociados a los conflictos en el ámbito sanitario y revisar las principales estrategias de prevención e intervención basadas en la evidencia científica.

CONFLICTO Y ENTORNO SANITARIO: MARCO CONCEPTUAL:

El conflicto puede definirse como una situación en la que dos o más personas perciben incompatibilidad entre sus intereses, necesidades o expectativas10.

En el ámbito sanitario, los conflictos presentan características particulares debido a la vulnerabilidad de los pacientes, la carga emocional asociada a la enfermedad y la existencia de relaciones de dependencia entre usuarios y profesionales1-11.

La literatura distingue diferentes tipos de conflictos:

  • Conflictos relacionados con la información.
  • Conflictos derivados de la comunicación.
  • Conflictos organizativos.
  • Conflictos por expectativas no cumplidas.
  • Conflictos asociados a la limitación de recursos2-12.

 

La mayoría de estos conflictos tienen un origen multifactorial y requieren abordajes integrales11.

FACTORES QUE FAVORECEN LAS SITUACIONES DE ALTA TENSIÓN:

Las características organizativas de los centros sanitarios influyen de manera significativa en la aparición y escalada de conflictos. Entre los principales factores destacan la saturación asistencial, las listas de espera prolongadas, la escasez de recursos humanos, la sobrecarga administrativa y la falta de información adecuada al usuario. Cuando los pacientes perciben dificultades de acceso a los servicios o retrasos injustificados en la atención, aumenta notablemente la probabilidad de que emerjan conductas de confrontación.

Por su parte, los factores relacionados con los usuarios también desempeñan un papel fundamental. La propia enfermedad suele generar incertidumbre, miedo y ansiedad en las personas que acuden a los servicios sanitarios. Este estado emocional se ve agravado por elementos como el estrés emocional elevado, el dolor físico intenso, la presencia de problemas de salud mental, el consumo de alcohol u otras drogas, y las expectativas poco realistas respecto a la atención sanitaria, lo que incrementa claramente el riesgo de situaciones de conflicto. Finalmente, los factores relacionados con los profesionales sanitarios contribuyen de forma importante a la dinámica de las tensiones. La falta de formación específica en habilidades comunicativas y manejo de conflictos puede dificultar la resolución adecuada de estas situaciones

EL PAPEL DEL PERSONAL ADMINISTRATIVO EN LA GESTIÓN DE CONFLICTOS:

El personal administrativo constituye frecuentemente el primer punto de contacto entre los ciudadanos y la organización sanitaria17.

Sus funciones incluyen:

  • Información y orientación.
  • Gestión de citas.
  • Tramitación de documentación.
  • Atención presencial y telefónica.
  • Resolución de incidencias administrativas17,18.

 

Esta posición estratégica convierte a los profesionales administrativos en uno de los colectivos más expuestos a situaciones conflictivas7.

Diversos estudios muestran que una proporción significativa de las agresiones verbales registradas en centros sanitarios se producen en áreas de admisión y atención al usuario8-19.

Por este motivo, resulta fundamental proporcionar formación específica en habilidades de comunicación y gestión de conflictos9-17.

COMUNICACIÓN COMO HERRAMIENTA DE PREVENCIÓN20,22:

Uno de los pilares fundamentales es la escucha activa. Esta va más allá de oír las palabras del otro: implica prestar atención plena tanto al mensaje verbal como al lenguaje no verbal, como el tono de voz, los gestos o las expresiones faciales. Al practicar la escucha activa, es posible identificar las necesidades reales que subyacen en lo que se expresa, reducir las tensiones acumuladas, favorecer una comprensión mutua más profunda y, en consecuencia, incrementar significativamente el nivel de confianza entre las partes. Quien se siente verdaderamente escuchado tiende a bajar sus defensas y a abrirse a soluciones conjuntas. Complementando la escucha, la empatía juega un rol esencial. Se trata de la capacidad de comprender las emociones y perspectivas de la otra persona, de ponerse en su lugar sin necesidad de estar de acuerdo con ella. Diversos estudios han demostrado que las personas perciben una mayor satisfacción y una mejor resolución cuando sienten que sus preocupaciones son no solo escuchadas, sino también comprendidas en su dimensión emocional. La empatía humaniza la interacción y crea un puente que facilita el diálogo constructivo. Finalmente, la comunicación asertiva permite cerrar el ciclo de una manera efectiva. Esta forma de expresarse se caracteriza por transmitir ideas, opiniones o necesidades de manera clara, respetuosa y firme, sin agresividad ni sumisión. Gracias a ella, es posible abordar desacuerdos de frente, defender los propios derechos sin vulnerar los ajenos y reducir notablemente la probabilidad de que las emociones desborden la conversación. Su práctica habitual previene escaladas innecesarias y contribuye a soluciones más duraderas y satisfactorias para todas las partes involucrada.

TÉCNICAS DE DESACTIVACIÓN DE CONFLICTOS:

La intervención temprana resulta fundamental para evitar la escalada de situaciones tensas. Detectar a tiempo las señales de malestar o frustración permite actuar antes de que el conflicto se intensifique, reduciendo significativamente el riesgo de conductas agresivas y facilitando una resolución más rápida y constructiva21.

Entre las técnicas más utilizadas y efectivas destacan las siguientes:

Mantener la calma es la base de cualquier intervención. La actitud del profesional influye directamente en la evolución del conflicto. Cuando el trabajador permanece sereno, habla con tono pausado y mantiene un lenguaje corporal relajado, transmite seguridad y ayuda a bajar la activación emocional de la otra persona. Una respuesta agitada o defensiva, por el contrario, suele alimentar la tensión20.

Validar emociones consiste en reconocer abiertamente el malestar del usuario. Frases como “Entiendo que esto le esté resultando muy frustrante” o “Es normal que se sienta enfadado por lo que ha ocurrido” contribuyen a disminuir la sensación de confrontación. La validación no significa estar de acuerdo con el comportamiento, sino reconocer el sentimiento que hay detrás, lo que ayuda a la persona a sentirse comprendida y reduce su necesidad de seguir escalando21.

La reformulación es una herramienta muy potente de comunicación. Consiste en repetir o resumir con nuestras palabras lo que la otra persona ha expresado: “Si he entendido bien, lo que le molesta es que no le hayamos avisado con tiempo del cambio de horario, ¿es correcto?”. Esta técnica asegura una comprensión adecuada, demuestra que estamos escuchando de forma activa y permite corregir posibles malentendidos antes de que generen mayor conflicto20.

Ofrecer alternativas desplaza el foco desde el problema hacia la solución. En lugar de quedarse atrapados en la queja, se propone una búsqueda conjunta: “Veamos qué opciones tenemos para resolver esto”. Esta aproximación colaborativa genera sensación de control y empoderamiento en el usuario, facilitando la resolución del conflicto de manera más satisfactoria para ambas partes10.

Finalmente, establecer límites se vuelve necesario cuando aparecen conductas agresivas o inadecuadas. En estos casos es importante comunicar de forma clara, firme y respetuosa qué comportamientos no son aceptables: “Puedo seguir atendiendo su petición, pero necesito que bajemos el tono y no utilicemos insultos”. Los límites bien establecidos protegen tanto al profesional como al propio usuario y ayudan a reconducir la situación hacia un marco más seguro y productivo. La combinación fluida y secuencial de estas técnicas suele ser mucho más efectiva que su aplicación aislada. Un profesional que mantiene la calma, valida emociones, reformula, ofrece alternativas y establece límites cuando es necesario, dispone de un potente conjunto de herramientas para desactivar conflictos de forma eficaz y respetuosa7.

AGRESIONES A PROFESIONALES SANITARIOS:

Las agresiones a profesionales sanitarios constituyen una de las manifestaciones más graves de los conflictos que se producen en el ámbito sanitario. Estos incidentes no solo afectan directamente a la integridad física y emocional de médicos, enfermeras, auxiliares y demás personal, sino que también deterioran el clima de trabajo y, en última instancia, la calidad de la atención que se ofrece a los pacientes.

Según informes recientes del Ministerio de Sanidad, el número de agresiones registradas en el Sistema Nacional de Salud ha experimentado un incremento progresivo durante los últimos años. Este aumento preocupa tanto a las organizaciones profesionales como a las administraciones sanitarias, ya que refleja una creciente tensión en las relaciones entre usuarios y personal sanitario.

Las agresiones pueden manifestarse de distintas formas. Muchas veces comienzan con comentarios verbales agresivos, que derivan en insultos o amenazas directas. En otros casos adquieren un carácter psicológico, generando intimidación, acoso o presión constante que genera un alto nivel de estrés en los profesionales. Aunque menos frecuentes, también se producen agresiones físicas, que van desde empujones hasta ataques más graves con objetos o golpes. A pesar de esta variedad, la gran mayoría de los casos registrados corresponden a insultos, amenazas y conductas intimidatorias. Estos episodios suelen ocurrir en servicios de urgencias, atención primaria y consultas externas, momentos en los que la saturación asistencial, las esperas prolongadas o la percepción de una atención insuficiente pueden desencadenar reacciones desproporcionadas por parte de pacientes o acompañantes.

Este fenómeno no solo tiene un impacto inmediato en la salud mental de los profesionales, sino que también contribuye al desgaste laboral, al absentismo y, en muchos casos, a la decisión de abandonar ciertas especialidades o incluso la práctica clínica. Por ello, resulta fundamental seguir avanzando en medidas de prevención, formación, apoyo psicológico y mayor concienciación social sobre el respeto que merece el colectivo sanitario.

CONCLUSIONES

Los conflictos en el ámbito sanitario son un fenómeno habitual y complejo que afecta a la calidad asistencial y al funcionamiento de los servicios sanitarios.

El personal administrativo ocupa una posición clave al ser, en muchas ocasiones, el primer punto de contacto con los usuarios17,18. Sin embargo, este colectivo no siempre dispone de la formación necesaria para gestionar adecuadamente situaciones de alta tensión, lo que puede aumentar su exposición a conflictos.

En conjunto, los conflictos afectan no solo a los profesionales, sino también a la calidad percibida de la atención y a la confianza de los usuarios en el sistema sanitario²². Por ello, su adecuada gestión es un elemento esencial de la calidad asistencial.

La comunicación efectiva, la empatía y la escucha activa se consolidan como herramientas fundamentales para prevenir y gestionar situaciones de alta tensión.

En conjunto, una adecuada gestión de los conflictos contribuye a mejorar la seguridad de los profesionales, la calidad percibida de la atención y la confianza en el sistema sanitario.

 

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